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Preparación: Colocar en una cacerola el azúcar y el agua, dejar hervir un rato. Agregar la chaucha de vainilla, seguir cocinando hasta que el almíbar llegue a punto medio (no tan líquido, tampoco tan espeso); retirar del fuego, dejar entibiar. En otro recipiente, batir los huevos bien espumosos, retirar la chaucha del almíbar y comenzar a incorporar en forma de hilo fino el almíbar con los huevos, sin dejar de batir, así hasta terminar. Llevar a budinera bien acaramelada y cocinar a baño María, el tiempo necesario (para saber si está cocido introducir un cuchillo fino o palillo, si sale limpio, ya está). Se vuelca sobre un plato, con cuidado retirar la budinera, dejar enfriar). ¡¡¡A DISFRUTAR ESTE MANJAR!!!

Isilda Bertinetti - Centro de Jubilados y Pensionados de Pilar

Los inmigrantes provenientes de Italia, llegados a nuestro país, junto con sus sueños y esperanzas, traían la cultura del trabajo, la gastronomía y sus costumbres, entre ellas el gusto por las pastas como el risotto, la polenta, bagna cauda, nutrían y saciaban el hambre de grandes y chicos, más a los hombres que trabajaban duramente en el campo, abuelos, hijos y nietos, que compartían la casa paterna. Entre ellos se comunicaban en el dialecto piamontés que las siguientes generaciones ya olvidaron. Los tallarines del domingo nunca faltaron, ravioles una o dos veces por año. Mamá los preparaba el día de las fiestas patronales. En la víspera temprano se ocupaba del relleno y lo reservaba hasta la noche. Luego de la cena, mientras la familia descansaba, mamá amasaba, estirada sobre una mesa de madera de la batea, distribuía el relleno cubriendo con otra de masa. Por falta del marcador, utilizaba los dedos para marcar y cortar. El trabajo era cansador, ya que se preparaban casi cuatrocientos ravioles que mamá los servía al día siguiente con una rica salsa, yo era muy pequeña pero no perdía detalle de su obra. Han pasado muchas décadas, sigo la tradición familiar, pero el sabor ahumado que tomaban los alimentos, durante la cocción, que solo la cocina económica brindaba, la conservo en el paladar y mi corazón. 60

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Aromas Santafesinos  

“¡A comer...! Este llamado convocaba a la familia después de un arduo día de trabajo; todos alrededor de la mesa que presidía el jefe de la...

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