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Bajaron de los barcos desnudos de idiomas, de palabras, de letras. Traían como carga importante, la fuerza de sus brazos, los deseos de trabajar, un atado con costumbres, con juegos, canciones, aromas que en medio de la nostalgia no dudaron en ofrecer a la nueva tierra. Acá, sueño tras sueño, formaron sus familias, araron la tierra, transmitieron cultura. Y al llegar el tiempo de meditar, con la misma bonanza que abrigaban se dijeron que… si la tierra generosa se entregaba en frutos… ¿cómo no aprovecharlos? ¬ En aquellos momentos, los recuerdos tomaban cuerpo, se convertían en recetas y se tornaban realidad para la rueda del mate, para la mesa humilde, para la visita del domingo. Sí, porque ese día de la semana, era bueno encontrarse entre paisanos pese a que llegar a destino no fuera fácil. La charla de la otra tierra, de los otros familiares, los que habían quedado detrás del loco mar, parecía unirlos. Los abuelos fueron los encargados de transmitir estas riquezas a sus hijos y ellos lo hicieron con nosotros. Recuerdo, en alguna de aquellas charlas en torno al mate de la tarde, oí decir a mi abuela (decir) que: -Para que la retacía estuviera bien hecha, había que juntar las nueces en la noche de San Juan y dejarlas macerar hasta el final de octubre, cuando ya iba a celebrarse el día de Todos los Santos, ya que una leyenda de su tierra contaba que esa noche, una virgen descalza trepaba los nogales y arrancaba los mejores frutos sin romper la piel. Y… ¿qué era la retacía¬¬ para mis pocos años por aquellos tiempos? Simplemente una bebida que servía una señora amiga de mi abuela, Adela Ghillini, cuando en tardes de domingo la visitábamos. Por supuesto, no era apta para una niña, pero siendo ya mayor pude saborearla. Entonces, no era una descendiente de italianos quien la preparaba sino alguien cuyos ascendentes llegaron desde Cataluña, el Señor Francisco Cercós. Entonces quise averiguar, intenté saber por dónde pasan los orígenes de la retacía, ese licor con un aroma y un sabor tan particular. Al hacerlo supe que “el origen de este licor no es tan claro, se dice que lo trajeron los romanos desde Gran Bretaña y lo usaban los druidas en sus ceremonias, otras fuentes arrogan que es de origen francés”. La familia italiana lo elabora muy especialmente y lo llama, “la nochina”. Pasados los años, tal vez la costumbre de elaborarlo, por lo menos en Peyrano, mi pueblo, se hace en algunas pocas familias, pero guardo en mis recuerdos aquellos 78

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Aromas Santafesinos  

“¡A comer...! Este llamado convocaba a la familia después de un arduo día de trabajo; todos alrededor de la mesa que presidía el jefe de la...

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