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RЄPRI Revista Єlectrónica del EPRI Visite nuestra web: www.epri.ufm.edu.gt/ Febrero 2006 Año 2. Número 4

Universidad Francisco Marroquín Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales

ISSN 1815-9249

Sumario Consejo Editorial Director EPRI: M.A. Pedro Trujillo Álvarez Coordinador: Lcdo. e Ing. Luís René Pellecer

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Editorial

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La función central de la libertad económica en una democracia Ian Vásquez

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Democracia, Tribunal Supremo Electoral y Estado de Derecho Mario Roberto Guerra Roldán

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Libertad Económica y Transparencia en América Latina Pedro Isern Munné

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Ni problema, ni posibilidad. Auptosia de la Universidad pública peruana Héctor Ñaupari

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Del buen salvaje, al maya con cosmovisión Luís Figueroa

Montaje y Edición: Lcda. Lorena Morales M.A. David Amador

30

FIAT LUX: La privatización de las empresas de energía eléctrica en el Perú Héctor Ñaupari Belupú

Administración: Lucrecia Illescas Ortiz Claudia Ester Sajquín Soto Shirley Folgar

35

A Comparative Study of two traditions. David C. Martínez-Amador

43

Un análisis geopolítico de América Latina a la luz de los autoritarismos populistas emergentes Pedro Trujillo Álvarez

50

El jazz: la música “hayekiana” Ramiro Maldonado

54

¡Visto y Leído !

Consejo de Redacción: Dr. Francisco Beltranena Falla Dr. Armando De la Torre Ing. Ramón Parellada Lcda. Caroll Ríos de Rodríguez Revisor de estilo: Dr. Amable Sánchez

Las opiniones representan exclusivamente el punto de vista del autor.


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Editorial Comenzamos un nuevo año con el propósito de seguir en la misma línea de edición de nuestra revista electrónica. Apenas ha finalizado el primer mes del año y ya han sucedido suficientes acontecimientos internacionales como para poder llenar más de un número de cualquier publicación. El resurgimiento de los totalitarismos de corte populista en América Latina, junto con el análisis variado de los procesos electorales finalizados recientemente y otros que se llevarán a cabo durante el presente año; el juicio contra Sadam Hussein y el posicionamiento de Irán frente a la demanda internacional sobre la transparencia en la investigación y en el desarrollo de la energía nuclear; el triunfo de Hamas en las recientes elecciones en Palestina y las reacciones que ello ha provocado, especialmente, en la órbita de los países occidentales, son algunos de los importantes acontecimientos que se han sucedido y que continuarán generando variadas interpretaciones y conclusiones. En nuestro entorno más inmediato, el tema del totalitarismo populista es, posiblemente, el que más incidencia tiene en los medios de comunicación y la diaria realidad. El cuarteto Chávez, Morales, Castro y Toledo, está generando un espacio de destrucción económica y política de alcance insospechado. A pesar de contar ya con suficientes datos, principalmente económicos, de la gestión chavista, algunos países han querido seguir ese modelo autoritario que no solamente potencia las estructuras del Estado tornándolas controladoras y represivas, sino que también, genera otras que terminan por enquistarse en el propio Estado y conforman un espacio donde la falta de credibilidad, la ausencia de las garantías jurídicas, la carencia de propiedad privada y la subvención abundante, terminan por minar los cimientos institucionales y conforman estructuras que, en los próximos cinco a diez años, estarán continuamente en peligro de derrumbarse y sepultar lo poco que, ese tipo de gobierno y gobernantes, haya dejado en pie. Es lamentable comprobar como no se termina de aprender de los errores del pasado y la falta de formación política, el bajo nivel educativo, el desencanto social, la ausencia de trabajo y los abusos por parte de quienes ostentan el poder, termina por hacernos girar retornándonos a puntos que ya creíamos superados e incluso olvidados. Tristemente la perdida década de los 80`s en América Latina, puede repetirse en estos años de principio de siglo. Es necesario entrar a discutir el modelo de Estado y de norma constitucional con que nos manejamos. Estamos en un momento histórico en el que no se puede obviar la responsabilidad de emprender cambios que permitan crecer económicamente al ritmo que nuestros países se merecen. De seguir con estos autoritarismos volveremos a reencontrarnos con nuestro pasado mas reciente.

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La función central de la libertad económica en una democracia Ian Vásquez (*) Entre las libertades que se valoran en una sociedad libre—libertad económica, política y civil—la libertad económica ocupa un lugar singular. No es sólo un fin en sí mismo, sino que sustenta las demás libertades. Cuando la elección personal, el intercambio voluntario y la protección de la propiedad privada no están asegurados, es difícil imaginar cómo se pueden ejercer de modo significativo la libertad política o las libertades civiles. En 1962, el premio Nóbel de Economía, Milton Friedman, observaba: La historia habla con una sola voz de la relación entre la libertad política y el libre mercado. No conozco ningún ejemplo de una sociedad que se haya caracterizado por su gran libertad política y que no haya empleado asimismo algo parecido al libre mercado para organizar la mayor parte de su actividad económica. El colapso de la planificación central en el Tercer Mundo y el socialismo mismo en los últimos 20 años parece apoyar la tesis de Friedman. El aumento de la libertad económica ha acompañado un aumento de las libertades políticas y civiles en todo el mundo, y ambas han sido significativas, a medida que los países se han alejado del autoritarismo y han abierto sus mercados. La libertad económica La libertad económica es un fin deseable por si mismo ya que amplía generalmente la gama de opciones que tiene el individuo en su condición de consumidor y productor. Sin embargo, la función social más amplia de la libertad económica se subestima muchas veces, incluso por aquellos que creen en el pluralismo político, los derechos humanos y la libertad de asociación, religión y expresión. No obstante, la descentralización de la toma de decisiones económicas respalda la sociedad civil, al crear el entorno en el que pueden existir organizaciones de todo tipo

sin tener que depender del estado. En un país en el que existe libertad económica, el sector privado puede amparar las instituciones de la sociedad civil. Por lo tanto, es más probable que existan iglesias, partidos políticos opositores y una diversidad de empresas y medios de comunicación auténticamente independientes en lugares donde el poder económico no esté concentrado en las manos de los burócratas o los políticos. Por definición, la liberalización económica entraña una pérdida por sobre la totalidad del control político de la ciudadanía. Eso es algo que los gobiernos autoritarios de todo el mundo han descubierto en la actual era de mundialización. Las dictaduras han dado paso a las democracias en países que empezaron a liberalizar sus mercados en las décadas de 1960 y 1970, entre ellos Corea del Sur, Taiwán, Chile e Indonesia. Con la elección del presidente Fox en el 2000, la liberalización del mercado de México en los años noventa ayudó a poner fin a más de 70 años del régimen unipartidista del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que el novelista peruano Mario Vargas Llosa calificó en una ocasión de "dictadura perfecta". La libertad económica permite que las fuentes de riqueza independientes equilibren el poder político y alimenten una sociedad pluralista. Cuando el estado, por ejemplo, controla o ejerce un control indebido de la banca, el crédito, las telecomunicaciones o la prensa, controla no sólo la actividad económica, sino también la expresión. Al mundo le ha llevado demasiado tiempo reconocer la verdad de la declaración de Hilaire Belloc, un escritor de principios del siglo XX, de que "el control de la producción de la riqueza es el control de la vida humana misma". En consecuencia, el dilema que encara el Partido Comunista chino es de sobra

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conocido. Para mantener la estabilidad social, China debe continuar la liberalización económica que ha estimulado más de dos décadas de fuerte crecimiento. Pero las reformas de mercado han conferido a centenares de millones de chinos mayor independencia del estado y creado una clase media incipiente que reclama cada vez más libertad política y representación. El partido desea mantener su poder político, pero la liberalización económica socava ese objetivo. Por otro lado, poner fin a la liberalización reduciría el crecimiento y causaría inestabilidad. Como en el caso de China y otras innumerables naciones, la libertad económica estimula el pluralismo político al fomentar un crecimiento que engendra una clase media y ciudadanos menos dependientes del estado. La evidencia empírica respalda esa relación. El estudio empírico más abarcador sobre la correlación entre las políticas e instituciones económicas de un país y su nivel de prosperidad, es el Informe sobre la Libertad Económica en el Mundo, elaborado por el Instituto Fraser de Canadá. El estudio analiza 38 variables para medir la libertad económica de 127 países, desde el tamaño del gobierno hasta el estado de derecho y la política monetaria y comercial, durante un periodo que abarca más de 30 años. El estudio encuentra una perceptible relación entre la libertad económica y la prosperidad. Las economías más libres tienen un ingreso per cápita promedio de 25,062 dólares, en comparación con un ingreso de 2,409 dólares en los países menos libres. Las economías libres crecen también más rápidamente que las economías menos libres. En los últimos 10 años el crecimiento per cápita fue de 2.5 por ciento en los países más libres y 0.6 por ciento en los menos libres. El estudio del Instituto Fraser encontró también que la libertad económica está fuertemente vinculada con la reducción de la pobreza y otros indicadores de progreso. El índice de pobreza humana de las Naciones Unidas se relaciona negativamente con el índice Fraser de

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libertad económica. El nivel de ingresos de 10 por ciento de la población más pobre de países con mayor libertad económica es de 6,451 dólares, comparado con 1,185 dólares en los países menos libres. Además, la gente que vive en el 20 por ciento superior de la escala de países, en términos de libertad económica, tiende a vivir 25 años más que la gente que vive en países que se clasifican en el 20 por ciento inferior. La disminución de la mortalidad infantil, el aumento de las tasas de alfabetización, la menor corrupción y el mayor acceso al agua potable apta para el consumo, también acompañan el aumento de libertad económica. El índice de desarrollo humano de las Naciones Unidas se relaciona positivamente con una mayor libertad económica. De modo significativo, así lo hace también el índice de libertades políticas y civiles elaborado por Freedom House: los países con más libertad económica tienden también a disfrutar más de las demás libertades. El crecimiento auto-sostenido ha dependido, de hecho, durante mucho tiempo, de un entorno que estimula la libre empresa y la protección de la propiedad privada. La pobreza masiva de la que escapó Occidente en el siglo XIX ocurrió en semejante entorno que, a su vez, inició la era moderna de crecimiento económico. Incluso antes de esa fecha, la aparición de una clase comercial de agricultores en Inglaterra, dio ocasión a su representación en el Parlamento donde pudo limitar con éxito, en el siglo XVII, las confiscaciones arbitrarias de riqueza que efectuaba la corona; en pocas palabras, el surgimiento de la agricultura comercial ayudó a establecer la monarquía constitucional. Las limitaciones del poder del gobierno fortalecieron los derechos de propiedad y el estado de derecho, factores importantes en el auge de Gran Bretaña como primera potencia económica y política en el mundo. A medida que Gran Bretaña se hizo más rica, se convirtió, por supuesto, en una democracia.

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controlado por el estado; como es de esperar, las libertades civiles y políticas están también severamente limitadas en esos países. La función central de la libertad económica en la democracia es, empero, evidente. Puede ser una fuerza poderosa para la promoción de la democracia, y para sostener la libertad política se necesita una buena dosis de libertad económica.

Adaptado del Informe anual 2005 sobre la Libertad Económica en el Mundo.

Pruebas más recientes apoyan la idea de que el crecimiento y los niveles de ingreso más altos conducen a la democracia o, por lo menos, ayudan a mantenerla. Los politólogos Adam Przeworski y Fernando Limongi estudiaron 135 países entre 1950 y 1990 y encontraron que "el ingreso per cápita es una buena variable de predicción de la estabilidad de las democracias". Por ejemplo, descubrieron que en países con ingresos per cápita inferiores a 1.000 dólares (en dólares PPA 1985), las democracias podían sobrevivir una media de ocho años. (PPA significa paridad de poder adquisitivo, teoría que sostiene que las tasas de cambio de las monedas de dos países están en equilibrio cuando su capacidad adquisitiva es la misma en dichos países). Cuando los ingresos oscilan entre los 1,001 y los 2,000 dólares, la probabilidad de supervivencia de la democracia era de 18 años. Las democracias de países con ingresos superiores a 6,055 dólares podían esperar durar para siempre. La libertad económica genera crecimiento, pero no siempre conduce a la democracia. Hong Kong y Singapur, que se cuentan entre las economías más libres del mundo, son ejemplos notables. Tampoco la riqueza es, por sí sola, siempre el producto de la libertad económica, como constatan algunos países ricos en recursos y con ingresos relativamente altos, pero donde el poder económico está estrechamente

La democracia liberal y el estado de derecho Democracia no es sinónimo de libertad. Como hemos comprobado, una democracia a la que no acompañan las otras libertades difícilmente tiene éxito al limitar el poder arbitrario de las autoridades políticas, aunque éstas puedan haber sido electas. Por lo tanto, en la actualidad se hace hincapié en fomentar el estado de derecho, componente esencial tanto de la democracia liberal como de la libertad económica. Es axiomático que el estado de derecho es necesario para que una democracia funcione bien. Cada vez se valora más que el estado de derecho es también necesario para el desarrollo económico. Por ejemplo, el Informe sobre la Libertad Económica en el Mundo descubrió que ningún país con un estado de derecho débil podía sostener una tasa de crecimiento sólida (superior a 1.1 por ciento), una vez que el ingreso per cápita superaba los 3,400 dólares. Dicho de otra manera, una vez que una economía alcanza cierto nivel de desarrollo, las mejoras relativas al estado de derecho son esenciales para sostener el crecimiento. Es posible que, al contrario de las reducciones arancelarias o las privatizaciones, el estado de derecho no se pueda fomentar directamente. Puede muy bien ser también que el estado de derecho ocurra después o aproximadamente al mismo tiempo que se corrigen las otras cosas. Adelanto una modesta propuesta: en lugar de centrarnos en fomentar directamente el estado de derecho, deberíamos estar creando un entorno en el cual pueda

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evolucionar el estado de derecho. Entre otras cosas, quiere decir que se debe promover las reformas del mercado o la libertad económica. Para muchos países pobres, ello incluye reducir el tamaño del gobierno. Los países que hoy cuentan con un vigoroso estado de derecho, establecieron primero esa institución y sólo después aumentaron el tamaño de sus gobiernos. Desafortunadamente, muchos países pobres intentan hoy día repetir ese proceso al revés. Por ejemplo, en países tan diversos como Brasil, Eslovaquia, la República del Congo y Rusia, la parte que corresponde al gasto gubernamental supera 30 o 40 por ciento del producto interior bruto. En lugares donde los gobiernos siguen siendo grandes, los intentos de promover el estado de derecho están destinados a fracasar, o resultarán extremadamente difíciles. Efectivamente, aunque durante los últimos 20 años la tendencia ha sido un aumento tanto de libertad económica como política en el mundo, la mayoría de los países tienen todavía un largo camino que recorrer para llegar a la libertad económica. Puede que Rusia haya abandonado el socialismo, pero ocupa el puesto 115 entre los 127 países que conforman el índice de Libertad Económica en el Mundo. El escritor Fareed Zakaria observa, además, que la mayoría de las democracias pobres del mundo son democracias no liberales—es decir, regímenes políticos en los cuales no están bien establecidas las libertades, salvo la libertad de elegir a los que gobiernan.

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Señala que en Occidente se desarrolló primero la tradición constitucional liberal y la transición a la democracia apareció más tarde. Por ejemplo, en 1800, en Gran Bretaña, quizás la sociedad más liberal del mundo en ese momento, votaba sólo dos por ciento de los ciudadanos. Zakaria indica además que en las sociedades no occidentales que han hecho recientemente una transición a la democracia liberal, como es el caso de Corea del Sur y Taiwán, el capitalismo y el estado de derecho también sucedieron primero. Esa pauta puede explicar por qué regiones como América Latina, que primero se han democratizado y luego han iniciado la liberalización económica, han pasado momentos particularmente difíciles al promover la libertad o crecimiento económicos. Hoy, países de Europa Oriental y Central, de América Latina y de otras partes tratan de alcanzar al mismo tiempo, con diferentes grados de éxito, tanto la democracia como la libertad económica. En algunos casos, se ha frenado la libertad económica o ya no tiene prioridad, cosa que es de mal agüero para la democracia. En otros casos, como el de Estonia, la libertad económica ha aumentado constantemente, fortaleciendo así la democracia. Aquellos de nosotros que creemos en el capitalismo democrático—ya sea si vivimos en democracias ricas, democracias pobres o estados autocráticos—no debemos perder de vista nunca la función central que cumple la libertad económica en el logro de una sociedad libre.

(*) Director Ejecutivo de Políticas Públicas en Cato Institute. Especialista en América Latina.

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Democracia, Tribunal Supremo Electoral y Estado de Derecho Mario Roberto Guerra Roldán (*)

DEMOCRACIA La democracia se ha considerado en la actualidad como la mejor forma de convivencia pacífica de los pueblos. Esto a grandes rasgos, puesto que hablar de democracia no es tan sencillo ni simplista, dado que, hoy por hoy, es difícil deslindar un concepto claro y carente de ambigüedad sobre este sistema, que ha sufrido a través del desarrollo histórico, cambios sustanciales que se han manifestado, como consecuencia de los cambios que asimismo, han sufrido los pueblos y/o naciones en sus respectivos ciclos histórico culturales, así como en los socio económicos y políticos. Podemos afirmar con toda certeza, que hoy mismo en el siglo XXI, en los diferentes países, regiones y hasta continentes, no hay una conformidad en cuanto a un sistema democrático que se pueda conceptuar uniformemente. Sin embargo, ateniéndonos a lo que conocemos como democracia liberal dentro del ámbito del llamado Mundo Occidental, encontramos como elementos pilares de la misma, la representación y la participación. Es de conocimiento general que la democracia surgió perfilada como el gobierno del pueblo (eso significa etimológicamente), en la antigua Grecia, en la que éste mediante grandes asambleas concurría a tomar decisiones de Estado. Aunque debemos dejar claro que no todo el pueblo participaba, puesto que se marginaba a muchos sectores por diversas razones. Después de un oscurantismo político de varios siglos, irrumpen en la Historia dos acontecimientos que fueron decisivos en cambios radicales. La llamada Revolución Americana que culminó con la independencia de lo que hoy conocemos como Estados Unidos de Norte América en 1776, y la Revolución Francesa en 1789. A partir de dichos movimientos y con la inspiración de connotados filósofos y estadistas, como Jefferson, Franklin y Madison en Estados Unidos y Locke, Rousseau y Montesquieu, entre otros, en Europa, surgió nuevamente la democracia, esta

vez más fortalecida ideológica y políticamente, y paulatinamente se fue desarrollando y aplicando a casi la totalidad de los países del orbe, sobre todo en Europa y América, aunque es forzoso decirlo, infortunadamente, todavía existen regímenes totalitarios y absolutistas en que rige la mano dura de un dictador o un grupo elitista, no a pesar que integran la Organización de las Naciones Unidas. No obstante, al principio de esta nueva fase moderna de la democracia y para los efectos políticos, el pueblo lo constituían aquellas personas que además de tener determinada edad, poseían cierta fortuna y/o cierta cultura. Los que carecían de riqueza o de ciertos ingresos o no tenían preparación alguna, no podían participar en el gobierno, tomar decisiones políticas ni se les consideraba sujetos dentro del sistema. En el nuevo orden, por razones obvias, era imposible la formación de asambleas populares para tomar las decisiones políticas o de gobierno, por lo que se incorporó como elemento esencial de la democracia, la representatividad. Asimismo, para darle visos de autenticidad al término, se estableció como piedra angular la participación. Ello se logró, pero siempre con las limitantes señaladas anteriormente. Después de intensas campañas de parte de activistas políticos, de juristas, estadistas y algunos sectores religiosos, se fueron erradicando las exclusiones en forma progresiva, hasta conformar la democracia realmente representativa y participativa. Digno es de mencionar en esta lucha por la reivindicación de los derechos ciudadanos, la desempeñada por el sector femenino, movimiento que se inició en Inglaterra y una de cuyas promotoras y defensoras ha sido Anne Phillips. Dicho movimiento logró el reconocimiento de la mujer como sujeto activo de los derechos políticos. En Guatemala, fue hasta la Constitución de 1945 que se le reconoció a la mujer el derecho de votar, pero

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solamente a los alfabetos. Phillips publicó “Género y Teoría Democrática” en 1991 y en este texto nos relata las vicisitudes que pasó el movimiento feminista para alcanzar en definitiva su meta. Hoy, por lo menos en el Mundo Occidental, a la mujer se le otorgan iguales derechos que al hombre. DERECHOS POLITICOS De lo expuesto anteriormente, debemos arribar a la conclusión de que los derechos políticos son la base fundamental de una democracia, si consideramos que éstos son el conjunto de condiciones que posibilitan a los ciudadanos a acceder y participar a la vida política de una nación, dentro de las estipulaciones y términos constitucionales de cada país. Los derechos políticos junto a los derechos civiles, dentro del género de los derechos humanos, pertenecen a los llamados derechos de libertad. Los derechos civiles permiten al hombre, en general, gozar de un ámbito de libertad y de autonomía frente al Estado y otras personas privadas. En cambio, los derechos políticos, le confieren al ciudadano la facultad de poder participar en los asuntos públicos y en la conformación política de la sociedad de la que forma parte. Es decir, que habilitan al ser humano para tomar parte de la estructura política del grupo comunitario al que pertenece, a diferencia de los derechos civiles que colocan al hombre en oposición al Estado. Dada la naturaleza de los derechos políticos, que tienen carácter mixto, pues proceden tanto de la libertad política como de la individual, sólo son concedidos a individuos que por tener determinada edad, poseen una relación con el Estado. a. Podemos considerar como derechos políticos, sin ser exhaustivos, los siguientes: Derecho de voto. El que tienen los ciudadanos de elegir a quienes han de ocupar cargos públicos de elección popular. b. Derecho de ser elegido. El que tienen los ciudadanos a ser candidatos a determinados cargos públicos. c. Derecho de participación. El derecho que tienen los ciudadanos a ocupar todos los cargos y funciones públicos.

