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MANUEL SORTO, cine, danza, pintura y escritura de un sensuntepecano. Primera entrega. 4 de marzo, 2011

Manuel Sorto es un hijo de la ciudad de Sensuntepeque que ha dedicado su vida al arte. Cuando vivió en nuestro país hizo varios trabajos cinematográficos, de múltiples formas: como director, guionista, ingeniero de sonido y editor. Publicó libros de poesía y escribió también en periódicos. Publicó además una novela. Dio clases en el CENAR. También participó como actor de cine y teatro. Realizó diseño de escenarios. Expuso sus dibujos y pinturas en la Sala Nacional de Exposiciones “Salarrué”. Hizo crítica de cine y de teatro. Diseñó portadas e ilustraciones de una efímera pero famosa revista poética. Desde hace muchos años vive en el extranjero, en donde continúa haciendo arte. Estas pocas líneas nos alcanzan sólo para tener un pequeño acercamiento al trabajo artístico de Manuel Sorto, el cual mostraremos en tres entregas.

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Los miembros de LA ESQUINA DE ÉRIKA Y ÓSCAR le hicimos una entrevista en línea y esto que sigue fue lo que obtuvimos. Agradecemos sinceramente a Manuel su amabilidad de tomarse el tiempo para atendernos. Érika Valencia-Perdomo Óscar Perdomo León

Érika y Óscar: ¿En qué fecha y en qué lugar naciste? Manuel Sorto: El 25 de noviembre a las 4 de la tarde. Dicen que llegando estaba cuando sonó la hora en la iglesia. Mi partera fue la Niña Pilar Rosales. Nací en la Avenida Cabañas número 6, en la casa contigua a la de don Alejandro González. Allí sí está enterrado mi ombligo. En realidad. Lo digo después de leer la entrevista a ÁLVAR CASTILLO. Érika y Óscar: ¿Dónde viviste tu niñez y adolescencia? Manuel Sorto: La niñez en Sensunte, ahí hice hasta mi Primer Curso de Secundaria. Creo que nos fuimos a San Salvado cuando yo tenía entre 12 y 13 años. Érika y Óscar: ¿En qué otros lugares has vivido y dónde vivís ahora? Manuel Sorto: Si hablan de países, un año en México, entre el ´71 y el ´72, en Guatemala en 1973, luego de nuevo en México, de 1980 a 1987, y luego en Francia, en el País Vasco Francés. Es lo que en Europa se parece más a El Salvador. El terreno es quebrado. El mar está a 15 minutos y a 40 uno ya está ascendiendo los Pirineos. Érika y Óscar: ¿Nos podrías decir el nombre de tus padres y demás familia? Manuel Sorto: Mi padre es Manuel Antonio Sorto Larreynaga. Mi madre María Inés Moreno Navarrete. Mi hermana, Ana Cristina Sorto.

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Pero tengo más familia, cuando mi padre se casó con mi madre ya era viudo y tenía dos hijos de su primer matrimonio. Sus nombres: José Dolores Sorto y María Ester Sorto. Pero también de mi padre tenía otros 4 hijos fuera de matrimonio y todos engendrados antes de su primera boda. Yo solo conozco a 3: Orlando, profesor de Primaria que vivía o vive en Rojas, camino a Victoria. Beto (no recuerdo si Alberto o Roberto), talabartero que ya murió, hace tiempo. Samuel, quien es joyero y vive en San Salvador. La cuarta es una mujer: Gregoria. Yo no la conocí, sólo a sus hijos (sobrinos míos y que tenían más o menos mi edad e incluso uno que era mayor que yo, Miguel Pérez). De lo que entiendo. Gregoria es la mayor.

Manuel Antonio Sorto Larreynaga, padre de Manuel Sorto.

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Érika y Óscar: ¿Estás casado? Y si lo estás ¿cómo se llama tu esposa? ¿Tenés hijos? Manuel Sorto: Estuve casado. Tengo un hijo: Camilo Sorto-Cazaux, tiene 24 años y a veces colabora con ContraPunto. Su madre se llama Pantxika Cazaux. Érika y Óscar: ¿Por qué te fuiste de Sensuntepeque? Manuel Sorto: Mis padres se separaron cuando yo tenía 10 años. Luego mi madre decidió trasladarse a San Salvador, a buscar trabajo. O quizás huyendo de los fantasmas.

María Inés sostiene a Camilo, madre e hijo, respectivamente, de Manuel Sorto.

Érika y Óscar: ¿A qué personas recordás de Sensuntepeque? Manuel Sorto: A muchas. Sobre todo maestros y amigos, y algunos personajes. En este blog, MÁS ALLÁ DE LOS 400 CERROS, vi hace poco a la Niña Maurita 4


Echeverría (yo la llamé siempre así), ella fue mi maestra de Geografía en Secundaria; maestra excelente, no permitía ninguna indisciplina. Entre los maestros recuerdo sobre todo a Don Marco Tulio Orellana. Él es mi formador. Él fue quien remarcó y me alentó a desarrollar mis “talentos”. El teatro, y sobre todo, el dibujo. Me ponía a dibujar en la pizarra, copiando de los libros, por ejemplo: el esqueleto, el sistema digestivo, los músculos, los próceres para las fiestas patrias, etc. De paso, para Semana Santa me ganaba un dinerito haciendo alfombras con sal de colores, a pedido, con sal de colores. Si tenías alfombra enfrente de la casa, eso obligaba a la figura o figuras cargadas a posarse sobre la alfombra de tu casa durante algunos momentos. Don Marco Tulio Orellana fue mi maestro en Cuarto y Sexto Grado, primero en la Escuela Fermín Velasco y luego en la Sotero Laínez. En la Fermín Velasco para una “velada” me permitió hacer mis primeros pininos en el “teatro”. Me inventé “un número”, en el que yo hacía a la vez el dentista y el paciente. Yo escribí los diálogos y realicé “la utilería”: una muela enorme con sus raíces construído con “papier mâche”. Perece que gustó mucho. De Don Marco Tulio recuerdo su humanismo, su sentido y conocimiento de la historia, sus pláticas sobre la injusticia, su espíritu crítico y sano. Uno de los hombres más honorables que haya dado Sensuntepeque. Murió, según supe, de las consecuencias de los golpes (¿torturas?) después que fue capturado para la huelgas de ANDES de los años ´70s. Tuve buenos profesores, en Historia y Literatura a Mercedes Cañas, era excelente. Al “Ticher” Fernández, con quien fabriqué mi primer “proyector de cine”: una caja de cartón, un foco y un par de lentes. Recuerdo a Trinidad Velasco. Otro maestro importante y de prestigio en Sensuntepeque, pero de quien nunca fui alumno fue Don Chepe Castillo, tío de Alvar. También yo la gozaba mucho con el Profesor Miranda, que daba ingés, francés, y entrenaba los equipos de fut. Luego están los amigos, Arturo Espínola, Arturo Aguilar, Mario Cromeyer, Gladys Padilla y Alfredo Saravia, Nito López… Carlos Simó… Mario Amaya, Gladis Morales, Marlene Velasco, Jorge López, Selvy Ponce, Ana Delmy Amaya, que escribe poesía… Lita y Silvia Anaya… René Chacón… Adrián Velasco, Luis Hernández… Para la platicada, los mejores eran Arturo Espínola (Catuyo), e Israel Saravia. Para estudiar, Ángel Chávez, que ya murió. La lista puede ser larga, porque además están los primos, como Gandolfo y Abdón Sorto, Armando Moreno y los tíos y los que vivieron en Sensunte sin haber nacido ahí… Miguel Mayorga y El Pachuco de San Isidro, Daniel Aguilar de San Miguel, Mariano Munguía Payés, Juan Pineda de Berlín, Fermín Azmitia… Recuerdo también a personajes magníficos como 5


Zangolote, Tarzán, El Loco Tincho, Matute Pintor… Jerónimo Canales, el sorbetero… Me llevaría mucho tiempo hablar o describir a todos estos personajes…

María Inés Moreno Navarrete, madre de Manuel Sorto.

Érika y Óscar: ¿Mantenés contacto con personas de “Sensunte”?

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Manuel Sorto: Cuando voy a El Salvador a quien casi siempre veo es a Israel Saravia, quien tiene una tienda en el Mercado de Artesanías, en San Salvador. La última vez solo pudimos hablarnos por teléfono, pero mi hijo fue a verlo… Me gustaría poder volver a ver a Arturo Espínola, conversar con él era maravilloso, a veces lo hacíamos bien entrada la madrugada. Érika y Óscar: Hablanos un poco de tu obra cinematográfica. Manuel Sorto: Es difícil ser juez y parte. Se hizo lo que se pudo, la guerra se nos vino encima y todo fue más difícil y casi imposible… La obra cinematográfica es poca, pero le dio un lugar a El Salvador en la Historia del Cine, que antes no tenía. Acumuló premios importantes por todo el planeta… Érika y Óscar: ¿Vivís del cine? Manuel Sorto: No exactamente. Es que la pregunta de ustedes es complicada. He vivido de varias cosas. Hasta el 87 en México si viví del cine. Como técnico sobre todo, Editor o Ingeniero de Sonido, pero también como Asistente de Dirección o Coordinando Producción. Aquí en Francia, muy poco. Ya hace 4 años, Costa Gavras denunciaba que entre el 60 y el 70 % de técnicos y artistas del cine francés estaban desempleados… ya antes de la crísis tan famosa en la que estamos. En verdad nunca pretendí vivir del cine ni de nada. Son oficios o profesiones que me han encontrado en su camino y yo en el mío. Alguien me vio y pensó que yo podía hacer teatro. Luego alguien me vio actuar y creyó que yo podía ser profesor de teatro. Alguien me vio y creyó que yo podía trabajar en cine. Alguien leyó unos poemas míos y los publicó. Y así. Yo nos andaba buscando, pero esas gentes de alguna manera definieron mis caminos en las diversas artes. Mi primer trabajo que me permitió un salario fijo fue como profesor de teatro en 1970. No fue sino hasta 1976 y que me quedé sin trabajo, que acepté una oferta como Asistente de Editor en una productora de “spots” comerciales para la televisión. Yo detestaba (y detesto) la publicidad, pero ya debía dos meses de casa. Los últimos 10 años aquí, he vivido sobre todo, por increíble que parezca, del trabajo con una Compañía de Danza. Experiencia que en El Salvador solo la había visto de lejos.

