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HERNANDO CABARCAS


CANCIONES A MARÍA LUNA (A Patricia, única María Luna verdadera)

I AUNQUE HUMO soplamos sobre nuestras armas todo fue llevado por el viento. Cuando sea marea y salga María Luna responderemos al llamado de las olas. Con tazones de corteza de abedul leche de piña dulce brindaremos en el casamiento del mango y del tamarindo. De sus ramas quedarán colgados nuestros sueños.


II LEJOS LEJOS en la ribera del mar se alzará la estrella del pescador con la espada clavada en su cola. Las larvas de la acacia cornicabras y araujas subirán sobre nuestras barcas resecas y deshechas. Venus provocará en nosotros admirables tempestades nos fundiremos con la lava y el agua grandes cernícalos beberán de nuestros pechos y todos los rostros en la bóveda celeste besarán a María Luna .


III EN SECOS LEテ前S de laurel ranas de rojos ojos escupen el fuego. Alimentテ。ndolo nuestros cuerpos incompletos se estiran como cテ。ntaros de largos cuellos. Apenas calentados por las ascuas tartamudeando en la casa sostenida por colmillos de mamut organizamos la expediciテウn. Lenguaje sobre el suelo te encendemos para que revivas en el viento.


IV CAÍA CON FUERZA la lluvia masculina sobre las vírgenes proféticas cuando instruidos por los pájaros abuelos partimos tras María Luna . Ilimitada era la tierra y pesados nos eran nuestros arados de madera. Así que velas hicimos de nuestras pieles y atrás dejamos los huesos de los náufragos que pedían sepultura.


V EN DESCONOCIDOS horizontes muda sus aletas nuestra mente. Y he aquí que pasados ciento ocho veranos las mariposas azules rompen las piedras y los glaciales comienzan su avance sobre la noche dormida. En el mar polar abierto perdida navegaba nuestra balsa de rosas. Osos grises y osos negros se enredaban a nuestros arpones de asta de reno. Con las nutrias lloraba el alma de nuestras mujeres y sólo María Luna nos cubría con su manto de plumas rojas.


VI EN LA LAGUNA de los reflejos la flecha perdida hirió al cisne negro cayendo de su cabeza ofrecida al espíritu de las aguas truenos blancos cargados de lluvia tibia. Aquella noche sobre el lomo del bisonte descalza danzó María Luna con las doncellas. Y entonces los árboles se llenaron de estrellas.


VII CON LAS MANOS desnudas y haciendo gestos y dando voces en busca de manantiales vamos excavando en la arena. El monte toca su corneta de toro y levantando una muy grande polvareda rojiza animales veloces salen de su madrigueras y el león volador hunde sus dientes de silex en nuestro hermano cuernos de cabra . María Luna María Luna esta noche no salgas también nosotros hemos de beber en su calavera.


VIII UNA MUY LARGA caballería nómade se cierne sobre mi cabeza. Dentro del mar cae la constelación del Cuervo y perforados son los ojos de los peces. Entre sauces y abedules turba quemaron en los hornos de ladrillo bebida fue la sangre en los cráneos de los antílopes y junto a mi cuerpo quedaron aros y brazaletes. Las plantas de las altas montañas se retiran de nuevo a las cumbres como cuentas de piedra dura uno a uno pasan los días sobre mi frente y el suelo es secado por el viento. Ay María Luna detente un poco sobre esta tumba cortada en la roca.


IX DORMIDOS los hipopótamos entre los espesos cañaverales como grandes velas blancas con cruces verdes nuestras palabras van avanzando por los mares del cielo. Y he aquí que en las piedras que reflejan todo cuanto ocurre vemos venir a María Luna con sus aretes de coral y su vestido anaranjado. Oh reina de la noche hermosa entre las hermosas encamina tus pies de plata hacia nuestras naves y ayúdanos a hacer esta gran vasija.


X CON SU HOCICO de cristal el frío husmea en la tundra descubierta. A nuestra penumbra nostalgia traen sobre su dorso las grandes tortugas. En vano más allá del verde mar tropical esperan nuestras mujeres junto a las tinajas armando y desarmando sus collares. María Luna bella y buena alumbra nuestro camino que tigres y panteras nos han sacado los ojos y perdidos vamos por estas tierras como flautas escondidas bajo el agua.