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d. Derecho de petición política. Es el derecho de dirigir peticiones de carácter político a las organizaciones del Estado y que, en una u otra forma, pueden influir en la normativa política. e. Derecho de asociación con fines políticos. f. Derecho a reunión con fines políticos. Los derechos a que se refieren los incisos e) y f), corresponden más que todo, a organizaciones políticas en general. La Constitución Política de la República de Guatemala y la Ley Electoral y de Partidos Políticos, contienen en sus normas, los derechos políticos anteriormente referidos. El derecho al voto y el derecho a ser elegido, constituyen lo que se denomina el sufragio. Por lo que podemos afirmar que hay sufragio activo y sufragio pasivo. El sufragio activo, decimos que es el que tiene un ciudadano de votar en cualquiera de las votaciones públicas que se celebren. El sufragio pasivo es el derecho individual a ser elegible y presentarse como candidato en las elecciones, para cargos públicos. Este derecho tiene la limitante de que sólo los partidos o algunas organizaciones políticas, como los comités cívicos, en caso de cargos municipales (como es en Guatemala), pueden presentar candidatos. Ahora bien, para ejercer el derecho de sufragio activo, se requieren ciertas calidades, tales como: a. Ciudadanía, lo que significa tener la nacionalidad. b. Edad. En la mayoría de los países se requiere ser mayor de 18 años para poder votar, inclusive en los Estados Unidos, en donde la mayoría de edad se obtiene al cumplir 21 años. c. No estar suspendido en el ejercicio de los derechos políticos en virtud de sentencia emitida por los tribunales, como es en Guatemala. d. En algunos países también es una prohibición para ejercer el voto, pertenecer a las fuerzas de seguridad. En Guatemala, los ciudadanos que están de alta en el ejército no pueden ejercer este derecho.

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Las exclusiones relativas al género, a la riqueza, títulos nobiliarios, alfabetismo, a la posesión de ciertos privilegios, han pasado a la historia, para dar lugar a los que hoy llamamos y se encuentra incorporado en todas las legislaciones: sufragio universal. Debemos aclarar que el sufragio no es exclusivo de la democracia representativa, ya que también mediante el voto se ejerce la democracia directa, tal el caso de la consulta popular y sus componentes, el plebiscito y el referéndum. El primero afecta a cuestiones de hecho, actos políticos y medidas de gobierno. El referéndum es sobre materia puramente normativa. El sufragio no solamente es un derecho subjetivo, además debe considerarse como un principio básico del Estado democrático. Decir sufragio es decir voto y decir voto es decir elecciones, esto en términos simplistas y populares, por supuesto que desde el punto de vista político. Por lo que el sufragio está íntimamente ligado a las elecciones, siendo éstas decisivas para el mantenimiento de la democracia y, como consecuencia, del estado de derecho. PARTIDOS POLITICOS Los partidos políticos son entes de derecho público organizados principalmente, para ejercer una función mediadora y articuladora en la representación política. Su constitución, organización y funcionamiento están prescritos en las constituciones o en leyes específicas. En Guatemala es la Ley Electoral y de Partidos Políticos, la que regula todo lo relativo a los partidos políticos. Estas instituciones, que al principio tuvieron poco arraigo en América Latina, se fueron incrementando y desarrollando paulatinamente y, hoy en día, aún en los países con regímenes totalitarios existen los partidos políticos, y, en la mayoría se les atribuye un papel importante, por reflejar el pluralismo político, como ser garantes del régimen democrático, asimismo deber ser mediadores entre las demandas populares y el poder del Estado. Por esa razón las legislaciones, como la de Guatemala, ocupan extensa normativa acerca de las funciones de estos entes. Además de tener una estructura eminentemente democrática, una

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base ideológica y un número determinado de afiliados, dentro de un marco de organización y estructuras jerárquicas, los partidos deben compartir las responsabilidades políticas que conlleven a la consolidación de la democracia, el estado de derecho y la gobernabilidad. En Guatemala, infortunadamente, los partidos políticos están muy lejos de tales propósitos. No tienen estructura y organización democráticas, carecen de una definición ideológica y ninguno posee un programa de gobierno y estudios acerca del sistema nacional en cuanto a temas históricos, sociales, económicos, culturales, étnicos, políticos y de ninguna naturaleza. En nuestro país la mayoría de los partidos se forman y se conjugan, se han formado y se han conjugado, a iniciativa de una persona que tiene aspiraciones, por no decir ambiciones, de ser presidente. Este personaje llama a sus amigos más cercanos o súbditos económicos, para la formación de su partido (subrayamos su) y este grupo se mantendrá por toda la vida del partido, que dicho sea de paso, será de corta duración, como la elite dirigente, con carencia de las calidades y virtudes de un buen político, en el sentido correcto de la palabra político. Por ello no es de extrañar que Guatemala viva sumida en el más espantoso atraso, subdesarrollo, pobreza y violencia, mientras los directores, agazapados no sólo en el gobierno sino también en las agrupaciones políticas y en las de moda ONG, se pelean por protagonismos de poder y de enriquecimiento, bajo la máscara de un falso patriotismo y de ser porta voces de un pueblo empobrecido y engañado. Por ello es en manos de la juventud, de los futuros profesionales y rectores de la sociedad guatemalteca, que está el recate de nuestra dignidad y de nuestra patria. LAS ELECCIONES Las elecciones constituyen en el mundo moderno, el acontecimiento político más difundido en todos los países, con excepción de algunos pocos en que rigen dictaduras absolutistas, de grupo o individuales, pues hasta en regímenes dictatoriales se observan “elecciones”, así entre comillas, para dar la apariencia de una democracia.

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En una democracia, como apunta Michael Krennerich, el carácter competitivo de las elecciones, constituye una condición sine qua non. En América Latina no ha sido tan fácil arribar a una situación así. Todos sabemos, por el conocimiento que nos da la Historia, y siguiendo al autor citado, que los países de América Hispana, después de su independencia, fueron objeto de luchas intestinas por tomar el poder, frecuente fue la instalación de gobiernos caudillistas, que se relevaban constantemente, dando con ello una inestabilidad política asombrosa. Aún en el siglo XX, los países de este continente, al sur del Río Bravo, tuvieron períodos alternos de democracia versus dictadura. América Central ha sufrido una serie de gobiernos de dictadura militar, con algunos y excepcionales “oasis” de democracia. Guatemala, después de aterradoras dictaduras como la de Estrada Cabrera y Ubico Castañeda, tuvo un remanso de 1945 a 1954. Luego una sucesión de gobiernos militares, impuestos o con elecciones fraudulentas, hasta la apertura democrática que se inició en 1985. Con anterioridad a ese año, las elecciones en nuestro país fueron severamente criticadas por señalamientos de fraude. Si las elecciones tienen por objeto organizar el gobierno que ha de dirigir un Estado, éstas deben ser puras, transparentes y libres, o sea, que deben ser el resultado de la voluntad popular expresada con entera libertad en las urnas receptoras de votos, por ser el génesis y cimiento de una auténtica democracia. Anota Krennerich, que las elecciones competitivas han sido y siguen siendo la médula de las reglas del juego democrático. Por esa razón en la mayoría de los países latinoamericanos, a partir de 1980, se comenzó con un movimiento de reformas radicales al sistema electoral, el que se vio reforzado por la asesoría y observación internacionales, que contribuyeron a devolver la confianza en el electorado, sobre todo con la creación de leyes específicas sobre la materia y de organismos electorales, integrados por profesionales especializados y de reconocida trayectoria, de principios éticos y alta honorabilidad, organismos que, además, como en Guatemala, deben ser independientes o autónomos, para evitar presiones o

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intromisiones de otros organismos estatales o de los propios partidos políticos. Y tiene que ser así, porque las elecciones contribuyen a dirimir el poder político; contribuyen junto a otros elementos, a la decisión sobre el poder político, pero no a conformar el gobierno, ya que esta decisión es ajena por completo a la integración de la elite gobernante, la que, casi siempre, ya está proyectada antes de las propias elecciones. Por otra parte, se ve el fenómeno del fuerte abstencionismo que en la actualidad se produce, sobre todo, en América Latina (en Guatemala es evidente), por lo que las elecciones están muy lejos de legitimar o consolidar el sistema político que debe ser uno de sus propósitos básicos. El abstencionismo o ausencia de los electores en las urnas, se debe a varios factores entre los cuales sobresalen, en primer lugar la falta de educación cívica; la ausencia de una cultura política definida y orientada; la inconsistencia de los partidos políticos que hemos señalado anteriormente, que produce un desencanto en la ciudadanía; la falta de verdaderos programas de gobierno y de proyectos de desarrollo. En Guatemala, hasta la fecha, no he visto que un partido político tenga un auténtico programa de gobierno, más bien parecen catálogos de oferta, como los que comúnmente usan los comercios cuando anuncian sus baratas. Asimismo, la mala distribución de los centros de recepción de votos, provoca un ausentismo involuntario. En Guatemala, el Tribunal Supremo Electoral sugirió, basado en el proyecto elaborado por la Unidad de Cartografía Electoral, una forma científica y conforme a nuestra realidad, atendiendo a elementos como la distribución demográfica, la infraestructura de servicios y vías de comunicación, así como el desarrollo educativo y económico. Sin embargo, la demagogia y el empirismo ignoraron tal programa, y la reforma fue rechazada por el Congreso de la República. Las elecciones competitivas deben ser, por consiguiente, el cimiento sobre el que se erige la democracia. Como ya lo expresamos, las elecciones libres constituyen el medio a través del cual se realiza la participación política de las mayorías.

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Las elecciones también pueden ser directas o indirectas. El primer caso se da cuando los ciudadanos designan, mediante el voto popular, a las máximas autoridades del país, tales como el presidente y vicepresidente de la República, diputados al Congreso de la República, diputados a la Asamblea Nacional Constituyente, diputados al Parlamento Centroamericano y miembros de las corporaciones municipales. La elección indirecta, se realiza cuando un cuerpo de elección popular, como la Cámara Legislativa, designa a otras autoridades, tales los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Tribunal Supremo Electoral, así como el Procurador de los Derechos Humanos, el Contralor General de Cuentas, y otros contemplados en la Constitución o Leyes Ordinarias. ÓRGANOS ELECTORALES Como lo expresamos supra, en el mundo occidental, en las últimas décadas del Siglo XX se acentuó un movimiento para que las elecciones fueran auténticamente puras y transparentes. Particularmente en América Latina, en dónde como lo apuntamos, se había vuelto tradicional el fraude y la imposición por parte del gobernante o partidos gobernantes, para asegurarse la sucesión en el poder o el mantenimiento en el mismo. En la década de los ochenta, principalmente, se inició la transformación político-electoral mediante disposiciones y leyes en las que se consignaron normas precisas, que no solo enunciaran los derechos ciudadanos, sino que también contuvieran reglas que garantizaran efectivamente el libre ejercicio de tales derechos, y, asimismo, que las autoridades electorales (si es que las había), fueran dotadas de total independencia de los organismos de Estado para el ejercicio de sus funciones, sin intromisiones o inclinaciones políticas que pudieran desvirtuar la imparcialidad propia de un evento electoral, lo que necesariamente conllevaría a que los responsables de la dirección electoral, fueran personas íntegras, especializadas, de reconocida honorabilidad y con suficiente carácter y entereza, para rechazar cualquier amenaza, presión, intromisión y ni siquiera insinuación interesada,

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de parte de los funcionarios de los otros organismos de gobierno o de los partidos políticos, menos de personas o agrupaciones extranjeras. Para lograr tales propósitos, se empezó a dar un proceso de consolidación de los organismos electorales, mediante la creación de normas constitucionales y leyes de orden privativo en materia electoral, en las cuales se establece la autonomía que deben tener, la forma de su integración, sus funciones precisas, el establecimiento de los registros electorales con funciones específicas para la elaboración de los padrones o censos de ciudadanos, procedimientos de inscripción y control de los partidos políticos; presupuesto propio con independencia para su elaboración y ejecución; control de las finanzas de los partidos, etc. Con lo expuesto, podemos decir, que los organismos electorales supremos son los entes máximos en el ordenamiento jurídico del Estado, encargados de la función electoral y con entera independencia de los poderes del Estado. Guatemala no escapó a la situación que privaba antes de la década del ochenta. En la Constitución de 1945, se normó la creación y funcionamiento de los partidos políticos, como una garantía individual. La ley electoral regularía esta materia. Asimismo por esta ley, se crearon el Registro Cívico, con las funciones de un registro electoral y la Junta Nacional Electoral, integrada por tres magistrados, nominados uno por cada organismo del Estado, aunque como un organismo autónomo. Como dato histórico, séame permitido referirles que los primeros magistrados designados para integrar dicho órgano, fueron los abogados Eduardo Castillo Arriola, quien la presidió, Manuel Galich y Julio César Méndez Montenegro. En la Constitución de 1956 se creó el Tribunal Electoral, como un órgano administrativo autónomo e integrado por tres magistrados; dos nombrados por el Congreso de la República y uno por el Organismo Ejecutivo. Debemos subrayar que la tal autonomía se quedó en letra muerta de la Ley. En la Constitución de 1965, calificada por los expertos constitucionalista, como la peor, se crearon el Registro y el Consejo Electorales. El primero a cargo de un Director nombrado por el

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Organismo Ejecutivo, y el Segundo, con facultades para conocer de todos los actos y procedimientos en materia electoral, con funciones temporales, e integrado de la siguiente manera: un miembro titular y un suplente designado por cada uno de los partidos políticos legalmente inscritos, bajo ciertas condiciones. Un miembro titular y su suplente, designados por el Congreso de la República, y un titular y un suplente, designados por el Consejo de Estado. Como el Director del Registro era nombrado por el Ejecutivo y presidía el Consejo Electoral, los partidos políticos inscritos eran los que el Gobierno permitía, y en los otros organismos el partido oficial tenía mayoría, la autonomía de los órganos electorales era una farsa, y, como consecuencia, también lo era la imparcialidad con que actuaban. Un movimiento militar sucedido el 23 de marzo de 1982, tumbó al gobierno que presidía el General Romeo Lucas García, y el gobierno de facto del General Efraín Ríos Mont, que lo sustituyó, promulgó los decretos leyes 30-83, 31-83 y 32-83 que contenían, respectivamente, la Ley de Creación del Tribunal Supremo Electoral, la Ley de Creación del Registro de Ciudadanos y la Ley de Organizaciones Políticas. Fue este acontecimiento jurídico el que marcó el comienzo de la apertura política en Guatemala. Instalada la Asamblea Nacional Constituyente, emitió el decreto 1-85 que contiene la Ley Electoral y de Partidos Políticos y que, en el fondo, no es más que la reunión en un solo cuerpo legal de los decretos leyes anteriores, que con las modificaciones y reformas que se consideró hacerle, no fue mejor que éstos. Así nació el Tribunal Supremo Electoral, como órgano máximo en materia electoral, dotado de independencia y de las garantías necesarias para su fortalecimiento y su funcionamiento autónomo. Es importante hacer hincapié en la forma en que se integra esta institución, pues sigue siendo un procedimiento original y el más alto garante para la escogencia de los magistrados que la forman. En toda América Latina no existe un sistema como éste. Conforme a las leyes contenidas en la Ley Electoral y de Partidos Políticos se integra una Comisión de Postulación, que es la encargada

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de elaborar una nómina de 40 abogados y notarios que reúnen los requisitos exigidos por la propia ley para ser magistrados del Tribunal Supremo Electoral, requisitos que son los mismos exigidos para magistrados de la Corte Suprema de Justicia, ya que ambas magistraturas tienen las mismas inmunidades y prerrogativas. A tales requisitos legales se deben agregar los relativos a la ética y no tener vínculos políticos de ninguna clase. De esa nómina, el Congreso de la República escoge y designa 10 magistrados, cinco titulares y cinco suplentes por un período de seis años. Como el Congreso está integrado por los partidos políticos, la designación de los magistrados constituye el talón de Aquiles de este procedimiento de elección, en casos de influjos, pasiones, rencores y, sobre todo, intereses políticos, se puede contaminar la integración del TSE, y, por consiguiente alterar el Estado de Derecho. ESTADO DE DERECHO Estado de Derecho, según el Diccionario Electoral, consiste en la sujeción de la actividad estatal a la Constitución y a las normas aprobadas conforme a los procedimientos que ella establezca, que garantizan el funcionamiento responsable y control de los órganos de poder, el ejercicio de la autoridad, conforme a disposiciones conocidas y no retroactivas en términos perjudiciales, y la observancia en los derechos individuales, colectivos, culturales y políticos. Mientras se respete la separación de poderes y se garantice el libre ejercicio de los derechos anteriormente apuntados y el irrestricto cumplimiento de las normas constitucionales y legales, por parte de las autoridades, funcionarios y empleados que integran el poder del Estado, podemos hablar de un Estado de Derecho. Si no se respeta la independencia del TSE, designando magistrados que tengan compromisos subterráneos, si se trata de imponerle cualesquiera medidas que afecten el libre desempeño de sus funciones, como, por ejemplo, la inscripción de determinado partido político o de señalado candidato a los cargos de elección, principalmente la presidencia o vicepresidencia de la República, que se dejen

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de asignarle los fondos para su funcionamiento, en el plazo legal para ello con el objeto de coaccionarlo para tal o cual fin. Entonces, se está vulnerando el Estado de Derecho. Asimismo, si el propio Tribunal o alguno de sus miembros, dispone o intenta alguna resolución o decisión que afecte la Constitución de la República, la propia Ley Electoral, o demás normas de nuestro ordenamiento jurídico, en detrimento o a favor de determinado partido, funcionario, persona individual o jurídica, se está faltando, asimismo, al Estado de Derecho. Por consiguiente, y en vista de lo anteriormente expuesto, para mantener el Estado de Derecho en relación al Tribunal Supremo Electoral, debe mantenerse en todos los aspectos de su integración, atribuciones y funcionamiento, la total independencia que prescribe la Ley constitucional que lo rige, y el propio Tribunal debe cumplir estrictamente con el orden

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constitucional y legal, y asegurar y velar por el respeto de los derechos políticos de los ciudadanos y de las organizaciones políticas. Porque, concluimos, como apunta Alberto Borea Odría, el Estado de Derecho es la forma que mejor refleja la auto percepción de la dignidad del hombre contemporáneo. Atiende mejor que cualquier otra forma, el respeto de la libertad de los seres humanos, y cuando hablamos de Estado democrático de Derecho, atiende mejor que ningún otro, a la auto percepción de la igualdad, y evita que los detentadores del poder puedan derivar consecuencias caprichosas como resultado de las acciones de las personas. El Estado de Derecho agrega, Borea, es la aseguración de la libertad y de la dignidad de la persona humana, como arquitecto y realizador de su destino y como partícipe en la fijación de pautas comunes para la sociedad.

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Libertad Económica y Transparencia en América Latina Pedro Isern Munné (*)

El presente informe elabora un Ranking de libertad económica y transparencia en América Latina a partir de ponderar cuatro índices. El Ranking mide en la primera parte el desempeño de los países y en la segunda parte el desempeño de los distintos bloques y asociaciones políticas de la región. Los cuatro índices utilizados son: el de Libertad Económica de Heritage Foundation, el de Percepción de la Corrupción de Transparency Internacional, el de Estado de Derecho y el de Eficacia Gubernamental, estos dos últimos elaborados por el Banco Mundial. El Índice de Heritage Foundation define la libertad económica como “la ausencia de coerción gubernamental en la producción, distribución o consumo de bienes y servicios”. Este índice se basa en diez indicadores que se promedian: 1) política comercial, 2) presión fiscal, 3) intervención estatal, 4) política monetaria, 5) inversión extranjera, 6) banca y finanzas, 7) precios y salarios, 8) derechos de propiedad, 9) regulaciones, y 10) mercado informal1. Por su parte, según Transparency International, “El Índice de Percepción de Corrupción (IPC) establece cada año un ranking de países basado en los niveles de corrupción en el sector público percibidos por empresarios, analistas de riesgo, y ciudadanos comunes”2. A su vez, el Índice de Estado de Derecho incluye distintos indicadores que miden el grado de confianza y cumplimiento de los actores en las reglas vigentes. Estas incluyen percepciones sobre la incidencia del crimen, la eficacia y predecibilidad de los tribunales y el enforcement de los contratos.

1

http://www.heritage.org/research/features/index/

2

Por último, el Índice de Eficacia Gubernamental combina encuestas sobre la calidad de la provisión de servicios públicos, la calidad de la burocracia, la competencia de los burócratas, la independencia de la burocracia de las presiones políticas y la credibilidad sobre el compromiso que el gobierno tiene en las políticas que aspira a implementar3. A cada uno de estos índices se lo ponderará en un veinticinco por ciento. Primera Parte Como sostienen Di Tella y Ades “Es difícil exagerar el significado económico y social de la corrupción. Sin embargo, la ausencia de estadísticas confiables y sistemáticas ha hecho que los investigadores en economía aplicada no se involucraran en el tema. Esto permitió el desarrollo de distinto tipo de especulaciones. Por ejemplo, discusiones tan básicas como si la corrupción es buena o mala para el crecimiento o si es determinada por fuerzas culturales o económicas…”4. Sin embargo, a partir de la existencia de amplia información, es necesario notar que quienes no han estudiado sistemáticamente la implicancia económica de la corrupción han sido los otros campos de las ciencias sociales. En este primer apartado, establecemos un ranking de libertad económica y transparencia por países. Como mencionamos, dado que la libertad económica descansa principalmente en un marco institucional donde existan y se cumplan reglas claras e igualitarias, es necesario incorporar un índice que mida el Estado de Derecho y otro que verifique la eficacia de un gobierno para implementar esas hipotéticas buenas normas vigentes. 3

http://www.worldbank.org/wbi/governance/govdata/ Ades, Alberto y Ditella, Rafael: “Rents, Competition and Corruption“, en American Economic Review, vol 89, number 4, 1999, página 983.

