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marrr / abrrr 2009 / this magazine is free. take one for you and one for your brother. have fun.

no. (-1)experiencia creativa

tiempo sueño vacío error contento tortilla napoleón laughter desierto objeto cabaña pensamiento emergency voz penang fragmento caramba cerebro manos vuelo


centro de diseño, cine y televisión sierra mojada 415, lomas de chapultepec méxico / ciudad de méxico la esmeralda av. río churubusco 79 esq. calzada de tlálpan, country club méxico / ciudad de méxico lycée franco-mexicain av. homero 1521, polanco méxico / ciudad de méxico

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abel ibáñez galván director abel@errr-magazine.com aníbal wakka editor aníbal.wakka@errr-magazine.com naipe ganna diseño naipe.ganna@errr-magazine.com karen huber, paulina magos consejo editorial in.side in.side@errr-magazine.com josé luis bobadilla, rodrigo márquez tizano consejo editorial break.fast break.fast@errr-magazine.com aura antonia garcía, edén bernal consejo editorial mind.games mind.games@errr-magazine.com karen huber relaciones públicas karen.huber@errr-magazine.com arturo amaya relaciones públicas arturo.amaya@errr-magazine.com ismael zamora publicidad publicidad@errr-magazine.com si te interesa publicar tu trabajo, visita:

www.errr-magazine.com ® errr es una marca registrada. Año 0, Número -1. Fecha de publicación: Marzo-Abril 2009. Revista bimestral, editada y publicada por Lead Generation Services S.C., con oficinas en Montecito 38-8-8, colonia Nápoles, delegación Benito Juárez, C.P. 03810, México, D.F. Teléfono 54 88 00 73. Editor responsable: Abel Ibáñez Galván. Número de certificado de reserva 04-2008-091713151200102 con fecha del 17 de septiembre de 2008, ante el Instituto Nacional del Derecho de Autor; certificado de licitud de título y certificado de licitud de contenido en trámite, ambos ante la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas. Responsable de distribución: Lead Generation Services, S.C. Impresa en Offset Santiago, S.A. de C.V. Avenida Río San Joaquín No. 436, colonia Ampliación Granada, C.P. 11520, delegación Miguel Hidalgo, México, D.F. Teléfono 9126-9040 El contenido de la publicidad y de los artículos y colaboraciones es responsabilidad exclusiva de los anunciantes y colaboradores. Los artículos escritos por colaboradores externos no representan el punto de vista del editor, y no reflejan necesariamente la política editorial de errr-magazine. Todos los derechos de las imágenes son propiedad de sus autores y no pueden ser reproducidas sin el permiso de éstos.


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in.side

23 2mm 2D cecilia r. corzo (6) viajes cecy young (18) grafito gabriel ramos (28) sunday picnic martec (38) brains daniel aviles (50) soy un venado petit (58) garabatos pola novelo (68) retratos de la ausencia yara ángel (78) apache tribe topiz (92) personæ eha (102)

break.fast

caballos de fuerza rodrigo márquez tizano (14) jueves valeria quintero (34) ciudad fernando bartolomé delmar huerta (56) inanición luis felipe ferrá (74) data (1) ricardo cázares (98)

mind.games

crear desde el yo daniella blejer (26) respuesta pablo martínez zárate (46) a mano jorge volpi (66) que el sol no se nos caiga andrea belmont (86)


no. (-1)

experiencia creativa

En realidad, si se quiere ser creativo sólo hace falta hacerlo. Si yo pinto diez o veinte cuadros como éste, imaginarios, después podré hacer un cuadro real, estaré preparado para pintar.

alejandro jodorowsky

I salute the present generation. Hang on to one of your most precious parts of youth, laughter - don’t lose it as many of you seem to have done, you need it. Together we may find some of what we’re looking for- laughter, beauty, love, and the chance to create.

saul alinsky


23 2 mm2 2D cecilia r. corzo arquitectiura, architectural association school of architecture arquitecta / artista visual malasia / penang, balik pulau crcr@ramirezcorzo.net


caballos de fuerza rodrigo márquez tizano

Pensé que después de todo, era un domingo menos, que mamá estaba ahora enterrada, que iba a reanudar el trabajo; y que en resumen, nada había cambiado. Albert Camus

No todas las sillas estaban ocupadas, entonces me senté. Nadie quería hablarme. Eran las siete de la mañana y apenas había algún color en el panorama de la clínica como para entablar plática. Además nadie habla en las salas de espera de un hospital. Mucho menos en uno clandestino. El can-can de las vaginas destrozadas se rige, como la mafia, por la omerta más disciplinada. Aún no había desayunado (más por descuido que por ayuno solidarizado) y el doctor Rodolfo Balbuena estaba apunto de sacudirle un fierro a la mujer que preñé y amé para librarla de todo mal. Traté de mantener el ambiente soporífero de la habitación y hundí la cara entre mis rodillas mientras concentraba la atención en esas grietas disparadas en todas direcciones por el deteriorado suelo a cuadros y trataba de omitir los lamentos provenientes del fondo del pasillo. Llegaban los gritos con tal nitidez a través de las mamparas que separaban una cama de otra en el área del despertar, que era imposible disimular. Una jovencita a tres asientos comenzó a sollozar y un romeo desgarbado y puberto le sobaba la espalda sin entender nada, con esa mímica torpe de funeral ajeno. Apenas alguna blanca nieves recién atendida reaccionaba ante la anestesia y de inmediato contagiaba de angustia post-cucharazo a las que todavía esperaban turno. Por eso yo le di doscientos pesos a la enfermera para que acomodara a Mi Leslie en un cuarto privado, con baño propio y televisión. Porque soy un caballero y si no pude financiarle un aborto en algún hospital que aún conservara el color en sus paredes y tuviera tienda de regalos o cafetería, por lo menos no iba a dejar que cobrara conciencia junto a unas mugrientas quejumbrosas. Mi Leslie no iba a hacer show público, ni iba a hacer llorar a nadie. Nosotros no damos lástimas.

