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presidente del gobierno popular José María Aznar, que hasta entonces había sido amigable. Lo que en un principio se consideró el nacimiento de un grupo antagonista a Prisa, terminó por convertirse en un lastre derrochador que no se ajustaba a las nuevas expectativas de futuro. Dado el ambiente de crispación con el gobierno y los accionistas, y las presiones por la investigación que emprendió la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) sobre el presunto uso de información privilegiada en la compra de acciones de la compañía, Villalonga acordó su marcha tras una indemnización de 27 millones de euros. La llegada de César Alierta a la presidencia de Telefónica conllevó una nueva visión para la empresa. El futuro planteaba la necesidad de reestructurar algunos sectores de la compañía para potenciar el liderazgo en el negocio de los servicios de comunicación de voz y transmisión de datos, en detrimento de los servicios de acceso a la información. En ese momento, Telefónica Media controlaba las actividades en medios de comunicación y producción de contenidos de la compañía, que tras una inversión de 2.400 millones de euros, aglutinaba más de medio centenar de grandes y pequeñas empresas. A finales de 2001, se produjo el primer cambio importante de la era Alierta. Telefónica Media, atendiendo a una estrategia de agrupación de participaciones del grupo en medios comunicativos, cambió su denominación, pasando a ser Admira Media. Desde el principio, intentaron transmitir una imagen de grupo fuerte y competitivo, moderno, adaptado a las exigencias de los nuevos formatos audiovisuales en todo el mundo.

Además, se pretendió relajar las

tensiones con los demás grupos mediáticos españoles, ya que beneficiaban a su imagen corporativa. A pesar del lavado de cara, los beneficios generados por Admira Media no resultaron satisfactorios para César Alierta, quien además, tuvo un enfrentamiento personal con el presidente de la filial, Juan Jesús Nieto. Curiosamente, fueron unas palabras de Nieto en el diario El Mundo, participado por Telefónica a través de Pearson, las que dieron lugar a una reestructuración en la cúpula de Admira y a su retirada del cargo. El siguiente paso importante fue la división de Admira en una filial de medios y otra de contenidos. Esta última nació con el nombre Telefónica de Contenidos y pasó directamente a depender de Alierta. Es necesario destacar que

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