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ESPACIO PEDAGÓGICO

Adonais Ángel Areces García

crificio, por lo tanto, zozobraba entre esa finísima línea que distingue el mundo onírico (con su infinita capacidad de posibilidades) y aquel en el que el individuo se relaciona y se encuentra sometido a los sentidos. Siempre he pensado que mi individualidad debía sentar las bases de las técnicas de representación. El sentido de la lógica individual debe ser más fuerte y convincente que los patrones escénicos estandarizados. Hasta donde llega mi conocimiento, el arte subraya los aspectos ocultos, expresivos y prácticos de la actividad humana, estableciendo un marco conceptual, penetrando más allá de los aspectos cotidianos de la vida y ofreciéndonos respuestas sensibles y racionales a nuestras dudas. En mi caso particular, Sacrificio representaba una dimensión expresiva en la que poder materializar mis incertidumbres, temores y frustraciones. Por ello, para poder reflejar todo lo que bullía en mi cerebro tuve que, en cierta manera, olvidarme de las metodologías de narración escénica y construir una obra de una dificultad especial. En Sacrificio lo principal no era el teatro. Lo principal era el ser humano. Para poder entenderlo, lograr comprender cuál es la finalidad de su existencia, no podía recurrir a la técnica teatral, ya que en ella no se encuentra ninguna respuesta relacionada con la condición humana, sino a aquellas materias en consonancia con la naturaleza del individuo. Yo escogí el psicoanálisis y la metafísica. Si alguien me preguntara por la manera en la que introduje en la escena ambas disciplinas, le responderé que es un secreto pero que está íntimamente relacionado con un desarrollo sinestésico. Pero más allá de estos planteamientos que obedecen a premisas teóricas, puedo decir que la interpretación de los actores estuvo sostenida sobre un concepto determinado: la contención o la represión consciente de los impulsos, deseos y sentimientos de cada uno de los personajes. Para mí, actuar significa mostrar algo que no se encuentra en la vida cotidiana, es aspirar a lograr una nueva realidad sensible y, dentro de ésta, poder profundizar en nuevas formas de expresión que no podrían ser factibles en nuestra existencia habitual. La aplicación de ciertos parámetros del teatro Noh (principalmente la asimilación del ritmo Jo, Ha, Kyu a nuestras cómodas formas occidentalizadas) y la frialdad reflexiva y sentimental característica de los protagonistas de las películas de Ingmar Bergman, hicieron posible que todas las interpretaciones se caracterizaran por su carácter atemporal y universal.

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Ars Dramatica n5 2012  

Revistas de la Escuela Superior de Arte drámatico y Profesional de danza

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