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ESPACIO PEDAGÓGICO

tes y maravillosas que descubra un camino sin dificultades, cuando tú te sientes mucho más perdido que ellos. Mantienes el tipo como puedes, generando mil pensamientos donde los conceptos teóricos chocan unos contra otros, desapareciendo en el agujero negro en que se ha convertido tu cabeza. Eres como un niño balbuciente con las herramientas concretas y necesarias para trabajar, pero sesgadas y endebles. Pronto descubres que esta debilidad no es producto de un solo día sino que se convertirá en una constante del trabajo diario. Por ello, empleas horas y horas en preparar los ensayos, intentas que todo esté perfectamente planificado, que cada duda haya sido meditada convenientemente. Esto deja muy poco margen a los procesos de búsqueda, a generar un ambiente de experimentación imprescindible en la creación artística y en el discurso de la interpretación. La tiranía del tiempo y la sensación de manejar un gigante con pies de barro completan un cuadro angustioso para quien se encarga de pilotar el proyecto. Las semanas se suceden, cada trazo conseguido es una batalla ganada, aparecen conflictos a cada instante porque los frentes son muchos y variados: vestuario, iluminación, producción, escenografía, sonido, actores, texto, attrezzo, publicidad, etc. Observas un millón de cosas que no te gustan, reclamas ayuda a ese grupo que de forma altruista se ha sumado al proyecto; Inmaculada Marcos, José García o Andrés Mata, pero te falta tiempo, o capacidad o circunstancias para buscar algo diferente o simplemente probar soluciones que te permitan transitar el noble ejercicio de la comparación. Cada ensayo es un duelo al sol contigo mismo y con un grupo de personas que se han lanzado sin red en tus manos y exigen, como es natural, respuestas inmediatas a los infinitos retos de una propuesta dramática. Así, van pasando las horas y los días, aquél periodo que se mostraba casi infinito, se achica bajo los primeros días de mayo y de repente, te ves sobre un escenario vacío con un batallón de gente trabajando a tu espalda y contemplando un mastodóntico patio de butacas. La pregunta es casi inevitable, ¿qué pinto yo aquí?.

técnica pueda entrar sin dificultad, la obra tenga el ritmo adecuado, se transite la escenografía y demás. Todos los planes quedan colgados en las bambalinas y cierras el teatro al caer la tarde, con un solo ensayo general, en el que todos hemos intentado trazar un boceto mínimo al que agarrarse, cruzando los dedos para que todo sea perfecto en nuestro gran día. Cuatro años y un desenlace Desde esta función cuatro años de historia nos contemplan. Sería la frase más adecuada para resumir el desenlace de este largo periplo. La fecha del estreno ha llegado y se muestra en todo su esplendor cuando alguien dice en cinco minutos abrimos las puertas. Aunque parezca increíble hay un momento de paz interior inesperado al asumir que todo es ya inevitable y nada podrá cambiar lo que vaya a suceder. Esa paz se transforma rápidamente en hiperactividad, te multiplicas para que todo esté en su sitio y para infundir confianza en el equipo. En unos minutos, el público se acomoda en la sala y las luces comienzan a declinar lentamente. Suenan los primeros compases de la música y el espectáculo se pone en marcha. Percibes los primeros minutos con el deseo, al menos, de que no ocurra nada raro o como se dice vulgarmente en el oficio, que no se caiga un foco en medio de la representación. Luego, todo es confuso. Entregado a cada uno de los pies que marcan la narrativa escénica, apenas eres capaz de recordar lo acontecido. Deseas tener el privilegio de ser un espectador más para sentir lo que pasa en la sala, pero estás muy alejado de ella. Al final, llegan los aplausos, la sensación de haber acabado un maratón, las felicitaciones, la desazón de todo aquello en lo que no has acertado, las ganas de retomar el proyecto, el futuro que aparece al otro lado, tantas y tantas cosas… Pero, sobre todo, aparece el silencio, un silencio que quedará para siempre y que sólo será interrumpido por los cientos de espectáculos irrealizables que habitan tu pensamiento.

El artefacto teatral Durante años te has imaginando cientos de propuestas escénicas vinculadas con enormes artefactos teatrales. La ensoñación creativa no está sometida al dictamen de lo real sino que goza de una libertad absoluta. Su esencia consiste en explorar sus propios límites al margen de la realidad concreta. De pronto, esos mundos virtuales se vinculan con lo material y comienzan a generar un discurso escénico propio. Las dificultades se convierten en ajustes, en posibilidades que deben encajar de forma milimétrica, como una especie de mecanismo de relojería. No todo es posible y aquello que es posible quizás no es adecuado. La imaginación no sólo se confronta ahora con el espacio sino también con un puñado de profesionales que atesoran la sabiduría de la tarea. En pocas horas, has dejado de ser un hombre orquesta para convertirte en el eje sobre el que pivota un equipo. Todo se vuelve más fácil y coreográfico aunque demasiado lento para alguien preso de la ansiedad. Es el ritmo de este oficio donde, por suerte o por desgracia, no existe la producción en cadena y cada gesto requiere una dedicación específica. El tiempo pasa y con él se diluye la esperanza de realizar un puñado de ensayos para que los actores estén cómodos en el nuevo espacio, la partitura 25

Ars Dramatica n5 2012  

Revistas de la Escuela Superior de Arte drámatico y Profesional de danza

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