4

http://www.transparency.org/pressreleases_archive/200 4/2004.10.20.cpi.en.html

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El dato sobresaliente del cuadro número 1 es la notable diferencia existente entre Chile y el resto. Como sostiene el último informe sobre competitividad del World Economic Forum, “…En América Latina, Chile ha mejorado significativamente su desempeño, subiendo del lugar 28 al 22 en el ranking general. Chile no solo tiene el ranking más alto en la región, sino que la distancia con respecto a su vecino más cercano (México) es de 26 lugares. No hay otro continente donde podamos observar una ‘migración simbólica’ de un país de su región en términos de desempeño.”5 Cuadro 1 Ranking de Libertad Económica y Transparencia en América Latina 1 Chile 8.16 2 Uruguay 6.32 3 Costa Rica 5.97 4 Trinidad y Tobago 5.69 5 Belice 5.4 6 Panamá 5.09 7 El Salvador 5.05 8 Jamaica 4.8 9 México 4.78 10 Brasil 4.7 11 Colombia 4.08 12 Perú 3.87 13 Bolivia 3.66 14 Rep. Dominicana 3.51 15 Nicaragua 3.43 16 Argentina 3.34 17 Honduras 3.1 18 Ecuador 2.76 19 Guatemala 2.63 20 Cuba 2.56 21 Paraguay 2.08 22 Venezuela 1.86 23 Haití 0.82

marcada por el WEF. Podemos sostener que institucionalmente hablando hay dos Américas: aquella formada por Estados Unidos, Canadá y Chile y aquella formada por el resto. El desempeño de Venezuela es particularmente desastroso en cada uno de los cuatro índices. Como sostienen Ades y Di Tella: “…ejemplos de una positiva conexión entre rentas y corrupción abundan. Consideremos, por ejemplo, el caso de Nigeria en los 1970’s. Cuando se la compara con otros países no productores de petróleo de la región, como Togo, Nigeria nos provee lo que es casi un experimento natural para la hipótesis que sostiene que las rentas (extraordinarias) causan la corrupción. Después del shock del petróleo, los observadores notaron que los ingresos crearon extraordinarias oportunidades para corromper. Un artículo en The economist (agosto de 1984) sostuvo: ‘petróleo y corrupción van de la mano. El petróleo en Nigeria representa el 80% de los ingresos del gobierno. El precio oficial del crudo se incrementó 17 veces en 8 años, de $2 el barril en 1973 a $34 en 1981. Nigeria vivió un boom de la construcción y las importaciones. Los burócratas se enriquecieron enormemente…’”6 Cuadro 2 Canadá Estados Unidos Chile México Brasil Argentina Venezuela

8.8 8.5 8.16 4.78 4.7 3.34 1.86

El caso de Venezuela en la actualidad (como también le sucedió en el shock de los 70’) es aquí representativo: pero mientras los indicadores de percepción de corrupción permanecen en ese país altos pero estables, vemos que el ingreso extraordinario por los precios petroleros es utilizado ahora para, entre otras cosas, obstruir las negociaciones del ALCA y financiar movimientos radicales en terceros países. Vemos así una directa

Es importante comparar el desempeño de los principales países de América Latina frente a las dos naciones más avanzadas del hemisferio: Canadá y Estados Unidos. Esto comprueba la migración simbólica de Chile

5

Informe Anual sobre Competitividad del World Economic Forum (2004-2005). http://www.weforum.org/pdf/Gcr/Executive_Summary_G CR_04. p. 4.

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Ades y Di tella, obra citada. Pagina 982 y 983

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relación entre un recurso natural dominante, mayor corrupción y menor libertad económica. Segunda Parte En esta segunda parte del informe se realiza un análisis sobre el grado de transparencia y libertad económica que poseen los bloques comerciales y acuerdos políticos en América Latina, a partir de ponderar los respectivos índices por el peso relativo del Producto Bruto de cada uno de sus miembros. Los bloques y acuerdos políticos analizados son los siguientes: ALCA (en proceso de conformarse), CAFTA, NAFTA, MERCOSUR, Pacto Andino, Comunidad Sudamericana de Naciones, Sistema de Integración Centroamericana (SICA) y la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA, propuesto por el presidente Chávez). Seguidamente, se establece un Ranking de Libertad Económica y Transparencia Regional. Cuadro 3 Libertad Económica y Transparencia en Bloques Comerciales y Acuerdos Políticos de América Latina Cafta 8.41 Nafta 8.25 ALCA 7.51 Comunidad Sudamericana 4.49 ALBA 4.44 Mercosur 4.36 SICA 4.24 Pacto Andino 3.48

Los acuerdos de libre comercio y asociaciones políticas han sido hasta ahora percibidos solo en cuanto a sus dimensiones económicas o estratégicas. Es necesario incorporar las implicancias institucionales. Como marcamos, estas se encuentran íntimamente relacionadas a la calidad institucional y relevancia de las naciones con las que un país determinado busca asociarse. Por ejemplo, el NAFTA significó para México no solo la posibilidad de acceder a un nuevo ámbito económico donde sus socios (Estados Unidos y Canadá) contribuían ampliando en doce veces el mercado potencial para su economía sino,

fundamentalmente, ha significado mayor previsibilidad y credibilidad institucional, en un país económicamente inestable y políticamente arbitrario. Por el contrario, la integración comercial y política en las Américas parece seguir (con la mencionada excepción mexicana, la posible excepción del CAFTA y la cada vez más alejada concreción del ALCA) una lógica distinta. Desde la lógica inherente al MERCOSUR, pasando por el Pacto Andino y la Comunidad Sudamericana de Naciones hasta llegar al realismo mágico del ALBA, los procesos de integración en la región privilegian las asociaciones con países con igual o peor tradición de respeto al Estado de Derecho. En este sentido compararemos la integración de México al NAFTA y de Uruguay al MERCOSUR. En una lógica más simple podemos intentar sacar algunas enseñanzas de la prioridad y opción que México y Uruguay han hecho por la integración con Estados Unidos-Canadá y Brasil-Argentina respectivamente, vecinos más poderosos y dominantes. Cuadro 4 Nafta ALCA Uruguay México Mercosur

8.25 7.51 6.32 4.78 4.36

Si bien la asimetría entre México y Estados Unidos-Canadá es mayor a la existente entre Uruguay y Brasil-Argentina, la comparación de los beneficios de los procesos de integración es valida en tanto la integración supone la aceptación de un liderazgo del otro que necesariamente le incorporará al acuerdo en cuestión una parte importante de su tradición institucional y legal. Así, los bloques comerciales generan una influencia entre sus miembros donde los países mayores (Estados Unidos, Brasil, Alemania, Francia) poseerán necesariamente una superior incidencia en la filosofía política, económica y ética del diseño institucional final. En tanto un

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acuerdo de libre comercio supone un intento de ampliar el ámbito económico y político de los países involucrados, podemos intentar medir la mayor o menor transparencia del nuevo bloque (comparado con el país) a partir de ponderar los cuatro índices por el peso relativo del PIB de cada país en el nuevo acuerdo. Podemos ver que los tres mejores acuerdos institucionales poseen la presencia de Estados Unidos y/o Canadá. A su vez, los últimos cinco son acuerdos de baja calidad, con puntajes alejados de un desempeño institucional mínimamente aceptable. Si bien la integración con dos países mas transparentes como Estados Unidos y Canadá no hace a México un país per se mas transparente (hecho que demuestra la evolución del índice de Transparency entre 1995 y 2004), sí ha supuesto una negociación comercial donde la ineficiente y poco transparente burocracia mexicana tuvo que negociar en un nuevo ámbito institucional en el cual las contrapartes (Estados Unidos y Canadá) no solo eran burocracias mas eficientes y transparentes sino cuyos pesos específicos (relativo al peso del PIB de unos y otros) eran tan asimétricos como para que esa mayor transparencia y eficacia repercutiera realmente en las normas emanadas del NAFTA. Así, mientras el puntaje de México ha pasado de 4,78 como país a 8,25 como integrante del NAFTA, Uruguay ha pasado de un puntaje de 6,32 como país a un puntaje de 4,36 como parte del MERCOSUR. Es que la asociación de Uruguay con Brasil y Argentina supone en cambio una negociación asimétrica con dos burocracias ineficientes y poco transparentes. Una Comparación Valida: La Experiencia Europea El caso contrario ha acontecido con la ampliación de la Unión Europea. Desde mayo de 2004, diez nuevos miembros (Republica Checa, Chipre, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Hungría, Malta, Eslovaquia, Eslovenia), se han sumado a los

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anteriores quince (los seis originales que firmaron el Tratado de Roma en 1957: Alemania, Francia, Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo, mas Dinamarca, Irlanda y Reino Unido en 1973, Grecia en 1981, España y Portugal en 1986 y Austria, Finlandia y Suecia en 1995). A su vez, Rumania y Bulgaria se encuentran en proceso para ser aceptados el 1º de enero de 2007. Por último, Turquía es un candidato oficial para unirse a la Unión y comenzará negociaciones oficiales en octubre de 2005, aunque muchos analistas creen que el 2015 es la fecha más cercana para su ingreso, dada la cantidad de reformas económicas y sociales que debe implementar7. Para pasar a formar parte de la Unión europea, un Estado necesita cumplir las condiciones económicas y políticas conocidas como los “Criterios de Copenhague” (Copenhagen criteria, sancionados después de la cumbre en esa ciudad danesa, en junio de 1993). A su vez, de acuerdo al tratado de la UE cada Estado miembro y el Parlamento europeo deben aceptarlo. Los criterios de Copenhague” son las reglas que definen si una nación es elegible para unirse a la Unión Europea. Los criterios requieren que el Estado posea las instituciones para preservar un gobierno democrático y los derechos humanos, una economía de mercado, y que acepte las obligaciones e intenciones de la UE8. El cuadro 5 elabora un índice por países de los 25 miembros de la Unión Europea. A su vez, el cuadro 6 compara el desempeño de Europa como bloque antes y después de la 7

Información obtenida de Wikipedia: http://en.wikipedia.org/wiki/European_Union#Member_s tates_and_enlargement 8 Podemos citar algunas conclusiones de Copenhague: “Membership requires that the candidate country has achieved stability of institutions guaranteeing democracy, the rule of law, human rights and respect for and, protection of minorities, the existence of a functioning market economy as well as the capacity to cope with competitive pressure and market forces within the Union. Membership presupposes the candidate’s ability to take on the obligations of membership including adherence to the aims of political, economic and monetary union.“ Citado de Wikipedia.

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ampliación. Podemos ver como los nuevos miembros ganan calidad institucional a partir de su incorporación. Este es el punto comparativo relevante con América Latina: la mera integración económica es sólo una parte, tal vez menor, de todo proceso de integración. Para que la libertad económica se consolide, es necesario establecer arreglos institucionales con socios de mayor calidad y previsibilidad. América Latina camina, literalmente, en la dirección contraria al progreso. Cuadro 5 Ranking de Libertad Económica y Transparencia en países de la Unión Europea 1 Dinamarca 2 Finlandia 3 Luxemburgo 4 Suecia 5 Gran Bretaña 6 Holanda 7 Austria 8 Irlanda 9 Alemania 10 Bélgica 11 España 12 Francia 13 Estonia 14 Malta 15 Portugal 16 Chipre 17 Eslovenia 18 Hungría 19 Italia 20 Republica Checa 21 Lituania 22 Grecia 23 Letonia 24 Eslovaquia 25 Polonia

9.29 9.27 9.13 9.03 8.88 8.88 8.62 8.54 8.47 8.27 7.76 7.74 7.66 7.65 7.31 7.18 7.1 6.61 6.43 6.23 6.17 6.11 6.02 5.99 5.69

Al analizar el comportamiento de estos nuevos miembros en el periodo anterior a su ingreso (cuando habían acordado la iniciación de negociaciones) es posible encontrar un desempeño institucional en franca mejoría, a partir de los incentivos generados por la posibilidad de ingresar a la UE en el caso de cumplir las metas estipuladas.

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Así, mientras la vigencia del Estado de Derecho no ha variado en los países de Europa Occidental fundadores de la Unión a partir del ingreso de los diez nuevos miembros, sí evolucionó el desempeño de los tribunales y la independencia de poderes en estos diez. Si bien el ingreso de los países de Europa del Este es muy reciente, la evolución en el desempeño institucional, a partir de los incentivos generados por ese potencial ingreso, puede informarnos de una revolución: ésta consistiría en la necesidad de rever analíticamente la connotación negativa que distintos observadores poseían sobre los tratados de libre comercio o procesos de integración regional como la UE. Es que, como marcamos, hasta ahora solo se reparaba en la consecuencia que sobre el comercio tendría un nuevo bloque, con sus consiguientes políticas proteccionistas extra-bloque y el consecuente desvío de comercio. Pero no se ha reparado adecuadamente en la posibilidad de fortalecer el Estado de derecho en los países ingresantes (por ejemplo, el caso de los diez en Europa o el de México en el NAFTA). Desde esta nueva perspectiva, sostenemos que cuando suceden procesos de integración donde el actor mayor posee una alta calidad institucional (por ejemplo, Estados Unidos-Canadá versus México, Europa de los 15 versus los nuevos 10) y determina el futuro arreglo institucional, genera en el actor menor los incentivos necesarios para que se pueda producir una coalición política doméstica que acepte e imponga buenas reformas institucionales. En cambio, cuando los actores mayores poseen una pobre calidad institucional (como por ejemplo, Brasil y Argentina), actores menores como Uruguay se verán involucrados en un proceso de integración en el que la clase política no tendrá incentivos para aceptar sanas reformas, ya que la sociedad civil no percibirá el ingreso a ese nuevo ámbito como una oportunidad para mejorar y alcanzar el alto desarrollo institucional del actor mayor. Los procesos de integración generan en los países involucrados oportunidades e

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incentivos. Cuando se crea un nuevo ámbito institucional, se está buscando enriquecer a cada una de las partes con “algo” nuevo, que antes no existía. Sin embargo, cuando países pobres (grandes o pequeños) y corruptos se integran con otros países pobres y corruptos, tanto los dirigentes como la sociedad civil no poseen incentivos para impulsar cambios necesarios para lograr el proceso. En cambio, cuando un país pobre y poco transparente se enmarca en un proceso de integración con otro (s) país (es) ricos y mas transparentes, se genera un conjunto de incentivos en la sociedad civil del primero que hace que sus dirigentes se vean obligados a impulsar reformas institucionales que ayuden a la concreción del proceso de integración en cuestión. Cuadro 6 Libertad Económica y Transparencia en Bloques Comerciales y Acuerdos Políticos de América Latina y la Unión Europea Cafta 8.41 Nafta 8.25 UE de los 15 8.02 UE de los 25 7.86 ALCA 7.51 Comunidad Sudamericana 4.49 ALBA 4.44 Mercosur 4.36 SICA 4.24 Pacto Andino 3.48

Podemos sostener entonces que mientras la consolidación del MERCOSUR, el Pacto Andino o eventualmente el ALBA serán un éxito de las poco transparentes clases dirigentes locales (ante la indiferencia e incluso apoyo de la opinión pública), el ingreso de México al NAFTA, de los países centroamericanos al CAFTA, o de los 10 nuevos miembros a la UE, son una victoria de las respectivas sociedades civiles, en muchos casos a pesar de sus respectivas corruptas e ineficientes clases dirigentes. Consideraciones finales ¿Por qué el Ranking de libertad económica y transparencia se compone de los cuatro indicadores mencionados? Porque para intentar medir ambas variables es necesario

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incorporar a los índices de Heritage Foundation y Transparency Internacional indicadores adicionales que reflejen las condiciones institucionales relevantes para que se consolide la apertura y se limite la corrupción. Estos índices adicionales relevantes son el de “Estado de Derecho” y el de “Eficacia Gubernamental”, ambos elaborados por el Banco Mundial. A su vez, estos dos índices poseen una crucial importancia para elaborar un ranking que mida el grado de libertad económica y transparencia no solo de los países sino de los bloques comerciales o asociaciones políticas. Aquí, la intención ha sido mostrar cómo un proceso de integración exitoso y conveniente depende principalmente de la calidad institucional de los socios que un país determinado tendrá en el nuevo acuerdo institucional. Para comparar los beneficios y conveniencias de los procesos de integración hemos comparado la oportunidad que ha sido el NAFTA para México y la limitación institucional que ha significado el MERCOSUR para Uruguay. La razón de esta comparación, a primera vista arbitraria, se debe a la asimetría existente entre estos dos países y sus socios mayores y dominantes de los bloques en cuestión. El punto es que países relativamente pequeños, pobres y con un determinado grado de transparencia, debieran buscar asociarse con otros países que puedan aportarle mayor dimensión económica y mayor calidad institucional. Ante un proceso de negociación asimétrico, las naciones con mayor peso específico impondrán las condiciones económicas e institucionales del nuevo marco. Exactamente eso ha sucedido con México y Uruguay. Estos países, al integrarse respectivamente al NAFTA y al MERCOSUR, pasaron a formar parte de un nuevo ámbito. Este nuevo ámbito, si se lo comparara con el respectivo país, demostró ser de mayor calidad institucional en el caso de México y de menor calidad en el caso uruguayo. Para medirlo, hemos ponderado los indicadores por el peso relativo que cada economía tiene en su bloque o asociación

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existente o de aquellas que se aspiran a formar en el continente americano. A su vez, estos bloques pueden ser económicopolíticos (MERCOSUR), solo económicos (NAFTA) o solo políticos (Comunidad Sudamericana de Naciones). Hemos mencionado también una implicancia revolucionaria de la ampliación de la Unión Europea: por primera vez en la historia moderna, un proceso de integración ha generado en los nuevos socios incentivos tales como para modificar radicalmente en un lapso corto de tiempo las condiciones sociales e institucionales de países que han vivido en la pobreza y el totalitarismo apenas quince años atrás.

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Bibliografía

(*) Director del Área Economía y Estado de Derecho del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL). Anteriormente, fue presidente en el 2004 y vicepresidente en el 2003 del Concejo de Administración de CADAL. Colaboró en la redacción de los libros “Mitos del milenio. El fin del trabajo y los nuevos profetas del Apocalipsis”, de Mauricio Rojas (CADAL/Timbro, 2004) y “La Experiencia Chilena. Consensos para el desarrollo” (CADAL, 2005). En 1997 trabajó como Fellow para Asuntos Latinoamericanos en Atlas Economic Research Foundation en Fairfax, Virginia, USA. Es Master en Filosofía Política (London School of Economics and Political Science), Master en Economía y Ciencia Política (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas) y Licenciado en Ciencia Política (Universidad de San Andrés).

Publicado con autorización del Centro para la apertura y el desarrollo de América Latina (CADAL): www.cadal.org

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Ni problema, ni posibilidad. Auptosia de la Universidad pública peruana Héctor Ñaupari (*)

Que la educación pública universitaria está en crisis en el Perú es una verdad de Perogrullo. Antes de enumerar los ya consabidos síntomas y repasadas causas de esta crisis, vamos a plantear la siguiente interrogante: ¿Qué ocurriría si los profesores de una universidad pública cualquiera en el Perú adoptasen los principios de la ideología nacional socialista alemana – del nazismo, para los legos – para explicar, cuestionar y enseñar el derecho, la medicina, la economía y las ciencias en sus aulas? De hecho, usar la preeminencia racial aria para cultivar todas las disciplinas académicas de la universidad de nuestra hipótesis, causaría un gran escándalo. Sin embargo, en los últimos cuarenta años de la azarosa trayectoria de la universidad pública peruana, los principios del materialismo histórico, del socialismo científico y la guerra revolucionaria y popular inspiraban las enseñanzas de los profesores de generaciones de estudiantes universitarios, en prácticamente todas las universidades públicas del Perú, sin el más mínimo rubor por parte de los dirigentes políticos, los padres de familia y los principales líderes de opinión de nuestro país. Del mismo modo, durante los últimos cuarenta años de nuestra historia reciente el pensamiento socialista ha conducido las universidades públicas peruanas desde sus más altos puestos de toma de decisión y, como en una perniciosa correa de transmisión, continuaba en todos sus mandos medios, espacios sindicales, funcionarios y trabajadores. Que el día de hoy ninguna universidad pública peruana figure en los listados de universidades medianamente importantes de América Latina – ya no del hemisferio occidental porque eso es demasiado pedir – no es, como burdamente se pretende acusar, responsabilidad del “neoliberalismo” y otros fantasmas, que es lo que los pizarrones y dazibaos de los

estudiantes más politizados publican hasta hoy sin cesar, sino de quienes tuvieron bajo su dirección el manejo administrativo, económico y curricular de las universidades públicas peruanas. Que los estudiantes de las pasadas décadas y de nuestros días se nieguen a esta evidencia los convierte en directos cómplices de este monumental desarreglo; y, en verdad, lo son. En efecto, basta tan sólo un superficial análisis de las participaciones, votaciones y decisiones de los estudiantes universitarios que han participado en la política universitaria seguida por los claustros desde los años sesenta, para que se nos revele cuán lejos estaban de siquiera desear una educación de calidad. Por el contrario, el otorgamiento inescrupuloso de prebendas, el cabildeo descarado y una esterilidad absoluta en materia de investigación y riguroso análisis académico caracterizaba a estos aprendices de políticos, y continúa haciéndolo. Por su parte, los estudiantes que hoy en su gran mayoría pretenden o aspiran a hacer política en la universidad, no buscan sino emularlos, usando las mismas coartadas que aquéllos: la “igualdad” y la “justicia social”, aunque sin el vuelo de los otrora grandes líderes de la izquierda peruana, como Alfonso Barrantes Lingán o Rolando Breña Pantoja. Con todo, formar políticos y no librepensadores, revolucionarios y no científicos, tal fue y es el objetivo de la educación pública universitaria en el Perú. En efecto, estos profesores, profesionales y estudiantes tuvieron una impronta ideológica muy clara, consistente y muy determinada, donde la lucha de clases y la violencia como partera de la historia eran formas de entender el mundo y aplicar métodos y estrategias dirigidos no a promover el humanismo, el debate, la crítica y el cuestionamiento creativo en las universidades públicas, o tan siquiera una educación

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universitaria digna de tal nombre, sino únicamente a formar extremistas, cuya meta fuese establecer “el paraíso en la tierra” a través de la revolución armada, con la cómplice percepción de medios de comunicación frívolos y menesterosos, que dotaban a estos estudiantes – revolucionarios de una aureola romántica y liberadora de la opresión que, ciertamente, nunca tuvieron. Esa impresión nunca se ha desterrado del todo, aunque ahora se tengan banderas nuevas como las del nacionalismo indigenista, el medio ambiente, la tolerancia a todas las opciones sexuales, la opresión de las trasnacionales o la denuncia contra la sempiterna corrupción. Sin embargo, las continuas derrotas políticas de los distintos procesos revolucionarios en el Perú, desde los ya míticos guerrilleros de los años sesenta hasta los vesánicos maoístas de los noventa, han conducido a una condición sui géneris de la política que se expresa en los claustros. Entre los estudiantes, se siguen promoviendo las banderas del socialismo, pero ninguna de sus prácticas. A lo más, llegar al socialismo por la vía democrática. De hecho, incluso los rezagos del maoísmo totalitario están haciendo oportunos deslindes, siempre dentro de la ortodoxia, por cierto, y esperando el momento de regresar a la situación de fines de los ochenta, cuando dominaban las principales universidades públicas del Perú. Las demás capillas del socialismo universitario estudiantil los enfrentan, pero con los mismos principios e íconos: Marx y Mariátegui. Su diferencia es de grado, no de especie. Entre los profesores, decanos y altas autoridades de las universidades públicas, la resaca de estas derrotas los ha sumergido en un quietismo conservador, donde es mejor aparentar que se cambia todo con cierta regularidad, para que en realidad nada cambie, y en conducir la universidad satisfaciendo los reclamos de los distintos grupos políticos establecidos en los claustros. El saldo de cuatro décadas de izquierdismo universitario salta a la vista: universidades en decadencia, sin rumbo y sin programa, que tratan simplemente de seguir viviendo del presupuesto público, y esperando

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que sus problemas se resuelvan solos o no se resuelvan nunca. Si queremos acabar en serio con este perpetuo ciclo de crisis de la universidad pública peruana, si queremos terminar de verdad con el irreparable saldo de atacantes y víctimas desde todos los sectores de la universidad, que ocurre debido a la politización del ambiente universitario, y ponerle fin a la decadencia de estos centros académicos convertidos en cuarteles de propaganda y adoctrinamiento político, con el derrotado visto bueno de las autoridades universitarias, es preciso hacer el cambio desde fuera de la universidad pública. Se ha esperado durante cuarenta años que la solución provenga de la propia universidad, de sus autoridades, sus profesores y sus estudiantes, y las evidencias apuntan en demasía a considerarlos como los primeros opositores al cambio antes que en sus principales agentes. Hay que hacerlo por una razón moral, y es la razón que ampara a los únicos que al parecer, como se dice popularmente, “no tienen vela en este entierro”: los contribuyentes. Pero en verdad, sí que la tienen. Con sus impuestos, los contribuyentes peruanos han invertido durante cuarenta años en las universidades públicas, y sus autoridades y sus estudiantes les han devuelto los resultados por todos conocidos. Esta situación debe terminar. La universidad pública peruana, en su totalidad, se debe a sus financistas, esto es, a quienes les pagan los sueldos a sus autoridades, profesores y trabajadores, y permiten que en ella estudien los universitarios. Y esos financistas son los contribuyentes. Son ellos los que deben ser exclusivamente consultados, en primer lugar, acerca de sí quieren seguir pagando impuestos para tener las universidades públicas que tenemos, o si es mejor que se les bajen las tasas en los márgenes correspondientes y que las universidades públicas busquen sus recursos en el mercado, como hacen lo mismo el gran empresario que la humilde vendedora de frutas. Para decirlo en otros términos: si quieren seguir en ese sendero, háganlo con sus propios recursos.