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break.fast

Se tambaleaban las enfermeras por el pasillo, ida y vuelta, sin reparar en mí; así que supuse que el doctor estaba en plena ejecución. No quise preguntar. Nadie pregunta nada en la sala de espera de un hospital así. Sólo dejas que el tiempo haga lo suyo y tratas de archivar lo menos posible. “Ya pasó flaquita, ya está todo bien”, repetía en círculos la señora acompañante de una rubiecita de no más de catorce años, que se desvanecía por la salida con la mirada bien clavada en el suelo. Dudo que haya notado que la grieta más larga de la habitación se desdibujaba desde la puerta de los quirófanos hasta la zona de las mamparas y quizá seguía más allá, hacia la salida de emergencia o al consultorio de Balbuena que estaba en la planta baja. A él me lo recomendó una amiga que había tenido el gusto de tratarlo en dos ocasiones anteriores. Cuando concerté el primer chequeo unos días antes, me sorprendió verle llegar conduciendo un Jaguar X-Type V6 de 2.5 litros, que contrastaba radicalmente con lo paupérrimo del sanatorio. ¿Cómo era posible que un médico que operaba en un lugar así, condujera un auto de casi 30,000 dólares? Después me enteré que al parecer, Rodolfo Balbuena ha prestado sus servicios como legradista a media Ciudad de México y claro, su reputación le precede. Salvándole orgullosamente el vientre a jovencitas deshonradas desde 1987. Para cuando la cabecilla del desuniformado grupo de enfermeras del “Hospital Popotla” se me acercó, (Señor Trejo, la paciente ya se encuentra en la habitación) yo ya había llegado a varias conclusiones: si aproximadamente cada quince o veinte minutos se escuchaban nuevos alaridos desde el fondo de los bastidores y también cada veinte o poco más, llegaban una o dos clientas a la sala de espera y yo llevaba ya más de una hora plantado, eso significa que Rodolfo Balbuena o sus practicantes a sueldo ejecutan casi cuatro abortos por hora, sin parar y con lista de espera. Si la maniobra esta valuada en seis mil pesos, podemos deducir que el doctor gana casi veinticuatro mil pesos por sesenta minutos de esfuerzo. Al calcular esta cifra dentro de un horario laboral promedio de ocho horas obtenemos la nada despreciable cantidad de ciento noventa y dos mil pesos en un sábado cualquiera. Imaginando que el gasto diario de la clínica ascendieran a poco más de cuarenta mil pesos, nuestro galeno se embolsaría, libres, ciento cincuenta mil pesos de cirugías express. Pude haber


formulado más cálculos, pero una estúpida comenzó a gritar descontroladamente “¡qué hice, mamá!”, y los números en mi cabeza se derrumbaron. Aún estaba sedada Mi Leslie cuando le acaricié la frente. Yo sabía que todo se había terminado. Después de ese día, nunca nos veríamos como antes. Le habían raspado a un hijo y ahora ella rasparía todo recuerdo mío de su mente. De todos modos la iba a llevara comer sushi y al cine cuando despertara y se sintiera mejor. ¿A cuánto esta el tipo de cambio? Ah, sí, un dólar por 10.90 pesos. La contemplé ausente. De verdad que aquel cuarto aislaba los berridos de afuera con una eficacia inmejorable. No escuchaba absolutamente nada más que la respiración adormilada de Mi Leslie. La grieta enorme llegaba hasta mis pies y se perdía en la pared de una ventana que no daba a la calle. En ese momento lo tuve todo bien claro. Si quisiera, Rodolfo Balbuena podría comprarse un Jaguar X-Type V6 de 2.5 litros cada dos fines de semana.

[Rodrigo Márquez Tizano (Ciudad de México, 1984). Gusta de la prosa puerca. Prosaico. Guayabera pulcrísima. Es locutor de Malasaña en Ibero 90.9 y bajista de la banda francófona Les Tragiques. Escribe cuando se cansa de leer. Quiso ser torero pero le faltaron riñones y le sobró miopía. Desesperado del boxeo y de los Cramps. Actualmente se arrepiente de haber malgastado su vista en tipografías minúsculas. Eso sí, tiene buena izquierda y mejor derecha. Autor del libro de cuentos Caballos de Fuerza (ArteletrA, 2008).]

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un viaje cecy young

artes, u. de monterrey / fotografía, colegio americano de fotografía ansel adams estudiante y freelancer méxico / monterrey, nuevo león cecy.young@gmail.com


crear desde el yo (desde todos los yos) daniella blejer

Si hablo de mí de distinta manera, es porque me veo de distinta manera. Todas las contradicciones se dan en mí alguna vez y de alguna forma. Vergonzoso, insolente; casto, lujurioso; charlatán, taciturno; duro, delicado; ingenioso, atontado; iracundo, bondadoso; mentiroso, sincero; sabio, ignorante; y liberal, y avaro y pródigo; todo ello véolo en mí a veces, según qué giro tome. Y cualquiera que se estudie bien atentamente hallará en sí mismo, e incluso en su propio entendimiento, igual volubilidad discordancia. Nada puedo decir de mí, de forma total, entera y sólida, sin confusión ni mezcla, ni en una palabra. De la “Inconstancia de nuestros actos”. Libro II, Capítulo I. Ensayos, de Montaigne

La demanda actual por la profesionalización de oficios que anteriormente se aprendían en un taller o se forjaban con la práctica, ha llevado a la Universidad a proveerse de laboratorios especializados y de maestros vinculados con el quehacer creativo. En este sentido, es común que en las aulas se impartan cursos que prometan enseñar al alumnado a crear, desde un cuento hasta un edificio, a través de una enseñanza técnica, de la experimentación formal o del acercamiento con diversos discursos. A pesar de los esfuerzos, el modelo pareciera ser insuficiente, aún escuchamos el eco de la vieja discusión sobre si el genio nace o se hace retumbar por los pasillos, si Frank Lloyd Wright, Ernest Hemingway o Quentin Tarantino nunca fueron a la Universidad, si se formaron haciendo, viviendo una serie de experiencias, la pregunta implícita y silenciosa siempre es ¿se puede enseñar a crear? La respuesta es compleja, la creación está profundamente ligada con quiénes somos y cómo nos conectamos con la vida, y en este sentido, no basta con enseñar a un estudiante a dibujar bien, manejar una computadora, o construir maquetas; tampoco con hacerles experimentar con diversas formas, texturas o materiales; ni siquiera sensibilizarlos para que sean capaces de leer o entender la realidad que los circunda desde una visión libre y desprejuiciada. Si partimos de la idea de que la educación no es un proceso de acumulación de conocimientos, sino un proceso de transformación de nosotros mismos, entonces pareciera que la tarea docente dirigida al trabajo creativo requiere abordar otro aspecto: la introspección. En la medida en que el alumno se pregunte, ¿quién soy?, ¿desde qué lugar miro al mundo?, será capaz de contar su historia, de relatarse a sí mismo. En este ejercicio de sana vanidad, el individuo también descubre cuál es su relación con los demás y con el mundo que lo rodea, no sólo ello, sino que 28


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las vivencias cotidianas, el pasado, la herencia cultural, las costumbres sociales y familiares, se convierten en materia prima para la creación, en metáfora de la percepción del mundo. En la difícil tarea de dialogar en el contexto de una realidad que debe ser interpretada, deberían jugar un importante papel la memoria y la narración como parte de la tarea educativa. En el aula, la lectura del trabajo autobiográfico-que puede incluir ejercicios como el autoretrato, la bitácora, los mapas geográficos y genealógicos-se convierte en un diálogo que enriquece el desarrollo de la personalidad del estudiante, un juego capaz de devolver una imagen enriquecida de quiénes somos. Lo fascinante del yo como lugar de creación es que la identidad es una construcción, es decir, que nos captamos a nosotros mismos a través de nuestras creaciones, llegamos al entendimiento de nosotros des-identificándonos, des-subjetivándonos, saliendo de nosotros en pos de lo otro. En este proceso adquirimos la capacidad de percibirnos distintos, de reinventarnos y con ello, nuestras creaciones se convierten en una búsqueda constante. Volviendo a la pregunta primordial, ¿se puede enseñar a crear?, creo que sólo en parte: sin duda el maestro puede acercar al alumnado al diálogo con la cultura, al dominio de ciertas herramientas y procesos, a experimentar con nuevas formas que abren posibilidades. Así mismo, puede compartir su experiencia creativa aunque, sin embargo, al final, el deseo-el motor primordial de la creación-tiene que provenir del interior de cada individuo, de su deseo de transformación y sin deseo no hay creación. El camino es largo y oscuro, no cualquiera se aventura al viaje interior, al estudiante que se sienta solo, queda recordarle que dentro de él lo esperan sus múltiples yos.

