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- ¡Ven, bonito! – Llamó una niña pequeña, de dulce sonrisa y buenas intenciones mientras miraba a un perro mestizo con amor. Ese perro mestizo al que miraba con profundo cariño, ese animal tan afortunado al que le van a hacer mimos, soy yo: Draco. Pero no siempre he sido tan bienaventurado. No, ni por asomo. Yo no soy muy agraciado en cuanto a belleza, supongo que mi madre, una excelente labradora, no pensó en sus posibles futuros hijos cuando se enamoró de mi padre, un valiente husky. Aun así mis ojos azules, heredados de la parte “husky”, compensan mi extraña mezcla de colores en el pelaje, mayormente rubio. Ello, junto con las caricias de una de mis dueñas, me recuerda a mi triste historia con un final medianamente feliz. Yo nací en plena ciudad de Londres, Inglaterra, mis primeros dueños eran muy cariñosos pero los cachorros, yo entre los cinco que había, tuvieron que ser regalados. Yo fui destinado a un matrimonio joven recién casado, la mujer se llamaba Jennifer y el hombre, Harold. Me mimaban mucho, tal vez demasiado. Se acercaba el calor del verano y siempre veían catálogos de viaje y yo iba creciendo poco a poco. Tendría unos cuatro meses en esa época y no era lo que se dice muy pequeño…Fue en Agosto… - ¡Catalina! ¿No te das cuenta de qué hora es? ¡Es la hora de la aguadilla! – El niño mayor molestó a mi ama Catalina, olvidándose de que yo estaba allí, se lanzó al agua. - ¡A ver quién ahoga a quién, Pedro! – Dijo ella juguetona. Y es que vuelve a ser Agosto, pero esta vez no tengo de qué preocuparme…Sé que estoy a salvo. Pero tres años antes era insufrible… Como aquella vez, en Londres… Nos íbamos con mucho equipaje en el maletero del coche. ¿A dónde? No me importaba con tal de estar con mis queridos, amados, idolatrados dueños. Pero no pude ver ningún cinturón adecuado para mí, ningún transportín a la vista, como sucedía en las películas o en las revistas de viaje. <<Bueno, podían llevarme sin eso. “Eso” era para los perros que se portaban mal. >> Pensé, tranquilizándome más de la cuenta… Pero, ¿y la correa? ¿Por qué no tenía ningún collar puesto? ¿Y mi comedero? 3


Esas preguntas me deberían de haber avisado de una cosa: que no me querían… - ¡Draco, ven! – La llamada de mi querido amo Joaquín me distrajo. Yo fui a su lado como un corderito y a cambio recibí una recompensa: un huesito canino y un futuro y largo paseo por la ciudad… ¿Esta vez volvería a mi hogar o me abandonarían como tantas otras veces? En estas apareció un hombre, no era mi dueño, corrí pero para mi sorpresa ese hombre no parecía quererme hacer nada…Es más, me ignoraba, volví junto a mi dueño. - Mire, tiene que estar tranquilo. No se preocupe por las posibles reacciones del perro, yo estoy aquí para que usted pueda tratarle como se merece. Este perro ha tenido una mala vida, pero eso se acabó. Aun así tiene muchos temores: ya ha visto cómo ha huido cuando me ha visto aparecer. – Dijo este hombre. - Sí, mire, el caso es que mi familia y yo nos hemos encariñado con este bribón. – Joaquín rió mientras me acarició suavemente. – Queremos poderlo sacar a la calle sin que huya de algo y también dormir cómodamente. Sus risas se oyeron, risas que no me hacían caso… Recuerdo perfectamente la musical risa de Jennifer… Me acuerdo que de pronto hicimos una parada, lejos de casa... Suficientemente lejos para no poder regresar. Jennifer bajó. - Harold… ¿No podríamos llevárnoslo? - No hay hoteles con perros baratos así que no protestes. El avión tampoco es que cueste poco… -¡Ven, Toby, “grandote”! – No debéis de extrañaros si es otro nombre distinto al de Draco, pues así me llamaba hace tres años… Pero la risa de Jennifer no sonaba como cada vez que me llamaba “grandote”…Dos perlas resbalaron de sus ojos…No estaba seguro de ir pero tenía que consolarla, ayudarla, alejar de ella esa tristeza…Y fui sin dudarlo ni un solo instante pues me habría sacrificado si ella y Harold hubieran estado mejor. – Bien, grandote. Ahora escúchame: quédate quieto: luego te re-recogeremos. – Esta vez temblaba como un cachorro desprotegido mientras tartamudeaba. – ¡Quieto! – Ordenó una vez más mientras se subía al coche junto a Harold. ¿Por qué? ¿Por qué me hacían esto? Pese a todo me quedé inmóvil… Me convencí de que vendrían a buscarme… Vi cómo el coche avanzaba unos metros pero no pude evitar el impulso de seguirlos y corrí como alma que lleva el diablo detrás del automóvil que ya

