Issuu on Google+

a

Ast er 22 oid 6 e

os

—¡Ah! ¡Ah! ¡Un admirador viene a visitarme! —Gritó la vanidosa al mirar a lo lejos al principito. Para mi belleza todos son sus admiradores. —¡Buenos días! —dijo el principito—. ¡Que hermosa es su sonrisa! —Es para agradecer a los que me aclaman —respondió la vanidosa. Desgraciadamente nadie pasa por aquí. —¿Ah, sí? —preguntó confundido el principito. —Golpea tus manos una contra otra —le aconsejó ella.

d ni va

4

5 A los cinco minutos el principito se cansó aburrio de aquel juego. —¿Qué hay que hacer para que dejes de sonreir? —preguntó el principito. Pero la vanidosa lo ignoro. Las vanidosas sólo atienden las alabanzas. —¿Tú me admiras mucho, verdad? —¿Qué significa admirar? —Admirar significa reconocer que yo soy la más hermosa de por acá,—Pero ¿para qué te sirve? Y el principito se marchó.


Vani