[Daniella Blejer Eder (1970) es profesora e investigadora de la Universidad Iberoamericana, institución en la cual imparte cursos sobre la literatura y arte contemporáneo. Ha participado en revistas como AlterTexto de la UIA, AILIJ de la Universidad de Vigo y Revista Casa del Tiempo de la UAM. Actualmente realiza una investigación sobre la literatura en el desierto.]


grafito gabriel ramos

fĂ­sica, centro universitario de ciencias exactas e ingenierĂ­as-universidad de guadalajara estudiante, ilustrador mĂŠxico / guadalajara, jalisco berserk_12@hotmail.com


jueves valeria quintero

Estoy exahusta. Hoy Juan Pablo II, el mismo, partirá al lejano, lejano oriente: China. A pesar de ser mi peor es nada, mi refugio, mi amigo, mi compesador, mi moneda de diez pesos, mi garcés, mi fan, me produjo un gran alivio no verle por lo menos quince días. Días que serán de no fingir, de dejar de evitar besos secos y pequeños, como de pájaro sin alas. Tampoco me siento feliz, lo que se dice feliz. Más bien siento lástima por mí misma, por hacer este juego sucio de utilizar una versión mattel para aliviar mi ansiedad. Ayer fuimos a un bar en la Roma, el Imperial. Tiene varias fiestas a las que he querido ir, sobre todo la última vez que lloré en los brazos de Miguel por no llevarme al after de un amigo pintor que enfiestaría ahí tras el openning de su obra. Desde ese día se me había antojado ir, pero nomás nelson mandela. Y ese día entramos al famoso Imperial. Tocaban los Flash Tacos. Puros treintañeros y pa arriba, seguramente era la más pequeña. Cuando entramos, sentí todas las miradas sobre mi blusa dorada que hacía brillar con luz propia mi cara deslavada de dulces deciséis años. Siempre me piden la credencial para entrar a los lugares, sin embargo, esta vez me sujetaba un treintón almost fourty que no permitiría que pensaran mal de mi cara infantil y redondeada. Pedimos unas cervezas en la barra, olía mucho a pipí y constantamente mi amante casi otoñal trataba besarme el cuello y yo aplicaba mi nuevo sistema. Un nuevo sistema de resistencia carnal que me ha funcionado bastante bien y consiste en que cada vez que el objeto no deseado se acerca a una parte cercana a mis axilas o a mi pubis (la verdad los senos me dan igual) me da una sensación de cosquillas tan intensa que los que intentan aproximarse terminan por rendirse a mi falta de excitación o mejor dicho, repulsión amable. 36


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La misma sensación me aconteció por primera vez a los 13 años. Recuerdo que había llorado mucho porque un niño medio enfermo se me estuvo declarando toda una tarde sin querer dejarme ir durante una kermesse inocente y mi dizque recién estrenado novio me observaba a lo lejos sin hacer nada por auxiliarme, de hecho parecía divertirse. Cuando el desgraciado hombre sin forma había terminado de decirme que yo era probablemente una tonta y mi novio un perfecto estúpido (en eso sí que tenía razón, por cierto) corrí a los brazos del novio y en vez de obtener consuelo lo único que hizo fue tocarme de una manera tan fría y brutal que terminé cortándolo esa misma tarde. Yo sólo sentía cosquillas, pero unas cosquillas como de dolor, muy intensas de esas que a nadie le gustan y como a la semana me mandó una carta diciéndome que no entendía por qué lo había cortado y que asumía que era por nerviosa. En fin, regresando a mi relato, las cabezas calvas empezaban a desagradarme y le pedí a mi cabeza calva más cercana, es decir, mi acompañante, que saliéramos de ese lugar. Cuando al fin parecía terminar el desfile de hombres demacrados e hinchados en alcohol, el cadenero nos invitó a conocer el segundo piso. Hay un tubo–, mencionó orgullosamente y yo me quedé entre complacida y desagradecida. Nos llevó, y debo decir que el lugar era hermoso, con unos candelabros enormes y un tapiz tipo inglés y kitsch sofisticado, como el de un colectivo que me gusta mucho llamado Bang Buró. Desde el otro lado en una barra más privadita, un chavo calvo, de nuevo, nos dijo –deberían quedarse, ahorita les ponemos músiquita aquí también. Todos viendo hacia el tubo.


Yo parada como un pedazo de costilla, mejor dicho de pechuga a punto de dorarme en un tubo como pollo rostizado. Ellos merodeándome, como seleccionando qué parte les gustaba más del guisado. Entonces decidí interrumpir ese momento siendo amable, as usually, –muchas gracias, está muy chido, seguro volvemos. –Adiós a la calvicie. Francamente no me interesa–, me faltó agregar. Salimos del lugar. Tuve que hacerme la dormida para que mi plan de no acostarme como un plátano con Juan Pablo II funcionara y al mismo tiempo estaba emocionada porque sabía que era la última noche con él. –¿Quieres que te santifique? Sin ganas y sintiéndome obligada por quién sabe qué estúpido compromiso, susurré, casi pensando –lo que Dios mande. Después de todo mi sistema había fallado. Y fue como dice mi querido Lalas: disgusting.

[Valeria Quintero (Ciudad de México, 1984). Durante 15 años es bailarina de danza contemporánea y se titula en Arte y Promoción Cultural en la UIA. Actualmente trabaja como creativo en una agencia de publicidad y como PR del espacio experimental de arte, Casino Metropolitano.]