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había cogido velocidad…Se alejaba, llevándose conmigo un generoso trozo de mi frágil y diminuta alma… Aún así no me dejé vencer por la velocidad de la máquina de Harold: seguí siguiéndolos por las calles de Londres. Avancé varios kilómetros hasta que mis músculos gritaban de dolor, pero eso no me importó… Por fin llegó el momento en que mis músculos se negaban a funcionar, mis huesos estaban agarrotados y mi corazón empezaba a protestar ante tal esfuerzo en vano… Pude apartarme con mucha fuerza de voluntad de la carretera. Aún tenía esperanza…Pero me engañaba a mí mismo. Me tiré en una acera, no era una calle muy transitada y además se acercaba la noche. Noté cerca el río y me acerqué a él, cansado. El hombre recién llegado me despertaba la curiosidad. No me miraba, seguía hablando con mi preciadísimo dueño. Me acerqué a él y, para mi asombro, no me miró, seguía muy tranquilo y sin hacerme caso: algo que me reconfortaba. - Me ha comentado anteriormente que es imposible que os subáis al coche sin él y que una vez dentro, es imposible sacarlo fuera. – Dijo el hombre. - Sí, Fernando. Normalmente tenemos que llevarlo a dónde sea con tal de irnos tranquilos. Primero se meten mis hijos: Catalina y Pedro. Luego mi mujer, Elisa, pero no la deja meterse en otro lugar que no sea en el del copiloto, más tarde entra él y por último: yo. Además, le tiene mucho miedo al río y al mar; sin embargo, en la piscina a veces se baña. - Bien. Fernando, el hombre, se acercó a mí y me obligó amistosamente que me subiera al coche con actitud firme aunque cariñosa. Posteriormente mi amo y él se metieron en el coche…y nos fuimos alejando de esa casa que tanto cariño le había cogido. << Tranquilízate, Draco, Luxor, Máx, Toby,…o como sea tu nombre. Esta vez es diferente. Estos nuevos “amos” te quieren. >> Sonó una voz en mi cabeza. ¡Cuánto me gustaría hacer caso a esa voz! Pero, ¿por qué he de fiarme otra vez de los humanos? ¿Por qué he de fiarme de unos seres que se creen reyes del mundo? ¿Por qué he de fiarme si lo único que me han hecho ha sido daño? Miro la ventana…Aún recuerdo lo que pasó antes… como si fuese ayer… Día tras día vagaba por las calles de Londres, sin que nadie se fijara en mí. Por la noche volvía al río a dormir, a veces alguien, algún pobre que se compadecía de mí, me daba algunas sobras… Hasta que apareció ella… 5


Una niña, como Catalina, que me vio y me intentó hacer mimos en más de una ocasión hasta que lo consiguió pese a mi miedo a los humanos… ¡Mis primeros mimos en un mes! ¿Golpe de suerte? No creo…Parece ser que en la célebre frase “después de la tormenta viene la calma” se les ha olvidado añadir: “, y después otra tormenta”. Me acogió en una especie de casa abandonada, dónde me preparó unos trapillos a modo de cama y me puso un nuevo nombre: Máx. ¡Qué buenos días pasé junto a ella…! ¿Hemos parado?… ¡Oh! ¡No! ¡Hemos parado! Mal asunto. Empiezo a dar muchas vueltas por el maletero sin parar de hacer ruido. ¿Acaso no saben que parar es mala señal? Oigo unas voces, las de Joaquín y Fernando. Hablan sobre mí pero no me apetece escucharlas. - ¿Siempre se pone así cuando para? – Pregunta Fernando. - Siempre. Creo que es un trauma. – Responde Joaquín. - ¿Y lo deja estar? - Sí, no sé cómo evitarlo. No sé cómo tratar a Draco puesto que no conozco su pasado y temo empeorar sus traumas. - Pero el no conocer su pasado no implica. Usted tiene que ser un líder de la manada firme y seguro de sí mismo, ha de comprender al perro y ayudarlo pero nunca ha de dejar que tome el control. Luego nos centraremos en esto cuando lleguemos a la ría. – Insiste Fernando. ¡Hemos parado definitivamente y se están bajando! ¿Qué pasa aquí? Fernando me hace ver que no pasa nada subiéndome y bajándome del coche una y otra vez, luego Joaquín hace lo mismo. Más tarde, lo hacen mientras paramos…pero sé que estoy seguro ahora, al menos, por el momento… Después de la tormenta viene la calma, y después otra tormenta… Pero ahora está en calma, sólo hay que vigilar… Me relajo mientras me llevan de paseo por un sitio desconocido… ¿¡Qué huele a humedad!? Jane, la niña que me buscó esa casa abandonada y me cuidó cuando tenía miedo de cualquier ser humano que se me acercara, era muy cariñosa. Siempre venía todas las tardes, me daba de comer, me paseaba, jugaba conmigo,… Era la perfecta dueña para mí. No dormía conmigo en la misma casa pero eso me daba total libertad para ir a mi aire, lo que me gustaba. Pero ese día no vino… ¿Por qué? Bueno, pensé, quizá no pueda venir hoy. Afortunadamente, al día siguiente, corrió hacia mí…llorando. Quise preguntar que por qué lloraba… No quería que llorara… - Máx, mi pequeño Máx…Snif, Snif… Te quiero mucho… Pero mañana he de despedirme de ti…para siempre… Mi mamá no te quiere… - Me 6


