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ESPACIO PEDAGÓGICO

Programa de mano de la función

Es complicado cuando a lo que hay que poner punto y final está lleno de amor, de luces, de trabajo, de nervios, de convivencia, de color… De chicas de revista. Y es que no sólo cuesta volver la vista atrás cuando sabes que vas a encontrarte de golpe y de frente con cosas tristes. Es igual de peliagudo hacerlo cuando sabes que ese sueño que construimos entre todos, es algo tan efímero, que se cae a la vez que aquel último telón sevillano. Todo esto de lo que hablo, un año después, se llama nostalgia. Nostalgia de recordar cosas que fueron plenas, que nos han hecho sentir especiales porque estaban hechas artesanalmente, con nuestras propias manos, fruto de nuestra ilusión, resultado de nuestro trabajo. Nostalgia de saber que todos hemos sido orgullosos hijos artísticos de ese padre que con mimo nos condujo hasta el balcón de Don Rosario, para que desde allí, pudiéramos ver con nuestros propios ojos, que es verdad: que en el puerto hay tres preciosas lucecitas. Y ellas nos dan fuerzas desde entonces, y nos guían por este camino que a veces está bien oscuro, pero que otras, puede llenarse de sombreros de copa, y deslumbrarnos hasta dejarnos ciegos. Por todo esto, por lo adictivo de este proceso de trabajo, sentimos la necesidad de esparcir por todos los lugares que fuera posible nuestro taller. Estábamos encantados de haber conocido a todos esos personajes que ya eran de la familia. Sistemáticamente utilizábamos frases y bromas relacionadas con ese mundo paralelo que ya era nuestro y solo nuestro. Era obsesivo. Una obsesión de las buenas. Por eso, la gira fue tan especial. Porque no sólo consistió en coger la maleta e irse: fue aprender a hacer un perfecto tetris para que cada uno de los elementos del decorado cupiesen en el maletero de una furgoneta, fue aprender que el teatro no sólo es el aplauso, también consiste en cargar, descargar, montar luces, trabajar. Fue conocer a otros públicos, que no estaban comprometidos a aplaudirnos hasta quedarse sin manos. Fue atreverse a mostrar la esencia de unos personajes a los que amamos profundamente. Fue también fiesta hasta altas horas, no todo fue trabajo… Pero al margen de todo fue una convivencia en la que a pesar de las cosas menos buenas, las buenas son tan grandes que hacen que ellas sean las únicas, hacen que sepa clasificar mis recuerdos: aprendí a valorar que los que se merecen ir a la caja más bonita son esos que al pensarlos aún te hurgan en el corazón y te hacen cosquillas con una lagrimita que sin querer ya resbala por tu mejilla. Este es uno de ellos, lleva por título “Tres Sombreros de copa.” Y por eso estoy tranquila. Porque todo eso forma parte de un viaje que está bajo llave y nadie podrá arrebatarnos. Ese viaje que empieza por Asturias, pasa por Galicia y acaba en la

más que maravillosa Sevilla. Me dejó un vacío enorme saber que me tocaba cerrar el libro y dejar ahí dentro a Paula gritándome ¡HOP! Con lo linda que ella es. Gracias a Dionisio por darme tanto amor, por haber comprendido que pueden hacerse castillitos ¡con escaleras y todo! Por cantarme “Reloj” con tanta dulzura. Por tu primer beso y porque nunca hubo último. A Odioso porque no es fácil dar tanto repelús siendo tan guapo, porque no sólo fuiste guapo por fuera. Porque tu corazón es tan grande como Odioso era tu señor. A Bubby por tratarme como al más querido nuevo juguete de su compañía, a Fanny por la mirada que me regalaba siempre que se iba con el Joven Militar, a Sagra por hacernos estallar a bailar siempre que aparecía con sus bananas, a Mela por su ternura, a Truddy por sus divertidas borracheras, a Don Rosario, y al hijo que se le cayó al pozo. A Joaquín, por haber sido tan generoso, paciente y SIEMPRE tan entrañablemente humano. “El teatro es lindo ¿verdad, chicos?”

María Nieto 17

Ars Dramatica n5 2012  

Revistas de la Escuela Superior de Arte drámatico y Profesional de danza

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