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Arriba: VĂ­ctor Moreno. Abajo: MarĂ­a Santos Navarrete. Ambos abuelos maternos de Manuel Sorto.

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Érika y Óscar: ¿Cómo se llama la compañía de danza en donde trabajás. ¿Qué hacés exactamente ahí, en esa compañía, cuál es tu rol? Manuel Sorto: La compañía se llama Androphyne. ¿Y qué es lo que hago? Bueno, se inventaron para mí la función de Meteur en Réflexion. No hago nada preciso y tengo libertad para opinar sobre todo. O sea, yo acompaño todo el trabajo de montaje (el último duró tres meses), los hago reflexionar sobre todo lo que 9


hacen a medida que la pieza se va creando y va agarrando forma: la coreografía, los textos, el video, los decorados, el vestuario, la iluminación. Su último montaje incluía todo ello: teatro, música en vivo, danza, artes marciales, video, e incluso se transmitía en directo usando cámaras miniatura que portaban los bailarines y actores o que estaban ubicadas, por ejemplo, en los camerinos o en una guitarra y las señales eran enviadas por monitores que eran desplazados sobre escena. Los Coreógrafos de Androphyne (son una pareja) no quieren que haya Puesta en escena; le apuestan más a la obra colectiva. Lo mismo habíamos buscado con el teatro en El Salvador, con Maíz, grupo de Investigación Expresiva. Por eso lo de que Androphyne creara el concepto de Mise en Réflexion para definir mi “status”, mi rol. Es un término que no existe en el mundo de la danza.

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MANUEL SORTO: “MI PADRE ME QUERÍA MILITAR Y ABOGADO”. Continuación de la entrevista. Segunda entrega. 11 de marzo, 2011

Manuel Sorto.

Foto: Cristina Zaldua. Le Journal du Pays Basque.

Érika y Óscar: Leímos un artículo tuyo en ContraPunto, La Historia de un Huérfano [El cine salvadoreño], sobre tu experiencia al ver a Alejandro Cotto filmando una película en Sensuntepeque. ¿Qué nos podés contar sobre eso? Manuel Sorto: Lo único que puedo contar lo escribí en uno de esos textos. Ahí están mis recuerdos de cómo se pasó. Por supuesto que nunca me imaginé, que luego, ya adulto, conocería a Alejandro y que llegaríamos a ser amigos. Allá por 11


1978 o 79, me llamó para trabajar con él en unos cortos sobre El Salvador que financió una cerveza salvadoreña y que produjo una agencia de publicidad. Ahí nació una amistad que luego nos serviría mucho para realizar la película de Guillermo Escalón sobre Alejandro en 1991. Hasta hoy somos buenos amigos.

Alejandro Cotto (cineasta salvadoreño) y Manuel Sorto. Fotografía tomada por Guillermo Escalón.

Yo tuve la suerte de asistir al rodaje de una de las secuencias de El Rostro: la del combate en el tiangue de Sensuntepeque (lugar de los innumerables cerros, siguiendo el sentido del nahuat de Pedro Geoffroy Rivas). Yo era un niño y cinéfilo a morir (me lograba meter en el Cine Cabañas hasta a las no aptas para menores, aunque mis primeras películas las vi al aire libre en un patio de la farmacia de Don Federico Chacón y donde cada quien llevaba su silla) y hasta había contruído mi “proyector” con una caja de cartón y proyectaba en el zaguán de la casa e intenté cobrar a centavo la entrada. *** 12


Alguien pasó gritando por la puerta que en el tiangue el Loco Tincho estaba haciendo una película. El Loco Tincho era uno de los personajes más populares de Sensunte, como Zangolote o Tarzán, y yo salí corriendo, pero no para ver al Loco Tincho sino que para ver como se hacía la película. Al llegar al tiangue pude contemplar el rodaje. Para el niño que era en 1959, fue impresionante. Como había una multitud (pleno día de mercado caballar y vacuno) no recuerdo como hice para ver, pero debí haberme encaramado en un palo o en un caballo para poder observar la imágen que retengo: en el centro de un círculo de mirones, el Loco tincho se batía con alguien a cuchillo o guarisama entre la polvareda levantada por los movimientos de ambos contendientes. Cuando yo me centré sobre el Loco Tincho, este sudaba y se defendía o atacaba con mirada de todo por la muerte o todo por la vida. A la derecha vi un aparato que me pareció enorme y uno o dos o tres señores detrás o al lado de la cámara. Uno de ellos, Alejandro me imagino, hacía gestos, indicándole al Tincho con sus ademanes lo que Tincho debía representar. Con El Rostro, el cine documental salvadoreño por primera vez participa en un festival internacional de cine, en el de Berlín (RFA). Cierto que no obtiene ningún premio aparte del ser seleccionado, pero como se reza en los juegos olímpicos “lo importante no es ganar sino competir”. Y al menos El Salvador, por primera vez, había tenido con qué participar.

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Ex esposa de Manuel Sorto: Pantxika Cazaux, a quien UCA editores le public贸 a principios de los noventas su novela Ojo de Venado.

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Con Pantxika Cazaux, cuando Manuel Sorto fue jurado en el Festival de Bilbao. Foto: Diario EGIN.

“Esta foto de mi mamá es una de mis preferidas. Está discutiendo con el Poeta Alfonso Kijadurías y su esposa en su casa, en Cuernavaca, México, 1986.”

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Érika y Óscar: En Cine Apolo, programa que pasan en el Canal 10 de televisión, vimos unos de tus primeros trabajos cinematográficos. ¿Qué cosas recordás de la esa película? ¿Adónde podemos ver tus películas? Manuel Sorto: Te refieres a La Zona Intertidal. La única película de ficción que realizamos Guillermo Escalón y yo. Fue producida por El Taller de los Vagos. El tema es el asesinato político. El asesinato de un profesor, como tantos que fueron asesinados a fines de los setentas por los escuadrones de la muerte. Lo importante era lograr filmarla sin que hubiera problemas, ya que teníamos que viajar con el equipo hasta la playa. Érika y Óscar: Manuel, en 1982, en la ponencia impartida por Paul Leduc sobre Dramaturgia y autocrítica, en el Seminario de Cine Latinoamericano y Dramaturgia del IV Festival de Nuevo Cine Latinoamericano, en La Habana, él se refiere a vos, a Escalón y a Cero a la Izquierda, en términos muy elogiosos, y lo citamos de manera textual: “(…) La vocación del NCL ha sido (o querido ser) la de un cine no individualista, un cine de expresión social, un cine de comunicación popular, un cine de equipo. Esto se ha dicho (y se ha intentado) muchas veces. Y sin embargo en muy pocos casos ha logrado realmente insertarse en lo popular. Sanjinés en Bolivia y Cero a la Izquierda en El Salvador, aparecen como las excepciones que confirman la regla, y no en balde: el movimiento obrero boliviano y el pueblo armado en El Salvador los sustentan. (…) “(…) la Zona Intertidal (…) Sorto y Escalón con enorme inteligencia y visión cinematográfica inventan una narrativa en la que la película puede existir en condiciones de guerra. Inventan una narrativa que permite a un equipo de 2, dirigir, actuar, fotografiar, y editar la película. Inventan una narrativa a partir de imágenes neutras y sin diálogo, que pueden ser procesadas en cualquier laboratorio, así esté militarizado, sin sospecha alguna de lo que se trama. Inventan incluso, cabe decir, una cinematografía nacional a partir de lo que la condiciona. De las condiciones en las que y por las que nace. (…)” ¿Qué anécdotas recordás de esa película en particular? 16


Manuel Sorto: Anécdotas hay algunas. Para filmarla sin problemas, dibujé un falso “story board” publicitario para Tick-Tack o el whisky Duncan, no recuerdo, cuya fábrica era de la familia de Guillermo Escalón, el co-realizador y camarógrafo. Así evitamos problemas en los retenes en la ida a la playa. Se filmó en la playa de La Leona, porque era una playa pequeña, arrinconada y poco visitada. Esa película está llena de pequeñas cosas. A nivel técnico, por ejemplo, para lograr la unidad en los azules, Guillermo eliminó el filtro 85. Lo más difícil a filmar fue la escena del encuentro y el “diálogo” entre el “caracolito” con el Profesor. Sobre todo la toma donde el “ermitaño” (así creo que llaman a esos “caracoles”, porque cambian de “casa”, de concha, a medida que crecen) se da vuelta y regresa para ver de nuevo al Profesor. A Lynn, mi compañera de la época, se le ocurrió, desde fuera de cámara, golpear la maleta de aluminio de la cámara mientras el ermitaño pasaba enfrente de mi rostro. Ya con esa estratagema no costó mucho, dos o tres tomas. Pero esa película también tiene anécdotas de otro tipo, como por ejemplo, que la camioneta Cherokee que se utilizó, y que era el vehículo “clásico” que utilizaban los Escuadrones de la Muerte, nos la consiguió Armando Herrera, mi editor y Director de la Editorial Universitaria (y que murió el año pasado) era una camioneta de la Rectoría de la Universidad Nacional. Luego, quien la maneja, aunque no se ve, es Baltazar Polío, el realizador de Topiltzin. ¿Y sobre dónde verlas en El Salvador? Pues seguimos sin una Cinemateca. Sé que el MUPI tiene tres de ellas numeradas:Morazán, Los Primeros Frutos (La Decisión de Vencer) y La Zona Intertidal. Fueron ellos los que le proporcionaron la copia de La Zona Intertidal a Jorge Dalton para Cine Apolo. Podés hablarle a Tania Preza o a Santiago. En otros países están en varias Cinematecas.