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sunday picnic martec fotografía, escuela de artes plásticas del instituto cultural cabañas fotógrafo méxico / guadalajara, jalisco lua.martec@gmail.com


respuesta pablo martínez zarate

Perdemos la vida alegremente, con tal de que no se hable de esto. Isidore Ducasse Time is bearing another son. Kill Time! She turns in her pain! Dylan Thomas

Si el editor se arrepintiera de haberme pedido el texto, entonces lo siguiente sería para muchos una pérdida de tiempo. No para mí. La experiencia de creación no se rebasa a sí misma. Es eso, una vivencia del engendro capaz de engendrar engendros propios. Termina con el punto final, antes de encontrarse entre las paredes de la editorial. Cuando me piden que hable de ella, comienzo el escrito sin título pues de nombrarle ahora quizá muchos saldrían insultados. Antes que nada, si le dedicamos líneas, habríamos de apreciar y agradecer al amigo: yo sólo tomo notas de sus sueños y después las transcribo. Démosle lugar al devenir: el documento se irá transformando de principio a fin y mi genio allanará. De llegar al papel, renacería la montaña y con ella la cordillera, pero necesitaríamos entonces de un cómplice, de un lector con ánimo de alpinista. Inicialmente, si me empeño en responder a tal demanda, diría que la experiencia aquí referida deviene como lucha entre fuerzas, sin gesto, que arrojan trozos de materia unas sobre otras. Juegan a ser Dioses; juegan también con la luz y con la noción de jugar. Trazos, tinta, papel, voz, cuerdas, percusiones, madera. No olvidemos las piedras, las bombas, el aliento. Sonidos, colores. Discurren como efecto del mismo movimiento y mueren con el ideal fantoche. La mentira: en realidad no somos Creadores, no obstante sí podemos inventarlos;

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mind.games

sólo hace falta ser buenos imitadores. Difícilmente hablar de más mientras se crea: el que fija la realidad de la palabra es el público, jamás el escritor, o el pintor o el músico . . . “El Artista” no detiene el tiempo, lo extiende en cuerpo. No es Dios ni Creador, aún cuando muchos se lo crean e incluso entreguen tarjetas de presentación. Entonces, la belleza la crea quien la mira, siendo el artista su pretexto. De lo contrario, difícilmente encontraríamos interpretaciones disímiles de una misma “obra de arte”. Pero aquí no vengo a hablar del arte, de sus protagonistas o de sus obras. Tampoco del amor por ellas. No creo que las etiquetas deban quitarnos todo el tiempo que perdemos nombrando una u otra. Menos aún vengo yo a balbucearles sobre autenticidad. ¿De “un aura”? ¡Boberías! Sin pretensión ulterior, canto únicamente al obrar. “Venga, ¡Música!”, decía Lautremont. El producto de la experiencia aquí comentada, ese “objeto al que le pegó la inflación”, jamás será auténtico: el artista copia. Quizá lo que trato de decir es que la experiencia creativa conversa consigo misma utilizando como intermedio a quien mata el tiempo a cincelazos. “La poesía debe tener por objeto la verdad práctica”, escribió Isidore Ducasse. La necesidad de expresión es una bestia y muere sola con la memoria. También la mujer que amo, pero con ella no basta un comando de computadora. Ambas vivas, nos acechan, nos mantienen alerta, nos urgen a la expresión. Pero no por ello, como decía el Conde de Lautremont, podemos comparar a la poesía con el amor.


Reinvento la materia a partir de la luz. Supongamos que el texto roba el logos al alemán Peter Sloterdijk: “comienzo-ya-comenzado” cada vez que alguien pierde su tiempo en leerme. No se sienta usted mal, lector, pero pierde su tiempo. Mejor, disfrute del recreo. Si no escribiese sobre la creación, entonces mi escritura no tendría tiempo, quizá tampoco lugar. No llegaría a infringir perforaciones ni de pluma ni de cincel, ni de bisturí, ni de voz. Ni de catéter sobre mi ventrículo izquierdo o sobre el oído ajeno. Ningún territorio para la palabra. Repito: uno actúa sobre la creación, pero jamás “crea”. El otro día caminaba por el lugar donde nací. Salí tarde del museo, ya rayando el ocio en holgazanería. Recordé el inicio de la primera lección de seis que diera Peter Sloterdijk en su natal Frankfurt e imaginé la voz del alemán como si conociera su idioma: “La poesía, decía el poeta Paul Celan, no se impone, se expone. Señoras y señores, no conozco otra afirmación que describa de forma tan correcta y ambiciosa lo que es el hecho de la literatura. Y esta afirmación se revela correcta, sobre todo, porque relaciona el lenguaje de la poesía con un determinado tipo de gesto que se aventura” (Sloterdijk, 13). Decimos, pues, que el ánimo de la poesía consiste en viajar como pocos incluso al andar tan sólo una cuadra. La aventura de la palabra, o incluso de la creación como dimensión de la expresión, consiste en despojar de su origen al caminante. En este sentido, el lugar donde nací deja de pertenecerme y me apropia como extranjero.

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En ese momento la experiencia del recuerdo se arroja sobre el presente y proyectándose a lo inimaginable. ¿Quién nos ayuda? La máquina del tiempo, en el caso del presente narrado, sería la palabra. El color negro invadiendo el blanco del papel; o, en otro caso, el pincel arremetiendo contra el lienzo. Las formas. La incisión de la consciencia sobre la arena del tiempo. Blando, por su cuenta, el ojo que tiene la capacidad de informar la realidad. Sin desprendernos de las lecciones de Frankfurt del filósofo alemán, decimos entonces que con el nacimiento del individuo se impone la lengua. Nos babea y entonces nuestra servilleta es la expresión; una vez secos, nos besa el ojo ajeno. Nos desvestimos por medio a la palabra, pero la mirada nos viste de nuevo al penetrarnos. En ocasiones el encuentro derrama amor, en otras, odio y violación. Cuando la indiferencia reina, el texto muere. En resumen: el lenguaje se impone y el individuo se expone. Podríamos leer la expresión, entonces, como el reflejo de la urgencia por anteponernos al peso del mundo. En otras palabras, el lenguaje emerge como espejo de nuestra desesperación. La “experiencia de creación”, por tanto, deviene como “grito desesperado”. Y si Lautreamont decía que la desesperación es sólo el más pequeño de nuestros errores, entonces por gritar desentonados no habríamos de sentirnos tan mal.

Yo sí creo que del error se aprende; y vale la pena haber perdido mi tiempo en ello.

[Pablo Martínez Zárate (Ciudad de México, 1982). Egresado de la carrera de Comunicación por la Universidad Iberoamericana, donde durante el 2007 y 2008 impartió la materia de Comunicación y Tecnología. Actualmente realiza sus estudios de maestría en Medios Digitales y Cultura en la Universidad de Edimburgo, Escocia.]


brains daniel aviles

preparatoria colegio americano / comunicación visual, centro de diseño, cine y tv diseñador freela méxico / ciudad de méxico bfresko@gmail.com


ciudad fernando bartolomé delmar huerta

1 pifna nunfa infa cunfa sinfa sin fa en los pulmones.

eres de tantos.

quién dijera de ti,

como dirán de ti

de mí de tantos.

cómo quiénes cuándo dirían de ti de mi

qué dirían decimos diríamos

de esos tantos

eres

somos tantos

soy estamos

eres tantos

quién dijera de ti,

es tantos

de mí de tantos.

