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Luego comienza a estirarla, espolvorea nuevamente la mesa, dobla la masa unas cuantas veces sobre sí misma. Logra una altura de cuatro o cinco centímetros (según ella, esto va a piacere). Con una cuchilla de buen filo, corta las cintas que más tarde noi mangeremos, luego de hervir en una buena cantidad de agua. ¿Mamma? Interrumpo para preguntar por las proporciones. Ella me mira, no duda y dice: “tú sabrás”. Un sonido detiene mi paseo por la memoria, abro los ojos, y estoy aquí como de casualidad, frente a la vieja mesa.

Flavia Scandolo

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