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ESPACIO PEDAGÓGICO

en el secreto de su existencia y de su vida”. La novedad que presenta el trabajo de Elena Córdoba será la de hacer que el conocimiento de esta anatomía de una manera práctica se utilice para elaborar piezas artísticas o reflexiones que podemos considerar poético-filosóficas. El proceso de conocimiento de la propia identidad a través de la identificación plena del propio cuerpo la conduce a un modo de pensar a través de éste que se traduce en una creación y una escritura que abandonan la reflexión racional y se apoderan de un pensamiento en movimiento, activo: del cuerpo. “Me muevo y escribo. Reflexiono a través del movimiento, del aliento, del cuerpo, del ruido de ese aliento”. Danza y escribe: reflexiona. Ahora es el cuerpo el que dicta las palabras que deben ser fijadas. La razón es sorprendida en su letargo por el gran poder que posee el movimiento, la acción y lo sensorial en la creación artística. Conceptos como lo corrupto, lo efímero, lo feo, lo bello, lo universal, lo inmenso, lo pequeño,… aparecen en sus ensayos a través de la exploración de movimientos mínimos que busca tanto en el interior del cuerpo como en la acción que conecta estas entrañas con el exterior: respirar, deglutir, expulsar, temblar, llorar. Podemos encontrar un ejemplo claro de cómo lo corporal se traduce en lo textual en las notas que dedica a su pieza “Expulsadas del paraíso” que forma parte de la Anatomía poética: “Es un estudio sobre las caderas de la mujer y todo lo que albergan: los músculos, los tendones, las vísceras, el pulso de la sangre, las aberturas, los asientos de la grasa y los genitales […] Este trabajo es, también, una fábula sobre la aceptación del paso del tiempo contada a través del vientre, el primer espacio del cuerpo en corromperse, el más fértil y el más fétido” Es necesario conocer que todo este proceso de creación, que no se fundamenta en los principios clásicos de la danza, es vivido en primera persona por Córdoba. Aunque en sus piezas se acompaña de bailarinas como Camille Hanson, Montse Penela o Getsemaní de San Marcos, ella experimenta, durante toda su investigación, de forma personal y subjetiva la exploración anatómica. “Hay cosas que nunca podré entender mirando el cuerpo de otro, cosas que no se comprenden”. Para concluir esta reflexión en voz alta sobre la escritura del cuerpo a través de la “Anatomía poética”, es necesario citar que la danza de Elena Córdoba en este último trabajo se centra en los movimientos mínimos e íntimos del cuerpo que la conducen a activar de forma disociada y consciente las pequeñas partes que lo componen. Esta intimidad y minuciosidad en la investigación y la creación implican que las palabras que dan forma al pensamiento sean precisas, íntimas y propias.

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Ars Dramatica n5 2012  
Ars Dramatica n5 2012  

Revistas de la Escuela Superior de Arte drámatico y Profesional de danza

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