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ESPACIO PEDAGÓGICO

RESISTENCIA Maxi Rodríguez. Estimado y desconocido estudiante de dramaturgia: No soy nadie para dar consejos ni para pontificar sobre este oficio, pero cuando mi colega y amigo Eladio De Pablo me pidió una colaboración para vuestra revista sólo se me ocurrió anotarte cuatro cosas en relación a mi práctica habitual, por si el día de hoy (o de mañana) te son de alguna utilidad. Supongo que ya te habrán advertido de que escribir teatro, aparte de un negocio ruinoso, no es un trabajo cualquiera; 50

quizá es lo más parecido a vivir en una indagación permanente donde lo más difícil es sobreponerte al mareo del laberinto, aplastado por el folio en blanco o por palabras y gestos huecos, superfluos, sin sentido. Escribir teatro es, en resumen, apostar por sentirte perdido. No sé quién te ha metido en este lío, si estás ahí por eliminación o aterrizas como creador vocacional. En cualquier caso, aprovecha la ocasión y aprende todo lo que puedas (de lo que hay que hacer y de lo que no), aunque sea para olvidarlo y reafirmarte (o rebelarte) más

adelante, frente a todo ese bagaje que vas a adquirir. No vayas de sobrado porque, aunque nadie sabe dónde está la verdad, si hay algo gratificante en este perro mundo es tener la suerte de poder escuchar a quienes tienen algo que contar. Escribe. Aunque creas que no vale para nada, que nunca verán la luz esos personajes, esas escenas, que es una pérdida de tiempo; escribe, aunque sea por sublevación, por puro desahogo o para sublimar la mala hostia y ciertas patologías que –luego, con los rigores de la

Ars Dramatica n5 2012  

Revistas de la Escuela Superior de Arte drámatico y Profesional de danza

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