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Artículo original: Citizens Commission on Human Rights International (s.f.). The DSM-Psychiatry’s Billing Bible Disponible en: http://www.cchrint.org/issues/dsm-billing-bible/

El DSM: La biblia de facturación de la psiquiatría El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) es la biblia de facturación de la psiquiatría para los supuestos trastornos mentales. Con el DSM, la psiquiatría ha tomado incontables aspectos del comportamiento humano y los ha reclasificado como enfermedades mentales simplemente añadiendo el término trastorno sobre ellos. Mientras incluso los contribuyentes clave del DSM admiten que no hay evidencia científica/médica que valide los trastornos, el DSM, no obstante, sirve como herramienta diagnóstica, no solo para el tratamiento individual, sino también para las disputas de custodia de niños y niñas, casos de discriminación, testimonios en la corte, educación y más. El DSM no está guiado por la ciencia, sino, en su lugar, atiende a la industria farmacéutica. Con su creciente lista de “trastornos mentales” (cuya existencia es votada, y no descubierta como en la medicina real) para cada uno de ellos una droga psiquiátrica puede ser prescrita y facturada a las compañías de seguros. Y esto ha sido expuesto recientemente con una investigación del Comité de Finanzas del Senado de los Estados Unidos sobre la misma APA y el hecho de que cerca del 56% de sus US$12.000.000,00 de ingresos anuales derivan de fabricantes de medicamentos. “La vía para vender drogas es vender enfermedad psiquiátrica”, dice Carl Elliot, profesor de bioética en la Universidad de Minnesota. Kelly Patricia O’Meara, una galardonada periodista y antigua trabajadora del Cogreso, señala “Las empresas farmacéuticas sacan un trastorno mental del sombrero DSM y obtienen aprobación de la FDA para utilizar una droga ya existente para tratarlo. Es bien sabido que los psiquiatras son reclutados para afirmar públicamente el trastorno como un problema social… Y ahí está!, se confirma la enfermedad psiquiátrica y la píldora mágica”. Incluso dentro de sus propios rangos hay desacuerdo acerca de la influencia de las empresas farmacéuticas en el proceso diagnóstico. Un sondeo internacional de expertos en salud mental realizado en 2001, votó al DSM-IV como uno de los 10 peores documentos psiquiátricos del milenio. El Dr. Irwin Savodnik, profesor adjunto de psiquiatría en la Universidad de California, Los Angeles, dice: “La mayor parte del vocabulario de la psiquiatría está ahora definido en todos los niveles por la industria farmacéutica.” ESTUDIOS EXPONEN LOS CONFLICTOS DE INTERÉS Se hizo evidente en un estudio emblemático publicado en la Revista de Psicoterapia y Psicosomática en 2006 que encontró que más de la mitad de los miembros del panel que revisaba cuáles trastornos debieran ser incluidos en la cuarta revisión del DSM (1994) tenían conexiones financieras no reveladas con Big Pharma. Para los supuestos Trastornos del estado de ánimo Traducido por Eric Díaz Mella Psicólogo