él tantos ella tantos

en los pulmones.

ellos tantos sin tantos

bajamos,

sexo tantos crimen tantos lejos tantos

somos cascada,

cerca tantos.

atropellamos, a tro pe lla mos

en los pulmones.

quién diría de ti quiénes dirían de ti decimos diríamos eres de tantos.

atrás

soy estamos

en los pulmones.

eres de mí somos de tantos. 2 soy estamos eres de mí

si existe un lugar en el mundo

somos de tantos.

que contiene todo el peso del metal de los fierros

en los pulmones. 58

de las estrategias


break.fast

todo el peso en el mundo de los lugares en

texas es texas

el mundo si existe un lugar rojo amarillo azul y gris

todo el peso del metal y del fierro

si existe un lugar gris en el mundo

amigos, es que ésto es el paraíso

de donde vienen de donde parten todas las avanzadas

si pudiéramos dormir tranquilos

todas las cargas

alejados del ruido

los cargamentos los convoys las tropas las

alejados distantes de todo lo que es el ruido

guerras si existe un lugar en el mundo

más más más más

que contiene todo el peso del mundo

como si todo el peso del mundo

que pensamos como el mundo y sentimos

porque todo el peso del mundo

como el mundo

el peso del mundo

sentimos como el peso del mundo un lugar sin estretgias por ser estrategia

en un solo lugar

si existe un lugar en el mundo estrategia si el mundo es un lugar en el mundo

texas no es texas

todo el mundo en un solo lugar en el mundo

porque texas es amarillo.

así méxico israel palestina estrategia

3 si todo el peso del mundo recayera en un

[Fernando Bartolomé Delmar Huerta (México D.F., 1986). Cuestiones sociales, literarias, a veces

solo lugar

de composición, de melomanía pronunciada.

como todas las avanzadas

Proyectos varios en términos curatoriales de las

todo viene de Texas

artes y aquello lo político. No sabe y le incomoda

pues texas es amarillo y blanco y rojo

el qué decir de sí mismo. Camina.]


soy un venado petit sistema educativo indoamericano / diseño gráfico, unitec freelance méxico / estado de méxico birdiest@hotmail.com


a mano jorge volpi

Por más que digan, no es lo mismo escribir a mano que en computadora (o, para unos cuantos nostálgicos, que en máquina de escribir). ¿Qué cambia? El ritmo. Las frases quedan determinadas por el pulso de la mano, por el tempo de los músculos, por ese lapso que transcurre entre el pensamiento -veloz, inmediato- y la relativa lentitud de los dedos que sostienen una pluma (más bien un plumón o bolígrafo de tinta negra, que adoro) y la arrastran sobre el papel. Ese latido, ese brevísimo espasmo, es toda la diferencia. Los teclados permiten que la escritura se vuelva casi automática; menos sofisticadas, las libretas nos permiten advertir el peso de cada letra, de cada palabra, de cada oración. No digo que escribir a mano sea mejor, ni que dé mejores resultados. Sólo sé que este libro, justo este libro, aspira a la rudeza y el ascetismo de la celulosa. Quiero escribirlo como si lo dibujase o, mejor, como si lo tallase. No me importa demorarme días enteros con un párrafo. No tengo prisa alguna. Mi historia y mis personajes no la tienen. Hago memoria. Mis dos primeros textos (A pesar del oscuro silencio y Días de ira) los escribí a mano. Quizás por ello los emparienta cierta prosa densa y meticulosa. La trilogía del siglo xx jamás hubiese podido escribirla a mano. Exigía una urgencia y una rapidez que sólo puedo asociar con la pantalla. Su prosa es entonces más directa, más inmediata. Más transparente.

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mind.games

Una última aclaración. Quiero escribir a mano, sentir las palabras, una a una, como si fuesen un cargamento que debo llevar de un extremo a otro del desierto. Pero no quiero, no quiero en absoluto, acercarme a la prosa poética o al poema en prosa o a la prosa de poeta. Espero huir de cualquier tentación lírica, de esa melopea y esa orfebrería que tanto fascina a algunos escritores. Detesto los fuegos de artificio. Esos párrafos sinuosos, musicales, plagados de imágenes y metáforas, que no hacen sino exhibir la pedante maestría de sus autores. Busco la solidez de la roca, reniego del aire.

[Jorge Volpi (México, 1968) Es licenciado en Derecho y maestro en Letras Mexicanas por la UNAM y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca. Ha sido profesor en las Universidades de Emory, Cornell y Las Américas de Puebla y ha dado conferencias numerosas instituciones educativas en México, Europa, América Latina y Asia. Fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de México y becario de la Fundación John S. Guggenheim. Actualmente es director del Canal 22, televisión cultural del Estado mexicano.]


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inanición luis felipe ferrá

Yago: La noche y el infierno asistirán al parto de mi engendro. William Shakespeare, Otelo

Estimado Director Sánchez-Navarro: A diferencia de lo que sucede con la mayoría de los hombres, he aprendido, no sin arduos esfuerzos, cabe destacar, a eliminar la culpa y los remordimientos de mi conciencia. De suerte que las líneas que está por leer no son, bajo ninguna circunstancia, una confesión, ni mucho menos un escrito para sanar mi alma. Lo haré, eso sí, con el fin de que aproveche el relato lo mejor posible. Deseo que monte una nueva obra teatral, será bien recibida se lo aseguro, claro, siempre y cuando logre articular con lo que sigue un libreto inteligente. Si me permite la sugerencia, el siguiente título provoca en mí un hondo sentimiento de satisfacción y bienestar: Inanición... Como de costumbre, el viernes por la noche había función en el foro Miguel Ángel Asturias. Acudí, entre otras cosas, porque Alejandro, su hijo, debido a su irrevocable dictamen, haría el papel de Yago en la famosa obra de Shakespeare. Debo decir que es un personaje delicioso, un demonio perfecto. No cualquiera puede ser Yago, debe haber algo dentro de las entrañas del actor que guarde semejanza con el personaje. Estoy convencido que, la verdadera crueldad es imposible buscarla, se nace con ella y su hijo, carece de tal cualidad. En fin, al terminar la función, lógicamente enfurecido por su decisión que aún escuece mi orgullo, esperé en la barra del bar a que Alejandro se diera un baño. Tras ello, salimos inmediatamente con dirección a mi casa, teníamos cita con Josefina, la escritora, por aquello del libreto que nos encargó su compañía. En el transcurso, conversamos sobre ella; a ambos, desde que tengo memoria, nos parece brillante. Para pronto, llegamos a casa. El frío era excesivo, empañaba cada una de las ventanas de mi hogar, de modo que nos bebimos un par de whiskeys para calentarnos. Cuando Josefina llamó a la puerta, llevábamos escritas, a lo mucho, un par de cuartillas; francamente estábamos en la peor de las disposiciones creativas. Bien sabe que el teatro además de engorroso, es vil y miserable. Así pues Director, Josefina encendió, como siempre, con su peculiar manera, un cigarrillo y

