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NUEVA YORK,

recomendado para todos los públicos.

Isabel Castelao 3-B

Recibí la noticia un 30 de enero, a las 7 en punto de la tarde, y sinceramente no reaccioné hasta las 9 de la noche cuando me puse a llorar como una tonta, quien me iba a decir a mi, 4 meses antes, que me iban a dar esa oportunidad. El 29 de febrero estaba volando rumbo a Nueva York, con la sonrisa y felicidad de una niña pequeña cuando le regalan una muñeca nueva. 7 horas y 20 de vuelo para aterrizar en el inmenso JFK, 8 grandes terminales donde poder perderse. David y yo fuimos al control de aduanas con algo de miedo, no sabíamos que nos preguntarían o si nos pondrían algún impedimento para entrar, ya se sabe, americanos. Pero todo estaba correcto y se fue difuminando el mito. Nos esperaban, como en las películas, un señor con un cartel donde estaban nuestros nombres y nos llevo hasta el hotel de brooklyn, el NU Hotel, que maravilla de hotel, y que ricos los desayunos y sus famosas galletas. Las broockies, coockies de Brooklyn. Fueron nuestra perdición. Nada mas llegar al hotel nos encontramos con Anne Langford, coordinadora del proyecto y directora de la obra que íbamos a hacer. Que mujer tan increíble, fue genial trabajar a su lado, aprendí tanto de ella y con ella. Esa noche fue la cena de presentación donde los conocimos a todos. 16 personas de 8 países diferentes. ¡Y yo sin saber inglés!. Esa cena fue un caos para mi, menos mal que sólo me sentí así esa noche, luego todo fue sobre ruedas. Al día siguiente empezamos a trabajar, nos levantabamos todos los días a las 9 de la mañana para estar a las 10 ensayando. El primer día fue mas bien una toma de

contacto entre nosotros, hicimos juegos y lo que se suele hacer un primer día cuando no conoces a nadie, pero también hicimos una primera lectura de la obra y un pequeño entrante en la escena primera. Ese día salimos temprano y fuimos a visitar la BAM, una famosa escuela de música de Brooklyn que colabora con el proyecto y también estuvimos en el Harvey, el teatro donde iba a finalizar la gira de Ricardo III. Esa tarde a las 8 fuimos al Daryl Roth Theatre en Union Square a ver una performance “Fuerza Bruta” fue alucinante, nos quedamos impactados, nos lo pasamos tan bien, porque el público colaboraba en el espectáculo. Fue genial. Los días siguientes los dedicamos a ensayar de 10 de la mañana a 6 de la tarde con Anne Langford, Nathan Darrow actor y director inglés y con Andrew Wade profesor de voz de la Julliard de Nueva York, luego nos daban tiempo libre donde aprovechabamos a visitar Nueva York. Times Square, Central Park, el Soho, Wall Street y el impresionante e la indescriptible cima del Empire State. Que vistas. Y que frío. Otro día nos llevaron a ver la obra de Arthur Miller, Muerte de un Viajante, totalmente fiel al libro, pero lo que mas me llamó la atención, fue el precio de la entrada, es verdad que a veces en España es caro el teatro, pero en USA tienes que vender un riñón para poder ir. Ya estaba llegando el día del estreno y con eso, los nervios. No sabíamos donde íbamos a actuar y quien iba a estar, lo único que yo quería es que saliese todo bien. Había trabajado mucho en te-

ner una correcta pronunciación de mi texto, y estaba el doble de nerviosa. El día llegó y allí estábamos, en TimesSsquare, en el mismísimo Broadway, esperando en un saloncito a parte, para salir a actuar. Kevin Spacey vino a darnos ánimos, a decirnos unas palabras y desearnos toda la “mierda” del mundo, o como se dice allí que se nos rompa una pierna “Break a leg”. Salimos a actuar después de unas palabras de Kevin Spacey en las que presentaba el proyecto y le hablaba al público de lo que habíamos hecho esa semana, todo fue bien y Kevin y todos los directores nos dieron la enhorabuena. Fue muy gratificante. La obra fue escrita expresamente para nosotros por Jonathan Brittain y se llama “His Spirits hear me” en honor al personaje de Caliban de La Tempestad. Y papel que interpretaba también el increíble David Soto. Después de actuar todos nos fuimos a una fiesta privada que habían organizado para nosotros donde se repartieron unos regalos. Cada unos de nosotros tenía que llevar algo característico del sitio donde eramos. Los regalos fueron una pasada. Habíamos hecho grandes amistades y ya iba a costar despedirse. Son todos tan increíbles. 15 grandes personas con las que pude compartir esta gran experiencia, de los que pude aprender muchísimo, los que me enseñaron a entender y a hablar inglés en tan solo una semana y a los que espero volver a ver en un futuro. Pero también, enamorada aun más del teatro y sobre todo de Shakespeare, es irrepetible. Y si puedo decir algo más, enamorada de Nueva York, como vuelvo a repetir, recomendada para todos los públicos. I love NY. 83

Ars Dramatica n5 2012  

Revistas de la Escuela Superior de Arte drámatico y Profesional de danza

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