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Arriba: portada del libro que se editó con las notas de Manuel Sorto que incluye poemas y prosa que “cuenta las aventuras prohibidas y no públicas del montaje de El espectáculo donde usted es el héroe de la Compañía de Danza Androphyne”. Abajo: contraportada del mismo libro.

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De izq. a derecha: Carlos José Peraza Sorto (hijo de la hermana de Manuel y de Carlos Peraza, de la Fiebre Amarilla), ÁLVAR

CASTILLO (músico sensuntepecano) y Manuel Sorto. Fotografía tomada por Camilo Sorto-Cazaux.

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Israel Saravia y Manuel Sorto. Foto: Veronique Martin.

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De izq. a derecha. Atrás: Claudia Alwood y Olga Salarrué. Adelante: Verónica Vides y Manuel Sorto. Foto de Ricardo Humano.

Érika y Óscar: ¿Cómo ves a El Salvador social y políticamente? Manuel Sorto: Paloma esta pregunta. Se necesita mucho tiempo para ello y no lo tengo. Lo importante es que al fin, por lo menos se haya logrado la Alternancia Política. Casi 20 años después de una guerra civil y casi 80 después de un genocidio como el de 1932. Nunca hubo Alternancia Política en toda la Historia de la República. Y no hubo el estallido de violencia que la derecha profetizaba se daría en caso de que ganara el FMLN y la izquierda. Eso ya es bastante. Cuidemos la libertad política que tenemos y desde ahí colaboremos, activa y críticamente, de forma positiva para lograr superar la miseria de siglos. “Todos los nunca se llegan”, decía Fabio Castillo: se lo escuché en un mitín precisamente en Sensunte cuando yo estaba cipote y desde entonces se me quedó grabado en la memoria. Vamos a ver al final de este mandato hasta donde los logros del presente gobierno. De todas 22


maneras, la alternancia política es el primer paso hacia una democratización del país. Érika y Óscar: ¿Qué dificultades presenta el hacer cine en El Salvador? Manuel Sorto: Todas.

RETRATO DE FAMILIA. De izq. a derecha. Entre paréstesis aparece la familiaridad con Manuel Sorto. De pie: María Inés Moreno Navarrete (madre), Manuel Sorto, Camilo Sorto-Cazaux (hijo) y Carlos José Peraza Sorto (sobrino). Sentadas: Ana Cristina Sorto (hermana) y Carla Peraza Sorto (sobrina). Fotografía tomada por Carlos Mata Gavidia.

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Camilo Sorto-Cazaux junto a su padre, Manuel Sorto. Érika y Óscar: ¿Has visto las películas salvadoreñas “Uno, la historia de un gol”, “Sobreviviendo Guazapa” y “Cinema Libertad”? ¿Qué pensás de ellas? Manuel Sorto: No he visto ninguna. Mi hijo vio Cinema Libertad en Toronto y dice que está bien. Es más, creo que dijo que “muy bien”. Y sobre cine, sabe de lo que habla. Érika y Óscar: Tres cosas buenas y tres cosas malas de Sensuntepeque. Manuel Sorto:Ese es el tipo de pregunta que no me gustan. Y puedo hablar de Sensuntepeque de hace 50 o 40 años. El de ahora, lo desconozco. Pero veamos. Su clima era bueno, fresco en relación a San Salvador. No sé si sigue siéndolo. Me encantaban sus calles, sobre todo cuando eran empedradas: o siempre subís o siempre bajás. Al menos en mi niñez y juventud, Sensuntepeque tenía misterio. En la noche, caminar cuando no había nadie, era caminar el misterio. 24


La carreta chillona… el cura sin cabeza… Si no han subido al Cerro Grande, se los recomiendo. Ahí estuvo la ciudad en la época precolombina. Otro lugar donde me gustaba pasar las tardes era el Parque Cabañas. No sé cómo se mantiene… el camino de colores que lo circunda, creo que arcilla de colores y su cueva que atraviesa el cerro. Tronalagua, Guacotecti… La cosas malas, prefiero no recordarlas. Érika y Óscar: ¿Cuándo fue la última vez que viniste a Sensuntepeque y a El Salvador? Manuel Sorto:Poco después de finalizada la guerra, en 1993. Ya para entonces estaban tirando la casa donde nací. Me dijeron que la había comprado la Niña Mercedes Cañas, la que fue mi profesora de Literatura. No pude entrar ya que ella no estaba. Yo andaba con mi hijo, e ibamos para que conociera a mi padre. Fuimos con Joaquín Dominguez Parada, que en un tiempo había trabajado en Sensunte. Tomé una fotos cuyo rollo sin revelar se perdió en el aeropuerto de Nueva York. En El Salvador estuve por última vez hace poco, a fines del 2009, desde mediados de noviembre hasta mediados de febrero del 2010. También estuvo Camilo. Érika y Óscar: ¿Comida favorita? Manuel Sorto: Las pupusas. Érika y Óscar: ¿Qué último libro has leído? ¿Quiénes son tus tres escritores favoritos? Érika y Óscar: Tres salvadoreños que vos admirés y por qué. Manuel Sorto: Y vuelven las tres cosas… En primer lugar a mi madre y a mi padre. A mi madre por su coraje y por aguantar a todos mis amigos. A mi padre por su capacidad de que, siendo de un orígen campesino, pudo enfrentarse a las ciudades sin quebrarse, aunque casi nunca vivió en San Salvador. También por el 25


respeto que siempre tuvo para mis actividades “artísticas”, aunque no estuviera de acuerdo. Imagínense que me quería militar y abogado. A Roque Dalton, por toda su vida y obra, incluídas sus parrandas. A Salarrué, por su generosidad y sobre todo por su humildad. Uno se le podía acercar con gran tranquilidad. A Claudia Lars por su sabiduría, su honestidad. No tenía pelos en la lengua. Recuerdo que allá por 1971, asesinaron a un sobrino de ella en la carretera Panamericana. Ella declaró a la prensa que esperaba que el gobierno no dijera esa vez que ese también había sido un asesinato de la izquierda. A Roque no lo conocí; conozco a su familia, Juan José, Jorge, Aída. Incluso conocí a su madre y a Roque hijo, el hijo mayor que murió combatiendo en la guerra. A Apolinario Serrano, el dirigente campesino de FECCAS, asesinado en 1979. A Enrique Álvarez Córdova, el millonario asesinado, creo que en 1980 y que fue el primer presidente del FDR. Con excepción de Dalton, a todos pude conocerlos. Miguel Mármol es otro tipo increíble. Érika y Óscar: ¿Qué música escuchás? Manuel Sorto: Me da casi igual, siempre que no estorbe o me dañe los oídos. Y depende también del momento. No importa la época ni el género. Solo soy exigente cuando contiene palabras. Tengo muchos amigos músicos, y entre los artistas son de los con que mejor me entiendo. Para bailar prefiero la Salsa. Detesto la Cumbia, por ejemplo. Y me encanta el silencio. La música es como las palabras: si lo que hablamos o tocamos no es mejor que el silencio, pues más vale no hacer ruido. Y a veces prefiero el silencio. Érika y Óscar: ¿Cerveza o vino? Manuel Sorto: Vino para comer y cerveza para pasar el rato. Pero eso del comer con vino comenzó en México. En El Salvador no tenemos una cultura del vino. Aquí en Francia forma parte de la identidad, estás obligado a aprender a conocerlos. Érika y Óscar: ¿No extrañás el mango verde con alguashte y el atol shuco? 26


Manuel Sorto: Claro que sí. Y los frijoles monos que ya ni hay. Y la yuca con pepescas (que también parece que ya no hay, pepesquitas) y todo lo del maíz. Y hasta el maicillo: los alborotos por ejemplo.

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Manuel Sorto y Claudia Lars, en 1971. FotografĂ­a tomada por R. Monterrosa. 28


Espectáculo de Androphyne : Pierre-Johann Suc y Magalí Pobel, danzan sobre el agua. Foto: Guy Delahaye.

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Androphyne: Eddy Crampes y Jean Michel Noêl, de El espectáculo donde usted es el héroe. Foto: Guy Delahaye.

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Androphyne: Eric Bernard, de El espectáculo donde usted es el héroe. Foto: Guy Delahaye. http://www.androphyne.com/

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Manuel Sorto maquillándose para la presentación de la obra de teatro ”El retablo del flautista” de Jordi Teixidor, con el grupo GARA y su Pipa de Agua, en Guatemala, en el año de 1973. Fotografía tomada por Guillermo Escalón.

