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Al final del camino, cuando te encuentre

Recordar es fácil para el que tiene memoria. Olvidar es difícil para quien tiene corazón. Gabriel García Márquez

La playa tenía un aspecto fúnebre, su gelidez era extrema, no había rastros de sol y ni un alma acompañaba mi lamento. A lo lejos, una pequeña embarcación yacía solitaria en altamar y una gaviota buscaba incansablemente alimento. Había llegado hasta esta playa, caminando más de una hora. Sentía una desolación en mi interior que empezaba a enfermarme, ansiaba libertad de mi misma y quería volar como aquella gaviota para así sentir un pequeño momento de felicidad. La playa era extensa y yo seguía recorriéndola, sentía una punzada en el estómago que agravaba mi dolor, pero seguía caminando. Las olas del mar iban y venían y mi visión empezaba a empañarse, cuando parecí ver a lo lejos una silueta negra arrojando piedras al mar. No dudé en acercarme y verificar su presencia. Conforme me acercaba iba notando que se trataba de una persona joven, un chico al que no dudé acercarme más y preguntarle su nombre. Con mirada de sorpresa, el chico me miró unos segundos (tenía unos bellos ojos), volteó la mirada y respondió: “Enrique, ¿y tú, qué haces por acá?” En ese momento, al observar su actitud díscola y sentir su soledad, hicieron que me olvide de la mía, y me agradó saber eso. --- 0 --Varios días después, ya en la ciudad, no fue difícil encontrarme con Enrique, ya que ambos habíamos intercambiado números de teléfono y celulares. Nos comunicábamos continuamente y salíamos los fines de semana, paseábamos por


parques, visitábamos museos y asistíamos a funciones de teatro en Barranco y Miraflores. Nos hicimos muy amigos, nos habíamos acostumbrado a coordinar todo juntos. Después de cuatro meses de increíble felicidad que nunca antes había sentido, Enrique y yo empezamos a enamorarnos.

Pero tuvo que llegar ese infausto día. Papá regresó del trabajo y en casa nos anunció a mamá y a mí que tendríamos que viajar a Madrid, España, debido a una disposición de sus jefes del trabajo. El problema de ello era que se trataba de un viaje del que no volveríamos después de tres años.

Yo salí corriendo de mi casa, bañada en lágrimas, corrí a buscar a Enrique para contarle lo sucedido. Nos encontramos en el parque principal de Barranco, entre lágrimas le expresé lo que había pasado y, sobre todo, mi miedo de no volver a saber de él nunca más. Enrique cogió mis manos suavemente y me confesó que estaba muy enamorado de mí, y por ese gran cariño que sentía por mí, nos comunicaríamos todos los días y que no se olvidaría de mí.

--- 0 --Madrid es una ciudad llena de parques y lugares verdes. Su parque más grande, el parque “El Retiro”, recibe trenes del norte y sur del país, posee un gran lago en el medio donde en un principio se organizaban pequeñas batallas navales para entretener a la familia real. Aunque Madrid posee una infraestructura moderna, ha mantenido el aspecto antiguo en muchos barrios y calles. Precisamente, en un departamento ubicado en una calle moderna con toques medievales, llegué con


mis padres y, al cabo de dos días, estábamos plenamente instalados en nuestro nuevo hogar. La ciudad me había parecido bonita, sin embargo, la tristeza y el desánimo que me causaba no ver a Enrique me seguían a todas partes. Al llegar a casa me encerré en mi habitación y llamé a Enrique. Después de varios minutos de llamadas fallidas, rompí en llanto. No entendía por qué Enrique no me contestaba, y me quedé dormida. Al despertar, encontré un vaso con leche y galletas en mi cómoda, y sentada en el borde de la cama, a mi madre. No tenía ganas de hablar. Por ello le dije que se retire porque leería un poco. Mi madre, sin molestarse, se fue. Nuevamente cogí el celular e insistí en llamar a Enrique, pero otra vez nadie contestó. Volvió la tristeza y la molestia en mí, y creo que a partir de ese momento, cambié. Ya no era la chica de antes, sino que me estaba volviendo una persona irritable, intolerante, pero sobre todo, triste por un amor que me carcomía el alma.

