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ESCENARIO ASTURIAS

no “oigo”a los personajes escritos en el texto hasta que no tienen fisicidad, hasta que no elijo al actor que va a encarnar el personaje) es tener claro, clarísimo, el espacio por donde han de moverse los personajes. LA DRAMATURGIA DEL ESPACIO. Una clarividente tarde, Pilar Velasco (la encargada de dar vida con su luz al espacio y a la interpretación) y yo, dimos con el constructivismo ruso: abstracto y geométrico. Ana Garay (la escenógrafa) comenzó a enviar diversas propuestas y a la semana ya tenía en mi casa la maqueta, el ansiado espacio. Eso me permitió anclar las diversas escenas en sugerentes y diversos lugares creando un clímax que reclamaban las escenas: exterior campo, escalinatas, entradas al castillo, almenas, pasillos y salones del castillo, despacho de la cárcel, calabozo, patíbulo... Senté a los personajes alrededor de la maqueta haciéndoles así partícipes de todo el desarrollo del montaje. Esta invención disparó la acción. Los personajes entraban y salían de escena (de la que ya formaban parte) sin pausa alguna. El trabajo con la maqueta también nos permitió probar efectos de luz, colores, sombras, que en su día llegaron a ser definitivos. Al existir una íntima ilación entre la ópera y el melodrama, arropé el montaje con una gran oleada de música que nos arrastra desde su comienzo hasta la escena final. La comedia lacrimógena (“le comedie larmoyante”) es como una ópera en la que la emoción es la música. Torcuato (el protagonista) nos seduce por su lucha

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interior del héroe romántico en la pugna por mantener su carácter de personificación del bien universal frente al hondo temor de ser el asesino más execrable del mundo. El hombre de corazón puro, el buen salvaje rousseniano, comete una fechoría cuando le lleva a ello la sociedad. Y como defendía Beccaria “los malhechores no son la mayoría de las veces mayormente culpables, porque las instituciones educativas mantenidas por la sociedad son defectuosas”. O como dice D. Torcuato: “¿Es posible que en un siglo en que se respeta la humanidad y en que la filosofía derrama su luz por todas partes se escuchen aún entre nosotros los gritos de la inocencia oprimida?” Un tema que me resultó muy interesante y novedoso y que intenté remarcar nítidamente en el montaje fue la estructura de la trama y su evolución. Esta trama evoluciona gracias al traspaso del conflicto, condicionado por las sucesivas decisiones que los personajes toman. El conflicto de Torcuato, huir o confesar, pasa a Anselmo, que como buen amigo decide entregarse en su lugar; vuelve entonces el problema a Torcuato, que se ve obligado a confesar; luego se centra en Laura y Simón, que han de optar por la memoria al primer marido o el afecto al segundo; rápidamente solucionado, con la anagnórisis pasa a Justo, escindido en su deber como padre y como juez; y finalmente, al rex ex machina que, ya fuera de escena, ha de optar entre el estricto cumplimiento de una ley que el mismo ha sancionado o el indulto. A medida

que cada personaje vive su propia prueba se transforma en otro en función de ella (ingeniosa plataforma para el trabajo actoral) y modifica su postura inicial; concluido cada proceso individual, el personaje deja de ser protagonista, queda congelado, por así decirlo, en su propia paradoja, y pasa a ser sujeto pasivo del conflicto y decisión de otro personaje. Como se puede comprobar, Jovellanos nos da una clase magistral de dramaturgia. El título oximorónico que se inventa Jovellanos también tiene su jugo y da juego: “EL DELINCUENTE HONRADO”. ¿Puede haber algo más actual que esta definición? Como bien sabemos al leer la primera página de cualquier periódico aparece un delincuente. Pongamos, así, al albur, Camps. Pues bien, ese delincuente resulta ser que es votado por el pueblo, en elecciones libres y democráticas. Eso quiere decir, o se supone, que para ese pueblo este señor es honrado, sino no le votarían. O bien tendríamos que remontarnos a la frase de Tolstoi en Anna Karenina sobre los sentimientos corruptos: “No hay condiciones de vida a las que un hombre no pueda acostumbrarse, especialmente si ve que alrededor todos las aceptan”. ¿Aceptamos que los que nos gobiernan sean delincuentes manifiestos? No es signo de salud el estar bien adaptado a una sociedad enferma.

Ars Dramatica n5 2012  

Revistas de la Escuela Superior de Arte drámatico y Profesional de danza

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