Érika y Óscar: Sabemos que en 1968 Ana Rosa Ochoa, exiliada hondureña, antigua secretaria de Alberto Masferrer y propietaria de la Librería Claridad te propuso para interpretar Clov en Final de Partida de Samuel Becketh al director del Grupo Escena Futura, José Luis Valle. ¿Qué recordás de esa experiencia? 32


Manuel Sorto: Por una cosa es quizás la experiencia más importante de mi vida: esa propuesta de la Niña Rosita definiría el curso de toda mi existencia. Ello me llevó a penetrar y habitar en este zoológico que es el universo del arte y las letras. Yo estudiaba mi último año de bachillerato en el colegio Salvadoreño Alemán y durante las vacaciones trabajaba con mi padre en los buses y me ganaba un dinerito con lo que me compraba libros en su librería. Yo puedo pasarme de la música pero no de la lectura. Un día me dijo: fíjese que tengo un amigo que está montando una pieza de teatro y creo que usted es el actor que anda buscando para un personaje. ¿A usted no le gusta el teatro? ¿No le interesaría? La Niña Rosita tenía los ojos azul celeste y ya llenos de cataratas, y a pesar de su edad, debía andar por los 80, su piel era rosadita y suave, como la de un recién nacido. Sucede con algunas personas. Por ella supe que el programa del presidente Araujo en 1931 para su gobierno era El mínimum Vital de Masferrer. Eso me aclaró el porqué del golpe de estado de Martínez y el genocidio en 1932. Don Alberto no se murió de viejo ni de ninguna enfermedad, me dijo un día: se murió de pura tristeza, por la matanza, solo, allá en Honduras. Luego pude escuchar o leer de alguien ese mismo comentario. La muerte de tristeza de Alberto Masferrer. Con la Niña Rosita comenzó mi educación literaria nacional contemporánea, por ejemplo yo había leído a Alfredo Espino, A Napoleón Rodríguez Ruiz, a Salarrué, a Claudia Lars… los clásicos, digamos, pero muy poco de los contemporáneos, por ejemplo a Roque Dalton, a Álvaro Menen Desleal, a Cea, Argueta, o Quijada, a Geoffroy Rivas, a Escobar Velado. Y fueron autores que encontré en su librería. Aunque ese desconocimiento creo que no era solo un problema mío. Con ella comenzó también de alguna manera mi educación política, con el esclarecimiento o cierta explicación del porqué de algunos de los hechos que componen nuestra historia. Y con su propuesta de actuar en una pieza de teatro iba a comenzar mi educación artística y penetrar en un mundo que solo conocía por lecturas. Hasta entonces yo conocía sobre todo a los autores clásicos griegos, los que conocía por la Niña Mercedes Cañas en Sensunte. Por otra parte, en una pequeña biblioteca que se creó en Sensunte con libros viejos, conocí a algunos franceses como Balzac, Dumas, Zola, el Rojo y Negro de Sthendal, algo de Salgari… Me quemaba las pestañas bajo un foquito de 25 watts en esa biblioteca. Esa biblioteca me ayudó mucho. Luego, más a fondo, un poco de todo con Don Alfredo Betancourt, a quien tuve la suerte que fuera mi profesor en el Salvadoreño Alemán, quien por esos días me había invitado 33


y llevado a una reunión del Ateneo de El Salvador, donde él era un miembro muy importante, y eso a pesar que una vez me puso cero por ofrecer libros del colombiano Vargas Vila para una biblioteca del colegio que quería fundar. Luego, haciendo memoria, es como si todo se conjurara en ese año del 68, para llevarme a tomar el camino o los caminos que tomé. Bueno, yo le dije que me gustaba el teatro, pero que solo había “actuado” en veladas y clausuras de la escuela allá en Sensunte, y que nunca había visto una pieza de teatro. ¿Pero le interesaría? me repitió. Y le dije que sí, que podíamos probar. Yo hasta entonces no sabía lo que iba a hacer con mi vida después del bachillerato y mi padre dejaba caer de vez en cuando que entrara a la Universidad y estudiara derecho, ya que no había querido probar en la Escuela Militar después del Plan Básico. Porque mi padre me había dicho una vez algo como así: Miré, primero, después del Tercer Curso entra a la Escuela Militar y después, estudia Derecho. Con eso se tienen las dos armas para poder llegar hasta Presidente: los militares tienen las armas pero necesitan las leyes y los abogados controlan las leyes, pero no tienen las armas. El razonamiento de mi padre a principios de los sesentas no carecía completamente de sentido, tenía su lógica desde 1932. El problema era que a mí no me gustaban los uniformes ni las marchas ni los himnos, ni los códigos penales civiles, militares o religiosos. Y tampoco me gustaban los presidentes, desde que había nacido eran militares. Y así duró hasta 1979. Terrible, y patético. Como los capataces en la haciendas. Total que la Niña Rosita arregló una reunión con José Luis Valle para que me conociera. La cita fue por la mañana en los locales de la antigua Escuela de Artes Plásticas, creo que así se llamaba, en el mismo edificio donde estaba el Ateneo y adonde me había llevado don Alfredo Betancourt. José Luis era un hombre joven, flaco y alto, de traje pero sin corbata. Me dijo que me haría una prueba y que haríamos una improvisación. Y planteó los elementos. Estamos en Estados Unidos, me dijo. Yo soy el dueño de una tienda donde no se admiten ni perros ni negros. Usted viene a hacer una compra, y usted es negro. Y comenzamos. No recuerdo cuanto duró la improvisación. Una discusión acalorada y de todos los tonos y en la que me divertí tanto y me sentí tan bien como solo me había sentido en la clausura de la escuela Fermín Velasco con mi número del dentista. Creo que cuando José Luis ordenó parar fue porque ya no aguantaba la risa. Estaba contento. Todo había sido coherente y me dijo que yo había defendido hasta el final mi personaje. Yo, sobre todo, me había divertido. José Luis había encontrado el actor para su pieza y yo había encontrado una llave importante: el placer de eso que llaman arte: el placer 34


que se obtiene cuando uno siente que eso se ha sucedido. José Luis me entregó el libreto y me pidió que lo leyera tranquilo y nos dimos una nueva cita. Se trataba de Final de Partida, nada menos que de Samuel Beckett, esa bestia del teatro contemporáneo, clasificado como teatro del absurdo. Beckett todavía no era Premio Nobel y yo nunca había lo había oído mencionar. Yo era apenas un recién bajado de Sensunte y sin ninguna orientación de lectura que no fueran las que establecían los programas escolares. Y de la época, se pueden imaginar. Yo leí la pieza. Y no entendí nada. Nada que ver con las cosas “clásicas” que yo había leído. Habían dos personajes centrales: uno, ciego y en una silla de ruedas, Hamm, y otro, Clov, que se desplazaba con dificultad y parecía tener ladillas porque se rascaba constantemente las ingles y en un momento se bajaba el pantalón y se rociaba un producto. Clov hacía lo que le pedía Hamm. Yo no sabía que en alemán Hamm significa martillo, y Clov, clavo. José Luis me lo dijo en la siguiente reunión, que ya fue “ensayo”. Con lo del martillo y el clavo todo se volvió más claro. También había sobre la escena dos tachos de basura en donde estaban otros dos personajes que asomaban las cabezas de vez en cuando para hablar y que adiviné eran los padres de Hamm y que parecían morir en un momento dado, ya que no volvían a asomar sus cabezas. Aparte de eso, no entendí absolutamente nada. Cuando nos reunimos de nuevo, avergonzado, le dije bien claro a José Luis que no entendía mayor cosa. José Luis sonrió. Es normal, me dijo. Mucho después de terminadas las presentaciones, recuerdo que un día en la Avenida España, me crucé con alguien que desde la acera de enfrente me gritó: ¡Hey! ¿Y qué, ya te curaste de las ladillas? Con Final de Partida arrancó todo. Ahí me vio actuar Norman Douglas, actor fetiche de Edmundo Barbero en el Teatro Universitario, que cuando decidió lanzarse como director, me llamó para fundar lo que sería El Taller de los Vagos en la Universidad Nacional. Trabajando con el Taller de los Vagos en la Universidad, nos conocimos con los poetas Roberto Monterrosa y Eduardo Sancho, quienes me reclutaron para La Masacuata y publicaron mis primeros poemas. También durante las presentaciones de El Taller de los Vagos en el Teatro de Cámara, hoy Roque Dalton, me conoció Roberto Salomón, que luego me llamaría como profesor para la fundación del CENAR y el Bachillerato en Artes, y así se fue encadenando todo. Y ya no pude zafarme de ese torbellino. E increiblemente todo comenzó por 35


esa simple propuesta de Ana Rosa Ochoa, la fiel Secretaria de Don Alberto Masferrer. En ese año de 1968 que no solo definió el rumbo de mi vida, también fue el año de una revolución político-cultural casi planetaria. Viejo final de partida perdida, dice Hamm en uno de sus diálogos. Y cuando Clov, espiando con su catalejo, le dice que hay alguien en la playa, Hamm le pregunta que qué hace. Y Clov le responde: Llora. Ah, entonces vive, resume Hamm. No tienen nada de absurdas sus palabras. Ochoa, en vasco, significa lobo. Aquí en Eukal Herria, el País Vasco, vine a darme cuenta.

Sensuntepeque, visto desde el parque Cabañas, en 1964. Fotografía tomada por Manuel Sorto.

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MANUEL SORTO: “LA MASACUATA FUE MI GRUPO LITERARIO.” Tercera y última entrega. Posted on marzo 19, 2011

Manuel Sorto. Foto: Marie Helene Daubagna.

Érika y Óscar: Si se diera la oportunidad ¿regresarías a El Salvador?

Manuel Sorto: Claro que sí. Creo que puedo ser más útil allá que aquí.

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Manuel Sorto, a la edad de más o menos 3 años, junto a su madre,María Inés Moreno Navarrete.

