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Page 4A. DOS MUNDOS • Volume 33 • Issue 33 • August 15 - August 21, 2013

InmigraciónSection Hablando con el experto

A fallen hero

Jonathan Willmoth, Abogado

Héroes de papel

Willmoth Immigration Law, LLC

By Jorge Ramos

215 W. 18th St., Suite 101 Kansas City, MO 64108

www.willmothlaw.com

c.2013 Jorge Ramos (Distributed by The New York Times Syndicate.)

Ph 816.753.7382, Fx 816.605.1129

It’s not over until it’s over No ha terminado hasta que se acaba

N

o a todos los que son puestos en un proceso de deportación se les aprobará un alivio, acción diferida, que su caso sea cerrado bajo discreción fiscal, o incluso ganar su caso bajo apelación después de perder un juicio. A algunas personas se les ordenará deportación, pero eso no quiere decir que sea el final de sus oportunidades para quedarse en el país con su familia y amigos. Aquellos que tengan una orden final de deportación, le pueden pedir a Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) una estadía de remoción del país, ya sea por un período específico (por ejemplo para permitir que un hijo termine la escuela, para completar un tratamiento médico, etc.) o por tiempo indefinido, el cual tiene que ser garantizado por las circunstancias. ICE quiere ver evidencias de los lazos familiares en EE.UU., residencia a largo plazo, falta de historial criminal, evidencias médica, psicológicas, u otras penurias que su familiar ciudadano estadounidense pudiera enfrentar. También evidencia de pagos de impuestos, o actividades en organizaciones religiosas o comunitarias, etc. Por varios años, sólo pocas de las estadías de remoción eran aprobadas, por lo que incluso el solicitarla era un desperdicio de dinero para las personas. Sin embargo, en el último par de años, ICE ha estado aprobando muchas más de éstas, pero aquellos que tienen DUIs, historial criminal reciente, o alegatos anteriores de fraude con inmigración se enfrentarán a un gran obstáculo para ser aprobados. En cualquier caso, cuando todas las otras opciones han fallado, siempre existe la estadía de remoción. Nota: Este artículo se ofrece solamente con fines informativos y educativos. No se ofrece, y no constituye asesoramiento jurídico o una opinión legal. Por favor, póngase en contacto con un abogado calificado para hablar de su caso de forma individual. El abogado Jonathan Willmoth ha practicado exclusivamente la ley de inmigración por más de 10 años; y es un autor y presentador frecuente en temas de la ley de inmigración.

N

ot everyone who’s placed in deportation proceedings will ultimately be approved for relief, granted deferred action, have their case closed under prosecutorial discretion or even win their case on appeal after losing at trial. Some people will be ordered to be deported, but that doesn’t mean the end of their opportunities to remain in the country with their family and friends. Those with final orders of removal can ask Immigration and Customs Enforcement (ICE) to stay their removal from the country either for a specific period of time (such as to allow a child to finish school, to complete medical treatment, etc.) or indefinitely, should that be warranted by their circumstances. ICE wants to see evidence of family ties to the United States; long-term residence; lack of criminal history; medical, psychological or other hardships your U.S. citizen family members might face; payment of taxes; activities in religious or community organizations, etc. For many years, so few stay requests were granted that it seemed a waste of people’s money to apply. During the past few years, however, ICE has granted many more of them, but those with DUIs, recent criminal history or past allegations of immigration fraud face a high hurdle to being approved. In any event, when all other options have failed, there’s always the stay of removal request. Disclaimer: This article is offered only for general informational and educational purposes. It is not offered as and does not constitute legal advice or legal opinion. Please contact a qualified attorney to discuss your case individually.

Attorney Jonathan Willmoth has practiced immigration law exclusively for more than 10 years and is a frequent author and presenter on immigration law topics.

