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ESPACIO PEDAGÓGICO

cambiado también las categorías dramáticas. La primera deconstrucción, la del discurso, se lleva a cabo en el primer acto, la segunda, de todas las demás categorías, en el segundo acto. La deconstrucción de las categorías dramáticas se realiza mediante la frustración de las expectativas que generan los signos de la escena en el público. Los signos, sobre todo los verbales, y también algunos no verbales, como el guante o las cartas, parecen orientar hacia una clarificación de la historia y de la función y actitudes de los personajes, y hacia la definición de éstos por sus acciones. Como esto no se cumplía en el primer acto, se esperaba que estuviese desplazado al segundo para alcanzar en él su necesario desarrollo, pero tampoco aquí se cumple. Al levantarse el telón, el escenario y los personajes que lo habitan son los mismos que en primer acto. La historia va presentando facetas, posibilidades de progreso o de desenlace, según quien esté en el uso de la palabra, y el espectador se deja llevar por los indicios escénicos hacia una historia que va cuajando, hasta que unas alusiones inesperadas le apartan de su línea de interpretación; los cambios de tema no persiguen el objetivo de dar una nueva orientación al sentido o cambiar la acción hacia donde no se espera, sirven para distraer al espectador con diálogos sobre nada, y para vaciar de contenido lo dicho hasta entonces. El lector o el espectador avanza en la lectura o en el tiempo de la representación sin ver confirmada ninguna de las expectativas creadas en el marco de una comedia de salón o en un escenario del absurdo, y no acaba de comprender si lo que oye pertenece a una realidad presente, pasada o futura, o si hay realidades simultáneas; si los personajes son reales, fantásticos o soñados por el señor Arnau que dormita ante un libro abierto, como al comienzo del primer acto, y que afirma que todo son figuraciones, y como tales hay que verlas. ¿Hay historia o no? ¿Hay personajes para esa historia, o sólo están en escena para consumir el tiempo entreteniendo al respetable? El segundo acto sigue con los diálogos triviales sobre Elena, si mete ruido o no, si espera o no al pretendiente, etc. y los comentarios que suscitan o sugieren los personajes aluden a una historia pasada sobre la cual nadie está seguro, ni siquiera el autor latente sobre el que suele recaer la unidad del mensaje. Parece que la realidad convencional deja de existir en este drama. Los hechos se diluyen, no tienen entidad: ni el amor, ni la traición merecen la pena, para el guarda lo importante es la hacienda, la renta. La acción, que tanto sugería como drama de adulterio, queda deconstruída: todo es relativo y lo importante es quizá la hacienda, pero esta idea tampoco es defendida con mucho garbo, es como un apunte. A la vez que la historia se difumina, el pensamiento se hace impreciso: ¿qué intenciones guían el texto? ¿Qué pensamiento subyace, en una historia que no se ofrece como convencionalmente real? Igual les pasa a los personajes: Carmen no acaba de cuajar en la figura de hija, ni de esposa ni de adúltera; Julián se 42

mueve en una indefinición total, desde su aparición: parece que es el marido, pero en algún momento parece identificarse con el guarda; Elena es personaje aludido, y no llega a tomar cuerpo en escena; y quizá el más relevante por su obsesiva presencia para los demás, es el muerto al que todos se refieren, preguntan por él, les interesa; a todos se presenta o dicen que se les presenta como sombra de remordimientos; Julián, según afirma, lo ha visto, apoyado en una tapia del jardín, comiendo higos, vestido de pana, y destrozado… Y el más funcional, para el desenlace al menos, el asesino, resulta ser el que alcanza la mayor indefinición: si hay un muerto, alguien disparó: pero ¿quién disparó y sobre quién? ¿Quién es el muerto, con la cara y el pecho destrozados y los ojos fuera de las órbitas? Está claro que al guarda, si es que es él el muerto, no lo han matado por ser guarda, sino por equivocación, o por accidente, porque no parece que él sea el amante, el objeto de la venganza. Esto significa que seguro no ha pasado nada, pero probable ha habido de todo y pudieron darse todas las posibilidades, pero ninguna se ha confirmado: todo puede ser, nada es. La Sombra del Guarda es para Julián una pesadilla que se le presentaba todos los días, mientras estuvo alejado de la casa familiar, trabajando por tierras de Teruel, y luego dejó de atormentarlo, lo que puede ser mucho peor, porque si el fantasma vuelve a Carmen, quizá el adulterio se prolongue, si bien sería de otro tipo. Julián dice que fue él quien disparó; pero Carmen afirma que tal vez la que disparó fue ella (184), y el señor Arnau piensa que quizá fue él quien lo mató; la Sombra del Guarda, duda si el disparo partió de él: ¿quizá un suicidio? ¿por qué? Con todas las posibilidades abiertas, el espectador está desconcertado, no sabe qué pasó, quién disparó, y sobre quién, si es que alguien lo hizo. Julián en un momento parece reconocerse en su papel funcional de marido agraviado, dispuesto a vengar su honor: le he destrozado la cara (171); no sabía que era capaz de disparar contra la vida de un hombre, y menos para salvar un vínculo matrimonial que era vínculo de desavenencia no de unión, pues el matrimonio estaba ya roto cuando ocurrió el accidente (170). Cuando el desconcierto del espectador es total y espera alguna confirmación para vertebrar una historia dramática, más o menos lógica, dentro de los cánones teatrales, el Sr. Arnau concluye que todo son figuraciones. El espectador queda solo, sin ayudas textuales mínimas a las que acogerse para hacer una lectura lógica y una reconstrucción de los hechos, pero éstos no son ni reales, ni verosímiles, y empiezan a perder sus cimientos: todos los personajes pueden ser funcionalmente todo, nadie está seguro, nadie sabe nada, todos saben todo; pudo ser una historia, pudo también ser otras. Por medio de los apartes del Primer Acto, de algunas referencias y alusiones, sabemos que Carmen se ha casado, que no fue feliz en su matrimonio, y no se sintió nunca casada porque su marido, Julián, la rechaza, aunque en otros momentos la solicita. Es una mujer adulta, con sensibilidad de adoles-

Ars Dramatica n5 2012  

Revistas de la Escuela Superior de Arte drámatico y Profesional de danza

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