Érika y Óscar: Y en 1980, cuando te avisaron que tu vida estaba en peligro y te tuviste que ir al exilio, ¿cómo viviste esos momentos y por qué te fuiste precisamente a México? Manuel Sorto: No recuerdo como los viví. Todo fue muy rápido. Y había que ser eficaz. Uno se había acostumbrado a convivir con el terror, el terrorismo de estado. Salías hacia el trabajo y no sabías si regresarías a tu casa. Antes de dormirte, no sabías si amanecerías en tu cama. El músico Carlos Aragón, Tamba, el creador de El Planeta de los Cerdos, y que era Jefe de las Fuerzas Especiales de las FPL, llegó a avisarme que sus servicios de inteligencia sabían que la “animala” venía por mí. Que debía irme inmediatamente, mínimo a México, que pronto se fundaría el FDR 38


y que era una estructura para gente como yo. Que debía irme a buscar unos billetes de avión para Lynn y para mí, e irnos, ¡pero ya! Que le avisara a Guillermo Escalón y a Marie Noëlle Fontan, su mujer y su hijo Sebastián. Recuerdo que recalcó lo de Sebastián. Además, Marie Noëlle estaba en cinta como de siete meses. Alba Marina nacería en México. Había que pensar, tomar decisiones y actuar. En cuestión de horas. Cada segundo contaba. Pasamos con Lynn donde Guillermo a avisarle. Luego nos fuimos a una agencia de viajes donde conseguimos lugar para el día siguiente. Por ese tiempo yo trabajaba con Actoteatro, con quienes trabajaba en Las Brujas de Salem de Arthur Miller y que dirigía Roberto Salomón. Yo interpretaba Próctor, un personaje que amaba mucho. Así que al regreso de la agencia de viajes pasé a Actoteatro y me enteré que había sido cateado, solo encontré a Naara Salomón, la mujer de Roberto, y le avisé que me iba. Eran días terribles. Roberto Castellanos (primo de Horacio) y su mujer Annette, danesa, venían de ser asesinados. Recuerdo que Guillermo montó “guardia” junto a sus féretros en el Auditorio de Derecho de la Universidad Nacional. A la señora que trabajaba con nosotros dos o tres día por semana, su marido, un obrero textil, estaba desaparecido desde hacía unos días. Le dejamos lo que pudimos como adelanto, dos o tres meses de salario, y ella me ayudó a limpiar y llevar a la basura lo que no podíamos quemar, libros o documentos que podrían ser comprometedores para quien fuera. Le hablé a Cristy, mi hermana, y Carlos Peraza, su marido, el músico, para que pasaran por mi casa al día siguiente, antes de irme. Armamos una valija para cada uno y nos fuimos. A ella le dejamos las llaves de la casa y las llaves del carro de Lynn. Mi hermana se encargaría de mis cosas y de entregar las llaves a la propietaria. Me faltaba corregir las últimas galeras de “Operación Amor” que ya estaba en prensa, pero ni modo. Así se va, no es grave, me dijo Armando Herrera por teléfono. Me fui a México no sólo porque lo sugiriera (o lo ordenara) Carlos (Tamba) Aragón, también porque había vivido ahí entre 1971 y 1972 y tenía algunos conocidos. Y porque rodando “Las Historias Prohibidas de Pulgarcito”, había conocido a Paul Leduc y otros cineastas mexicanos. Por otra parte era el país más cercano donde podía encontrar equipo para editar el material que habíamos filmado entre 1979 y los inicios del ´80. De ahí salieron “La Zona Intertidal”, “Morazán” y “Una canción”, un corto documental poco conocido. Érika y Óscar: En 1971 publicaste “Las cabezas infinitas, Selección de 7 jóvenes poetas” (Ricardo Lindo, Roberto Monterrosa, Mauricio 39


Marquina, Ricardo Castrorrivas, Eduardo Sancho, Ricardo Humano y Manuel Sorto). Ed. Dirección General de Publicaciones, Ministerio de Educación. El Salvador. Y en 1980 publicaste “Operación Amor” (Novela Corta). Ed. Universitaria. El Salvador. Aunque esos dos libros son dos géneros literarios distintos y están separados por la distancia del tiempo, además que uno es colectivo y el otro está hecho en solitario ¿qué encontrás de común entre ellos? ¿Hay alguna línea esencial que seguís en cuanto a literatura? Manuel Sorto: No creo que tengan nada que ver. Pero la verdad es que nunca me lo he pensado. Y en todo caso no es a mí a quien correspondería hacerlo. No tengo línea de ningún tipo. Si todavía no sé quién soy yo mismo. A veces no entiendo si soy un autor o un personaje de una trama aún desconocida.

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Érika y Óscar: Manuel, sos un hombre de muchas facetas. De todas las cosas ¿cuál es la que más te apasiona? Manuel Sorto: Escribo y dibujo sobre todo, porque para hacerlo no necesito a nadie, son oficios de solitario. El trabajo en equipo es siempre más complejo. Hago cine y teatro u otro tipo de espectáculo viviente, cuando puedo, cuando me dejan, cuando me llaman y me atrae el proyecto, y cuando se reúnen las condiciones. El 42


teatro y el cine, como artes colectivas, es más difícil, y requieren infraestructura. Me apasiona todo lo que hago. Y sólo por una gran necesidad económica hago trabajos que no me gustan. Y eso ha sido muy raro en mi vida. Si puedo los evito. El trabajo para mí debe también producir el placer de vivir. Si no, es un calvario, como se dice. Para mí trabajar significa hacer cosas que sean útiles y les dan placer o ayuden o sirvan también a los demás, no sólo para ganarme un salario. Los mexicanos usan para hacer esa diferencia la palabra “chambear” y no trabajar. Es como el “bosser”, de los franceses.

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Dibujo a plumilla. 12 por 17 ctms. 1976. Por esa ĂŠpoca Manuel Sorto firmaba Egedor.

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Manuel Sorto editando, en Tlayacapan, MĂŠxico.

Homenaje a un volcĂĄn, de Manuel Sorto. Pastel.

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Érika y Óscar: Diste un gran salto creativo cuando te fuiste a México. ¿Creés que acá alguien puede hacer ese salto sin salir del país, aun hoy con la era del Internet? Manuel Sorto: Vamos a ver. Esta pregunta es complicada. Al menos para mí. Me cuestiona por muchos lados. Contiene muchas cosas. Puedo hablar desde mi experiencia, y para el arte no hay reglas fijas. Lo de afuera ha sido una consecuencia o prolongación de lo que hice en mi país. Por ello no estoy de acuerdo a cien por ciento con esa afirmación. Tampoco digo que estar afuera no me haya servido. He ganado mucha experiencia sobre todo. Mis horizontes son enormemente más amplios. He trabajado en las artes colectivas con profesionales de un calibre que en El Salvador no tenemos, ni soñando. Y no quiero decir que no haya talento: tenemos genios incluso, pero el confinamiento y las limitaciones locales anulan. Y la falta de medios y apoyo, e infraestructura. Lo que les quiero decir, es que creo que mi obra real o esencialmente creativa no se desarrolló más afuera. Es más, creo que de alguna manera, se ha ido como bloqueando o posponiendo, sobre todo aquí en Francia. Porque en México, pues somos el mismo maíz. La misma cultura mesoamericana. La misma lengua castellana que es la mayoritaria. Francia es otro cantar. Una amiga guatemalteca dijo un día: “es que en Francia y en Europa en general, están más deshumanizados”. La cita textual está en Ojo de Venado, la novela de Pantxika Cazaux. Y aquí, tanto en teatro como en cine u otras artes colectivas, las gentes preparadas y competentes, a nivel técnico y artístico, hay a montones. Son innumerables. Y además está lo de la lengua. Todas mis películas han sido obra colectiva y sólo se editaron en México debido a las circunstancias, por motivos fuera de la voluntad. Creo que por un lado era más creativo cuando estaba en mi país. Afuera y yendo cada 4 años, apenas sirve “para tocar base”, como una vez dijo Rafael Menjívar Ochoa sobre mis idas a El salvador. La experiencia es la que se acrecentó o enriqueció. Afuera siempre es más difícil, sobre todo cuando venimos de países como los nuestros, sin tradición, y con muy pocos autores que hayan tenido un reconocimiento internacional, que hayan marcado las artes o la literatura, y las ciencias, y todo. Pero salir es importante. La óptica es más vasta. Se te abren tus horizontes mentales. Yo viví en México un poco entre 1971 y 72 y fue la por primera vez que me pagaron por escribir. Pero también lo que sucede es que ahí adentro y sin salir, nuestros parámetros culturales son más estrechos, aún ahora, y a pesar de Internet. La estrechez en el pensamiento 46


también provoca cosas, que más parecen de cuento o de pesadilla. Para dar ejemplos recientes, ya de estos días y con el nuevo gobierno, leí que al historiador Carlos Cañas Dinarte lo publicaron sin su permiso, y parece que, según la nota, hasta su nombre eliminaron. También el otro día René Lovo decía en ContraPunto que hay un montón de espectáculos teatrales que no hayan donde presentarse. ¡Que el alquiler del teatro nacional cuesta 150 dólares! Es deprimente. Y René insinuaba que algo similar está pasando con todas las ramas del arte. Otro ejemplo, en agosto del 2010, en una entrevista también en ContraPunto, Andrés Guttfreund hablaba de “no canibalizar el cine salvadoreño”, y al mismo tiempo se le dejaba ir con patada y mordida a Arturo Menéndez, el realizador de Cinema Libertad. No tenemos derecho de tratar así públicamente a un realizador salvadoreño con talento, que se inicia, y que además despega muy bien, no tenemos derecho, seamos quienes seamos y sea el que sea en el pasado nuestro reconocimiento internacional. Con el agravante de que Cinema Libertad es un esfuerzo 100 % salvadoreño. Viniendo de alguien de la edad y la supuesta capacidad y experiencia de Andrés, me parece no sólo excesivo e inadecuado, es antipedagógico. Y contradictorio. Está alimentando el “canibalismo” que “propone” evitar. Es mezquino, y bajero. Y todo forma parte de ese estrecho mundo nuestro. Hasta le permite cosas como esa a Andrés, que se ha educado y vive en Estados Unidos. Nos devoramos entre nosotros. Y lo poco que tenemos no lo valoramos o lo mal aprovechamos. Ya desde los días de las elecciones señalé en ContraPunto una mínima cadena de infraestructura existente creada en la administración Béneke a principios de los años setentas, y que ha estado subutilizada, como entre otras, la red de las Casas de la Cultura y el Centro Nacional de Artes. Y eso es sólo un ejemplo. El Salvador es un país de sordos. Y a veces de mudos. De nada sirve pensar ni decir lo que se piensa. Todo cae al vacío y lo que te ganas son enemigos. No nos escuchamos. Estamos sordos. Y la lista es larga. El arte y la cultura no tienen mayores apoyos. No le interesa ni a la derecha ni a la izquierda. El FMLN nunca tuvo ni tiene proyecto cultural ni artístico. Si las mismas organizaciones a duras penas llegaron a unirse y por necesidades de la guerra. A los artistas se nos veía como productores o vehículos de sus aparatos de propaganda, salvo raras excepciones personales. Estábamos en guerra y podría comprenderse. Carlos Aragón, Tamba, un día que me visitó, recuerdo que me dijo: “yo ya no soy un músico, primo, ni un poeta: ya sólo soy un guerrero”. Pero la guerra ya terminó. Se supone. Ni la derecha ni la izquierda nunca se han 47