--- 0 --Ella verificó que no haya nadie más en casa, solo Ana que había entrado al baño a ducharse. Caminó con sigilo y entró en la habitación. Desde una esquina, una Barbie la miraba directamente. Abrió un cajón de la cómoda, revolvió los demás objetos hasta que encontró lo que buscaba: el celular de Ana. Ella misma se lo había regalado la navidad pasada. Aún recordaba los ojos de sorpresa de Ana al ver su nuevo celular. Le agradó verla así, y le agradó recordar que además controlaría los contactos, las llamadas y los mensajes de ese equipo, aunque Ana no tenga la más mínima sospecha de ello. Esta vez no buscaba solo mirar las últimas llamadas y mensajes, sino desviar cualquier comunicación con ese chico de Lima. Espiando, sabía todo de él y el odio que le tenía. Varias veces se lo había insinuado a Ana, pero ella no hizo caso. Por ello, sintió que tenía la misión de eliminar a ese chico de la vida de “su hijita”, aunque eso implique revisar su


celular a escondidas y configurarlo, no dejar rastro de la intervención y salir silenciosamente, antes de que salga de bañarse y se de cuenta. --- 0 --Después de un mes de no saber nada de Enrique, comencé a entender que sus promesas no eran ciertas y, aunque seguía llorando por las noches, tenía que olvidarlo. Sin embargo, una mañana cambiaría esta decisión. Salí muy temprano a comprar el diario favorito de mi padre, y por alguna razón abrí las páginas de la sección deportes, cuyo titular decía:

11 000 MIL ATLETAS CORRERÁN EN MARATÓN DE MADRID

Madrid se llenará de corredores mañana por la mañana. La maratón de Madrid llega a su 28 edición, que este año contará con 11 000 atletas dispuestos a correr los tradicionales 42 kilómetros.

La prueba comienza a las 9:00 am en el Paseo de los Recoletos y culminará seis horas después, a las 3:00 pm en el parque El Retiro.

La fiesta del deporte ha convocado a diversos ganadores de maratón de América, EE.UU. y Asia. Algunos de los destacados deportistas que vendrán son: Raúl Hernandez, de Venezuela, Pedro Benites, de Paraguay, Enrique González, de Perú,…


(…)

Leí varias veces ese nombre y no me equivocaba: Enrique vendría a Madrid. En Lima, lo había acompañado muchas veces a diversas competencias de maratón, quedando en primer lugar en todas ellas. En verdad, Enrique era bueno y disciplinado en sus entrenamientos, lo que lo hacía muy reconocido entre los deportistas. Escondí el periódico en mi casaca y, cuando llegué a casa, mentí a papá diciendo que su periódico se había agotado. Entré a mi cuarto, me tiré sobre mi cama y, mirando al techo, una avalancha de dudas atravesó mi cabeza: ¿Valdrá la pena ir a verlo? ¿Seguirá igual? ¿Habrá cambiado? ¿Qué le diré?... --- 0 --Las miles de personas juntas hacen que parezcan un hormiguero en la ciudad. Los competidores, vestidos con diversos colores de camisetas, venían de muchas partes del mundo. Muchos de ellos eran deportistas mundialmente reconocidos: medallas de oro, plata, trofeos conmemorativos, se leían en sus camisetas. Las propagandas de Gatorade y Maltin Power decoraban el ambiente, todos calentaban y agilizaban sus músculos, se preparaban para iniciar la competencia. Los corredores dejaron los ejercicios previos y se posicionaron para iniciar la carrera. Junto a Enrique se ubicó un corredor alemán varias veces ganador de otras competencias de maratón. Enrique se sintió inseguro por unos segundos, pero trató de concentrarse. El sonido del disparo indicó el comienzo de la carrera, lo cogió desprevenido, y la muchedumbre empezó a moverse al compás. Luego de una hora de recorrido, llegando al parque Reina Cristina, el cansancio parecía empezar a agotarlo. Enrique, entre sí, se dio palabras de aliento. Cruzar el


océano Atlántico para perder, no se permitiría ese error. Sacó fuerzas y aumentó su velocidad, solo debía seguir un par de horas más, se sintió más seguro. En los últimos momentos de la carrera, la fuerza de voluntad de Enrique había cobrado frutos: se encontraba entre los finalistas. Todos corrían a gran velocidad, el corredor alemán era su principal competencia. Falta de esfuerzo, exceso de confianza, el azar, muchos factores influían: Enrique perdía la carrera por unos escasos centímetros de diferencia. Se desvió del camino hacia un parquecito, y allí, se dejó caer boca abajo, lamentando su derrota. De pronto, oyó unos pasos que se le acercaban, prefirió no levantar la mirada y verificar quién era. No le importaba si se trataba de un asaltante, de un indigente o de un jardinero. No quería saber de nadie. Pero la presencia se detuvo junto a él y, con voz de mujer, le dijo: no te lamentes, no todo está perdido.


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