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Luego de tomar esa decisión, una segunda consulta popular a los contribuyentes por la educación pública universitaria debería incluir, si debe seguirse manteniendo a profesores que profesan una específica ideología, o si es mejor tener profesores de distintas ideologías, o mejor aquéllos que no profesen ninguna. En suma, si es preferible abrir las universidades públicas a la libertad académica o permitir que prosigan en el oscurantismo de la hegemonía de una sola doctrina. Esto, claro está, si es que los contribuyentes han decidido seguir financiando la educación pública universitaria tal cual está. Mi impresión es la opuesta. De hecho, una consulta de esta naturaleza abriría por fin el debate en el Perú acerca de un cambio real en la educación universitaria; esto es, si se debe seguir financiando una educación universitaria ideologizada con los recursos de la gente, más aún cuando el mismo pueblo peruano no sólo se ha opuesto, sino que ha derrotado sucesivamente, en las urnas y las calles, con su sola opinión y organizándose en rondas, a estas manifestaciones y asonadas violentas. En los hechos, nadie con sentido común proporcionaría un solo centavo a quienes serán los principales opositores a tener propiedad privada y disfrutarla, a ganarse la vida honradamente y con su propio esfuerzo, gozando luego de esos beneficios, y mucho menos en financiar a quienes los perseguirán enarbolando las banderas de la revolución, la lucha de clases y la guerra popular. Una propuesta de consulta como ésta permitiría por vez primera poner sobre el tapete de la opinión pública un serio debate acerca de la libertad educativa y académica, sus posibilidades y desafíos en el Perú. Es gracias a la libertad educativa y académica como se llevaron a cabo prácticamente todos los períodos exitosos de la civilización

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occidental. Algunos de esos períodos son la antigua Atenas, la Persia de la temprana Edad Media, el Renacimiento italiano, la Alemania del siglo XVI y los Estados Unidos en el siglo XIX. Cada uno de estos períodos se distinguió por la extensión de niveles de educación cada vez más altos entre un número cada vez más grande de gente. En ningún caso estos adelantos provinieron de imposiciones políticas o estándares oficiales y ni siquiera por la existencia de instituciones sostenidas a través de impuestos. El mayor nivel de alfabetización, escolaridad y educación universitaria de alto estándar se produjo en estos casos cuando el sistema educativo era una responsabilidad de los padres y de educadores profesionales que operaban en un mercado libre, y no privilegio de políticos en un sistema intervenido. Por el contrario, cuando el proceso educativo en general y universitario en particular era estatal, compulsivo y obligatorio, el resultado es exactamente opuesto: educación de baja calidad, dogmatismo, violencia y crisis. Los ejemplos abundan: la antigua Esparta, las universidades escolásticas de la baja Edad Media, los colegios y universidades públicas durante la Revolución Francesa, la educación nazi de la Alemania del siglo XX – cuyo ejemplo colocamos al inicio de este artículo – la de la Rusia del siglo pasado y, por supuesto, la nuestra. Ello no obstante, una consulta como la propuesta es muy difícil de implementar en los tiempos actuales. Seguiremos, pues, con esta educación pública universitaria que no es “ni problema, ni posibilidad”, parafraseando el luminoso ensayo de Jorge Basadre. Otros vendrán y continuarán esta larga autopsia de cuarenta años. Por lo menos, en lo que a este escribiente concierne, quedará patente una respuesta para alguien con el valor y la dignidad suficientes para enarbolarla.

(*) Lima, 1972. Abogado, ensayista y poeta egresado de la UNMSM, con estudios de doctorado en la Universidad de Salamanca, España. Ha sido profesor en las Universidades de San Marcos (Perú) y Francisco Marroquín (Guatemala). Es Presidente del Instituto de Estudios de la Acción Humana. Ha publicado los libros En los Sótanos del Crepúsculo (1999), Poemas sin Límites de Velocidad (2002), y Páginas Libertarias (2004).

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Del buen salvaje, al maya con cosmovisión Luís Figueroa (*) Sumario: I. Introducción; II. En busca del buen maya; III. Una cultura cimentada con sangre; IV. Viejas pesadillas que retornan; V. Jesús contra los K´ulantun winaq; VI. Conclusiones

I. Introducción Durante las primeras décadas del descubrimiento y la conquista de América se habló y se escribió mucho acerca del buen salvaje que los europeos habían encontrado en el hemisferio. Se creía que el buen salvaje vivía en un paraíso, en comunión con la naturaleza, en comunidad y al margen de los males que impone la civilización occidental1. Algunos europeos creían que los nativos de estas tierras vivían en algo así como en aquella “dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quienes los antiguos pusieron nombre de dorados…eran en aquella santa edad todas las cosas comunes… Todo era paz, entonces, todo amistad, todo concordia… No había la fraude, el engaño, ni la malicia”2. Siglos después, el venezolano Carlos Rangel identificó que aquel buen salvaje, en manos del populismo, de la teología de la liberación y del marxismo-leninismo-maoismo, se había convertido en buen revolucionario3. Esto es, en carne de cañón, en parapeto, o en masa crítica para imponer la revolución. Y seguramente es por eso por eso que en, la 1

Cristobal Colón, por ejemplo, describió a los nativos de las islas del Caribe así: “Certifico a sus Altezas que no existe mejor tierra ni mejor gente: aman a su prójimo como a ellos mismos y hablan la lengua más suave del mundo”, citado por Carlos Rangel en Del buen salvaje al buen revolucionario: mitos y realidades de América Latina. Monte Ávila Editores, Caracas, 1982.. Bartolomé de las Casas, en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Cátedra, Madrid, 1996, Pp. 75-76, dice: “Todas estas universas e infinitas gentes a toto género crió Dios las más simples, sin maldades ni dobleces, obedientísimas, fidelísimas a sus señores naturales y a los cristianos que sirven; más humildes, más pacientes, más pacíficas y quietas, sin rencillas ni bollicios, no rijosos, no querulosos, sin rencores, sin odios, sin desear venganzas, que hay en el mundo”. 2 Miguel de Cervantes. Don Quijote de la Mancha. Real Academia Española, 204. Pp. 97-98. 3 Carlos Rangel. Op.Cit...

guerra de Guatemala, los indígenas fueron el jamón del sándwich. Condición que no les era extraña durante los primeros años de las repúblicas hispanoamericanas, ni durante la colonia, durante la conquista, o durante el apogeo de la civilización maya... Los aztecas sacrificaban a los tlaxcaltecas, los de Quiriguá decapitaban a los de Copán, los quichés acosaban a los cackchiqueles, y así sucesivamente. De hecho, la familia real de la ciudad maya de Cancuen pudo haber sido masacrada allá por 850 d.C. En esa ciudad, los arqueólogos de la Vanderbilt University hallaron una fosa común ubicada a pie de la escalinata del templo principal, enterramiento que “contiene restos de niños, adolescentes y adultos, y al menos un anciano -hombres y mujeres4”. Aún así, la dirigencia mayense del siglo XXI, que antaño fue visto como buen salvaje y buen revolucionario, anda en busca de una cosmovisión maya y de ser buen maya5.. Sus 4

Sonia Pérez. Hallazgo real en Cancuén. Peten. Prensa Libre, 3 de junio de 2005. P. 3 5 “Se reconoce la importancia y la especificidad de la espiritualidad maya como componente esencial de su cosmovisión y de la transmisión de sus valores, así como la de los demás pueblos indígenas”. Así dice el Acuerdo sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas (1995), que forma parte de los Acuerdos de Paz pactados entre la administración de Alvaro Arzú y la guerrilla marxista-leninista... “Deben generarse debates para entender culturas y cosmovisión de los grupos étnicos del país y reducir la ignorancia que provoca el racismo”, dijo Rosa Tock, de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales. Prensa Libre, 31 de octubre de 2004, P. 6. “Desde ahora, la espiritualidad maya que por años se ha practicado a escondidas saldrá a la luz. El reto es defender nuestro pensamiento”, puntualizó Rigoberta Menchú, durante el acto de presentación de la Universidad Maya. Prensa Libre, 11 de diciembre de 2004, P. 2. En esa misma ocasión, Germán Leiva, cargador principal del Consejo de la Educación Maya, afirmó que

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valores deben ser mayas, su espiritualidad debe ser maya y su aspecto debe ser maya. Porque si no, corre el riesgo de no ser buen maya. II. En busca del buen maya Hasta el fenómeno de las pandillas de delincuentes conocidas como maras, resulta involucrado en la búsqueda de la identidad del buen maya. “La emigración de los jóvenes [meyenses] a la capital, en búsqueda de opciones laborales, provoca (sic) la desvinculación con su cultura y su núcleo familiar, lo que los hace más proclives a ingresar a una mara”, dijo Mario Molina, secretario de la Red de Organización Nacional de Jóvenes Mayas, al explicar que cuando los jóvenes meyenses vuelven a sus lugares de origen organizan allí sus propias pandillas. Datos de la red maya señalan que aquellos jóvenes mareros mayenses, “tampoco son aceptados por su comunidad, debido a que han cambiado de vestuario, no están dispuestos a trabajar la tierra y tienen mayor tendencia a la violencia” 6. Son rechazados porque no responden al paradigma del buen maya... En esa vía es que los diseñadores del ego maya, del siglo XXI (entre los quichés, cackchiqueles, tzutuhiles y otros) hacen grandes esfuerzos por identificarse más con la civilización que construyó El Mirador, Palenque, Tikal y Copán, que en encontrarse con sus raíces más inmediatas que se hallan entre los toltecas7.

“todo el conocimiento de la cosmovisión, cultura y ciencia mayas se podrá enseñar a toda Guatemala y el mundo”. 6 Lorena Seijo. Preocupan las pandillas mayas. Prensa Libre, 1 de junio de 2005. P. 10 7 “Algunos pequeños reinos –quiché, cackchiquel en las tierras altas de Guatemala, Uxmal y Chichén Itzá, Mayapan y Tulum en la península de Yucatán– manifestaron ciertos signos de prosperidad. La llegada de grupos de origen tolteca a Yucatán y Guatemala contribuyó a ese renacimiento. Los que penetraron en Guatemala eran seguidores de Gucumatz, la traducción al quiché y cackchiquel del nombre de Quetzalcoatl. En Guatemala –según el libro sagrado de los quichés, el Popol Vuh–, Gucumatz y sus partidarios se impusieron a los mayas. Los guatemaltecos se convirtieron en gentes toltequizadas en varios grados”, explica Miguel LeónPortilla en Historia de América Latina, editor Leslie Bethell, Editorial Crítica, Barcelona, 1990. Tomo I, P. 10.

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La dirigencia mayense trabaja duro para diferenciar su cosmovisión, de la que ofrece la civilización occidental. Por ejemplo, Cecilio Tuyuc, de la Academia de Lenguas Mayas de Guatemala explicó, en una columna periodística, que “desde la cosmovisión maya no se celebra la Navidad como un momento de trascendencia o como una tradición religiosa como la celebran los cristianos”8. La dirigencia maya busca enraizar su propuesta de cosmovisión en la Edad de Oro mediante una iconografía cultural que es presentada como superior a la occidental porque es más pura, más desprendida, más natural y más mística. En la columna citada, Tuyuc explica que “la cultura maya registra en su calendario distintas fechas que permite vivenciar de una manera profunda con la familia, vivencia que se da entre hombres y mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas, grandes y pequeños, se celebra con todos, así mismo se convive en armonía con los animales, las plantas y las cosas”. José Sanic9, también de la citada Academia, se refiere al ladino como “este que se caracteriza por plegarse al invasor, su idioma, su modo de vida, su escala de valores”. De modo que queda claro que los mayas tienen un sistema de valores o cosmovisión y los ladinos tienen otro. Aquella cosmovisión maya, distinta al sistema de valores ladino, está directamente emparentada con la percepción de primeros mayistas que –igual que los europeos del siglo XVI– creían en la utópica Edad de Oro, Ellos creían que los mayas eran un pueblo de astrónomos pacíficos, únicamente ocupados en cálculos matemáticos y astronómicos; y los contrastaban, por ejemplo, con los aztecas (y así se lo enseñaban a uno en el colegio durante la primaria y la secundaria)... Eric Thompson escribió que “hablando concretamente del sacrificio, los mayas ciertamente observaron ese rito en todos los períodos de su historia, aunque puede abonarse en su favor que nunca lo practicaron en la escala en que lo hicieron los aztecas; 8

Cecilio Tuyuc. La Navidad para los mayas. Prensa Libre, 19 de diciembre de 2004, P. 28 9 Citado en Juan Fernando Cifuentes. Historia moderna de la etnicidad en Guatemala: la visión hegemónica. Guatemala, IDIES, 1998. P. 17

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estos prácticamente llegaron a ahogarse en la sangre de sus víctimas”10... Lo maya, en este contexto, parece ser víctima del ladino y de su sistema de valores que parece antagónico a la cosmovisión del buen maya; hasta el punto de que Estela de Saloj11, del grupo Quiché de la Universidad de San Carlos de Guatemala, describe al ladino como aquel “que está fregando la paciencia diariamente…esa persona enfermiza que constantemente busca un motivo para no dejarnos vivir en paz. Es el que humilla. Es el problema que debe curarse porque es la enfermedad que padecemos”. III. Una cultura cimentada con sangre Conforme ha avanzado el conocimiento de la cultura maya, se sabe que los mayas “no eran teocracias pacíficas. La guerra constante y la captura de cautivos prominentes (para ejecutarlos luego de prolongadas degradación y tortura) era el nombre de su juego”12; y que aunque los aztecas han tenido mala fama por su afición a los sacrificios humanos13, “ciertamente nunca les inflingieron a sus víctimas la tortura y la mutilación características de los sacrificios mayas”14. En los murales de Bonampak se observa que “los prisioneros miserables han sido desnudados, y sus uñas les fueron arrancadas de los dedos. Un cautivo importante se 10

J. Eric S. Thompson. Grandeza y decadencia de los mayas. University of Oklahoma Press. 1954 11 Citada en Juan Fernando Cifuentes. Op. Cit.P. 17 12 Linda Schele y Mary Ellen Miller. The Blood of Kings. Kimbel Art Museum, 1988. P. 3 13 “The Aztec innovation was the work of a member of the royal family, Tlacallel…this prince of darkness brought to impose and substitute for other, milder ggods the Aztyec tribal god Huitziloposchtli…to make off the sacrificial cult a weapon of intimidation…Tlacallel instituted blood orgies that lasted days and brought hundreds, then thousands, of victims to the stone, their hearts ripped out while still beating, their blood spattered and spinkled on the idols, their bodies roled down the steps and butchered to furnish culinary delicacies to the Aztec aristocracy. This last practice embarrasses politically correct ethnologists…some have tried to argue that the whole business of cannibalism is a myth”, pero “this mass sacrifices had precisely the effect desired by our Mexican Darth Vader: they sharply lowered Aztec enemies´ will to resist”. David S. Landes. The Wealth and Poverty of Nations. W.W. Norton and Company, N.Y., 1998. Pp. 103104 14 Schele y Miller. Op Cit. . P. 4

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derrama en las escaleras, quizás torturado hasta quedar exhausto, y una cabeza cortada yace cerca, en una cama de hojas.”15 En estos tiempos de corrección política, pocos se atreven a comentar que cuando Tikal marchó sobre su vecina Uaxactún, sus guerreros llevaban collares de cabezas reducidas, pertenecientes a cautivos asesinados..16 Y alguien dirá que claro, que la guerra es cruel y terrible por naturaleza y que los guerreros se arriesgan a terminar de adorno.. Sin embargo, escenas así de escalofriantes no eran patrimonio de las actividades guerreras de los mayas. El Códice Borgia, del período posclásico, muestra la inquietante imagen de un niño siendo cocinado en una olla. “En un mundo en el que los humanos eran vistos como personificación de los dioses, los niños se convertían en el banquete de comunión de la humanidad con los dioses. Si los retoños tiernos del maíz nacían de la Madre Tierra a requerimiento de los humanos, entonces los jóvenes y tiernos retoños de las madres deberían se dados a los dioses mesoamericanos”17. Los mayas, antiguamente tenidos por pacíficos contempladores del firmamento y como criaturas de la mítica Edad Aurea, resultaron ser tan humanos como los egipcios, los romanos, los árabes, los chinos, los fenicios, los franceses, los ingleses y los españoles; pero con un twist: el gusto por la tortura y por los sacrificios humanos.. De hecho, ningún rey francés, por poco que se bañara, la pasaba tan mal como un rey maya; condenado, este, a extraerse sangre del pene, de las orejas y de la lengua para mantener el mundo funcionando. El derramamiento de sangre era muy importante porque “la sangre era el cemento de la vida de los antiguos mayas”18. IV. Viejas pesadillas que retornan El antropólogo Vinzent Stanzione -que ha vivido y realizado estudios en el área tzutujil15

Michael D. Coe. The Maya. Thames and Hudson. 1991. P. 104 16 Linda Schele y David Freidel. A Forest of Kings. Quill William Morrow. 1992. P. 151 17 Vincent Stanzione. Rituals of Sacrifice. Stanzione and Bauer. 2000. P. 94 18 Schele y Miller. Op. Cit. P.1

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relata que, para los habitantes de Atitlán, el recuerdo del sacrificio y del canibalismo de niños es vergonzoso; y que fue el cristianismo el que acabó con aquella práctica. Según un mito tzutujil, los K´ulantun winaq eran hechiceros, cuyas costumbres malignas no tenían límites. Cuenta, la tradición, que antes de nacer Jesús le advirtió a la Virgen María que no confiara en nadie porque los K´ulantun winaq andaban por ahí hambrientos de él (de Jesús). Para hacer la historia corta, Jesús llegó a Atitlán para acabar con aquellos brujos y ganarse los corazones de los mayas. Al respecto, Stanzione hace una observación muy iluminadora: “Empecé a darme cuenta de que el sacrificio humano todavía era, en muchas formas, importante para los tzutujiles…un asunto muy espinoso, por decir algo, del cual nadie, en Atitlán, ha querido hablar. Es mejor aceptar a Jesús y ser salvado del pasado sediento de sangre”20. En su estudio, Stanzione explora la idea de que talvez los franciscanos inventaron aquel mito para vencer psicológicamente a los indígenas21; empero, los frailes no necesitaban ser muy imaginativos si sus cuentos partían de escenas como la citada del Códice Borgia, las de los dinteles de Yaxchilán, o las de los murales de Bonampak. Es un hecho que entre los mayas, el simple rumor de un posible robo de niños, puede desencadenar linchamientos. La guía de viajes de National Geographic advierte: “Do ask before photographing the Maya people particularly children. A few travelers have been attacked while taking pictures of youngsters because locals thought they might be kidnappers. (Tales of outsiders stealing children are widespread in Guatemala)”.22 Y por ejemplo, en abril de 1999, un turista japonés y el piloto del autobús en el que viajaba fueron asesinados por una turba en Todos Santos, Huehuetenango, precisamente porque se esparció el rumor de que los

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Una de las etnias mayenses que habita principalmente en el lado sur del lago de Atitlán, Guatemala. 20 Stanzione. Op. Cit. P. 96 21 Idem. P. 97 22 Guía de viajes: http://www.iexplore.com/res/d.jhtml?destination=Guate mala&type=Do's%2520and%2520Don'ts