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(“depresión” y “bipolar”) y “esquizofrenia y otros trastornos psicóticos”, cien por ciento de los miembros tenía participación financiera con empresas farmacéuticas. Las ventas de drogas prescritas para estos “trastornos” (debido a su inclusión en el DSM) alcanzaron más de US$80 billones alrededor del mundo. Aparentemente los psiquiàtras de la APA no quisieron soltar la gallina de los huevos de oro. Para la revisión del DSM-5, otro estudio encontró que 18 de 20 de los miembros supervisando la revisión de las guías clínicas para el tratamiento de solo tres “trastornos mentales” tenían lazos financieros con empresas farmacéuticas, con un tratamiento farmacológico para esos trastornos que genera alrededor de US$25 billones al año en las ventas de farmacia, sólo en Estados Unidos. Ante tanta crítica pública, y un año después de haber estado bajo investigación por la Comisión Financiera del Senado por sus conflictos de interés con empresas farmacéuticas, en marzo de 2009, la APA anunció que eliminaría progresivamente el financiamiento farmacéutico de los seminarios de educación médica continua y las comidas en sus convenciones. Sin embargo, en dos meses, la APA aceptó más de US$1.7 millones en fondos de empresas farmacéuticas para su conferencia anual, sostenida en San Francisco. No sorprende. En 2002, Anand Pandya, de la APA, dijo que sin los fondos de la industria farmacéutica, las cuotas de membresía podrían incrementarse en un 455% de los US$540 a los US$3.000 anuales. Pandya es el presidente de la National Alliance on Mental Illness (NAMI), a la que en 2009 también se le solicitó proveer registros del financiamiento de empresas farmacéuticas para investigadores federales. El incremento de un 300% de los trastornos mentales en el DSM en cinco décadas de la psiquiatría ya ha generado billones de dólares en financiamiento gubernamental. Desde el DSM-IV, ha habido también un 256% de incremento en la venta de drogas psiquiátricas (antipsicóticos y antidepresivos). Cuán lejos irán realmente los psiquiatras utilizando el DSM para etiquetar de “trastornada” a la gente es reflejado en un estudio reciente conducido por Ronald Kessler, profesor de políticas de cuidado de la salud en la Harvard Medical School. El confió en el DSM para evaluar estadounidenses y concluyó que casi uno de cada dos (48%) sufre de al menos una enfermedad mental durante su vida. Un estudio sobre los “Trastornos de personalidad DSM-IV” que condujo para la Organización Mundial de la Salud, cuyos resultados fueron publicados en 2009, fue fuertemente financiado por Eli Lilly Foundation, Ortho-McNeil, GlaxoSmithKline y Pfizer. Kessler mismo es consultor para al menos siete empresas farmacéuticas. Es más, como escribió Sydney Walker III, neuróloga y psiquiatra: “El dinero de las empresas farmacéuticas influencian todos los aspectos de la psiquiatría moderna. La Asociación de Psiquiatría Americana está literalmente construida sobre cimientos hechos con dinero de fármacos… A cambio de esto, la APA hace lo imposible para ayudar a las compañías farmacéuticas Traducido por Eric Díaz Mella Psicólogo


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a promover sus productos”. “Esta influencia”, dice, “se ha focalizado en expandir el número de ‘trastornos psiquiátricos’ reconocidos por la APA, y el número de tratamientos farmacológicos recomendados para esos trastornos. A fin de cuentas, todo ‘diagnóstico’ DSM es una potencial mina de oro para las firmas farmacéuticas” SIN VALIDEZ CIENTÍFICA Como los diagnósticos carecen completamente de criterio científico, cualquiera puede ser etiquetado como enfermo mental, y ser sujeto a tratamientos peligrosos y potencialmente mortales basados solamente en la opinión. La validez científica del DSM ha caído bajo el creciente ataque de profesionales médicos y expertos científicos como Herb Kutchins de la Universidad Estatal de California y Stuart A. Kirk de UCLA, autores de “Making Us Crazy: The Psychiatric Bible and the Creation of Mental Disorders”, determinaron que “… hay abundantes razones para concluir que las últimas versiones de DSM como herramienta clínica son poco confiables y por lo tanto de validez cuestionable como sistema de clasificación”. La difunta Loren Mosher, M.D., Profesor de Práctica de Psiquiatría1 que renunció a la APA debido a la influencia de la industria farmacéutica sobre esta, escribió: “El DSM-IV se ha vuelto una biblia y un best-seller de cómo hacer dinero (y su mayor fracaso no obstante). Confina y define la práctica, algunos le toman en serio, otros más realistamente”. Además, “La cuestión es ¿qué nos dicen las categorías (en DSM)?, ¿Representan, de hecho, con exactitud a la persona con un problema?. No lo hacen, y no pueden, porque no hay criterios de validación externa para los diagnósticos psiquiátricos. No hay ni un test de sangre, ni lesiones anatómicas específicas para ningún trastorno psiquiátrico severo”. El internacionalmente reconocido profesor emérito de psiquiatría Thomas Szasz refuerza esta idea escribiendo: “No hay test de sangre u otro test biológico para verificar la presencia de una enfermedad mental, como los hay para la mayoría de las enfermedades físicas. Si dicho test fuera desarrollado, entonces la condición dejaría de ser una enfermedad mental y podría ser clasificada, en su lugar, como síntoma de una enfermedad física”. Así clasificada, podría hacer a la psiquiatría redundante, y médicos generales podrían reemplazarla. En eso yace el problema suyacente del DSM: no es un sistema de diagnóstico médico. Está basado completamente en opinión (y defectuoso en el mejor de los casos). La psiquiatría carecía de un sistema equivalente al de la medicina, y esto contribuyó importantemente a su pobre reputación, tanto entre los profesionales de la medicina como entre la población general. Por consiguiente inventó el DSM para convencer a la medicina real de la legitimidad de la psiquiatría y para capturar una tajada del mercado de seguros. Como Kutchins y Kirk señalan, la evolución del DSM es una 1

