Page 56

ESPACIO PEDAGÓGICO

Del personaje trágico en Incendios. Nawal y Sawda son dos personajes que se rebelan contra el destino que les está preservado por haber nacido donde han nacido, por pertenecer a la historia a la que pertenecen. Se rebelan contra “la suma monstruosa del dolor”. Es conmovedor ver cómo argumenta Nawal, de un modo absolutamente convincente, para tratar de impedir que Sawda continúe acreciendo el caudal de sangre derramada: NAWAL.- ¿Pero tú a quién quieres convencer? (…) ¿Cómo quieres explicarle al tipo que gritaba al oído de esa mujer “¡Elige!” para obligarla a condenar a sus propios hijos, que está equivocado? ¿Qué te crees? ¿Que va a decirte: “¡Ah, señorita Sawda, su razonamiento es interesante, corro a cambiar de opinión inmediatamente, a cambiar de corazón, cambiar de sangre, cambiar de mundo, de universo y de planeta, y voy a pedir disculpas sobre la marcha”? ¡Qué piensas! ¡Que desangrando con tus propias manos a su mujer y a su hijo vas a enseñarle alguna cosa! ¡Crees que va a decir de un día para otro, con los cuerpos de quienes ama a sus pies: “Mira, esto me hace reflexionar y es verdad que los refugiados tienen derecho a una tierra. Les daré la mía y

viviremos en paz y armonía todos juntos”! Sawda, cuando me arrancaron a mi hijo del vientre, después de mis brazos, y luego de mi vida, comprendí que era necesario elegir: o contribuyo a la fealdad del mundo, o hago todo por encontrarlo.

Y, sin embargo, tanto Nawal como Sawda matan, hacen su aportación de sangre a la sangre, de dolor al dolor. Como Clitemnestra mata, como Orestes y Electra matan, por más que en su fuero interno deseen ardientemente que un día se detenga el río de sangre derramada de su estirpe. En la tragedia antigua, esto tenía su explicación por la peculiar composición del carácter del personaje trágico. Una de las características primordiales de este héroe en la tragedia antigua era que su carácter (aquello que le lleva a obrar y a obrar de una determinada manera) es la composición de dos elementos: el ethos y el daímon, tal como señalan Jean-Pierre Ver-nant y PierreVidal-Naquet17 . Al referirse al personaje de Eteocles en Los siete contra Tebas, indican cómo Eteocles se manifiesta como político u hombre de la Polis mientras no se menciona en su presencia el nombre de Polinices. Pero cuando esto ocurre, Eteocles “vuelve a ser el labdácida de la leyenda, el hombre de los gene (“estirpes”) nobles, de las grandes familias reales del pasado, sobre las que pesan las mancillas y las maldiciones ancestrales. (…) Eteocles,“que encarnaba las virtudes de moderación, reflexión, de dominio de sí mismo que hacen al hombre político, se precipita bruscamente hacia la catástrofe abandonándose al odio fraterno por el que está ‘poseído’ completamente. La locura asesina que en adelante va a definir su ethos (‘carácter’) no es sólo un sentimiento humano, es un poder demoníaco que supera a Eteocles por todas partes”. 17 18

Vernant, Jean-Pierre,Vida-Naquet, Pierre, Op. Cit, pág. 31. La cursiva es mía. N del T.

56

Ese “poder demoníaco” es lo que los griegos denominan daimon, una fuerza supraindividual que empuja al individuo a obrar de determinada manera. El ethos estaría compuesto por las motivaciones puramente individuales, pero a ellas se sobreponen, o se mezclan, las motivaciones que tienen su origen más allá del individuo, fuera de él, y que, como dicen VidalNaquet y Vernant, “actúa(n) a través 18 de ellos” Si antes nos referíamos a Nihad Harmanni como un caso evidente de acto que revela al agente (antes que el agente al acto), es decir, de una fuerza que obra “a través” del agente, también podríamos decirlo de Sawda y Nawal, sólo que en ellas se incluye un componente más, que también era consustancial al héroe de la tragedia antigua: la consciencia. La lucidez, diríamos. Si Nihad hace lo que hace sin saber exactamente qué es lo que hace, pero comprendiéndolo a la postre, Nawal y Sawda saben lo que hacen y por qué (aunque ese “por qué” sea el absurdo o la sinrazón), lo saben dolorosamente. Sin esa consciencia, Edipo, Antígona, Macbeth, Hamlet, Lear, no serían sino pobres títeres víctimas del destino o del capricho de los dioses. Pero estos personajes ven y quieren ver cada vez más claro: Edipo no parará hasta saber quién es en realidad, por más que cada paso que da lo sitúa más cerca del horror; Antígona sabe en todo momento que, en la flor de su edad y de su virginidad, va al sacrificio en defensa de las leyes no escritas de los dioses subterráneos; Macbeth es una conciencia en permanente vigilia que chapotea en el absurdo de la condición humana, que, comprende, no es más que “un cuento contado por un idiota lleno de ruido y furia”; Hamlet es otra conciencia advertida tempranamente de la vanidad de todo acto humano; la demencia de Lear no es más que clarividencia que le sobreviene cuando se despeña de su condición de rey absoluto hacia la de simple ser humano que desea ser amado por sí mismo... Por el sufrimiento hacia la sabiduría es la fórmula que resume el camino que sigue el héroe trágico. Y el fondo de esa “sabiduría” no es otro que la comprensión de la condición humana, a través de la peripecia del héroe trágico. Nos referíamos antes a Jeanne, que, en el momento mismo de iniciar su indagación en pos de sus antecedentes ignorados, sabe, es consciente de que inicia el camino “al país de la soledad”, el camino de los “problemas insolubles” que la conducirán a “problemas igualmente insolubles”. Nawal asiste cada día al juicio de quien la torturó y violó, movida por un ansia de saber, y supo con dolor. Como llegamos a saber el público y los lectores, que asistimos a la peripecia de estos personajes y nos vemos a nosotros mismos en ellos sin engaños, sin espejismos, al corregir la visión periférica que teníamos de nuestra posición en el mundo, y sabemos definitiva, irremediablemente que venimos de esa sangre, de ese dolor. Un despiadado consuelo, la verdad. El resto es silencio. Gijón, 22 de febrero de 2011

Ars Dramatica n5 2012  

Revistas de la Escuela Superior de Arte drámatico y Profesional de danza

Ars Dramatica n5 2012  

Revistas de la Escuela Superior de Arte drámatico y Profesional de danza

Advertisement