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japoneses habían llegado a robarse los niños del pueblo23. Otro caso notorio fue el de June Weinstock, una ambientalista de Alaska que fue brutalmente vapuleada en San Cristóbal Verapaz, en marzo de 1994. ¿Cuál fue su delito? Tomar fotos de niños, ya que la gente del pueblo creía que ella se había robado a uno. Más recientemente, entre enero y mayo de 2005, ocho personas fueron linchadas en Joyabaj, Quiché; cuatro en Nentón, Huehuetenango; y una en Santa María Cauqué, Sacatepequez. Todas ellas acusadas de cometer actos delictivos; aunque no de robo de niños24.. El castigo físico no ha perdido vigencia dentro de la cultura mayense; por ejemplo, en enero de 2006, en Choacamán Tercero, Juan Chivalán recibió diez azotes, públicamente y durante la noche, en cumplimiento de un dictamen de los dirigentes del lugar y como reprimenda por “ocasionar problemas a sus vecinos25”. A la larga, resulta que la occidentalización de la cultura maya por la vía del cristianismo (del catolicismo de los frailes y del evangelicismo de los pastores) –de la que tanto reniegan el sector radical de la dirigencia mayense, algunas ONG y algunos burócratas y académicos–26 es la que acabó con una práctica sangrienta que todavía les quita el sueño a los indígenas. V. Jesús, o los K´ulantun winaq En 2004, la revista National Geographic informó de la visita de un grupo de arqueólogos a la cueva de sacrificios llamada Actun Tunichil Muknal, en Belice. Ahí, “encontramos una víctima tras otra, incluidos un montón de huesos pequeños, los restos de

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El ejemplo de Todos Santos está bien ilustrado en el Human Rights Watch, World Report 2001. http://www.hrw.org/wr2k1/americas/guatemala.html. 24 El Periódico, martes 24 de mayo de 2005. 25 Prensa Libre, sábado 28 de enero de 2006 26 Colin Powell, por ejemplo, acusó a Guatemala de ser negligente con la religiosidad maya. Contra toda la doctrina existente acerca de la separación de la iglesia y del Estado, “Estados Unidos denunció a través de Colin Powell, secretario de Estado, la falta de libertad religiosa en Guatemala y señaló que la población indígena no recibe de las autoridades el respaldo necesario en materia espiritual”... Prensa Libre, 16 de septiembre de 2004, P. 3

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algún niño”27, dice el reportaje. Pero claro, aunque no se sabe si estos sacrificios fueron hechos por los secuestradores K´ulantun winaq, o por sacerdotes legítimos de la religión oficial maya, lo cierto es que el sacrificio de niños (secuestrados, o no) era un hecho muy presente en la cultura de los mayas. A pocos se les escapará que hay un abismo de diferencias entre los sacrificios cruentos de niños, que citamos arriba, y el memorial de la Pascua de Cristo que se conmemora en cada misa en las iglesias católicas. De que hay sacrificio, lo hay28; aunque el que practican los curas es incruento. En la civilización occidental (tan cristiana) ya no se corre el riesgo que corrió Isaac, a manos de Abraham29; ni el de terminar como los niños 27 David Roberts. Los mayas y su descenso al inframundo. En National Geographic, en español. Noviembre 2004, P. 83 28 “La Eucaristía es un sacrificio. El carácter sacrificial de la Eucaristía se manifiesta en las palabras mismas de la institución: Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros y Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que será derramada por vosotros. En la Eucaristía, Cristo da el mismo cuerpo que por nosotros entregó en la cruz y la sangre misma que derramó por muchos”. “El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues, un único sacrificio: Es una y a misma víctima, que se ofrece ahora…este mismo Cristo, que se ofreció a sí mismo una vez de manera cruenta sobre el altar de la cruz, es contenido e inmolado de manera no cruenta”, dice el Catecismo de la Iglesia Católica. Coeditares católicos de México, México, 1993. Pp.. 354 y 355. En The canons and decrees of the sacred and oecumenical Council of Trent, citado por Sam Vaknin en Cannibalism and Human Sacrifice, http://www.globalpolitician.com/articledes.asp?ID=745&ci d=12&sid=53, se especifíca: “Canon lI.-If any one saith, that, in the sacred and holy sacrament of the Eucharist, the substance of the bread and wine remains conjointly with the body and blood of our Lord Jesus Christ, and then in that wonderful and singular conversion of the whole substance of the bread into the Body, and of the whole substance of the wine into the Blood-the species Only of the bread and wine remaining-which conversion indeed the Catholic Church most aptly calls Transubstantiation; let him be anathema. Canon VIII.-lf any one saith, that Christ, given in the Eucharist, is eaten spiritually only, and not also sacramentally and really; let him be anathema." 29 Le dijo Dios a Abraham: “Anda, toma a tu hijo, a tu unigénito, a quien tanto amas, a Isaac y ve a la tierra de Moriah y ofrécemelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te indicare. La orden divina es tajante y, además, parece que se complace en herir al patriarca en los más íntimo de su corazón al recordarle que debe

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anónimos de Actun Tunichil Muknal y del Códice Borgia. Jesús y las prácticas religiosas cristianas, así como la liturgia que algunos sectores de la dirigencia indígena rechazan ahora, quizás sean el mejor remedio contra las peores pesadillas del maya de a pié. Y si han de ser sustituidos por las nuevas espiritualidad y cosmovisión que promueven los activistas étnicos, ¿serán prácticas mayas en el sentido purista que tanto le gusta a aquella dirigencia, o seguirán siendo sincréticas para mantener a raya a los K´ulantun winaq? La religión, claro, tiene un papel clave en cuanto a facilitar y propiciar el cumplimiento de las normas éticas en las que se fundamenta la sociedad30.. Y yo me atrevo a decir que una de las razones por las cuales los indígenas guatemaltecos se han movido del catolicismo hacia el protestantismo es que este último es más capaz, que el primero, de darles a las personas un sentimiento fuerte de pertenencia; y que, como consecuencia, funciona mejor como una forma de control social. Los indígenas evangélicos tratan de no beber y de no fumar, pagan diezmo y se esmeran en ser fieles e industriosos, porque el vicioso y el irresponsable son mal vistos en la iglesia, que es comunidad y es tribu.. Friedrich A. Hayek conocía el valor de la religión en aquel sentido facilitador y propiciador; y en cuanto a eso escribió que

sacrificar a su hijo unigénito a quien tanto ama”. Claro que luego sabemos que Dios perdona a Isaac y bendice grandemente a Abraham. Pero además, al sustituir a Isaac por un carnero “está en armonía con la legislación mosaica, que ordena sacrificar una víctima animal en sustitución del primogénito. Con esta idea de sustitución fueron desapareciendo los sacrificios humanos del mundo semítico”. El hecho es que los israelitas se dejaban llevar por las costumbres cananeas y “algunas veces ofrecieron sus propios hijos en los altares de los ídolos o a un a su Dios, que abominaba de tales sacrificios humanos”. Colunga y Cordero. Biblia comentada. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1963. Pp. 228-230. Yahvé, en el Antiguo Testamento, sustituye los sacrificios humanos por los de animales; y Jesús, en el Nuevo Testamento, sustituye su propio sacrificio y el de animales, por la comunión con pan y vino (que no representan; sino que son su cuerpo y su sangre, según los católicos). Empero, no es lo mismo ofrecer pan y vino en el altar, que ofrecer niños. 30 No matar, no robar, cumplir los contratos y cosas así.

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“debemos en parte a las creencias místicas y religiosas –y, en mi opinión, especialmente a las monoteístas– el que las tradiciones beneficiosas se hayan conservado y transmitido al menos durante el tiempo necesario para que los grupos que las aceptaron pudieran desarrollarse y tuvieran oportunidad de extenderlas a través de la selección natural o cultural…la prematura pérdida de lo que calificamos de creencias no constatables habría privado a la humanidad de un poderoso apoyo en el largo proceso de desarrollo del orden extenso del que actualmente disfrutamos y que, incluso a hora, la pérdida de estas creencias, verdaderas o falsas, crearía graves dificultades”31. El indígena moderno, entonces, se enfrenta al dilema de ser buen maya como quieren sus activistas y entonces talvez tener que volver a lidiar con sus K´ulantun winaq; o adherirse a las tradiciones cristianas occidentales y mantener a raya a los K´ultun winaq, pero no ser buen maya..

4.

5.

6.

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Eric Thompson, que creían en la mítica Edad de Oro. Sin embargo, conforme ha avanzado el conocimiento de la cultura maya, se sabe que los mayas no eran teocracias pacíficas y que la guerra constante y la captura de cautivos prominentes (para ejecutarlos luego de prolongadas degradación y tortura) eran muy importantes para ellos. Los sacrificios humanos y los mitos sobre el secuestro de niños con propósitos rituales, propios de la cultura maya, todavía presentan un problema cultural para los grupos mayenses; y a veces el problema deviene en violencia. El cristianismo ofrece una forma eficaz y práctica para enfrentar la necesidad de ser buen maya y, al mismo tiempo, filtrar los elementos culturales mayas que no contribuyen al desarrollo de la cooperación social pacífica.

IV. Conclusiones 1.

2.

3.

El meyense del siglo XXI, que antaño fue visto como buen salvaje y buen revolucionario, está en la búsqueda de una cosmovisión maya para ser buen maya. Para ello, sus valores deben ser mayas, su espiritualidad debe ser maya y su aspecto debe ser maya. Porque si no, corre el riesgo de no ser buen maya. Los diseñadores del ego maya, del siglo XXI, hacen grandes esfuerzos por identificarse más con la civilización que construyó El Mirador, Palenque, Tikal y Copán. La dirigencia meyense trabaja duro para diferenciar su cosmovisión, de la que ofrece la civilización occidental; y aquella cosmovisión está directamente emparentada con la percepción de los primeros exploradores españoles y la de los primeros arqueólogos mayistas, como

(*) Luís Figueroa es columnista del diario guatemalteco Prensa Libre y comentarista en globalpolitician.com

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Friedrich A. Hayek. La fatal arrogancia. Editorial Universidad Francisco Marroquín, Guatemala, 1990. Vol. 1, P. 213

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Liberalismo sin límites de velocidad. Propuestas para una ofensiva radical del liberalismo en América Latina Héctor Ñaupari Belupú (*)

A Mario Vargas Llosa, por su inspiración. ¿Por qué el liberalismo se bate en retirada en América Latina? Ésa es la pregunta que todos los liberales de esta parte del mundo nos hacemos, con una mezcla de confusión, culpa y envidia, que no está exenta de cierta dosis de rabia. En efecto: el beatífico rostro de mártir, de santo laico, del che Guevara, protagoniza filmes, calcomanías, camisetas e íconos diversos en todas las culturas populares de nuestros países. Por otra parte, el espectro político latinoamericano se divide entre una izquierda responsable y otra revolucionaria, desde México hasta Paraguay, sin que medie espacio posible para los defensores políticos de la libertad en nuestro continente. Finalmente, la intelectualidad barata1 latinoamericana continúa viviendo de las becas norteamericanas de las Fundaciones Kellog y Ford, entre muchas otras, mientras hace gala de un antiamericanismo y globalofobia nada desdeñables en aulas, publicaciones, convenciones y asesorías, en un acrobático esfuerzo por posar de antiimperialistas rentados por las multinacionales, y que muestra sin pudor esa “hemiplejia moral” que denunció con valentía Jean–Francois Revel. Las excepciones a esta regla latinoamericana son sólo eso, excepciones, que parecen confirmar una sola cosa: que los liberales latinoamericanos estamos peleando una batalla perdida. La circunstancia más dramática de esta difícil situación es que recala, para decirlo sin ambages, en nuestra exclusiva responsabilidad. Lo es, en primer término, porque, salvo en algunos cuantos, en realidad el liberalismo no inspira a nadie en América Latina. Por regla general, las gentes siguen 1

El término se lo debemos al siempre lúcido Mario Vargas Llosa. Las cursivas son exclusivamente mías.

ideas y ejemplos que les susciten valor, integridad, sacrificio y esperanza. La utopía de un mejor mañana tiene una vigencia esencial, casi inaudita diríamos, en toda América Latina, y por esa idea, como bien sabemos, las personas son capaces de mover montañas. Preguntémonos, entonces, ¿dónde está esa utopía liberal por la cual una persona sería capaz de hacer ese supremo esfuerzo?, ¿cuál es el ejemplo liberal, inspirador y pleno de valores, que permite que esa persona lo siga con convicción y genere esa transformación social de la que los liberales siempre hemos hablado? El hecho cierto que no hayamos podido articular sabia e inspiradamente esa utopía ni que nos esforcemos por presentar y promover esos ejemplos de valentía, sacrificio e integridad en la defensa de las ideas liberales –pese a que en el primer caso lo podemos hacer, y, en el otro, existen en gran número tales ejemplos– es la muestra más patente de nuestro fracaso. También nos señala con meridiana claridad cuál es la tarea primera y urgente, que debemos acometer con denuedo y resolución, para dejar de batirnos en retirada y pasar a la ofensiva en nuestros países. Así, a mi juicio, no nos hemos dedicado a reflexionar y escribir sobre esa utopía liberal, esa visión de cómo serían nuestros países con una libertad plena y poderosa, por habernos concentrado en los temas económicos en forma excluyente. Esto ocurre por lo regular con muchas ideas o ciencias nuevas, donde las primeras fases del descubrimiento generan tal entusiasmo que todo otro elemento de juicio pasa a un segundo plano, si no es dejado por completo de lado. Al respecto, el Premio Nóbel de Economía James Buchanan escribió “los economistas clásicos

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no lograron desarrollar su idea central con suficiente rigor y precisión como para garantizar su invulnerabilidad frente a argumentos que respaldaban ideas completamente opuestas. En cierta medida, este fracaso era fruto de la ausencia de una comprensión y énfasis suficientes de la dependencia crítica de un orden de mercado efectivo respecto de la existencia de una estructura o marco legal–institucional fundamental, que debe ser, básicamente, de naturaleza y origen políticos. Desde un punto de vista inmaduro e ingenuo, algunos de los defensores clásicos del laissez faire, entre los que se encuentran algunos de sus homólogos modernos, parecen argüir que los mercados surgen y funcionan con total independencia de las características del orden legal.”2 En ese sentido, sin dejar de dar reconocido valor a lo hecho, ni ponderar en la excelencia los brillantes análisis logrados, debemos señalar que los liberales en América Latina se han dedicado en su mayor parte, si no en su totalidad, a exponer sus visiones y reflexiones únicamente desde la perspectiva de la ciencia económica. Los temas políticos –y sobre todo las visiones que se enmarcan en la política– han sido totalmente dejados de lado, o consideramos como temas secundarios. Siguiendo la idea planteada por Buchanan, no se ha pensado ni se ha escrito un ideario de principios, un tratado o estudio como si lo hicieron los liberales del XVIII. Estamos, entonces, viviendo de nuestro capital espiritual en los temas políticos. Esta situación debe cambiar. Nadie sigue una idea o inspira sus acciones en ella, si ésta se encuentra basada exclusivamente en porcentajes de crecimiento. Por lo tanto, mientras el liberalismo siga pensando únicamente en términos de proyecciones y tendencias económicas, mientras los liberales sigan viéndose a sí mismos como logaritmos vivientes, para quienes el desarrollo es una fórmula algebraica sin vida, el liberalismo

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seguirá siendo ese pensamiento minoritario, rechazado y malentendido que es hasta ahora. De esta manera, tenemos que crear nuestra utopía liberal, si queremos terminar de una vez y para siempre con ese rechazo que nos acompaña y nos pesa como un fardo de malas acciones en las buenas conciencias. Llamémosla Liberalia, Oceanía3, el reino soñado por todos los liberales, nuestra patria libre. En esa urbe que soñamos los liberales todas las libertades serán plenas, todos los derechos respetados, habrá verdadera justicia y paz. La prosperidad se extenderá como un manto bienhechor entre todos sus integrantes, y todos tendrán su parte de bienestar, en la medida de sus talentos, su creatividad y sus esfuerzos. Para terminar de articular esa idea, los liberales tenemos el imperativo de crear en el vacío, como el escritor frente a la página en blanco. Ésa es nuestra obligación exclusiva. Y debemos hacerlo no con términos complejos e ininteligibles, pues no se puede seguir una idea si ésta no se expresa en frases sencillas y al mismo tiempo, profundas. Los liberales no debemos pasar por alto la enseñanza básica de Sir Karl Popper, cuando escribió: “los mejores filósofos son aquéllos que escriben ideas complejas en términos simples”4. Por otra parte, las gentes siguen con fervor una idea cuando quienes la enarbolan son personas creíbles, audaces, íntegras. Eso dota a esa idea justamente de credibilidad, audacia e integridad. Como en el poema de Horacio, la fortuna favorece al osado. En esto no caben agua tibia o medias tintas. Constituye nuestra indispensable obligación apartar del liberalismo a todo aquél que se llame tal, y que haya defendido dictaduras, o esté comprometido con corruptelas y mercantilismos de toda laya, y no demuestre su total adhesión a las ideas de la libertad. Hay que advertir que esos pseudo liberales,

2

Buchanan, James M. El triunfo de la ciencia económica: ¿quimera o realidad?. En: Economía y dinámica social. Reflexiones acerca de la acción humana ante un nuevo ciclo histórico. Rafael Rubio de Urquía y Enrique M. Ureña (eds.) Publicaciones Universidad Pontificia Comillas – Unión Editorial, Madrid, España, 1994, pág. 29.

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Recojo aquí la idea de algunos libertarios australianos que así denominaron a la tierra en la que habría total libertad, y a la Constitución que para ella escribieron. 4 Popper, Sir Karl. Búsqueda sin término. Editorial Tecnos, Madrid, 1987. página 56.

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traficantes de nuestras ideas, han cerrado los ojos a su propio desprestigio. De ellos debemos decir rotundamente que se ofrecieron sin rubores al pragmatismo, el que, como ha señalado con acierto Jesús Huerta De Soto, “es el vicio más peligroso en el que puede caer un liberal (...) motivando sistemáticamente que por conseguir o mantener el poder se hayan consensuado decisiones políticas que en muchos casos eran esencialmente incoherentes con los que deberían haber sido los objetivos últimos a perseguir desde el punto de vista liberal.”5 No podemos salvar a esos liberales que sucumbieron al pragmatismo sin caer nosotros mismos en el descrédito. Así nos quedemos con muy pocos, ésos pocos serán justamente quienes doten al liberalismo de la necesaria dosis de credibilidad que es indispensable para ganar en todo terreno, intelectual o político. Por su parte, de los auténticos liberales se debe decir, “nunca se rindieron, nunca se vendieron, nunca retrocedieron”. Ése tipo de comportamiento convoca, seduce, inspira. Ése fue el comportamiento de Mises y de Alberdi, así como tantos otros, no lo olvidemos.6 Ellos defendieron el liberalismo contra todos y con todo en contra. Promover en forma denodada su imagen, –mitificarla, diríamos– debe ser nuestra respuesta contra los mitos creados desde la izquierda, y que motivan a tantos en la dirección equivocada. Sobre esto último, hay que puntualizar lo siguiente: también se rechaza al liberalismo porque supone el abandono de las mitologías y héroes más esenciales de los socialistas, siendo Che Guevara el máximo representante de ese heroísmo en nuestro continente. Al respecto, no basta únicamente con criticar la mitología alrededor del Che y el maquillaje que así como a él se emplea con tantos otros

5

Huerta de Soto, Jesús. Nuevos estudios de economía política. Unión Editorial, Madrid, España, 2002. 6 Para tener una idea de su sacrificio, se debe revisar: “Lo esencial de Mises”, de Murray Rothbard, Unión Editorial, Madrid, España, 1983; “Autobiografía de un liberal. La gran Viena contra el Estatalismo” de Ludwig von Mises, Unión Editorial, Madrid, España, 2001; y “Alberdi, el ciudadano de la soledad”, de Pablo Rojas Paz, Editorial Losada, Buenos Aires, Argentina, 1945.

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socialistas7. Ésa no es la solución. No se puede reemplazar un mito por el vacío. Se debe reemplazar por otro mito. Los socialistas siguen creyendo en el Che no porque sea heroico e íntegro –pues se han escrito docenas de libros y artículos dando cuenta de sus asesinatos, corrupciones y desmanes– sino porque, frente al temor del vacío, es natural entre los seres humanos aferrarse al mito y negarse a la verdad. Por lo tanto, nuestro deber con el liberalismo supone buscar los mitos del liberalismo, hacer destacar a sus héroes, y oponerlos a los mitos de los socialistas. Esto que acabamos de señalar nos puede dar luces respecto a porqué el ataque de los socialistas al liberalismo y a los liberales es tan constante, irracional e implacable. En el fondo de sus mentes y corazones, los socialistas saben que el liberalismo se convertiría en una idea inatajable e invencible si se vuelve un pensamiento inspirador, motivador, sin fisuras, sin concesiones, generador de mitos, cautivador. Por eso tienen que atacarlo permanentemente. Para combatirlos con esa misma voluntad, debemos recurrir al concepto esencial, aquél que escribiera Schopenhauer al decir que “la libertad para ser tal debe estar ausente de obstáculos.”8 El socialismo es el principal obstáculo a la libertad. Debemos removerlo si queremos que la libertad exista. De manera que sólo podemos hacer con el socialismo lo que nuestro ya citado Schopenhauer reclamaba sobre el pensamiento de Fichte: “combatirlo en toda ocasión de la manera más enérgica.”9 Para vencerlos, hay que ir al origen mismo del mal, al centro del corazón de las tinieblas marxistas. Debemos defender y promover nuestras ideas no sólo a las universidades, sino también los colegios. Más todavía, en las escuelas de pedagogía y educación, donde se forman los actuales maestros que enseñan a nuestros hijos, los mismos que se han convertido, gracias a esas

7

Como se está haciendo ahora en el Perú con el guerrillero Luis de la Puente Uceda, llamándolo “luchador social” y “mártir de la Reforma Agraria”. 8 Schopenhauer, Arthur. La libertad. Editorial Alba, Madrid, España, 1999. 9 Schopenhauer, Arthur. Op. Cit.