murmuraba, abrazándome, acariciándome, mimándome. – Me voy a otro lugar muy lejos de aquí, Maxi. ¡No quiero ir a ese sitio con agua! ¡No! Me niego rotundamente, pero Fernando sostiene mi rabieta con actitud firme y serena y yo no tengo más remedio que obedecer a mi líder, que es lo que es… Pero no puede evitar que tenga miedo. - No se preocupe, Joaquín. Es normal: está huyendo de sus miedos. Algo pasó con el agua de algún río, lago o laguna, algo que lo relaciona con una mala experiencia. – Explica Fernando. ¿Mala experiencia? ¿Cómo llamar a estar días sin comer, sin que te hagan caso, frío al lado de un río? ¡Claro que no me quiero acercar a un río! ¡No quiero que me vuelva a pasar lo mismo! Y vuelvo a tener otro berrinche… Y vuelve a bloquearme la retirada… Empieza a estar al lado del agua, invitándome a entrar en ella aunque sin obligarme. También están otros perros que obedecen a Fernando, tan sólo dos, pero nadan sin preocupaciones. Intento demostrarles que el agua es peligrosa, que te quita la comida, que te quitan los mimos. Pero no hacen caso. ¿Tendré yo razón? También hay tazones que flotan en el agua con comida, mis huesitos caninos preferidos. Me vuelve a hacer un gesto para internarme en el agua, parece seguro pero, ¿realmente lo es? Al final, tras mucho tiempo, logro meterme…Es extraño, lo hecho de menos. Echo de menos a alguien que me diga qué es seguro y qué no lo es, que me proteja, que me diga qué tengo que hacer,… Alguien que me comprenda como Fernando. Me dejo llevar sintiéndome por primera vez en mucho tiempo libre, como el viento agitando las hojas de los árboles o como la lluvia al caer, y salvaje, como el crepitar del fuego en la hoguera o el resonar de una cascada. Estamos de vuelta y yo estoy más tranquilo. Parece que nos paramos antes de llegar a mi casa. Me bajan y veo un bar: mucha gente, malos recuerdos. Intento huir pero Fernando no me deja. Me va mostrando que no pasa nada, me voy fiando de él y finalmente me logran tumbar al lado de una mesa un poco alejada del resto, donde ellos se sientan. ¡Es increíble que pueda estar tan tranquilo en un bar! Nunca me han gustado y menos cuando se fue Jane… Hacía dos días que no veía a Jane y estaba hambriento. Ella me había prohibido alejarme mucho de esa casa pero no había nadie con comida de sobra alrededor así que me aventuré y llegué hasta un bar. No fui bien recibido, lo supe por los insultos y los objetos que me lanzaban.