De acuerdo a la jerarquía académica para los Estados Unidos, profesor de práctica, o Clinical Professor, es quien está encargado de supervisar la práctica profesional de los estudiantes procurando el desarrollo de las habilidades propias de la profesión. Traducido por Eric Díaz Mella Psicólogo


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“historia de lucha de la Asociación de Psiquiatría Americana para ganar respetabilidad dentro de la medicina y mantener dominio entre los muchos profesionales de la salud mental”. Además, ellos suponen que si “un grupo de psiquiatras están de acuerdo con una lista de [nuevos] comportamientos atípicos, los comportamientos constituyen un trastorno mental válido. Utilizando esta aproximación, la creación de trastornos mentales puede convertirse en un juego de salón en el cual grupos de todos los tipos de comportamientos (por ejemplo síndromes) pueden ser añadidos al manual”. De hecho, todos los DSM logran “medicalizar demasiados problemas humanos”. Incluso el psiquiatra Al Parides observa: “lo que ellos han hecho es medicalizar muchos problemas que no tienen causas biológicas demostrables”. OTRAS CITAS DE EXPERTOS MUESTRAN QUE NO HAY CIENCIA EN EL DSM Jeffrey A. Schaler, Ph.D., dice que es equivalente a un fraude. “La noción de validez científica… está relacionada al fraude. La validez refiere a la extensión en la cual algo representa o mide lo que pretende representar o medir. Cuando las medidas de los diagnósticos no representan lo que pretenden representar, decimos que la medida carece de validez. Si una operación de negocios o comercio descansa en dicha falta de validez, podemos decir que la carencia de validez fue determinante en la comisión de fraude”. La psiquiatría ha sido incapaz de determinar una sola causa para un solo trastorno mental. 

Dr. Harold Pincus, Vicepresidente del cuerpo especial para el DSM-IV admitió: “Nunca ha habido criterio alguno respecto de que los diagnósticos psiquiátricos requieran una etiología biológica demostrada (causa)”. El psicólogo Renee Garfinkel, trabajador de la American Psychological Association, dijo del comité de revisión del DSM-III-R: “El bajo nivel de esfuerzo intelectual fue escandaloso. Los diagnósticos fueron desarrollados por voto de mayoría en el nivel en que podríamos usar para elegir un restaurant. Tú tienes ganas de (comida) italiana, yo tengo ganas de (comida) china, entonces vamos a una cafetería. Entonces era escrito en el computador”. J. Allan Hobson y Jonathan A. Leonard, autores de “Out of Its Mind, Psychiatry in Crisis, A Call For Reform”, (señalan) “(…) La condición autoritaria y naturaleza detallada del DSM-IV tiende a promover la idea de que los diagnósticos por repetición y la sobremedicación son aceptables”. Elliot S. Valenstein, biopsicólogo, autor de “Blaming the Brain”: “El DSM-IV no es un documento interesante. Es puramente descriptivo y no presenta nuevos conocimientos científicos o teoría alguna acerca de qué causa los muchos trastornos mentales que enlista”.

Traducido por Eric Díaz Mella Psicólogo


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El DSM-V actualiza a los psiquiatras debieran poner atención de Paul Genova, M.D., escribiendo en Psychiatric Times, quien dijo “el sistema diagnóstico DSM ha sobrevivido a su utilidad por cerca de dos décadas. Debiera ser abandonado, y no revisado”.

Traducido por Eric Díaz Mella Psicólogo

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