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comenzamos una nueva escena. Reconozco por qué, pero en cambio, intento recordar, mas no sé, exactamente, de dónde surgió la idea tal cual; supongo que de algún texto de Rubén Damasco, o de los grandes versados sobre el tema como Roberto Sorenstam, René Atri o Lorena Esteva. El caso es que, particularmente, había estado, desde hacía tiempo, obsesionado por probar la carne humana. Para ser exacto, a Josefina, le regalé El Arte de la antropofagia que, sin duda recomiendo y, para mi fortuna, le fascinó tanto como a mí. Ella y yo que, desde hacía tiempo salíamos únicamente por el magnífico placer de fornicar, habíamos tenido hondas discusiones sobre dicho tópico. A Josefina le parecía demasiado cruel comer la carne cruda y a mí, por el contrario, comerla asada, excesivamente cursi. Puedo recordar también que, en ocasiones anteriores habíamos discurrido sobre la parte del cuerpo que comeríamos; para mi sorpresa en eso no hubo pugna alguna, los dos convenimos que lo más sabroso serían los sesos. El plan salía a la perfección. Alejandro estaba inundado de tristeza; su actuación había sido terrible, la peor desde que inició en el taller de teatro, y cómo no iba a ser, en su momento se lo advertí, señor Director, su hijo escribe, no actúa. Para borrar ese inmenso despecho el chico decidió embriagarse. Nuestra previsión fue contundente. No paró hasta terminar con la botella de un scotch que, siendo sincero, nunca me ha convencido del todo. Grave error que heredó de usted, querido Director. En menos de cuarenta minutos estaba tumbado, con los ojos en blanco y respirando por la boca. Acto seguido, le amarramos el cuerpo con cinta canela, con cuerdas y sábanas, dejando solamente visible su rostro. Después decidimos sellarle la boca con cinta de aislar por si acaso volvía en sí. Lo llevamos cargando a la cocina. A pesar de ser menudo de complexión, nos fue sumamente difícil trasladarlo, ¿sabe? Una vez ahí, en el pulcro suelo de mi cocina, listos para principiar, Josefina y yo, nos hicimos de cubiertos: algunos trinches y unos cuantos cuchillos. Ella levantó delicadamente el párpado de Alejandro, inmediatamente el ojo color verde de su hijo se hizo notar, daba vueltas como si soñara. En el epílogo de la suculenta obra Cocina Humana de René Atri leímos que no era necesario quebrar el cráneo para acceder al cerebro. Extraer un ojo era una posible vía, mucho menos aparatosa y sí, más sencilla.


Y así lo hicimos. Sumergí de un golpe cuanto pude, el cuchillo en el ojo de su hijo. Hubiera sido un grito ensordecedor pero, dada la cinta que cubría sus labios apenas se dejó oír un sonido como de mecanismo atrofiado «orgh». Alejandro comenzó a moverse, era como un mejillón vivo cuando le exprimen limón. Pese a ello, Josefina no le soltó ni por un instante. A partir de ahora, para mi despecho, la escena se hizo acompañar de música ruidista: lamentos, quejidos y el particular «orgh» que su vástago emitía desde lo más profundo de su garganta. Jamás pensé que Alejandro fuera tan cobarde… De cualquier modo, el globo ocular es dañino para la salud así que lo tiramos al cesto de basura. Con el cuchillo piqué, rasgué, corté y nada, decidí mejor, levantarme por un martillo y una cuña; después de unos minutos de golpear la cuenca, del fondo, entre ríos de sangre brillante y oscura, emergió como de aquél mar rojo, del color mismo de la perla, un pedazo de exquisito cerebro. Era blanco, sí, blanco como el marfil y suave como el algodón. Con la ayuda del tenedor y el cuchillo corté un pedazo y lo dirigí, directamente a mi boca. Tras eso, Josefina y yo comimos hasta empacharnos. Naturalmente, fui yo quien devoró la mayor parte del cerebro de su hijo, Director. No sé qué tienen los Sánchez-Navarro pero en el fondo, créame, son más insípidos de lo que aparentan. Por ahora, apenas llevamos el torso, sino mal recuerdo un brazo y las nalgas; los genitales, pequeños pero prometedores, y la lengua, demasiada larga, la estamos reservando para las visitas. Debe admitir, buen Director, que «Inanición» es un gran título. ¿Qué opina? Saludos cordiales, Ernesto Boccaloni PD. Siempre quise ser Yago…

[Luis Felipe Ferrá (Ciudad de México, 1985) cursa el último semestre de la Licenciatura en Comunicación en la UIA; ha estudiado varios cursos de Cine (New York Film Academy) y varios diplomados más en Historia del Arte (Instituto Michelangelo AD´A, en Florencia). Principalmente escribe textos sobre Arte y Cultura. Es un férreo estudioso de los Clásicos, el Mal y el Diablo. La mayoría de su obra se centra en la inmoralidad del Arte.] 78


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que el sol no se nos caiga andrea belmont

Al ser conciente de sí mismo, el ser humano puede mirar lo absurdo de su existencia: el sin sentido, el vacío. Sin embargo, la conciencia de uno mismo también conduce, inevitablemente, a la única posibilidad real que el ser humano tiene: la creación. Una de las características del ser humano es su capacidad de preguntarse el por qué, su capacidad de significar, dar sentido, interpretar, mirar, construir y destruir, transformar el mundo que percibe, transformar su realidad: en una palabra, es capaz de crear. El ser humano se separa del mundo a través de la pregunta y se vuelve a unir a él a través de la creación, la respuesta.

uno. ser humano El humano, como un organismo vivo y a un nivel animal, reacciona a partir de un orden biológico que funciona a partir de relaciones de poder. En un principio, este organismo se enfrenta a su medio ambiente: sobrevive quien se adapta al medio, al mundo. Luego, el mismo organismo se enfrenta a otros: sobrevive el más fuerte, aquél capaz de someter al débil. Por último, el ser humano, a este nivel, utiliza y depende del conocimiento que tiene acerca del medio para sobrevivir: el ser humano comienza a organizar la información que percibe e interpreta de manera que empieza a conocer el mundo, a nombrarlo, explicarlo, simplificarlo, todo ello para ser conciente de las posibilidades y los límites para actuar sobre el mundo. El ser humano organiza la información, entre otras cosas, para controlar la misma fuente de información. En resumen, el animal sobrevive en términos de adaptación, fuerza y conocimiento con respecto al mundo. Sin embargo, el ser humano no sólo está hecho a partir de este orden biológico sino que existe algo que podríamos llamar el orden conciente del ser humano.