XI MUJERES mujeres dura como un pedernal nos es hoy la tierra. Mujeres mujeres mujeres que tejéis vuestros vestidos en las cabañas de barro dadnos ya el guisado de ortigas y quitadnos la tristeza que esta noche en hombros de hombres la tempestad de los cuerpos quiere arrastrar montañas. Mujeres mujeres cubridnos como la mar a las piedras y dejadnos esperar a que María Luna baje a las aguas desiertas y de luceros y semillas se han de sembrar vuestros labios.


XII CON HILO DE LINO de catorce hebras aseguramos nuestras barcas de blanca madera de fresno. Como mariposas adultas abandonando su crisálida reseca nuestros cuerpos se disponen para la larga migración. Que nos perdonen los ancianos el hurto de las escogidas

hermosas como danzantes aves cola de aguja pero nunca hemos tenido los pies sobre la tierra. Tal vez cuando aquí la madre de las mieses esté corriendo por el campo en alta mar de nuestros cuerpos se desprenda la constelación de Orión como un pulpo convertido en pájaro.


EPÍLOGO Muchachas muchachas muchachas que venís a sembrar cerezas con vuestras faldas rojas entonad a nuestros oídos canciones de arcilla adornad vuestros cabellos con las flores azules de nuestros pechos condenados y después corred corred corred con los pies descalzos .

Las ilustraciones son del autor


Hernando Cabarcas Antequera. Nació en Bogotá en 1959. Profesor universitario e investigador de literatura en los temas de crítica textual, poesía colombiana, literatura española y cultura material e histórica del libro y de la imprenta en Colombia. Es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca. Ha publicado los libros de poesía Canciones a María Luna (Madrid, Prudencio Ibáñez, 1987) y La Piedra y El Caracol (Ediciones Arte Dos Gráfico y Ediciones Uniandes, 1993). Ambos poemarios contienen ilustraciones de su autoría. Entre sus libros académicos sobresalen la edición crítica de la Obra poética completa de Aurelio Arturo (Madrid, Archivos/UNESCO, 2001) y Don Quijote o la invención de la literatura, (Biblioteca Nacional/Instituto Caro y Cuervo, 2005). Actualmente es el Coordinador de la Carrera de Estudios Literarios de la Universidad Autónoma de Colombia; se desempeña también como Principiante de Imprenta en la Miscelánea Matías Aldecoa.


Sobre el autor “Cabarcas es poeta y desde que él mismo lo supo no ha dejado pasar un día sin ejercer este oficio fascinante y riesgoso. Otra cosa es que desde siempre lo haya ejercido tal y como es él: discreto, sin llamar nunca la atención y ocupado, además, de asuntos que parecen de otro mundo. En Canciones a María Luna hay una cierta poética. Una poética que humildemente se pone en el camino abierto por Juan Ramón Jiménez en Platero y yo, una de sus obras más admirables. Admirable por su espléndida restauración de la inocencia. Sé que voy a repetir lugares comunes, pero siento esta vez que son inevitables. Y hasta útiles. Porque habrá que repetir todas las veces que haga falta que nada hace más falta para sobrevivir que la inocencia”. Jiménez, Carlos. Tomado de la presentación a Canciones a María Luna en la Biblioteca Nacional de Madrid el 30 de octubre de 1987. “Su autor es un laborioso investigador y profesor de literatura. Es también, un artista. Durante mi lectura de los textos hallé en ellos poesía y arte de exquisita levedad: la levedad que Ítalo Calvino nos recomienda mantener en la literatura, para que sobreviva en el siglo XXI; además, discreta ironía. Los protagonistas de La Piedra y El Caracol son niños, que hacen travesuras, es decir, lo inesperado, en un mundo poético contrapuesto al de nuestra habitual barbarie. Estas asociaciones que en mí ha suscitado la lectura y contemplación del libro de Cabarcas me convencen de su alto y raro valor poético. Supongo que al lector le ocurrirá otro tanto”. Páramo Pomareda, Jorge. Tomado de la introducción a La Piedra y el Caracol (Ediciones Arte Dos Gráfico y Ediciones Uniandes, 1993).

Hernando Cabarcas  

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