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enseñanzas, en “esos socialistas”, a decir de Carlos Rodríguez Braun10. En efecto, cuando nos preguntamos ¿porqué tanta gente rechaza con violencia al liberalismo en América Latina? Es porque no lo conocen. No se puede defender lo que no se conoce. Los latinoamericanos beben el socialismo desde el regazo de sus madres. Es lo único que conocen. Es lo único que les han enseñado desde el jardín de infancia hasta el doctorado universitario. Es lo único que, con matices, se escribe en ensayos, tesis, estudios y revistas. Es lo único que proponen los políticos latinoamericanos. ¿Por qué no deberían rechazarlo? Del mismo modo que, en los pueblos muy civilizados, la carencia de una multitud de cosas causa la miseria, mientras que en el estado salvaje la pobreza consiste solamente en no encontrar de qué comer11, la orfandad de ideas hace que los pobres y miserables no extrañen la libertad, pues nunca la han tenido ni sabrían qué hacer con ella. Lo mismo los pudientes, pues sólo se les ha mostrado un lado de la moneda, y es justamente el lado incorrecto. En ese sentido, ha sido Alexis de Tocqueville quien mejor ha definido la actual situación de nuestros pueblos latinoamericanos, cuando señala que “situados entre la independencia salvaje que ya no pueden apreciar y la libertad civil y política que no comprenden todavía, se abandonan sin remedio a la violencia y a la astucia, y se muestran dispuestos a sufrir toda clase de tiranías con tal de que se les deje vivir o más bien vegetar junto a sus surcos.”12 Esas mismas gentes pueden seguir un sueño, si éste se les presenta como articulado y realizable. Ése sueño, ese ejemplo valeroso, ese mito inspirador, les dará la energía que necesitan y les conferirá un curso de acción hacia el porvenir. Una visión de esa

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naturaleza brindará esperanza e inspiración a los corazones desgarrados y a las mentes desconcertadas. Ésa esperanza e inspiración también se encuentra, por su parte, en poemas y canciones. Hasta hoy, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y León Gieco inspiran a generaciones de estudiantes latinoamericanos a seguir la senda del socialismo, desde la Universidad Autónoma de México hasta la Universidad de San Marcos del Perú. ¿Existe acaso un trovador liberal? La verdad es que no. Lo cierto es que desde siempre los liberales creímos que no eran necesarios los Silvios y Pablos liberales, que cantaran a la libertad. Qué equivocados estábamos. En realidad, son absolutamente indispensables si queremos dotar al liberalismo de mayoría de edad, de integridad, contenido y hondura, si queremos de verdad que salga de los cenáculos y pequeños círculos donde se encuentra. Lo tenemos que hacer porque llevamos demasiado tiempo encerrados en esa torre de palabras13, donde seguimos comentando lo mal que nos va, lo poco que hemos avanzado, lo mucho que falta por hacer; donde, absolutamente inermes y sin capacidad de reacción, vemos cómo el socialismo se recompone en nuestros países, y vuelve, como la Hidra de Lerna, a asomar sus cabezas para seguir convenciendo incautos y ganar elecciones, como ahora último en Bolivia. Por tanto, nuestra fundamental y única prioridad debe ser volver al liberalismo un pensamiento inspirador. Todo lo demás es vano e inútil. Sólo de este modo el liberalismo será un pensamiento en el que la gente crea, y se aferre tercamente a creer en él. Le tendrán fe. Lo defenderán como se protege a un hijo de un peligro. Ésa es y debe ser la medida de nuestro éxito. Todo lo demás es un fracaso.

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Rodríguez Braun, Carlos. Nuestros hijos, esos socialistas. En: A pesar del gobierno: cien críticas al intervensionismo con nombres y apellidos. Unión Editorial, Madrid, España, 1999, pág. 106. 11 Tocqueville, Alexis de. Memoria sobre el pauperismo. Estudio preliminar, traducción y notas de Juan Manuel de Ros. Colección Clásicos del Pensamiento, Editorial Tecnos, Madrid, 2003, página 17. 12 Tocqueville, Alexis de. Op. Cit., página 8.

Para hacer al liberalismo inspirador, debemos abandonar el lenguaje concesivo y 13

Tomo aquí en cursivas el verso genial de Dylan Thomas: Encerrado también en una torre de palabras/trazo en el horizonte que anda como los árboles....

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pragmático, que antepone éxitos parciales a concesiones inimaginables e inmorales. Ya lo probamos durante la década pasada y no dio resultado, salvo para arrastrar en el lodo del descrédito a todo el pensamiento liberal y a sus principales exponentes. Lo que debemos hacer es exponer creativa y sugestivamente nuestra radicalidad. Los liberales debemos ser los radicales del siglo XXI. Debemos encontrar nuestro núcleo duro y defenderlo a muerte. Mientras más radicales seamos, más ganaremos en el natural y espontáneo vaivén de la sociedad. La sociedad es a las ideas de vanguardia como la arena mojada por la marea: marcha siempre detrás de la ola. Así, para que sea de vanguardia, el liberalismo debe recobrar su condición esencialmente revolucionaria. El liberalismo siempre está profundamente descontento con el status quo, con lo establecido. Propone una revolución sin sangre, una anarquía ordenada y sin bombas.14 Quiere acabar con ese orden de cosas donde las leyes son excusas y los fallos judiciales coartadas para la impunidad. El liberalismo postula la defensa sagrada de los derechos individuales, porque la libertad es la puerta que gira sobre esos goznes que son nuestros esenciales derechos. De este modo, para ser liberales hay que ser políticamente incorrectos. Los liberales siempre se han distinguido del rebaño,15y deben hacerlo ahora del political correctness. No olvidemos que, en realidad, la corrección política no es otra cosa que la vanguardia domesticada y asumida por la sociedad en su conjunto. Lejos de ello, el liberalismo llama a las cosas por su nombre: si acusa a algunos ciudadanos de seguir siendo estómagos agradecidos, o mediocres consumidores de pésima seguridad social y de guarderías públicas, o criaturas ministeriales16, debe hacerlo. No debe callarse nada.

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Finalmente, la única posibilidad que tiene el liberalismo para subsistir en la América Latina actual, es proponiendo una libertad al máximo, ejercida hasta su límite, sin límites de velocidad.17 En ese sentido, el liberalismo exige de nosotros lo que Kadmos mostró a Gelón de Siracusa, brillantes pruebas de una lealtad y buena fe, ya no raras, sino inauditas, pues el que necesita un auxilio considerable y extraordinario se dirigirá con preferencia a una mujer o un hombre que haya dado pruebas de esa singular grandeza de ánimo. ¿Estamos los liberales dispuestos a hacerlo? ¿Honraremos a quienes dieron todo por él? Es hora de dar una respuesta. Lima, 31 de enero de 2006.

(*) El autor es abogado, analista y consultor en temas legales, políticos y económicos, ensayista y poeta. Graduado en la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con estudios de Maestría en Derecho en la mención de Derecho Civil y Comercial de la UNMSM. Diplomado en Estudios Superiores y candidato a Doctor en Derecho por la Universidad de Salamanca, España. Es Presidente del Instituto de Estudios de la Acción Humana. Conferencista visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Ganador del Premio Académico Internacional de Ensayo Charles S. Stillman 2001 y autor de diversos libros.

14

Hago mío el título del libro del joven libertario italiano Antonio Mingardi, que dice: Libertarismo, anarquía sin bombas. 15 Atocsa, Carlos. Distinguiéndose del rebaño. En: Ácrata, revista electrónica libertaria, Lima, Perú, 2006. 16 Como lo han dicho con valor Carlos Alberto Montaner, Pedro Schwartz y otros muchos.

17

Recojo aquí el título del poema del vate peruano Carlos Oliva (1960–1994) y que también inspira al título del presente ensayo, Poema sin límites de velocidad.

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A Comparative Study of two traditions. David C. Martínez-Amador (*)

Introduction The aim of this paper is to present an analytical and descriptive comparison between two completely different constitutional process; that is to say, the constitutional process of the United States of America until the year of 1850 and the constitutional process experienced in Argentina in the year of 1853. Based upon the fact that most of the founding fathers of the Latin American countries were influenced by the same ideological frame work I would like to argue on bases of an ideological parallelism enable Latin American countries to shape and mold their constitutional framework as similar as possible to the anglo-saxon institutions hold in the context of the New England. However, (and a strong emphasis should be put in this particular aspect ) the particular socio-cultural aspects that produced and developed the anglo-saxon institutions are strongly link to a particular cultural framework, which is fair to argue that is not possible to encounter in the context of the countries that belonged to the Spanish Empire. The main hypothesis of this paper is to prove how the influence of the American Constitutional development was able to affect the political process in the context of the constitutional history of Argentina; and this constitutional process allowed Argentina to reach a higher standard of living by the turn of the XX century than Italy or France at the same particular period of time since. The reason for this, as many scholars have argued, is the fact that the Constitution of Argentina is the first Latin American Constitution that actually distinguishes the wealth of the Nation from the wealth of the government. The distribution of wealth works by itself more fairly, the less the state meddles by imposing rules."1

The nineteenth century was for Latin American countries the heroic era of the fight for independence, the formation of national states, and the abolition of slavery. Latin American political philosophers have devoted their life to admire the genius of the American Constitution. This is the case of the writers of the Argentina’s Constitution of the year of 1853, which is, with out any doubt, the closest resemblance to the original project of the Constitution of the United States of America. Emphasis should be put in to this aspect, since, the source of political influence used in the elaboration of the Constitution of Argentina in 1853 did not contemplate the particular constitutional development of the United States of America at that same particular time. However, it is fair to argue that only the Argentine nineteenth-century constitutions was based upon the writings of the great Western thinkers, particularly, on such authors as Montesquieu, Locke, and Jefferson, in order "to limit the powers of government." In to certain extent, the purpose of my research intends to answer some of the most critical questions that political theory scholars have asked: How well do constitutional ideas travel, especially across the boundaries of different cultures or legal systems? Are there universal values by which the relative success of a constitutional system may be measured? Or, on the other hand, as some must constitutions ultimately be grounded in a country's culture, history, traditions, and circumstances? And therefore, this cultural reality might explain the failure in those systems that have intended to copy the American constitutional system? Preliminary Historic Considerations. Just like in other parts of Latin America, the fall of the Spanish Empire inaugurated a

1

Juan Bautista Alberdi, Bases y puntos de partida para la organizacion politica de la Republica Argentina. Centro Editor de America Latina, Buenos Aires Argentina, 1981. The quote on Alberdi is a translation of one of the first

lines of the prologue, written by Profesor Raul Garcia Orza of the Univeristy of Buenos Aires.

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period of political turmoil in Argentina. A centralist monarchy disappeared but no local institutions had sufficient legitimacy or stability to substitute its role. In this context, opposing groups struggled with each other in an attempt to organize the state according to their different material interests and opposing views of the world. At the center of conflicts was the creation of a new constitutional order that, all hoped, would introduce a new era of political stability and progress. This description of the post-independent reality of Argentina is sufficient argument enough to explain one of the basic differences between this two constitutional process. As stated in the Articles of Confederation, the framers of the American political system had to deal with the fact that the federal government was not directly related to individuals but merely to state governments. Although it is acceptable to argue that at this particular time the American Congress could raise neither men nor money by direct conscription or taxation of individuals but relied on the single states fulfilment of various congressional requisitions; the political structure of the post-independent United States shows a more mature and coherent political structure. This political maturity enabled the political principles of classical liberalism to be transformed in to a federal system. The preindependent and post-independent scenario of the United States of America aloud individuals to have a more stable allegiance to their particular states, which they knew as the basis of their social life; however, and more important, as their authority in matters of law and taxation: Federal government was not a mayor obstacle as long as the primary division was between state-government and Congress, therefore individuals loyalty remained with the State. The genius of the American Constitution was to bring a pacific resolution to the contradictions inherent within individualism which pose a threat to the satisfaction of human needs. The principles of the constitution enable American citizens to find a common good based upon the economic advantage of individuals. By the year of 1816, the political

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stability of the United States of America aloud State-chartered banks and other free-banks to issue their own notes, redeemable in gold or specie. Banks also began offering demand deposits to assure commerce. As for the year of 1863, and during the civil war, the National Banking Act of 1863 was passed providing for nationally chartered banks, whose circulating notes had to be backed by the U.S. government. Eventually, this lead to the appearance of a uniform currency in the country. Eventually, the American involvement in world affairs would increase, industrialization and expansion took place as a result of the constitutional political development Lets consider in a brief manner the political evolution that the United States of America had experience until the year of 1860 and, the parallel situation in Argentina. In the first place, during the period from 1789 to 1824, most U.S. presidents were prominent men known to most U.S. citizens. They included many of our founding fathers and others who had served their country valiantly in the Revolutionary War. With the exception of John Adams, each of the first five presidents served two terms, bringing a measure of stability to the American. In contrast, political leaders in the Argentina’s post-independent era where either, members of the economic or military elites, yet, completely un-known figures to most of the Argentinen population. And their placement in government was a result of internal conflicts rather than, an expression of the collective will. In second place, during this period from 1789 to 1824 the US Congress dominated and made most decisions for the United States, and because of this, the president was considered to be a caretaker whose job was to implement policies passed by Congress. In the political context of Argentina, neither the Congress of the figure of the President formally existed. It was not until President Andrew Jackson assumed office in 1829 that the political scenario in the US changed dramatically. His political philosophy lead him to believed that he had a mandate from the people and that it was his job to not only implement policies

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passed by Congress but to make his own. He did challenged Congress and vetoed major congressional legislation; in fact, President Jackson actually vetoed more legislation than all of his predecessors combined. This was the point of reference that the framers of the Argentinean Constitution hold in their eyes when the considered the ideological influence of their future political project. Yet, on bases of the intellectual influence, their eyes where grounded in the American experience of 1776 and not, of the current political development of the 1850’s. Au contraire to the American experience, the struggle for the constitution process in Argentina (and if not in all the Latin Countries) is the story of four decades of conflict between the elite urban areas (Buenos Aires in this particular case) opposed to a federal government, and the rest of the provinces, which found in that system the best protection for their economic and political interests. What the American Constitution provided for the unified States of the former New England was a union of universal and particular interests, not the dominion variously of one over the other. In comprehending the whole of the individual's political life, the Constitution would operate directly on all citizens, thus achieving national government while leaving substantial jurisdiction to the States and maintaining a federal character, and that is why, the American legislature tends to predominance in republican government, divided into Senate and House of Representatives. . In the case of Argentina, it was not until 1853, (after the military defeat of Buenos Aires by the governor of the province of Entre Ríos) that 32 years after the Independence from Spain, a coalition of provincial governors managed to organize an artificial convention that produced a federal constitution supported by the majority of the unified provinces. Constitutional Comparison The predominant influence in the case of most Political Constitutions in the context of Latin American countries is, rather, of a French origin. However, the case of the Argentinean

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Constitution is quite different in many aspect, being the most important of all the strongest resemblance it holds with the constitutional structure of the United States of America, although, and this is the main thesis of my work, the Argentinean effort to resemblance the American Anglo-Saxon effort of limited government was never able to comprehend the notion of a necessary executive power; or, as Harvery C. Mansfield argues, the notion of the a moderate Executive. Eventually, the lack of this political figure became a main factor in the failing attempt of the 1853 Argentinean Constitution of impeding the raise of the early XX century dictatorial regimes. As conceived by the framers of the American Constitution, the structure of government was grounded in the universal will of the people. The framers of the American Constitution took it for granted that a moral order founded upon religious beliefs, supports and parallels the political order. As for this, the practical government of the American Nation was possible only because most people in that nation accepted the existence of some moral order, by which they govern their conduct. In the context of the Constitutional principles of the United States of America the political subject does not retreat from the world to an abstract inner unity but realizes this unity in concrete relation to others. Thus, it is perfectly valid to argue that the spirit of the American constitution embodies a fundamentally Christian recognition of the unity of reason and nature. Natural selfinterest and rational principles of justice are conceived, not as irremediably opposed, but as mutually sustaining moments of a whole. The will of the people is given rational form in the Constitution which in turn rests on the people's sovereign will, and yet, the genius of the American Political thought was to bring to the office a theory of executive power which would be, for practical reasons, completely constitutionalize. This is precisely the aspect that the Argentinean frameworks of the 1853 Constitution were not able to comprehend about the genius of the American Political thought. At the same time, the Constitutional principles of the United States

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of American hold a certain influence that was not included in the experience of the Latin Countries and that was, the upshot of the participation of the individual conscience in the divine plan. The reason for this is found in two particular aspects that influence the elaboration of the American Constitution. In the first hand, the Calvinist doctrine of a human freedom affected by the divine will. Because of this, the political correlations that derive from this particular theological perspective do understand authority not as an extraneous element to the will of the people. As a second element, the secularization of the Puritan values produces a division between reason and nature, the object of faith ( serving God, community life and the creation of wealth) are seen as a result both of reason and experience. However, there are other interesting aspects of bifurcation between the American and the Argentinean constitutional experience. It seems interesting to note Jefferson's reference to the "laws of nature" in the Declaration of Independence, with the well known parallelism with the truths he claimed to be "self-evident" as connected axioms of science. This sense of axioms as a basic truths has an obvious meaning imported from the physical sciences to the realm of politics. Although it is fair to argue that the political life of the United States is rooted in a religious consciousness through which individuals achieve their desires, the basic structure of the constitutional principles that guided the building of the American government are given explicitly in a rational form; as classical product of the Enlightenment thought. It might seem interesting to label out (although is not the aim of this paper) the remarkable transition from a Puritanism adherence to a particular tolerant Enlightened constitution. In both cases, the founding fathers of the American nation as well as the ones of the Latin American countries used the scientific principles of science as a source of fundament for their political opinions, because, they believed science to be a supreme expression of human reason

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However, the used of this enlightened conviction had a completely different expression in the context of the Americas. If for the American founding fathers the insistence on checks and balances was precisely the expression of an abstract philosophical position about government as a political structure with a strong concern about limiting the power of the central government; Latin American political thought saw the constitutional process as an expression of an organism, in which, the proper laws of function where to be discover by those who favor the Enlightened ideas: And the Constitutional process was the tool that would enable political leaders to designed the social order. This was precisely the reason why the liberal elites in Argentina (and in the rest of the Latin countries) paid not excessive reliance on the principle of popular sovereignty prior to the year of 1853. This political structure could not provide an adequate measure of authority in the midst of the process of territorial and institutional disintegration that followed independence from Spain. Governments fell in the face of internal conflict, constitutions changed according to the ruling faction and dictatorships emerged as the only apparent solution to the problem of political order. In contrast, the American political scenario just after the independence was based upon the notion of only one source of authority, and that was, the will of the people. This political construction was conformed between the universal identity of all the new citizens of the United States of America and their particular identities as members of the various inner states. In this regard, the conceptualizing of the republican institutions which would make determinate the concrete freedom of Americans and unify its relations to federal and state government only needed to avoid the threat that a majority faction would dominate and coerce the rights of the minority. The post independent scenario of Argentina could never had pay attention to this aspect, since, the structure of the country was one of a centralized form of federation and restrictions on popular participation.

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Conflicts of interest remained and Buenos Aires resisted its integration until 1860. The 1853 Constitution was the expression of a deep political consensus about the institutions that could best fit the historical conditions of Argentina, yet, this consensus was formed around a conservative version of liberalism which was an expression of a political experience completely unknown to the habitants of Argentina. It is interesting to note the limitations of the Argentinean political experience by quoting the words of James Madison on the values that shaped the American Constitution: …"Why was America so justly apprehensive of parliamentary injustice? Because Great Britain had a separate interest, real or supposed, and, if her authority had been admitted, could have pursued that interest at our expense…."The lesson we are to draw from the whole is that where a majority are united by a common sentiment and have an opportunity, the rights of the minor party become insecure. In a republican government the majority, if united, have always an opportunity. 'The only remedy is to enlarge the sphere and thereby divide the community into so great a number of interests and parties that, in the first place, a majority will not be likely, at the same moment to have a common interest separate from that of the whole, or of the minority, and in the second place, that in case they should have such an interest they may not be so apt to unite in the pursuit of it… "It was incumbent on us, then, to try this remedy, and, with that view, to frame a republican system on such a scale and in such a form as will control all the evils which have been experienced."2 However, the founding fathers of the American nation where convinced that a republican government required a strong Executive. And they focused their efforts not only on preventing what they believed to be monarchical designs but also, on

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strengthening the presidential office. From Jefferson’s perspective it was more than obvious than an energetic Executive was required for securing liberty over a large republic. Therefore it is fair to argue that the framers of the Argentinean constitution were not able to see was the well known American political taxonomy between those that proposed the role of the constitution into two possible scenarios of the post-independent age: Those who consider the country to be an elective monarchy and those who, au contraire, argued in favour of an energetic republic. Jefferson, who was no a monarchist, sided with those who believed that the republic would have to be energetic. It is also true that Jefferson’s early constitutional efforts include his attempts to strengthen and rationalize the executive branch in Virginia, since he believed, a republican government required execution of the majority will, and the one way to do this would be to “render the Executive more desirable to men of abilities.”3 In the light of this experience, the framers of the Argentina’s Constitution of 1853 intended to escape the permanent cycle of anarchy and despotism that was the norm in the rest of Latin America by means of adapting the principles of the American constitutional principles. Two interrelated factors may explain the limited success of the 1853 Argentine Constitution. First, the political mechanism created by the 1853 Constitution proved to be efficient in solving the problem of national integration and consolidation of State authority. Second, the powers granted in the 1853 constitution helped to eliminate regional rivalries and reduce internal political conflict in the provinces. Political stability was, therefore achieved at least in the short term. Yet, what the Argentinian political thinkers never consider necessary was the main point of debate that the framer of the

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The debates in the Federal Convention Which Framed the Constitution of the United States of America, NY: Oxford University Press, 1920, pg. 64

Jefferson to Archibald Stuart, 23 December 1791. This letter was written after Jefferson confessed to Madison that the Federalist “rectified me in several points,” Jefferson to Madison 17 November 1788.