preocupado de un proyecto cultural nacional con seriedad y como parte importante del país. Siempre las prioridades son otras, no la cultura. Y somos uno de los países culturalmente más violentos del mundo. Porque el asesinato y la traición y la violencia que recorren toda nuestra historia, de izquierda y derecha, como una enfermedad nacional, es también un signo cultural, y constante. Sin embargo, la cultura no es una prioridad. Salvo raras excepciones como la antes mencionada, en la que aunque sea a medias se creó un mínimo de infraestructura cultural con racionalidad y coherencia pero que también se quedó a medio camino y de lo que sólo quedan cadáveres exquisitos, como ya dije una vez. Hablo con propiedad, porque yo participé en esa reforma. Si uno no sale de El Salvador, por mucho Internet, no se abrirán mucho más tus horizontes. Conocer otras culturas es importante, si no, te faltan parámetros reales para ubicarte y seguimos creyendo en lo que nuestra corta imaginación e información nos permite o deforma. Pero esas tenemos. Tampoco importamos arte para verlo. ¿Que no tenemos dinero? Pues para empezar, para eso existen los acuerdos culturales entre los diferentes países. Ricos y/o pobres. Y los sistemas de intercambio cultural. Pero no los utilizamos, o los mal utilizamos. Nos falta imaginación, y voluntad política. Sobre esto se puede hablar o escribir mucho, pero no sirve de nada. Todo, lo poco que tenemos, lo hacen y se debe sobre todo a los propios actores culturales y artísticos, y generalmente, están solos. Solitititos. Solititos. A ver cuando el Estado se convierte en un aliado de la cultura y del arte. Les dije que su pregunta era complicada. El final está comprendido en el comienzo, dice Hamm en Final de Partida.

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Manuel Sorto. Foto de Marie Helene Daubagna.

Érika y Óscar: Manuel, nos gustaría que nos hablaras de cuando colaboraste con Horacio Castellanos Moya, Roger Lindo, Miguel Huezo Mixco y Roberto Rodríguez en la revista El Papo, Cosa Poética, en donde hiciste portadas e ilustraciones para la revista e hiciste crítica de cine. ¿Cómo fue esa experiencia de trabajar junto a esos destacados escritores? Manuel Sorto: Pues yo me divertí colaborándoles. Les hice una portada y un par de ilustraciones. Y les conseguí cosas de otros dibujantes. Y lo hice con placer. Para mí, sin el aspecto lúdico, el arte y la literatura serían imposibles y no tendrían sentido. Ellos eran un poco más jóvenes que yo. Y en esa época, unos eran más jóvenes que los otros. Y unos tenían más experiencia que los otros. Ellos lograron sacar más números de esa revista que nosotros con La Masacuata. Yo tengo la 7. 49


Por entonces solo éramos unos muchachones, como ahora. Con Horacio volvimos a trabajar juntos en México, editamos un libro colectivo:”Arme y desarme”; se tradujo al inglés como ”Mirrors of war”, la traducción es del canadiense Keith Ellis y se editó a la vez en Nueva York, Londres y Toronto. Aparte de Castellanos Moya y yo, son coautores, Gabriela Yanes y Lynn Sorto. También sacamos una revista, “Palo de Fuego, cosa centroamericana”, junto con Luis Melgar Brizuela, Pantxika Cazaux y Luis Barquera. Lo de cosa es un homenaje al subtítulo de ”El Papo: cosa poética”. Creo que a mi se me ocurrió eso de ”la cosa” como un homenaje a esa revista. Horacio Castellanos Moya es ahora nuestro narrador más reconocido en la cancha internacional. Con Roberto Rodríguez Rojas compartimos experiencias como 12 o 13 años después, a principios de los años 90, en París. El punto de fusión era el poeta Armijo, en su casa y en la de su hermano William. A Mr. Roger en México, durante la guerra, en una de sus pasadas, lo llevamos hasta a bailar y lo rociamos de mezcal y de tequila. Hermanitos. Después de la guerra, nos vemos cuando podemos, o cuando nos cruzamos. Y ahora, hasta cuando queremos, somos privilegiados: “teletransportación skype”.

Portada elaborada en 1977 por Manuel Sorto para la revista EL PAPO, COSA POÉTICA, la cual editaban Miguel Huezo Mixco, Horacio Castellanos Moya, Roger Lindo y Roberto Rodríguez Rojas.

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Feto astral Siglo XXI. Dibujo a plumilla de Manuel Sorto, 1974, en La Cebolla Púrpura, Diario El Mundo. 1975.

Érika y Óscar: Sabemos que mantenés amistad con el poeta Kijadurías, Premio Nacional de Cultura 2009. ¿Cómo se conocieron? ¿Qué nos podrías contar sobre el lado humano de él? Manuel Sorto: Debe haber sido en la Universidad de El Salvador. Creo que yo trabajaba en el Taller de los Vagos y él en la Editorial Universitaria. Pero puede haber sido más tarde, por 1970. Puede haber sido también una vez que visitamos a Pedro Geoffroy Rivas. No lo tengo muy claro. Es uno de los hombres más sabios, humildes y buenos que conozco. Sino el más. Kijadurías es un santo. Una mezcla de Lao-Tsé, Salomón y Omar Khayam. Un sabio.

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Kijadurías y Manuel Sorto 2009. Foto: Françoise Bèséme.

La actriz cubana Mirta Ibarra y Manuel Sorto. En Biarritz, 1992.

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Érika y Óscar: ¿Cómo fue que conociste a Miguel Mármol, el que fue por tantos años una leyenda viviente? Manuel Sorto: Me lo presentó Armando Herrera a fines de 1978 0 principios de 1979. Yo casi me fui de espaldas. Ahí tenía a Miguel Mármol, en carne y hueso. Yo creí que alucinaba. Estábamos con Baltazar Polío. Desde entonces nos vimos con regularidad, hasta que yo salí del país, pero mantuvimos correspondencia. Luego cuando yo caía por Cuba, por lo de los festivales o por cosas de escritores, a veces él andaba por ahí y siempre nos veíamos. Publiqué un par de anécdotas sobre él en ContraPunto. Filmamos a Miguel, primero con Baltazar, pero sin sonido sincrónico. Luego con Guillermo, ya en regla. No sé dónde andan esos materiales.

De izq. a der. Armando Herrera, Manuel Sorto, Miguel Mármol y Baltazar Polío. Están en el Lago de Ilopango en 1978, en el lugar exacto (según Miguel) donde se fundó el Partido Comunista Salvadoreño. (La foto es de Raúl Cabrol, economista argentino, fue profesor de Economía de la Universidad Nacional. Armando Herrera, quien murió el año pasado, fue Director de la Editorial Universitaria y editor de “El Huevo” y “Operación Amor” de Manuel Sorto.)

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Érika y Óscar: ¿Y sobre Armando Herrera qué nos podés contar?

Manuel Sorto: Armando Herrera era un Armador. Armando Herrera siempre andaba armando relaciones. Bien fiel a su nombre. Jajá. Y de esas relaciones siempre se lograban cosas. Nunca se perdía nada. A mí durante mucho tiempo, mínimo, todo 1979, me sacó el jugo como crítico de cine cuando dirigía El Universitario, el periódico oficial de la U. Él dirigía la Editorial Universitaria. Sin embargo, Armando nunca habló de trabajo político. Jajajá. Era un motor incansable. Valiosísimo. Tanto con Miguel como con Armando nunca me sentí que estaba hablando con gente del Partido Comunista Salvadoreño. Ellos buscaban siempre adjuntar, sumar, acumular fuerzas. Y todo por medio de proyectos que se volvían conjuntos. Políticos serios. Y a ninguno se le ocurrió reclutarme nunca, y mucho menos darme línea. Tenían bien claro lo que es la libertad para el trabajo creativo. Hasta nos consiguió la Cherokee para “La Zona Intertidal”. Jajá. Y hasta su muerte mantuvo una columna diaria en el Co-Latino. Su esposa, Norma, fue asesinada por los escuadrones de la muerte. También Armando Herrera fue el primer editor de Horacio Castellanos Moya, le publicó su antología de poesía La Margarita Emocionante, de los que editaban El Papo.

Sí, Armando Herrera fue un Gran Armador.Guardo una foto que tomó Armando Herrera para una exposición de Carlos Mejía, donde éste integró poemas míos en sus cuadros.

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De izq. a derecha: Manuel Sorto, Carlos Mejía e Inti Yabi (hijo de Carlos).