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A

lex Rodríguez es un misterio. No entiendo por qué A-Rod —uno de los mejores y más ricos beisbolistas del mundo— puso en riesgo su carrera, su fama, su dinero, su reputación, su legado y su historia personal por, supuestamente, inyectarse sustancias prohibidas. ¿De verdad lo necesitaba para ser un mejor jugador? ¿Por qué alguien tan poderoso puede hacer algo tan insensato? Las Ligas Mayores de Béisbol de Estados Unidos lo suspendieron por 211 juegos luego de acusarlo de inyectarse esteroides en la clínica Biogénesis de Coral Gables, Florida. La clínica ya cerró y Rodríguez apeló la suspensión. Ha admitido que usó sustancias prohibidas para mejorar su desempeño cuando jugaba para los Texas Rangers de 2001 a 2003, pero asegura que se ha abstenido de ellas desde entonces. Las Ligas Mayores declararon que Biogénesis proporcionó sustancias prohibidas a Rodríguez y otros jugadores desde 2009 hasta 2012. Pero la duda persiste. Ya es imposible saber si los jonrones que conectó A-Rod en su notable carrera (con los Marineros de Seattle, los Rangers de Texas y ahora con los Yankees de Nueva York) fueron reales o simplemente fabricados con la ayuda de una jeringa. Tan difícil de saber cómo cuántos Tours de Francia ganó el ciclista Lance Armstrong sin transfusiones de sangre y estimulantes ilegales. Y no creo que sea por dinero. Él cobró más de la mitad de los $275 millones [de dólares] del contrato por 10 años que firmó en 2007. Aún si su suspensión culminara con su retiro del béisbol profesional, a él nunca le harán falta viajes en jet privado, casas, ni corbatas. Si usó sustancias prohibidas, lo hizo, quizá, porque pensó que esa era la única manera de salir adelante. Y no está solo. Los 13 jugadores suspendidos la semana pasada son, todos, latinoamericanos o hispanos. De ese mismo grupo, nueve son dominicanos o de origen dominicano. (A-Rod nació en Nueva York de padres de República Dominicana). Hay más. Desde que las Ligas Mayores prohibieron en 2004 el uso de estimulantes y hormonas, 36 de los 67 jugadores que han sido suspendidos son latinos o latinoamericanos —más de la mitad— según el cálculo que hizo el diario El Nuevo Heraldo. Los jugadores hispanos o de origen latinoamericano fueron el 27% de todos los jugadores en las Grandes Ligas en la temporada del 2012. ¿De verdad los beisbolistas latinos se drogan más que los que no son hispanos? Los números no mienten. Sería tentador (y falso) decir que las investigaciones médicas se han centrado injustamente en jugadores latinos y que, por lo tanto, han sido identificados y acusados sólo por su color de piel. La realidad es que se ha investigado a todo tipo de jugadores y los nuestros no salieron bien parados. Es mucho más honesto decir que nuestros jugadores ven el béisbol como una manera de salir de la pobreza y que sufren presiones desproporcionadas —de agentes, anunciantes, clubes, familiares y extorsionistas— para superar sus récords y rendimiento deportivo y, al mismo tiempo, aumentar sus cuentas de banco y las de todos los que los rodean. Reafirma, también, sus convicción de sobresalir y buscar el reconocimiento, cueste lo que cueste. Es una cultura que tolera la trampa y en que se vale cualquier cosa con tal de salir adelante. Eso no justifica sus conducta, pero la explica. No hay nada más angustiante para un deportista que ya no es pobre ni anónimo que la posibilidad de regresar humillado, e incapacitado física y económicamente, al lugar donde salió. Esa es su peor pesadilla. Es, como dicen en México, regresar con la cola entre las patas. Si A-Rod nunca hubiera utilizado sustancias prohibidas, como se le acusa en las Ligas Mayores, ¿podría haber logrado la adulación, los récords y la riqueza que tiene actualmente? Nunca lo sabremos. Pero su gran temor es regresar a ser simplemente Alexander Emmanuel Rodríguez, de Washington Heights en Nueva York, y no la estrella que, antes de este escándalo, muchos admiraban. El problema no es sólo A-Rod, sino también los miles de jóvenes latinos que lo han idealizado. Con sus sorprendentes hazañas deportivas como bateador, short stop y tercera base, hizo creer a muchos que el béisbol era la manera más rápida y fácil de salir de la pobreza y encontrar la fama. Y eso es falso. Hoy sabemos que, aunque no hay garantías, la universidad es el camino más directo a una vida buena y digna. Ser héroe ya no es lo que era antes. Los héroes de mis libros de texto transformaron países y dieron la vida por su pueblo; igual Benito Juárez y Simón Bolívar que Nelson Mandela y el Dalai Lama. Pero ahora, en la cultura de la satisfacción inmediata, hemos improvisado como héroes a beisbolistas, ciclistas, golfistas, cantantes, actores, soldados, policías y personajes de la televisión que están muy lejos de ser un ejemplo a seguir. Los héroes que escogemos nos definen. De alguna manera indican hacia dónde queremos ir y a qué aspiramos. Así, la caída de A-Rod es tanto su culpa como la nuestra. Eso nos pasa por escoger a héroes de papel.