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American Constitution first debated: The danger of a necessary Executive Power. The American political experience was able enough to find practical solutions in order to limit a vigorous executive endowed with strong emergency powers. The Latin American political experience never considered the necessity of a power strictly intended to execute based upon the previous deliberations of a republican process. The ingenuity of the creators of the Latin American constitutions only consider the concepts of what we can understand to be classical liberal republic, that is, a republic consistent with the idea of popular election of representatives. To conceive that an Executive power was necessary in order to assure the proper functioning of political liberties was not a priority in the agenda of the writers of the 1853 Constitution in Argentina: Their main purpose was to develop a copy-paste a version of the Anglo-Saxon liberalism whose main objective was the limitation of the State authority by means of a fundamental law in order to curb the colonial legacy of absolutism. This was intended to happen through the creation of a weak executive authorities and strong legislature. The Argentine constitution-makers did not rejected the American doctrine of checks and balances, or the idea of a self-enforcing equilibrium between the different branches of government, yet, they commit the terrible mistake of not considering the necessity of a constitutional framed executive structure with ¨ special powers¨. In terms of political theory, I am speaking here about the notion of prerogative power. There are at least, three explanations for the notion of executive prerogative applied to the American Presidency and as expected, all three agree that certain discretionary powers are required by necessity and that the Executive is the most convenient and the safest repository of these powers. They only differ according to the degree to which the federal Constitution acknowledges and grants these powers. The first position is clearly articulated by Alexander Hamilton when he asserts that the

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Constitution grants the Executive with discretionary powers to meet future emergencies. The second position is presented by Jefferson, who argues that the Constitution is silent concerning the prerogative and therefore, it is possible during times of necessity. The third position regarding the notion of the Executive special powers belongs to President Lincoln, when he argues that certain provisions of the Constitution aloud the President to violate certain provisions. What I think seems to be the great advantages experienced by the United States of America by including a notion of an executive political structure with special powers in the context of a Republican system are the following: a) The public recognition that some sort of executive tyranny would eventually come to exist, therefore, the recognition of an imperfect political system is an existent variable; and b), this was a manner for the monarchical principal to lose significance by expecting that the future generations of citizens would turn to be republicans. Yet, as long as a declaration of rights exists, the power of the “strong executive” would be limited. The American Executive and the Argentinean Presidential What was the result of the constitutional process in Argentina? To understand the meaning and evolution of these practices we need to look at the conditions under which the 1853 Constitution was born. In the first place the federal constitution was the outcome of an implicit pact of mutual protection between the central government and regional elites. Given the extreme political instability in the provinces, provincial leaders could rely on the central government every time they faced an internal rebellion or the threat of an external invasion from other provinces. Therefore, the instauration of a federal system in Argentina was the result not of a cultural political or a pre-existent political structure but rather, of an artificial agreement between a centralist white urban elite and, the rural mestizo provinces. In to a certain manner, this might explain the constitutional

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rupture that the country experience in the early XX’s . The failure of the Argentinean model relies on the fact that the constitutional principles of the United States where based upon the civic, rather than ethnic or national, principle. That is, all citizens should have equal standing in the society. There should not be "insiders" and "outsiders." If the state is not largely homogeneous in terms of religion, language, ethnicity, or culture, then there needs to be a widely felt commitment to toleration. This might the main reason why, the Argentinean constitution of 1853 was accepted by all the provinces except Buenos Aires, which formed a separate state until its final integration in the federation in 1860. Yet, one of the conditions for the incorporation of Buenos Aires was a constitutional reform that would protect the interests of the urban province. The final reform included the following aspects, which might reveal to us the “centralist spirit” of the Argentinean Magna Carta: a) the revision of provincial constitutions by the national congress, b) its right to impeach provincial governors, and c) the power of the federal judiciary to intervene in conflicts between different branches of provincial governments. With some modifications, however, the most important instrument of control of the central government was maintained Therefore, the formal powers of the president (in the context of the Argentinean political structure) and the central government were effective in enforcing the constitution at a national level. They also increased the capacity of the government to shape the balance of political forces in the country. Whether in the provinces or at a national level, no group could either compete or remain in power without the blessing of the central government. As a result, the possibility for the emergence a system of sharing power by consensus in which the principles and practice of republican government where possible became an utopia. Whether they were local elections, elections of national deputies, or the selection of electors for presidents, these processes remained under the control of provincial

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governors, who influenced the results according to previous agreements among local elites and between them and the national government. Consequently, authentic popular participation in elections was low and political groups had no incentive to organize parties to mobilize electoral support. It was also implied in this pact that the central authority would tolerate the control that provincial governors traditionally had over local elections. This practice not only made possible the formation and perpetuation of local oligarchies but also provided a reliable source of political support to the president. On the one hand, it could give the president a stable majority support during his term in both the Senate and the House of Representatives. On the other hand, given the participation of the provinces in the election of president, local control of elections could also sustain a national system of control of presidential succession Is the form of government prescribed by the historical development of the constitutions of the Latin America’s nations the reason why they have frequently fluctuated between democracy and dictatorship over the last 70 years? My answer would be, by all means yes. And the fundament for my answer is given by analyzing the abysmal difference between a presidentialist constitution and constitutional document base upon the notion of a moderate executive. The incapacity of the creators of the Argentinean constitution of 1853 in order to predict the necessity of a moderate executive gave an open space for the appearance of the figure of the Caudillismo, that is to say, the overwhelming influence of the political strongman in government. This political ghost that emerged from our battles for independence, is still the mark of the Latin American political life, even in democracy. Together with the strong positivist influence inherited from the nineteenth century, Caudillismo has placed the will over legislation and legislation over law to the point that we have been governed by a teleocracy instead of by a nomocracy. Therefore, the distinguishing Latin American figures at the end of the twentieth century,

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the authoritarian caudillos —from Fidel Castro to Augusto Pinochet and from Alberto Fujimori to Hugo Chávez— are nothing more that a result of a philosophical misunderstanding which produces an absence of a constitutional mechanism that would enable a strong political executive force to exist between the context of a constitutional system. This reality produces a political immobilism, and those in office are tempted to break the rules, which in the case of the Latin countries, is represented by opening the door to military intervention.





 

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(*) Politólogo, graduado por la Universidad de Massachussets. Profesor Universitario en la UFM.

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Un análisis geopolítico de América Latina a la luz de los autoritarismos populistas emergentes Pedro Trujillo Álvarez (*)

El ataque a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, dio lugar, entre otras muchas cosas, a que los Estados Unidos desviaran parcialmente su atención de América Latina y la centraran más en el Oriente Medio, lugar de refugio del terrorismo que provocó el peor caos de la historia reciente norteamericana. Lo que realmente centraba el interés –la lucha en Afganistán primero y en Irak más tarde– derivó en que los hechos que se sucedían en otras regiones tuvieran un segundo o tercer grado de relevancia, y en que la curiosidad con que eran seguidos pasase a ocupar un plano posterior. Este “abandono” norteamericano de la región latina tuvo una incidencia más o menos significativa en muchos de los países del Continente. En unos, porque se difuminó ese vector que, de una u otra forma, siempre había indicado el camino a seguir mediante el “consejo”, la “imposición”, la negociación o el simple hecho de compartir un espacio de interés. En otros, porque las tradicionales ayudas, proyectadas de múltiples formas, se veían reducidas o desaparecían. En todos en general, porque el referente norteamericano, guste o no, siempre ha estado presente con un determinado grado de protagonismo en la política de América Latina. A este importantísimo factor hay que añadir que la transición a la democracia en nuestra región no ha terminado de satisfacer las expectativas de los ciudadanos. Es posible que muchos pensasen que al desaparecer las dictaduras tradicionales, el mismo sistema democrático iba, por sí mismo, a solucionar todos los problemas que se han padecido durante décadas. Nada más lejos de la realidad. La democracia es un sistema de gestión y no un paliativo de nuestros males. Con democracia es más fácil buscar las vías de progreso, pero ello requiere una

determinada actitud, un trabajo arduo y tenaz y, sobre todo, una voluntad férrea de querer hacer las cosas. Quizás la pasividad con que se esperaba lograr todo, resultado muchas veces de las ayudas internacionales que, a modo de dádivas, eran recibidas como paliativos de cualquier mal, tuviera una incidencia muy significativa en cuanto estamos exponiendo. Así las cosas, la década de los 90 se puede recordar como la que se perdió en términos de consolidación de procesos democráticos, igual que se perdió la de los 80 en relación con el despegue económico. América Latina perdió así dos décadas seguidas. En la primera (con la excepción de algunos países del Sur) no supimos implementar un sistema económico de libre mercado, sino que el proteccionismo y el mercantilismo se enseñorearon del espacio, como medidas sugeridas o impuestas por voluntad propia o ajena a muchos Estados1. En la siguiente no llegamos a encontrar el valor supremo de vivir en democracia por diferentes razones2. Culpa de ello fue nuestra equivocada esperanza en que el sistema por sí mismo lo resolvería todo, y también la ayuda internacional fácil, entregada con un cierto corte populista, llegada a raudales y repartida como un maná caído del cielo. ¡Nos habían hecho cómodos!. De alguna forma, se pensó que así se podía continuar: recibiendo préstamos a bajo o con nulo interés, casas prefabricadas gratis, comida todos los días, y otra serie de dones para 1

Para ampliar el tema, léase El fracaso del intervencionismo, del Dr. Carlos A. Sabino, en http://paginas.ufm.edu/sabino/LA.htm 2 En el informe Latinobarómetro 2005, a la pregunta ¿qué significa democracia?, un 32% no sabe responder o no responde, frente al 30% en 2002 y 27% en 2001. En el mismo informe, entre un 37% (2005) y un 40% (1995), consideran que la democracia NO soluciona los problemas.

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conseguir los cuales no sería necesario hacer esfuerzo alguno, o en todo caso, de serlo, se trataría de un esfuerzo mínimo. Pero llegó un momento en que la corrupción de algunos Gobiernos de turno, la finalización de la cooperación de muchos países hacia los nuestros, la acomodación de algunos sectores de la población a causa de esta “sopa boba”, que llovía de vez en cuando del cielo, y otras cuestiones similares fueron dejando un vacío en el sentir de la ciudadanía, que terminó por percibir ese modelo democrático como insuficiente y poco útil para sus propósitos3. Así es significativo comprobar, a través de lo que las estadísticas ponen de manifiesto, cómo los ciudadanos no conocen la Constitución de su respectivo país, o tienen una percepción de que las elecciones se desarrollan de forma poco transparente, o no consideran que la democracia sea el mejor sistema de gobierno, o finalmente están dispuestos a sacrificar parte de su libertad, con tal que sus gobernantes les garanticen seguridad, cobertura médica, trabajo y acceso a la educación. Es en ese punto donde la debilidad se torna peligrosa. Cuando el ciudadano está dispuesto a intercambiar su libertad por otro don, significa que esta no tiene la supremacía absoluta sobre los otros y, por lo mismo, el sistema puede romperse por cualquier sitio, ya que el bien supremo por excelencia es intercambiable. Por consiguiente, los dos hechos indicados –retracción de la influencia norteamericana a partir del 11 de septiembre del 2001 e insatisfacción de las expectativas ciudadanas en las democracias latinas– constituyen la base sobre la que se comienza a construir, y prospera, una estructura de autoritarismo denominada “nuevas izquierdas”, “izquierdas emergentes”, “nuevo socialismo”, etc., por quienes aún quieren seguir el juego político clásico. Nada más lejos de la realidad: es impostergable salir de ese juego dialéctico y llamar a cada cosa por su auténtico nombre. 3

Para profundizar sobre las reflexiones indicadas, se sugiere la lectura y análisis del informe Latinobarómetro 2005, en: http://www.upla.net/files/lb2006.pdf

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Estamos ante una clásica versión del autoritarismo. Si queremos denominarlo de nuevo, llamémosle autoritarismo populista, nada de izquierdas y menos de socialismo (o neosocialismo). Este proceso, sencillamente, es autoritarismo y frente a él no hay derecha política, sino democracia. ¡Seamos claros y cautos!. Creo que no es correcto atribuir este autoritarismo populista al actual presidente de Venezuela. Antes que él, el expresidente del Perú, Alberto Fujimori, promovió toda una serie de cambios que le permitieron sostenerse en el poder, con las consecuencias que se hicieron patentes en años posteriores al abandono (literal) del mismo. Chávez retoma esa filosofía autoritaria (recordemos su pasado golpista) y, con un estilo más depurado también, modifica la Constitución, de forma que le permite ejercer el control a través de instituciones, órganos y poderes subordinados de tipo local que él controla. Finalmente, accede al poder el tercer mandatario elegido según estos parámetros populistas: Evo Morales. Aunque su labor está todavía por evidenciarse, todo apunta a que seguirá la línea chavista de cambio de modelo, de manera que le posibilite permanecer en la cúspide. De hecho, ya ha anunciado oficialmente la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. Con este panorama, la situación política en América Latina ha sectorizado el subcontinente y creado una nueva distribución. Se puede hablar del grupo de países incluidos en la órbita autoritaria populista: Venezuela y Bolivia (además de Cuba); de aquellos otros que no están alineados: Chile, Argentina, Colombia, México, Uruguay y Paraguay; de un espacio común centroamericano: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá; y finalmente, de otros dos países: Brasil y Perú, con un elevado grado de falta de definición concreta en su trayectoria, lo cual los sitúa cerca del primer grupo, pero sin que haya claros motivos para ser incluidos en él.

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Los autoritarismos populistas Con la finalidad de conservar el poder a toda costa, apropiarse de la filosofía de la teoría socialista de los movimientos fracasados en la década de los 80, y promover una “nueva izquierda”, estos movimientos de corte autoritario no han dado otras señales que las de perpetuarse en el poder. Es conveniente analizar el caso venezolano, a la luz de las cifras que el propio Banco Central ofrece en su página web.

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mala gestión del Gobierno, a pesar de los triunfalismos que difunde, se pone de manifiesto en múltiples y variados informes. Como última muestra se puede analizar el

valor de la moneda (el bolívar). La variación negativa entre el 220 y 296% frente al dólar y al euro respectivamente evidencia un encarecimiento y una dificultad para el comercio internacional, cualquiera que sea el bien a intercambiar y la dirección que se tome. Esta es la principal conclusión que El PIB venezolano no se ha incrementado significativamente desde 1997, a pesar de la fabulosa subida de los precios del petróleo. La contribución de este último rubro al primero, también se ha reducido. De otro lado, el sector construcción ha visto reducido asimismo su aporte al PIB, lo que puede interpretarse como una ausencia del sector privado de esta área, por las infames condiciones impuestas a la inversión y al comercio por el régimen chavista. Hay que decir también que algunos empresarios se han acercado a este tipo de Gobiernos para limar asperezas y posibilitar grandes negocios, siempre apoyados o promovidos por el poder. ¿Pragmatismo o resignación? El tiempo lo pondrá en evidencia. Lo que sí es contundente es el cuadro que muestra los resultados del Informe sobre Desarrollo Humano que anualmente publica Naciones Unidas. Entre el 2000 y el 2005, Venezuela ha descendido del puesto 61 al 75 (14 posiciones), y reducido su renta per cápita en aproximadamente 500 USD. La

podríamos sacar de este tipo de gobiernos autoritarios. Lo lamentable es que los resultados, negativos como se ha puesto de manifiesto, no se observan hasta pasados unos años y una vez que han producido el consiguiente efecto destructor. Reconducir el país se torna un complejo problema, puesto que no solamente se ha perdido la confianza de los inversores y de la población en general, sino que han sido tales la destrucción y la sinergia causadas que se

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requieren actuaciones decididas e inteligentes para frenar el proceso y regenerar los espacios perdidos, lo cual conlleva tanto o más energía y tiempo que los empleados para generar la situación anterior. Es decir: volvemos a perder nuevamente una década, en esta ocasión la década de los pospopulismos autoritarios. Es evidente que hay muchas maneras de hacer histórica, casi tantas como de deshacerla4. No hemos introducido aquí variables que se toman en cuenta en otros informes, como el Freedom in the World, el Índice de libertad económica, el Índice de percepción de la corrupción, y otros muchos en los que se ponen de manifiesto los niveles de descrédito a los que Venezuela ha descendido durante la gestión chavista. Lo único que parece constante es la ambición por instalarse y permanecer en el poder5. Hay que esperar a ver la dirección real que toma Bolivia, país del que The Economist dijo que hay que darle el beneficio de la duda, para determinar si el camino que seguirá será el de la social democracia semejante a Chile, o si la tendencia es hacia un socialismo retrógrado de corte venezolano. Todo parece apuntar a una trayectoria similar a la descrita, pero hay dos aspectos que pueden enturbiar aún más la situación. El primero es la diferencia de personalidad entre el presidente venezolano y el boliviano, que hace de este únicamente un imitador de algunas de las posiciones de aquel. El segundo, y quizá más importante, es que Venezuela ha contado con recursos económicos suficientes para soportar estos años de retroceso, ofreciendo subvenciones que han mostrado la bondad, generosidad y “eficacia” del Gobierno. Esto no sería posible en Bolivia. Por tanto, es necesario ver si realmente el fracasado modelo chavista puede todavía, en su contumacia, ser aplicado a Bolivia. En todo caso, no será nunca una social- democracia de estilo 4

José Ortega y Gasset. La Rebelión de las Masas. Es interesante observar el lema con el que aparece el presidente Chávez para conmemorar sus siete años en el poder: “7 años… por ahora”. 5

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europeo, como los más benévolos han dado en denominarlo. Parece oportuna, en este momento, una reflexión que nos hace José Ortega y Gasset en La Rebelión de las Masas: “Si se presenta como reaccionario o antiliberal, será para poder afirmar que la salvación de la patria, del Estado, da derecho a allanar todas las otras normas y a machacar al prójimo, sobre todo si el prójimo posee una personalidad valiosa. Pero lo mismo acontece si le da por ser revolucionario: su aparente entusiasmo por el obrero manual, el miserable y la justicia social le sirve de disfraz para poder desentenderse de toda obligación –como la cortesía, la veracidad y, sobre todo, el respeto o estimación de los individuos superiores.”. Queda la esperanza de que el sistema, aparentemente democrático, sea capaz de sacar a los gobernantes corruptos e ineficaces. Para ello habrá siempre una cita con las urnas (aunque manipulada), en la que se podrá dar la vuelta al actual momento político. Esto es algo que lo diferencia del de Cuba, que, entre bambalinas, sigue presente, pero sin capacidad de mostrar más que lo que le queda: miseria, fracaso y siempre un apoyo y acogida amistosos a sus pupilos aventajados. Los no alineados En este nuevo panorama geopolítico encontramos una serie de países que alguna vez tuvieron un significativo protagonismo por su despegue económico o liderazgo regional, y que se hallan dejando atrás o enfrentando todavía crisis que no les permiten ser referentes absolutos, como en algún momento histórico lo fueron. También otros que tradicionalmente han estado a la zaga de aquellos y que, debido a un cierto grado de dependencia económica, cultural o de tipo histórico, siempre conformarán este grupo. Entre los primeros destaca Chile, con una presidenta recién elegida, cuya política se espera sea continuación de la de su antecesor Ricardo Lago, uno de los políticos que finalizó su

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mandato con un mayor grado de aceptación popular. Es de esperar que la coalición gobernante (Partido Socialista-Partido por la Democracia-Democracia Cristiana) continué como lo ha hecho hasta ahora, si bien algunas sombras pueden oscurecer el panorama de acuerdos que hasta el presente ha predominado. Lo primero es que Bachelet es la primera mujer presidente y, quiérase o no, va a suponer una carga en su gestión todo lo que a fiscalización se refiere. (No olvidemos que Chile es uno de los países más conservadores de América Latina). Lo segundo es que ve reducido, por primera vez, su mandato a cuatro años. Por último, debe tomarse en cuenta que la sombra de su antecesor la persigue en dos direcciones concurrentes: la posible reelección del propio Ricardo Lago en las próximas elecciones, y el presumible reclamo de sus socios de coalición en el sentido de querer ostentar el poder, ya que el anterior y actual periodo transcurrió bajo el mando del Partido Socialista. Chile, por tanto, seguirá en esa ruta de consolidación por la que hasta la fecha ha discurrido. Igual panorama podemos ver en Argentina y a Colombia. El segundo país con un proceso electoral próximo, en el que se afrontará la reelección del presidente Uribe. La falta de estabilidad económica y política en el primero de ellos y social en el segundo no acaba de permitirles que ocupen espacios de liderazgo en la región más allá de lo local o circunstancial. Finalmente, México sería el último de los países que conforman este grupo. Abocado como los anteriores a un proceso electoral en el corto plazo, se encuentra en un momento en el que cualquiera de los candidatos puede alcanzar el poder6. Felipe Calderón Roberto Madrazo Andres L. Obrador

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Esto impide hacer pronósticos certeros sobre cambios o continuismo, pero también sitúa al país en una posición que, además de la mirada tradicional hacia Estados Unidos, lo detrae de los movimientos que se están generando en Centroamérica y Suramérica. Entre los grupos anteriores hay que situar todavía dos países: Brasil y el Perú, que no terminan de ubicarse ni en uno ni en otro. La elección de Lula (recordemos que también habrá durante el 2006 elecciones en Brasil), que despertó grandes expectativas, se quedó precisamente en eso: en una especie de esperanza perdida. La corrupción de que fue acusado su partido y posiblemente la imposibilidad de implementar los planes, también de cierto corte populista, que presentó en su campaña, unido todo a una notoria ausencia en el escenario internacional, únicamente permiten decir que Brasil ha dejado de ser referente para muchos otros Gobiernos que también pusieron sus esperanzas en ese modelo “Luleño” que aún no acaba de definirse. Algo similar podríamos decir del Perú. La gestión del presidente Alejandro Toledo tampoco ha satisfecho a la mayoría de la ciudadanía peruana, que durante prácticamente todo el pasado año 2005 lo ha señalado como el presidente con menor nivel de aprobación entre todos los mandatarios de América7. Las elecciones del próximo mes de abril de 2006 pueden resultar muy reñidas, después del fracasado intento de Fujimori de regresar, entre una candidata emergente, Lourdes Flores, y el también autoritario populista, Ollanta Humala, otro golpista como su amigo Chávez, que ha generado un vector “de esperanza” coincidente en el blanco con el venezolano y boliviano. El gran impulso logrado en los pocos meses desde que lanzó su campaña la candidata Flores, unido al triunfo de Bachelet en Chile, puede ser el freno al populismo que se

31.0% 29.2% 38.7%

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Datos obtenidos del informe de enero 2006. Ver: http://www.consulta.com.mx/interiores/99_pdfs/11_ele cciones_pdf/elec_NA20060110_AsiVan.pdf

El último de los trabajos que recoge tal información puede verse en: http://www.consulta.com.mx/interiores/99_pdfs/14_en torno_i_pdf/ei_20060120_EvaMan.pdf

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escasísimo margen, de Oscar Arias9, no pronostican cambios significativos en lo que hasta ahora se ha venido haciendo. Nicaragua ya sufrió los avatares del sandinismo que, por otra parte, amenaza con volver. El caso Arnoldo Alemán y el claro enfrentamiento con el presidente Bolaños de los seguidores, tanto de Alemán como de Daniel Ortega, ha puesto de manifiesto una alianza entre ambos, con el fin de desbancar del poder al actual presidente y crear una situación que se perciba como peligrosa y pueda generar una falta de gobernabilidad10. No obstante, las encuestas que se manejan parecen indicar que la tendencia de voto no favorecerá, en esta ocasión, al Frente Sandinista, por lo que Nicaragua no tiene, necesariamente, que situarse cerca de la órbita autoritaria.

avecinaba mucho más claramente a mediados del pasado año. Eso sin contar los escándalos que ya comienza a cosechar el candidato golpista. El espacio común centroamericano Resultó significativa la ausencia de todos los presidentes de Centroamérica en el acto de toma de posesión del presidente de Bolivia. Variadas fueron las pocas interpretaciones que hubo de tal acontecimiento, siempre justificado con otra reunión de alto nivel que, curiosa y simultáneamente, se realizaba en El Salvador. Parecía que la subregión quería quedar fuera del folclore Chávez-Morales, para no verse inmersa en cuanto proyectaba aquel acto de consolidación de un espacio que elogiaba el autoritarismo8. Este desmarque del evento se produce después de una visita del presidente de Colombia y se traduce como la voluntad de proyectarse geopolíticamente como un espacio propio, alejado del grupo de países autoritarios y también lejos de los no alineados. El mensaje que se quiere enviar es el de unión (en la adversidad, eso sí), de esperanza, de ser capaces de crear una zona donde no se inserte ninguna idea de corte dictatorial, al tiempo que pretende ser una inyección de moral para los países de Centroamérica, en los que próximamente habrá elecciones generales: concretamente en Nicaragua y Guatemala. Costa Rica ha tenido históricamente gobiernos de corte social-democrático o social-cristiano y, aunque ha estado alejada de importantes convenios y tratados, no es menos cierto que también ha estado presente, en mayor o menor medida, en un importante espacio de colaboración regional. La polarización observada en las recientes elecciones y el triunfo, por un

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Interesente, al respecto, ver y oír las declaraciones, finalizadas de forma abrupta, de Evo Morales a la cadena Univisión, donde afirma que admira y respeta a Fidel Castro y que Cuba es una democracia. Ver: http://www.univision.com:80/content/content.jhtml?cid =779761

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Si las elecciones presidenciales fueran hoy, ¿por cuál candidato votaría? Herty Lewites 29.5% Eduardo Montealegre 25.4% Daniel Ortega 18.7% No votaría 8.5% José Antonio Alvarado 4.5% Ns/Nr 6.3% Arnoldo Alemán 2.6% José Rizo 2.1% Otros 2.4% Encuesta Nacional de Opinión Pública. Nicaragua, Noviembre 2005. Borge y Asociados

Por otra parte, en Guatemala también deben celebrarse elecciones en el 2007, aunque, de hecho, la situación de desgobierno ha dado lugar a que la campaña electoral se haya adelanto prácticamente un año.