Érika y Óscar: Uno de los poetas más reconocidos y respetados en El Salvador es Rafael Mendoza. ¿Cuál ha sido tu relación con él? ¿Qué pensás de su obra poética? Manuel Sorto: Fue el primero que escribió sobre mi trabajo como actor de teatro y como poeta en la prensa escrita. En El Mundo. Recuerdo muy bien su artículo. Se titulaba “Sorto y otros fenómenos”. Otros es la lectura al revés de mi apellido. Me gustó la puntada, aparte de que no me lo esperaba, el artículo. Decía que tenía una 55


cara de muerto. Ha sido una relación de buenos amigos desde que nos conocimos. Él ya era Rafael Mendoza cuando yo apenas estaba bajando de “Sensunte”. En mis inicios fue paciente conmigo, leía mis cosas, y me orientaba cuando lo estimaba prudente. Una vez me regañó por el cómo yo hablaba de Ionesco en un texto. Y por supuesto mi texto terminó en la basura. Tenía razón. Fue hace muchísimos años, cuando él y Roberto Monterrosa trabajaban en el Diario El Independiente de Jorge Pinto. Tanto El Independiente como La Crónica, fueron reventados por el terrorismo de estado. Es alguien a quien quiero y respeto mucho. Alguien muy honesto. Hemos tenido muchas aventuras, a cual más jugosa.

Sobre lo de su obra, pues, Uno: no soy crítico de poesía. No tengo la competencia. He sido crítico de teatro y cine, tanto en El Salvador como en México, pero eso es otra cosa. Y puedo seguir haciéndolo, tengo las herramientas. Pero no para la crítica de poesía. Y tampoco quiero, ni me interesa. Dos: yo no opino en público de la obra de mis amigos poetas: eso se habla directamente entre nosotros. A menos que uno quiera lanzar o darle un espaldarazo a alguien. O lo contrario. Pero Rafael Mendoza no necesita espaldarazos de nadie. Para darte un ejemplo, cuando aún no éramos amigos, recuerdo que la primera vez que lo vi fue en la presentación de su libro “Confesiones a Marcia”, la hizo Claudia Lars en el Auditorio de Derecho de la Universidad Nacional. ¡Vaya! La amistad es independiente de la obra, y viceversa. Esa es una regla de amistad. Igual me pasa con los signos ideológicos.

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De izq. a derecha: Manuel Sorto, Kijadaurías, Ricardo Humano y Rafael Mendoza (el viejo).

Érika y Óscar: El pintor, poeta y editor Ricardo Humano, ha sido conservador de la obra de Salarrué desde después de su muerte y dirigiendo la Fundación CASA DE SALARRUÉ (hasta que hace poco que se la pasó al MUPI para su cuidado). ¿Cuál ha sido tu relación con él, qué nos podés contar sobre él? Manuel Sorto: Una relación rarísima. A Ricardo Aguilar alguna gente de la izquierda lo colorea de derecha, y algunos de derecha de estar “muy a la izquierda”. Yo creo que se divierte provocando a los que se rizan de izquierdas y a los que se rizan de derechas. Ricardo es sobre todo un cristiano empedernido, en el sentido crístico. Esotérico. Respecto a la política es un escéptico. Roberto Armijo le confió en París en 1997, antes de morir, su libro inédito “El pastor de las equivocaciones”, un título maravilloso y que creo nos resume a muchos, y Ricardo hizo una sencilla y hermosa edición con su sello “El venado blanco”, con ilustraciones de Verónica Vides. Ricardo conoció a Roque Dalton, de lo que sé, es que se los presentó Manlio Argueta, a él y a Rolando Costa. Creo que era cuando querían ingresar en el Partido Comunista. Jajá. Con Ricardo, Aguilar y Humano, me ha pasado una cosa muy 57


peculiar: hemos llorado juntos en tres ciudades tan distantes como México, Sevilla y París. Pero llorar de alegría, a carcajadas, ante las situaciones por las que pasábamos. En México, un día, hambrientos, entre los dos sólo reuníamos dinero para tres taquitos de canasta, los más baratos. Nos tocó taquito y medio a cada uno. Mientras los comíamos, viéndonos a los ojos, comenzamos a carcajearnos y a llorar, a carcajadas. Y hasta por teléfono nos ha pasado, él en Mejicanos y yo en Bayona, la noche del 15 de marzo del 2009, hace 2 años, mientras él me describía las lágrimas de alegría de la gente en Mejicanos cuando triunfó el FMLN. Todo un record sobre lloradas.

Manuel Sorto. Retrato de Françoise Bèséme.

Érika y Óscar: ¿Qué nos podés contar de tus días con el grupo literario «La Masacuata»? Manuel Sorto: «La Masacuata» fue mi grupo literario. El de mi “generación” literaria. La Masacuata se organizaba en Brigadas: San Vicente, Usulután, San Salvador… Yo incluso intenté una base en Sensuntepeque con teatro, pero sólo tuvimos dos reuniones, yo iba en los fines de semana. No se consiguió local estable. 58


Contrariamente a los otros grupos literarios, «La Masacuata» nació en la provincia, en San Vicente, y no en la capital, y logró sobrevivir aún después de la entrada en la clandestinidad en 1971 de varios de sus miembros, que son fundadores de la guerrilla. Otra “novedad” de «La Masacuata» es que era un grupo no sólo literario, «La Masacuata» integraba también pintores como Roberto Huezo, Roberto Galicia y Pedro Portillo y el ceramista y pintorCarlos Mejía. En una entrevista reciente Miguel Antonio Bonilla lo menciona. Y la revista de Brigadas La Masacuata se editaba en San Vicente y no en San Salvador; se lograron editar 5 ó 6 números y se imprimía en la imprenta de la Editorial Ramírez. A «La Masacuata» “le tocó” el nacimiento de la lucha armada. Eduardo Sancho es uno de los fundadores de la guerrilla, no sólo de «La Masacuata». En el último número que salió entraron entre los responsables Alfonso Kijadurías, Rolando Costa y Ricardo Humano. Jajá. A falta de los que ya andaban clandestinos. De «La Masacuata», los que sobrevivimos a la guerra no hemos vuelto a producir, a escribir, o al menos a publicar con el mismo ritmo.

LA MASACUATA. De izq. a derecha: Eduardo Sancho, Roberto Monterrosa, Carlos Eduardo Rico, Rigoberto Góngora, Manuel Sorto y Luis Felipe Minhero (faltan Alfonso Hernández y Salvador Silis). Foto tomada por: Roberto Salomón. 1970.

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El poeta Alfonso Hernández (Comandante Sebastián, caído en combate en 1988) con Manuel Sorto (a la derecha), en su casa, en Tlalpan, México. 1986.

Érika y Óscar: ¿Qué último libro has leído? ¿Quiénes son tus tres escritores favoritos? Manuel Sorto: Profundidades de Henning Mankell. Lo terminé anoche. Estoy atrasado con las novedades. Un libro terrible. Jodido seleccionar tres escritores, es imposible, pero entre mis favoritos latinoamericanos siempre estarán García Márquez, Juan Rulfo, Fuentes, Oneti, Conti, Carpentier, Rama, Cortázar… la obra corta de Roberto Bolaño. Lo poco que conozco de Castellanos Moya. Pero son varios y de diferentes lenguas y nacionalidades. José Saramago es enorme. Este tipo de preguntas no me gustan. Siempre queda uno de los preferidos afuera. 60


Érika y Óscar: Algunos de los premios que has ganado en cine, siendo miembro delColectivo Cero a la Izquierda son, por mencionar algunos, el Primer Premio Coralen el II Festival de Nuevo Cine Latinoamericano, La Habana, Cuba, con el cortometraje “Morazán”; también el Premio a una Cinematografía Naciente en el Festival de Leipzig, R.D. Alemania; tus películas “La Zona Intertidal” y “Morazán” fueron seleccionadas para La Quincena de los realizadores en el Festival de Cannes, Francia; con “La Zona Interdidal” obtuviste Mikeldi de Plata en el Festival de Cortometraje y Cine Documental de Bilbao, España, y Segundo Premio en el Festival de Oberhaunsen (RFA); con “Los primeros frutos (la decisión de vencer)” obtuvisteLa Paloma de Oro en el Festival de Leipzig, R.D. Alemania y el Gran Premio Coral en el III Festival de Nuevo Cine Latinoamericano, La Habana, Cuba. ¿Cuál de todos estos reconocimientos y galardones guardás con más cariño en tu corazón y por qué? Manuel Sorto: Todos. Fue interesante que en Leipzig, en 1980, el premio fuera para “Una Cinematografía Naciente”. Al siguiente año, en 1981, obtuvimos la Paloma de Oro. O sea, que a Leipzig no le fallamos ni le quedamos mal. No olvidemos que Leipzig es una ciudad estudiantil, y donde prácticamente comenzó la caída del muro de Berlín. (Nota: los amables lectores pueden hallar información sobre los premios que hemos mencionado en los siguientes enlaces: http://www.habanafilmfestival.com/noticias/index.php?newsid=361 http://www.zinebi.com/zinebi53inscrip/docs/palmares_historico.pdf)

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De izq. a derecha: Manuel Sorto, Alejandro Cotto, Roberto Cameros y Guillermo Escal贸n. Durante el rodaje de Alejandro, de G. Escal贸n.

Samuel Fuller y Manuel Sorto, en el Festival de Cine e Historia de Pessac. 1992.