lex Rodriguez is a mystery. A Why would one of the world’s greatest and wealthiest athletes jeopardize his career, repu-

tation and legacy by using banned performanceenhancing substances, as Major League Baseball has alleged? If he used them, did he need them to be a better athlete? Why would someone so influential do something so stupid? Recently, Major League Baseball suspended A-Rod for 211 games after accusing him and 12 other players of using banned substances supplied by the now-defunct Biogenesis clinic in Coral Gables, Fla. Rodriguez has appealed his suspension. He has admitted to having taken performance-enhancing drugs from 2001 to 2003, when he played for the Texas Rangers, but claims he hasn’t taken them since. Major League Baseball claims that Biogenesis provided banned substances to Rodriguez and the other players from 2009 until 2012. What’s the truth? How many home runs hit by A-Rod during his amazing career can be attributed to his athletic talent and how many to the help of a syringe? At this point, answering that question is as impossible as determining how many, if any, Tours de France Lance Armstrong won without the benefits of blood transfusions and illegal stimulants. So why would Rodriguez use banned substances, as he’s accused of doing? Money wouldn’t be a factor. A-Rod is baseball’s highest-paid player, with a 10-year contract for $275 million with the New York Yankees that was signed in 2007. Even if he loses his appeal and the suspension leads to retirement, he’ll never want for anything. Perhaps someone like Rodriguez would need to keep winning, to keep excelling. It has been pointed out that the 13 players who were suspended all have Latin American roots; nine are Dominicans or of Dominican origin (Rodriguez was born in New York and his parents are from the Dominican Republic.) The major leagues banned the use of performance-enhancing stimulants and hormones in 2004 – and since then, 36 out of 67 players who’ve been suspended for using such substances were Hispanic or Latin American, according to research done by The Miami Herald. That’s more than half. About 27 percent of majorleaguers are Hispanic or Latin American. Numbers don’t lie. Although it would be tempting (but false) to allege that investigations into the use of performance-enhancing drugs in professional baseball have unfairly targeted Latinos, the truth is that players of every ilk have been investigated – and we Latinos haven’t done well. It’s more likely that many Hispanic and Latin American players think of baseball as a way out of poverty – sometimes as the only way out. It’s not outrageous to suppose that talented Latino players are sometimes subjected to disproportionate pressures from managers, advertisers, teams, family members and extortionists to surpass records, exceed expectations and earn big money for themselves and everyone around them. They work in an environment where standing out and being recognized is as important as being a good team member – and one in which cheating is, unfortunately, tolerated too often. Of course, this doesn’t justify their conduct, but it helps us to understand it. After all, for an athlete who was once a poor nobody, there’s nothing more distressing than the possibility of going back to where he started – humbled and physically and financially defeated. Would A-Rod have broken records and become a multimillionaire? We’ll never know. But if he used those substances, perhaps he did so because his greatest fear was of going back to being Alexander Emmanuel Rodriguez from Washington Heights. Perhaps for a man like him that would’ve been like losing everything. Throughout Rodriguez’s career, millions of kids have idolized him. An amazing batter, shortstop and third baseman, he showed many young men that baseball can be a fast, easy way out of poverty. But that’s unrealistic. Those youngsters would be better off focusing on going to college than on imitating their heroes, because heroes aren’t what they used to be. When I was growing up, my heroes were men who changed nations and bettered people’s lives, such as Benito Juarez and Simon Bolivar. Later, that list included people such as Nelson Mandela and the Dalai Lama. But now, in our culture of immediate gratification, heroes are often professional athletes or singers or actors whose lives follow a similar narrative: a meteoric rise to the top, followed by a sudden downfall. Our heroes are indicative of the sort of greatness we aspire to. Who our heroes are defines us, and our heroes are defined by our veneration. In the end, A-Rod’s downfall was both his own fault and ours.

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Volumen 33 edición 33, agosto 15 - agosto 21, 2013

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