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Este artículo está cerrado a 7 de febrero de 2006, por lo que refleja la situación electoral en el momento de escribirlo. 10 En la encuesta Nacional de Opinión Pública, noviembre de 2005, de Borge y Asociados, el 33,4% de los nicaragüenses hacen responsable a Daniel Ortega y al Frente de la excarcelación de Arnoldo Alemán.

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Durante el primer semestre de 2006, la mayoría de los partidos políticos han organizado las elecciones primarias con el fin de elegir un candidato que los encabece en los próximos comicios. El panorama no es muy alentador. De un lado del espectro, una serie de partidos políticos se nos muestran desunidos, sin liderazgo real y con pocas opciones de encontrar un candidato con “tirón”. Del otro, el populismo se personifica en Álvaro Colom, líder de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), que, tras dos intentos de acceder a la presidencia, presumiblemente optará por hacer el tercero, partiendo de una posición muy favorable en cuanto a intención de voto. Completa el espectro el FRG, partido que gobernó en la pasada legislatura y del que una gran parte de los ciudadanos no quieren ni oír hablar (a pesar de la gran representación que tiene en el Congreso), por los abusos y delitos cometidos en el período 2000-2004. Así las cosas, es en Guatemala donde, por el momento, parece más posible un triunfo de algún movimiento de corte populista (e incluso autoritario). Además, según informes de prensa, con apoyo (incluso económico) del régimen chavista. Habrá que esperar la evolución no solo de la intención de voto y la política nacional, sino

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también la internacional, en el sentido de ver qué lideres serán elegidos en esos países que celebrarán sus comicios antes que el nuestro, y cómo se dibujará el panorama político en América, principalmente en México y en Nicaragua. En todo caso, Centroamérica se encuentra en un momento histórico, donde la asunción de un protagonismo propio en lo económico (a través del CAFTA y otros acuerdos comerciales, principalmente con la UE) y en lo político puede servir de lanzadera a esta región, que tradicionalmente ha permanecido sin representar un papel protagónico en el escenario de América Latina (salvo en lo negativo, por la incidencia guerrillera de las décadas de los 70 y los 80). Conformar un espacio geopolítico alejado de esos movimientos perturbadores, que lo único que hacen es prolongar el retraso y el desarrollo, debe ser un reto y un desafío para los ciudadanos centroamericanos. Quizás haya llegado el momento de conformar esa zona propia y de establecer acuerdos de base, que permitan consolidar las democracias, frágiles en algunos países hasta la fecha, y recuperar en lo económico las décadas perdidas por influencia del mercantilismo, el nepotismo, la corrupción y la falta de institucionalidad.

(*) Maestría en Relaciones Internacionales. Director del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco Marroquín.

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El jazz: la música “hayekiana” Ramiro Maldonado (*) “La característica esencial del jazz, es el derecho de ser un individuo” Ornette Coleman (saxofonista) “...what a wonderful world…” Satchmo (cantante)

De los órdenes espontáneos y el jazz La teoría del orden espontáneo1 afirma que existen ciertas manifestaciones sociales que conducen al establecimiento de un orden cuya planeación es imposible para cualquier ser humano. Hayek lo describe como: “un orden tal que , aunque resulte de la acción humana, no ha sido creado por seres humanos que deliberadamente arreglan los elementos en un patrón preconcebido.”2 Esto quiere decir que dicho orden aparece de forma espontánea y por el contrario, no se deriva de la organización premeditada e intencional de los hombres.3 Esta noción se encuentra esparcida a lo largo de la obra de Hayek y para él es esencial “en el lenguaje, la moral, la ley, la escritura y el dinero...”4 y a mi parecer, también en el jazz. El jazz es una forma musical nacida en los Estados Unidos, específicamente en la ciudad de Nueva Orleáns en los primeros años del Siglo XX. La primera grabación de una banda de jazz se realiza en 1917 con “The Original Dixieland Jazz Band”, que obtiene a raíz de dicha grabación un éxito enorme en los Estados Unidos y en Europa. En el jazz, los intérpretes improvisan5 al momento de su ejecución. Si bien es cierto que toda la música es hasta cierto punto una improvisación, es realmente muy difícil toparse con algún otro tipo de

música que tenga un grado de improvisación tan elevado como el del jazz. Es por ello que este ensayo se fija justamente en esa característica tan llamativa, que más que una simple característica, es su pura esencia. Y es precisamente su esencia la que se enlaza de forma perfecta con la teoría hayekiana del orden espontáneo como veremos más adelante, hasta llegar a demostrar que el jazz es en efecto un orden espontáneo y por ello lo denomino, “caprichosamente” como: la música “hayekiana”. Lo “concreto” y lo “abstracto” en el jazz Hayek reconoce que es necesario aclarar las diferencias entre los términos de “concreto” y “abstracto”. Por concreto se refiere a aquello que puede conocerse a través de los sentidos y que se distingue porque siempre conoceremos otras propiedades de los objetos aparte de aquellas que ya una vez conocimos. Por otro lado, lo abstracto abarca los conceptos, o sea lo que hemos idealizado sobre los objetos concretos.6 Esto obedece a que nuestro filósofo observa una relación directamente proporcional y otra inversamente proporcional entre la complejidad de los órdenes y los términos anteriores. Esto significa que a mayor complejidad del orden se requiere, para poder controlarlo, que nos fijemos más en lo que ese

1

Hayek, Friedrich A. El Orden de la Libertad. Pág. 24. Ibidem. Pág. 25. 3 Zanotti, Gabriel J. Introducción filosófica al pensamiento de F.A. Hayek. Pág. 14. 4 Hayek, Friedrich A. Op. Cit. Pág. 30. 5 La improvisación en el campo de la música consiste en crear una parte de una composición, o bien una composición completa al momento de la interpretación. 2

6

“...strictu sensu, el contraste entre lo concreto y lo abstracto, como nosotros lo entendemos, equivale al contraste entre un hecho del cual nosotros siempre conocemos sólo atributos abstractos pero de los cuales podemos descubrir más, y todas aquellas imágenes, concepciones y conceptos que guardamos en la mente cuando ya no contemplamos el objeto particular”. Hayek, Friedrich A. Op. Cit. Pág. 26.

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orden tenga de “abstracto” y por ende menos en lo que tenga de “concreto”. Lo abstracto y lo concreto, en sentido hayekiano, se perciben claramente en el jazz. Las ideas y sentimientos que los músicos tienen en la cabeza son su abstracción, son puramente conceptos musicales que se hacen concretos al momento de la interpretación. Podría pensarse hasta este momento que, entonces toda la música es un orden espontáneo. Pero no es así, puesto que un músico no jazzista va a leer una partitura al momento de interpretar y debe adecuar su interpretación de forma exacta a lo que ésta le indique. Por lo tanto lo abstracto y lo concreto, por ejemplo en el violinista que interpreta la Sinfonía Heroica de Beethoven va a coincidir una y otra vez. Lo abstracto va a residir en el deseo que tiene el violinista de que su interpretación, o sea lo concreto, sea completamente fiel a lo que Beethoven plasmó en la partitura.7 El violinista que ejecuta a Beethoven necesariamente estaría partiendo de lo ya una vez concreto hacia lo concreto nuevamente. Por el contrario, lo último que los jazzistas desean es eso: que lo abstracto y lo concreto confluyan una y otra vez. En un solo de jazz, el intérprete en su improvisación puede tocar la nota que quiera en el momento que quiera. Bix Beiderbecke, uno de los mejores pianistas de la historia del jazz, jamás interpretó una canción de la misma forma dos veces. Cuando la gente le pedía que tocará algún coro como lo había grabado, él respondía: “Es imposible. No siento lo mismo dos veces. Esa es una de las cosas que me gustan del jazz, muchacho. No sé lo que puede ocurrir enseguida.” 8 Es en este punto en donde encontramos, a mi parecer, uno de los puntos que más claramente convergen entre la teoría de Hayek y el jazz. La capacidad del jazz de ir de lo abstracto a lo

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concreto una y otra vez y no de lo concreto a lo concreto como la mayoría de formas musicales. Nuestro filósofo nos deja en claro que cuando no podamos manejar lo concreto, debemos recurrir a lo abstracto.9 Esto es lo que hacen precisamente los músicos de jazz de principios del Siglo XX. Muy pocos de ellos dominaban realmente los conocimientos formales -leer partituras p. ej. o sea, lo “concreto”- de la música. Es decir, no eran músicos de “academia”, pero sí sabían recurrir a lo abstracto cuando más lo necesitaban. Tenían la habilidad -hoy en día algunos modernos también la tienen- de que las ideas surgieran al momento de la improvisación hasta convertirse en verdaderas piezas musicales sin necesidad de leer una partitura. Se hace notorio ahora que si se añadiera al jazz una mayor racionalidad con el objetivo de “ordenarlo” y así evitar que esas maravillosas interpretaciones como las del gran Bix se perdieran; estaríamos ciertamente “desordenándolo”. Hayek nos diría que estaríamos obteniendo: “un resultado menos coherente”.10 El jazz es un orden espontáneo en el que se pueden controlar ciertos aspectos abstractos, pero no sus manifestaciones concretas. Hayek nos dice: “La preferencia por lo concreto conlleva la renuncia al poder que el pensamiento nos da.”11 No sé por qué, pero sospecho que a Hayek le agradaba el jazz. El jazz es un orden espontáneo, la banda de jazz es una organización Del anterior apartado seguramente surge la duda de ¿cómo puede ser el jazz un orden espontáneo, si es interpretado por una banda que deliberadamente ha decidido reunirse para hacerlo? La respuesta no nos la puede dar alguien más, que el mismísimo Hayek. Él define la organización como: “la clase de orden que se logra arreglando las relaciones entre las partes,

7

El objetivo de este ensayo es demostrar que la forma musical del jazz coincide con la teoría de F.A. Hayek respecto a los órdenes espontáneos y no cuestionar si una forma musical es más bella que otra. La Sinfonía No. 3 «Heroica», claro está, no podría interpretarse de otra forma que no sea aquella que Beethoven deseaba. 8 Lincoln Collier, James. Jazz, la canción tema de los Estados Unidos. Pág. 47.

9

Hayek, Friedrich A. Op. Cit Pág. 49. “El hecho es que, en un aparente esfuerzo por lograr mayor racionalidad, en el sentido de tener en cuenta todas las consecuencias previsibles, podemos lograr mayor irracionalidad, esto es, una forma menos eficaz de tener en cuenta resultados remotos y un resultado menos coherente.” Loc. Cit. 11 Loc. Cit. 10

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según un plan preconcebido.”12 En base a lo anterior podemos distinguir que una organización produce un orden al colocar los elementos individuales en posiciones específicas para que realicen tareas asignadas. Esta organización por ende, requiere de normas que sean coadyuvantes a la realización de dichas tareas. Hayek nos dice que las normas que rigen una organización son mandatos y no normas generales. En el caso de la banda de jazz, estos mandatos se limitan únicamente a decir quién será el pianista, quién será el trompetista y así sucesivamente. Son meras designaciones, que no van más allá del simple hecho de nominar a los integrantes de la banda. El mandato establece por ejemplo: 1. quienes serán los saxofonistas (la tarea asignada), 2. quién será el saxofón tenor y quién será el saxofón soprano (las posiciones específicas) y 3. junto a quienes más conformarán la banda (la colocación de los elementos individuales). Pero en ningún momento pasan estos mandatos a establecer por ejemplo, qué es lo que tocará el saxofón soprano durante un solo, lo cual sería una verdadera aberración. Esto se debe a que el carácter general de un orden es espontáneo y por ello no es factible, de acuerdo con Hayek, que sea mejorado al dar “a los miembros mandatos directos, pues sólo esos individuos conocerán las circunstancias que los hacen hacer lo que hacen.”13 Por lo tanto el mandato se limita únicamente a determinar el “esqueleto”14 de la banda de jazz, pero no a regular el orden espontáneo subyacente que es el jazz en sí. En conclusión, la banda puede controlarse por medio del mandato hasta el punto de especificar: “Tú tocarás la trompeta, tú el saxo y tú el contrabajo.” Pero hasta ahí. En ningún momento podrán controlar la música que los jazzistas ejecutarán, porque sólo ellos conocen lo que van a ejecutar en un momento dado en base a sus sentimientos, a su espíritu y a sus ideas. El mandato no puede intentar regular lo 12

Ibidem. Pág. 27. Ibidem. Pág. 44. 14 “...en una organización tiene sentido [...] determinar su esqueleto por medio de mandatos específicos y regular los detalles de las acciones de los diferentes miembros solamente por medio de normas...” Loc. Cit. 13

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“concreto” del jazzista; esto es su interpretación, porque estaría evitando el surgimiento de la espontaneidad, el fluir de la improvisación. Se estaría matando al mismo jazz. El jazz como resultado de la acción humana y no del designio humano No hay lugar a dudas que el jazz es un producto de la cultura y la cultura para Hayek es producto de la acción humana y no del designio humano. La cultura surge de manera espontánea, en base a las relaciones entre los hombres, como resultado de esas acciones humanas entremezcladas e interrelacionadas y no por el deseo o planificación de una o varias personas. De igual forma aparece el jazz en Nueva Orleáns, como resultado de una serie de interacciones sociales no premeditadas y no deliberadas. El jazz constituye un verdadero orden espontáneo que se manifiesta en concreto cada vez que un músico ejecuta una melodía a partir de sus gustos y preferencias del momento, de cómo se sienta y de cómo desea expresarlo. Por lo tanto, no puede decirse con exactitud que tal jazzista fue el primero o que tal banda aportó más. Simplemente el jazz es el producto de múltiples interacciones individuales bajo condiciones territoriales y temporales medianamente determinadas –Nueva Orleáns de principios del Siglo XX- que conducen a la manifestación de un orden espontáneo fruto de la acción humana. El jazz, su patrón general y el individuo Hayek nos habla de aquellos órdenes sociales conocidos como “ordenes generales” cuyos elementos son individuos que, reaccionan de forma parecida ante circunstancias específicas. Sucede esto porque esas circunstancias ante las que reaccionan son las que ellos conocen. De esta similitud de reacciones se genera un patrón general por medio del cual se desarrolla una cierta regularidad, nunca completa, en las acciones individuales. Estas acciones, dentro de una totalidad ordenada, siguen el camino señalado por unas normas comunes, que de ninguna manera van a fijar sus acciones completamente. Es por ello que Hayek señala

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que: “la decisión específica de un individuo depende de características propias de él.”15 En el jazz, el patrón general del que Hayek nos habla, queda configurado de la misma manera. La labor de los jazzistas se alinea a “patrones armónicos”, “patrones discernibles en los sonidos”,16 acordes, escalas, modos, etc... que tampoco van a servir para determinar sus acciones, es decir su ejecución. Para Lincoln Collier, un reconocido crítico del jazz: “El trabajo del músico consiste en aportar otra voz que tenga sentido, en términos de los hechos que ocurren en su entorno.”17 Esto es exactamente lo mismo que Hayek propone en su noción del patrón general, en cuanto a la existencia de ciertas fuerzas ordenadoras del orden social y de cómo estas gobiernan las conductas de los elementos. Además de esto, también nos habla de la respuesta que los individuos tendrán a circunstancias específicas entre las que se encuentra su entorno y que formarán eventualmente “patrones generales” pero “nunca determinantes” de esa respuesta, que será sólo similar en algunos aspectos y no en todos. En el caso del jazzista (individuo) que ejecuta un solo y por ello, se desvía de ese patrón general y tiene respuestas solamente parecidas en algunos aspectos, pero no en todos, a las del resto de la banda; podemos decir que sigue formando parte de esa totalidad ordenada que es la canción. Y esto a pesar de que cada músico responde a un medio específico que es su mente pero siempre dentro de esas normas generales que son las notas, los acordes o el patrón armónico. Del solista y su papel dentro del orden espontáneo En la teoría hayekiana encontramos una conditio sine qua non para la formación de un orden espontáneo y esta consiste en que “lo concreto” se deje a los individuos.18 El jazz supera la prueba. Casi ninguna otra forma

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musical otorga tanta preeminencia al “individuo”; o sea, al solista como lo hace el jazz. Para nuestro apreciado maestro austriaco, si este requisito no fuese satisfecho, se estaría confinando la capacidad individual de adaptarse a aquellas circunstancias específicas que sólo los individuos conocen y por consiguiente el orden espontáneo queda destrozado de antemano. Tan solo imaginar el hecho del jazz sin el reconocimiento de esas circunstancias específicas individuales hace temblar a cualquier amante del jazz y por supuesto, también seguidor de Hayek. El jazz no existiría si lo concreto no fuese atribuido a los individuos, si su conocimiento de esas circunstancias específicas que es todo lo que siente al momento del solo, no pudiese ser manifestado por estar atado a una partitura. Lo deliberado en la música puede aportarnos bellas sinfonías de Mozart o Haydn (por cierto, también austriacos) interpretadas a la “perfección” por grandes orquestas, que nos darían un mayor control sobre los “detalles”, sobre lo “concreto”. Lo espontáneo también nos ha aportado solos impresionantes como el “Muggles” de Satchmo Armstrong o el “Ko-ko” de Charlie Parker, que representan al jazz en su esencia pura: la libertad del solista, del individuo, para ocuparse de lo concreto. Del conocimiento de aquellas circunstancias específicas (sus pasiones, sus miedos, sus alegrías) que sólo él es capaz de conocer y en consecuencia, de manifestar por medio de un solo, improvisado, espontáneo. Leo y releo a Hayek y lo disfruto. Escucho y siento el jazz, también lo disfruto. Soy hayekiano y me quedo con el jazz: la viva representación de un orden espontáneo, la auténtica música “hayekiana”.

(*) Alumno de la Facultad de Derecho de la UFM

15

Ibidem. Pág. 36. Lincoln Collier, James. Op. Cit. Pág. 47. 17 Ibidem. Pág. 54. 18 Es condición necesaria de la formación de este orden abstracto que se dejen los detalles concretos a los individuos y que se controle sólo por medio de normas generales y abstractas.” Hayek, Friedrich A. Op. Cit Pág. 47. 16

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¡Visto y leído! En INTERNET: Índice Latinoamericano de Transparencia Presupuestaria 2005. Síntesis: Estudio sobre ocho países latinoamericanos y el correspondiente análisis sobre la base de determinadas variables políticas y económicas. http://www.consulta.com.mx/interiores/99_pdfs/14_entorno_i_pdf/ei_051111_IndLatinTransPresup2005.pdf

¿Cómo interpretar una encuesta preelectoral? Síntesis: Diversas reflexiones y pautas para el análisis estadístico en relación con los sondeos de opinión en periodos preelectorales. http://www.consulta.com.mx/interiores/99_pdfs/17_articulosinteres_pdf/OE200408_EncuestaPrelectoral.pdf

Discurso del Presidente Bush Síntesis: State of the Union address by the President http://www.gees.org/documentos/Documen-637.pdf

Human Rights Watch Síntesis: Informe anual sobre derechos humanos

http://www.hrw.org/wr2k6/americas/index.htm

Especial sobre elecciones en América Latina 2005-2006 Síntesis: Información variada y de interés sobre los proceso electorales en América Latina durante 2005 y 2006. http://www.realinstitutoelcano.org/especiales/EspecialEleccionesAmericaLatina2005/

Ïndice de Libertad Económica 2006 Síntesis: Detallado estudio de la libertad económica en los diferentes países del mundo a través del análisis de múltiples variables. http://www.heritage.org/research/features/index/ Latin Liber Síntesis: Nueva página para los amantes de la libertad. Mucha información. http://www.latinliber.com/

"Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas" (J. Ortega y Gasset).

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Febrero 2006 Año 2. Número 4

RЄPRI Revista Єlectrónica del EPRI

ISSN 1815-9249

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