Ser humano se refiere a un estado (ser esto, ser aquello). Ser humano es aquel que puede dar sentido, significar, preguntar e ir contestando. El orden biológi88


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co del humano responde, de la manera más práctica posible, a la pregunta: ¿cómo sobrevivir? El orden conciente del ser humano busca el sentido: ¿por qué sobrevivir?

dos. el vacío Antes de nacer, el ser humano se encuentra en el vientre materno: completo, lleno, entero, lejos de la necesidad y del deseo. Es uno con el mundo. El ser humano nace en el momento en que surge la pregunta: en ese momento se separa del mundo, se distingue a sí mismo de la madre. El momento de la conciencia de uno mismo, la conciencia del ser humano. Los sentidos son el primer vínculo del humano (como animal) con la realidad: el cuerpo. El segundo vínculo del humano (como ser humano) con la realidad es el sentido: el significado que le da a esta realidad. El ser humano nace al darle sentido a la información (señales) que percibe a partir de los sentidos. Antes de la conciencia, la relación con el mundo es inmediata: la necesidad es satisfecha al instante en que surge. Cuando el ser humano nace y se separa, se siente incompleto: hace falta satisfacer las necesidades, llenar esa falta, buscar el sentido. O mejor dicho: crear el sentido. El ser humano se pregunta ¿por qué? y esa pregunta es la gran tragedia de la humanidad. Con la pregunta, el ser humano descubre el incierto, absurdo e ilimitado suelo de la existencia. Si la pregunta se evade es por una sensación de vértigo frente a la nada. Surge el miedo y la angustia frente al abismo, frente a la incertidumbre que implica un estado de cambio permanente. El ser humano se topa con el vacío y es sobre este vacío donde se han construido estructuras de significado. Sin embargo, existen momentos en el sentido de éstas estructuras se debilita y el vacío vuelve a ser evidente.


Cuando el ser humano pretende conocerse a sí mismo se enfrenta a su existencia -fuera de sí-, se enfrenta a la infinita pregunta sin respuesta (o con múltiples respuestas cambiantes), a su mortalidad (ser finito), a su naturaleza mutante, inestable. ¿Cómo pretender conocer aquello que está en continua transformación? ¿Cómo conocerce a sí mismo cuando la materia con que uno está hecho es esencialmente mutante? ¿Acaso, para conocerse, el ser humano puede ignorar el hecho de que todo el tiempo está sufriendo de transformaciones? Algunos hacen el intento por evitar el cambio: el ser humano crea estructuras limitantes en un intento por detener el movimiento de la materia. Es aquí el punto clave del atraso o el avance de la humanidad: las estructuras pueden limitar al ser humano y estancarlo pero también abrirle posibilidades de crecimiento. Si se intenta resolver el sentido de la existencia del ser humano a partir de un orden animal, es decir, empeñándose en hacer de lado el factor de la transformación y la incertidumbre, todo quedaría reducido a un único camino (no importa realmente cuál, sino que no hay otro más que ese). Esta manera de resolver de golpe la cuestión existencial se queda simplemente en un intento: el ser humano vive siempre amenazado por la pregunta y, entonces, se encuentra en un constante enfrentamiento al vacío. Cuando el ser humano se da cuenta de que nada de lo que dispone sirve para conservar su existencia amenazada siempre por la posibilidad de volverse nada, aparece la angustia. Kierkegaard nos lo dice: el ser humano es esencialmente angustia, siempre es angustiado. Saberse mortal. Estar conciente de mi posibilidad de ser humano como falta de mí mismo, que mi existencia se vuelva nada: la existencia como falta. Para escapar a la angustia, el ser humano se distrae, sigue patrones, valores, estructuras aprendidas a las cuales se incorporó al nacer. Sin estas estructuras, significaciones, ¿qué haría el ser humano? ¿Cómo haría para tomar una de90


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cisión? Reconstruir: crear nuevas, crear nuevos significados, nuevos sentidos, de lo contrario se encuentra con un vacío sin sentido, un abismo, saltaría a la nada. ¡Se volvería loco!

tres. crear Cuando el ser humano se reconoce a sí mismo como ser existente arrojado en un vacío, la única posibilidad que tiene es la de ser, ser humano, crear, significar, dar sentido. Representar, crear vínculos previamente inexistentes entre los diferentes objetos que está mirando. Primero experimenta-percibe, y luego significa aquello que experimenta-percibe. En resumen, el ser humano sólo disfruta de este espacio ilimitado ejerciendo su capacidad de dar sentido. Ser humano implica ser responsable en el ejercicio de la creación. El mundo, a su vez, responde ante el ejercicio humano de la creatividad. El ser humano se suscribe en estructuras prefabricadas con tal de no sentir la angustia o la soledad, para evitar ese terrible encuentro con uno mismo, con lo incierto, lo que cambia. Esto puede verse claramente en el fundamentalismo religioso: estos creyentes tienen una necesidad de clavar lo más profundo posible sus significados que incluso son capaces de destruir la vida (a veces la propia). La suscripción incondicional a estas estructuras tiene como resultado la destrucción del mundo. Pero la humanidad tiene otra opción: suscribirse a sí misma. El ser humano es, existe, y eso es lo más que puede saber. La creación requiere que el ser humano utilice las estructuras en lugar de aferrarse a ellas. Habría que entender que las estructuras son necesarias y que son medios y no fines. También, entender que la creación implica dejar fluir el movimiento y para ello habría que permitir el encuentro: el diálogo, el mensaje que cambia en el camino del emisor al receptor. Sólo cuando el mensaje se transforma existe entonces la posibilidad de un


crecimiento de miradas a partir de la articulación de significados. Crear es la única posibilidad del ser humano en su realidad, es la posibilidad. El ser humano interpreta las señales que percibe de nuestro medio ambiente. Desde cierto punto de vista, se puede mirar la historia de la humanidad como una serie de relaciones de poder en donde se somete al débil, se castiga al que no se sacrifica a si mismo por ser igual a los otros y todo se reduce a sobrevivir de la forma mas práctica... ...y mientras tanto el Sol se cae encima de la humanidad, pero ésta no se da cuenta porque vive aferrada a una manera de ver el mundo que es ajena a su realidad: a su conciencia.

cuatro. que el sol no se nos caiga Es en el momento de la creación cuando el ser humano recupera la unión con el mundo. El ser humano regresa al vientre materno. Sujeto y Objeto se vuelven uno mismo. El ser humano experimenta, percibe, significa, pregunta y vuelve a preguntar. Crea y destruye el mundo-realidad, transforma a partir de un por qué. El ser humano es pregunta. La única manera que tiene para sobrevivir enmedio de un vacío sin dejarse hundir por la angustia o el miedo es a través de un ejercicio responsable de la posibilidad creativa. El ser humano le da sentido a su existencia inventando historias que lo empujen a seguir andando, y reinventándo éstas mismas para que no lo cieguen: crear para que el sol no se nos caiga.

[Andrea Belmont (Ciudad de México, 1985). Directora de arte y fotografía. Retratista. Cuentahistorias. Dibujo de pronto. Filosofía de siempre. ¡Creo escenarios que no existen!]

