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Mi abuela había venido de Italia por lo tanto era una tradición arraigada en mi casa los tallarines de los domingos. Pero lo más importante que mi “nonila”, como le decíamos cariñosamente, nos ha heredado es su receta de “ravioli grosso” y no por la receta en si, como cuántos huevos lleva la masa o las hierbas aromáticas justas para hacer la salsa, sino por el amor con que espera a sus nietos para compartir la mesa del domingo. Los “ravioli grosso” como le decía ni nona en su castellano italianizado, era una comida muy especial y cada vez que la visitábamos en el campo, pedíamos que la hiciera, pero no siempre se podía porque había que juntarse con todos los ingredientes, y solo era posible comer este plato cuando en su quinta de verduras aparecía un almácigo casi gigante de acelgas ingrediente principal de esta receta. Esta comida empezaba a elaborarse mucho antes de llegar a la mesa y era en el preciso momento en que preparaba la tierra para sembrar las verduras de hojas en el mes de mayo, luego venia el trabajo de trasplantarlas y así la quinta se llenaba de cebolla verde, lechuga, repollos, chauchas y por supuesto dominando toda la huerta estaban las espectaculares acelgas de tallos blancos y grandes hojas verdes. También guardaba leche que se había ordeñado el día anterior porque debía juntarse una buena cantidad para hacer la ricota con el suero de los quesos y de la despensa salían el resto de ingrediente cuidadosamente guardados en la sombra fresca del sótano: un queso añejo que era para rallar, laurel y orégano secados al sol, pimientos rojos conservados en aceite, huevos frescos y harina. No puedo dar las cantidades exactas que lleva la receta porque mi abuelita todo lo hacía “a ojo” para que alcanzara una buena porción para cada comensal y de esa misma manera cocina mi madre, mi hija, y yo sin usar medidas. También les contaré que cuando preparamos el “arrollado en la servilleta “o los “ravioli groso” de la nona Marieta usamos un lienzo, pero ella usaba un trapo blanco inmaculado que lo hacía de la bolsa de 50 kg de harina que mi nono insistía en comprar, aunque ya vivían solos en el campo. Y aun hoy cuando como este plato me parece escuchar a mi nona que nos llama a la mesa: pregobambino a mangiare que se enfrían lo ravioli grosso.

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Aromas Santafesinos  

“¡A comer...! Este llamado convocaba a la familia después de un arduo día de trabajo; todos alrededor de la mesa que presidía el jefe de la...

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