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Me encaminé a unos contenedores cerca del bar, con miedo, mucho miedo. Era un sitio peligroso puesto que por ahí también había otro perro pero supuse que me dejaría comer alguna sobra que fuera. Pero la fortuna, una vez más, no iba de mi lado. Una pelea bastante desigualada desencadenó mi acercamiento hasta un trozo de panceta en la cual, como no, perdí. Pero no me rendí, acabé robándole algo día tras día para poder sustentarme en las peligrosas calles de las afueras de Londres. Y me fui preparando para una lucha, esta vez, más igualada que la anterior. Y otro año pasó mientras yo me preparaba, adquiría velocidad robándole unas pocas sobras a cualquier cubo de basura estuviese gobernado por un perro pequeño o por uno grande. Ya tenía casi dos años cuando decidí que estaba preparado. Ya no era un cachorro, me había convertido en un perro de un tamaño considerable; podía morder con mis afilados dientes ya entrenados, podía arañar con mis fuertes garras, en fin, podía con él. Por fin lo derroté y pasé un mes gobernando ese contenedor. Hasta la llegada de Mercedes… Poco a poco, Joaquín va adquiriendo el mismo mando que Fernando tiene sobre mí y poco a poco yo voy sintiéndome más feliz. Sigo teniendo algunos miedos y presumo que Fernando tratará de quitármelos cuando acabe el café con mi amo…Y así es…Me quita esa obsesión que tengo por atacar a un perro…Y ahora pienso que tal vez sea el momento de dejar atrás mi arduo pasado. ¿Para qué atormentarme con algo que no va a pasar con mi nueva familia? Llegó el momento de dejar de pensar que “después de una tormenta viene la calma y después otra tempestad” ahora sé que me toca la calma por siempre… Mercedes era una estudiante de aquí, Huelva. Estaba de viaje en Londres y me descubrió en mi contenedor, devorando un trozo de panceta. Directamente trató de acercarse y finalmente lo consiguió con alimento. Era extraño que me diesen comida y lo consideré como buena señal así que me llevó a su hotel, donde, afortunadamente, se permitían perros. Allí me compró una cama más cómoda que la de Harold y Jennifer y me puso un nuevo nombre: Luxor. No le hacía mucho caso al nombre puesto que ya me había acostumbrado a cualquier otro como “chucho”. Finalmente llegó el día esperado: la vuelta a España. Me había hecho antes una cartilla europea, diciendo que me quería adoptar y quería volver conmigo a su país natal y así fue. En el avión lo pasé muy mal pero al final llegamos a su pequeño piso en el bajo. Al principio yo era muy bueno pero pronto empecé a temer de cualquier persona, a ladrarles, a intentar atacarles y no dejaba tranquila a Mercedes, que estaba estudiando Veterinaria, una carrera muy difícil. Ella 8


me quería mucho y me intentaba tranquilizar, pasaba las noches en vela por mi culpa y por la de su estudio, debido a que no la dejaba dormir. Una tarde, en la que yo armé un gran escándalo, unos hombres con un uniforme y varios instrumentos en su cinturón vinieron al apartamento, con lo cual a mí me encerraron en una habitación, aún así los escuchaba. -¿Señorita Mercedes? -¿Sí?- Le contestó mi dueña. - Somos la policía local. Tenemos una denuncia dirigida a usted por el ruido que su perro causa. – Dijeron los personajes que se habían aparecido. Yo ladraba con todas mis fuerzas. - ¡No! ¡Por favor! ¡A Luxor no se lo lleven! – Mercedes lloraba y suplicaba. - Tranquila, señorita. Esto es sólo una advertencia: Si la conducta de su perro sigue así mañana tendremos que sacrificarlo y desalojarla a usted. – Después se escuchó el ruido de la puerta al cerrarse. Mercedes vino al segundo a mi lado. - ¡Pobre Luxor! No tengo dinero para pagarte un adiestrador, nadie te va a querer y no tengo dinero para otra casa. ¿Qué voy a hacer contigo? ¿Y sin ti? Toda la tarde estuvo pensando, dejando de lado sus libros e ignorando mis intentos de jugar con ella. Finalmente se levantó y fue a por el teléfono. - Buenos días. ¿La Perrera?... Sí, llamaba porque quería dejar a su cuidado a mi perro. No, no es porque no lo quiera…Es porque no puedo tenerlo. Desearía que le buscasen un buen hogar… ¿Mañana? Sí, podré llevarlo. Luego vino hacia mí. - Luxor…Esto es lo más duro que he hecho en toda mi vida pero debes entender que no tengo otra opción. Prefiero que hagas feliz a alguna familia que tenga más dinero para tratarte que vivir mal conmigo. No es sólo por la policía, es porque estás traumatizado y yo no puedo ayudarte. – Otra vez los lloriqueos, esos que dan malas vibraciones…Y yo la miré con esa cara de pena que tanto le enternece a ella y me abraza con todas las fuerzas del corazón… A la mañana siguiente estaba en la perrera y estuve allí durante un año hasta que Joaquín, Catalina, Pedro y Elísa me rescataron y aún siguen ayudándome. Fernando me quita miedo tras miedo y cada vez empiezo a ser un perro distinto…Y feliz durante el resto de mi vida.

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Draco.