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data (1) ricardo cázares

Cada 45 segundos se incendia una casa en los Estados Unidos. Cada 45. Hay 22 millones de autos en Los Ángeles. Por lo menos, la última vez que conté. Cada año 40 personas se suicidan en el metro de la Ciudad de México. El servicio se interrumpe ½ hora y al conductor se le dan 3 días de descanso obligatorio. 2/3 partes de la gente que muere asfixiada no llega a los 4 años. Lo siento. Estoy tomando un camino equivocado. Pasemos a algo más ligero. ¿Qué tal la realeza? Luis XIV tenía 413 camas. No sé qué haría yo con 413 camas. Supongo que dormir en una nueva cada noche. Eso haría. ¿Y qué más? ¿Te has dado cuenta que el hombre es el único animal que llora? Ahora bien, hay quienes ponen esto en duda —porque mi perro llora— así que no. Estos no son datos sorprendentes—solo que sorprenden— y mi perro llora mucho, quizá demasiado. Creo que necesita un terapeuta. Y la mayoría de los viajes en auto en Norteamérica son de 3 km o menos. Una cucaracha puede vivir varias semanas sin cabeza. Para hacer la luz divide 1/137. Quienes miran con cuidado a las hormigas aseguran que se estiran y bostezan al salir de su hormiguero en la mañana. Ahora, un escorpión... si derramas una diminuta cantidad de alcohol sobre uno, el escorpión se vuelve loco y se pica hasta morir. ¿Sabes cuántas lágrimas se necesitan para llenar una cuchara de café? De hecho, 120. Lo probé. Estaba triste y pensé, hay que sacarle provecho a esto, así que puse la cuchara sobre el pómulo y lloré. Ese es mi proyecto final de Ciencias Naturales. ¿Sabías que hay un pueblo en Chile que se llama Colamada donde nunca ha llovido? Nunca. No hablan de la lluvia. No dicen a ver si este año llueve, o que quieren que llueva, o que estamos esperando un poquito, unas gotas. Simplemente han hecho a un lado el tema. 100


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Ahí les va otro. En tiempos de los vikingos se sacrificaba humanos en las proas de los barcos. Y por supuesto, de ahí la cosa pasó a botellas de vino. Pero la primera vez fueron humanos. Ofrecían sus servicios voluntariamente. Era una fila corta, eso sí. 2 o 3 personas. Deprimidas. Thomas Edison se quedó sordo a los 12 años de edad. Cada año los E.U. utilizan 70 millones de toneladas de cemento, 1/5 parte del total de cemento usado anualmente en el resto del mundo. Se utiliza más acero en hacer corcholatas que autopartes. Cada año 250,000 señores en los E.U. son golpeados por sus esposas. ¿Sabías que hay más insectos en una milla cúbica de tierra rural que humanos en el resto del planeta? La mayoría de los cláxones de coche fastidian en el tono de FA. En el Japón medieval, cuando un par de caballeros deseaban sellar un acuerdo orinaban en conjunto cruzando los chorros. Esa era el final de la negociación inicial. Recientemente un pescador coreano fue arrestado por alimentar a una escuela de tiburones con su esposa. En Corea, usar a tu mujer como carnada sigue siendo ilegal. Las personas inteligentes tienen más cobre y zinc en el cabello. El Papa más joven tenía 11 años de edad al ser electo. Las carpas doradas tienen una capacidad de memoria de 3 segundos. Los almendros forman parte de la familia del durazno. La persona promedio pasa 2 semanas de su vida esperando a que cambie la luz en el semáforo. La miel es el único alimento incapaz de pudrirse. La encontraron en la tumba de Tutankamen. Jarros repletos de miel, fresca como el primer día. Hay 35 millones de glándulas digestivas en el estómago humano. ¿Qué pediste? ¿Carnitas o pozole? ¿Sabías que los dientes de una rata crecen perforando el paladar hasta el cerebro si deja de comer? Hay una clara lección en este bocadillo zoológico:


ten siempre botanas a la mano. Hace un par de días un hombre en Hamburgo se ahogó tragando una Biblia de bolsillo. Tenía 287 páginas. Sintió que traía al diablo dentro y quiso empujarse esa Biblia a las tripas. Y se asfixió. En Marsella arrestaron a un hombre por meterse 21 palomas debajo del pantalón. Traía unos de esos pantalones sueltos de rapero y fue al parque y se metió una paloma al pantalón y le gustó y dijo ”no le estoy haciendo daño a nadie” y los grupos protectores de animales se enteraron y lo metieron al bote. Un hombre en Timor Occidental se desmayó mientras robaba un banco con una pistola de agua. Había dejado las llaves pegadas en el coche, así que de cualquier manera... Y luego un cliente dijo que la cajera le ofreció una taza de té al asaltante. El perro se comió mi tarea. Lo tuvieron que operar y rescatamos la tarea y la secamos y el perro se está recuperando. Algunas máquinas de escribir chinas tienen 5,700 caracteres. El teclado tiene casi 3 pies de ancho en algunos modelos. ¿Te has dado cuenta que el pulmón derecho casi siempre aspira más aire que el izquierdo? Bueno, en la mayoría de los modelos. Las rocas más viejas del mundo, las llamadas rocas de San Pedro y San Pablo, tienen 4 billones de años. Hay un artefacto que inventaron en la Segunda Guerra que puede imprimir 4,000 palabras en una superficie del tamaño de un grano de arroz. Ahora, espero que nunca te haga falta saber esto, pero si un día te persigue un cocodrilo corre en zigzag. Prácticamente no tienen ninguna habilidad para hacer cambios repentinos de dirección. Pero son rápidos, muy rápidos. De hecho, probablemente hay más personas que mueren debido a un cocodrilo que a... cualquier otra cosa. Más que por problemas cardiovasculares. Y dicen que vienen para acá. Una plaga. En 5 años seremos invadidos y el gobierno no hace nada. 102


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Un topo es capaz de cavar un túnel de 300 pies de largo en una sola noche. Un saltamontes puede brincar un obstáculo de 500 veces su tamaño. ¿Cuál es la criatura con el mayor cerebro en relación al tamaño de su cuerpo? La hormiga. El globo ocular de una avestruz es más grande que su cerebro. Ahora bien, juntas esas dos cosas, quiero decir, sumas dos y dos y... en realidad no quieren decir nada. Quiero negar rotundamente que la distancia entre aquí y aquí sea la misma. En algún tiempo los Ringling Brothers exhibieron los ojos de Einstein, el pene de Napoleón y las falanges de Galileo. Todo por el mismo precio. En distintas carpas eso sí. Claro, a mí no me tocó. ¿Has oído algo acerca de Johnny Eck? Era un número en el circo. EL HOMBRE QUE NACIÓ SIN CUERPO. Johnny Eck tenía su propia orquesta. Era un excelente pianista. Caminaba con las manos y vestía de etiqueta rigurosa. Algo así como 43 millones de toneladas de polvo de meteoro caen de los cielos cada día.

[Ricardo Cázares (Ciudad de México, 1978). Ha traducido a numerosos poetas ingleses y norteamericanos del último siglo, entre los cuales se encuentran Basil Bunting, Charles Olson y Robert Creeley. Es miembro del consejo editorial de la revista El poeta y su trabajo. Drivethru es su primer libro.]


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