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Érika y Óscar: Manuel, incursionaste en la literatura infantil y en 1979 dirigiste la obra “El caso de la muñeca abandonada” de Alfonso Sastre, con «El Taller de Las Cipotas», del Colegio Sagrado Corazón de San Salvador, con la coordinación de Carmen Elena Echeverria. ¿Qué recordás de esa experiencia? Manuel Sorto: Bella experiencia: se montó sólo con mujeres. Todas alumnas del colegio El Sagrado Corazón. La idea de llamarme fue de Carmen Elena Echeverría cuando ella trabajaba ahí. Es la única vez que he trabajado sólo con mujeres. Es maravilloso. Por eso el grupo se llamó «El Taller de las Cipotas». Me pasaron dos cosas curiosas con esa pieza: terminé el trabajo pero no pude verla para su estreno, ya que tuve que irme del país. Pero me quedó un juego de fotos de los ensayos. Ya aquí, un día que visité a Alfonso Sastre, le di el juego de fotos que tenía sobre el montaje, y no guardé copia. Alfonso está bastante enfermo y afectado desde la muerte de su compañera, Eva Forest, la autora de Operación Ogro (que era el nombre del operativo de ETA que ejecutó a Carrero Blanco, el Jefe de Gobierno de Franco). Un día de estos, ya hoy con la numerización, trataré de lograr una copia de esas fotos que están en sus archivos. Ellos viven aquí al ladito, en Ondarribia (Fuenterrabía) en el País Vasco Español que le dicen. Alfonso trabajó esa pieza para niños a partir de El Círculo de tiza Caucasiano de Bertolt Brecht. Érika y Óscar: ¿Por qué creés que pocos escritores se ocupan de trabajar en literatura infantil? Me imagino que porque no es fácil. Pero también porque no se fomenta y porque no tenemos editoriales que se preocupen del género. La Secretaría de Cultura por ejemplo, podría crear un certamen anual de Literatura infantil. O alguna universidad. Las mismas Casas de la Cultura en sus localidades. Es importante. Y si no aparece nada de calidad suficiente, pues se declara desierto, acumulando “el bote”. Es ridículo que no haya nada; incluso a niveles económicos: el mercado de los niños es eterno, pero lo llenamos de estupideces embrutecedoras. A veces esos juguetes son más peligrosos que muchas otras cosas. Armando Herrera, siendo director de la Editorial Universitaria, publicó en 1979 El Huevo, con texto de Lynn Geary e ilustraciones mías (Lynn era mi compañera en esos años y lo firmó Sorto). La edición quedó muy bien, y Armando Herrera la realizó ¡con los sobrantes de los diferentes papeles que las distintas autoridades usaban para sus 63


tarjetas de visita! ¡Genial! Como resultado, las páginas tienen diferentes texturas, lo cual, con un formato cuadrado y grande, más las acuarelas, se logró un bello objeto y muy original. Otro ejemplo de ingenio: Roberto Monterrosa, cuando dirigía la Dirección de Publicaciones en 1970 y ´71, hizo algo parecido creando la Colección Tekij, de pequeño formato (en la que aparecieron, entre otros, “Las Cabezas Infinitas”, y “Memorias Lunares” de Mauricio Marquina), con los sobrantes de papel de las otras colecciones. Monterrosa también hizo una bella edición tipo Juvenil de Oyarkandal. Falta imaginación. Nos faltan muchas cosas. A esto se le podría aplicar lo mismo que Paul Leduc dijo sobre La zona Intertidal, respecto a crear con y a pesar de los condicionamientos que supuestamente nos limitan.

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Érika y Óscar: Manuel, sabemos que vos, junto a Guillermo Escalón y Paul Leduc filmaron en San Salvador la masacre del 22 de enero de 1980. ¿Cómo recordás esos momentos? ¿Cuándo volviste a ver lo que habías filmado qué pensaste, qué sentiste? Manuel Sorto: Fue para Las Historias prohibidas de Pulgarcito, la película es de Paul Leduc y fue filmada entre noviembre de 1979 y enero de 1980. “Ahí se quemó Manuel Sorto” o algo así, escribe Sancho/Cienfuegos en su libro “Crónica entre los Espejos” (2002). Ver lo filmado no fue mayor problema. Lo duro fue vivirlo, sin parar de filmar, y salir vivo. Gracias sobre todo, en el equipo que yo iba, a la sangre fría de Leduc, y que yo conocía la zona donde quedamos atrapados. El equipo de Guillermo logró refugiarse en la Iglesia del Rosario. Fue a llamado del poeta Eduardo Sancho (Comandante Fermán Cienfuegos, en ese contexto), que trabajamos en ella. Ahí conocí a Leduc. Sancho y Fermán le pidió expresamente a Leduc, que para la edición, el tiempo de presencia de cada una de las cinco organizaciones político-militares se repartiera por igual. Técnicamente fue difícil para Leduc. La produjo el FAPU. La del 22 de enero de 1980 es la mayor manifestación en la historia de El Salvador. Ahí el pueblo se manifestó con todas sus fuerzas a pesar de las diferencias. Recuerdo algunas de las demandas campesinas: una cucharada más de frijoles en la comida, por ejemplo. Todas las posibilidades de diálogo con los gobiernos estaban cerradas desde hacía mucho. La masacre del 22 de enero no hizo más que confirmarlo. Fue salvaje. Completamente irracional. A mediados de año se lograría la Unidad, y se crearía el FMLN. El asesinato de Monseñor Romero fue la gota que desbordó el tarro. Después fue la guerra abierta. Algunos apuntes sobre ello, muy pocos, se los envié a Eduardo Sancho y Fermán para un libro que prepara. Es muy duro describir eso. Lo siento.

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Se cree que unas 250,000 personas se encontraban en la manifestación del 22 de enero de 1980, en San Salvador.

Eduardo Sancho (Fermán Cienfuegos) y Manuel Sorto, después de la guerra, en el 2001, en casa de la madre de Sorto.

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Sorto en Amsterdam, en 1982, durante el homenaje a los periodistas y cineastas holandeses asesinados en El Salvador. Foto y texto: Maya Pejic.

Érika y Óscar: En la guerra civil recién pasada que tuvo El Salvador, la violencia que se desató de uno y otro lado, es decir, de la izquierda y la derecha, tenía un ideal, un sentido ideológico si se quiere. Pero la actual violencia que vive nuestro país, que destruye a las familias y corrompe a la sociedad, el único ideal que tiene es el odio, el dinero y las drogas. No tiene una respuesta fácil la siguiente pregunta, pero… ¿qué futuro le ves a El Salvador? Manuel Sorto: No tengo idea. En parte, como siempre, va a depender de todos nosotros. Pero también se gana o se pierde tiempo con las decisiones acertadas o no de los Poderes. El problema parece ser más bien regional. Rubén Aguilar, un amigo mexicano, por ejemplo, está publicando tanto en México como en ContraPunto ciertos artículos sobre la si o no legalización de la droga como un medio de combate o solución frente al narcotráfico. Como se hace con el alcohol, droga también, y más peligrosa, por ejemplo, que el cannabis. 67


Érika y Óscar: ¿Qué mensaje le enviás a los jóvenes salvadoreños? Manuel Sorto: NO CLAUDIQUEN NUNCA. NO SE RINDAN NUNCA. SE TRATA DE EDUCARSE, NO DE DOMESTICARSE. ¡FÁJENSE POR SUS SUEÑOS! Y RÍAN. RÍANSE MUCHO. ES BUENA MEDICINA PARA TODO.

Manuel Sorto y su hijo Camilo Sorto-Cazaux . 2009. Foto: Françoise Bèséme.

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Manuel Sorto, en su balcón. Foto tomada por Julien Lacoste.

Érika y Óscar: Nos despedimos aquí, Manuel, y gracias nuevamente por habernos concedido esta entrevista. ¿Algún comentario final? Manuel Sorto: Pues se me olvidó mencionar a un amigo, que me enseñó nada menos que a manejar, a conducir, en la camioneta de mi papá. Hacíamos VictoriaSensunte-Victoria después de terminado el viaje comercial. E íbamos al cine, por supuesto. Carlos Valladares era su nombre. Hijo del Negro Jorge. Magnífico amigo. De esos del alma. No lo he vuelto a ver. También se me olvidó decir que Ana Rosa Ochoa publicó un libro, mucho antes de que yo la conociera: “Perdigones quemados”. Su título es claro. También entre mis amigos olvidé mencionar a Carlos Mayorga. Y sobre todo, se me olvidó decir, que el hijo de la Niña Pilar Rosales, mi partera, fue el poeta Armengol Rosales, era profesor. Recuerdo haber leído un poema suyo que él me mostró cuando yo era niño. Hablaba de caballos «encarrerados» y desbocados. Recuerdo una explosión de imágenes. Publiqué algo sobre él hace mucho tiempo. Algo que le gustó mucho a la actriz Gilda Lewin. Creo que lo publicó Jaime Suarez Quemain o Rolando Elías. Me imagino que su obra se perdió. Y soy yo el que les estoy agradecido por la mayoría de sus preguntas, jajajá, y por el trabajo que realizan con Más allá de los 400 cerros. Sensuntepeque se los 69


merece. Quiero decir: la ciudad a ustedes, no sólo por la labor como médicos. Pero también ustedes se merecen a Sensuntepeque. Qué bueno que Sensunte tenga su Voz. A ver cuando nos conocemos personalmente. Hasta siempre. Fotografía de la manifestación de San Salvador del 22 de enero de 1980 extraída de El Mundo.es: http://www.elmundo.es/america/blogs/cronicascentroamerica/2011/01/22/apuntes-sobre-la-masacre-del-22-de-enero.html Algunos artículos escritos por Manuel Sorto los pueden leer siguiendo estos enlaces:

Miguel y Roque: Realidad y Ficción La última novia de Miguelito Mármol Mi primo Abdón y el poeta Armijo Artículo relacionado a Manuel Sorto:

“Roberto Bolaño en El Salvador. Supremo jardín de la guerra florida”, escrito por Miguel Huezo Mixco: http://www.fronterad.com/?q=node/3001&page=0,0 Algunas fuentes sobre la filmografía de Manuel Sorto:

http://movies.yahoo.com/movie/contributor/1809632012 Artículos interesantes relacionados con Manuel Sorto:

Manuel Sorto. Profesión: salvadoreño

Esta entrevista fue publicada también en

http://www.contracultura.com.sv/entremes/manuel-sorto-mi-padre-me-queria-militar-y-abogado

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MANUEL SORTO: "Mi padre me quería militar y abogado".  

Entrevista realizada por Érika Valencia-Perdomo y Óscar Perdomo León, en 2011, al artista multifacético salvadoreño Manuel Sorto.