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Una intensa actividad y una gran expectativa se vive en el rancho de Don y Doña Waldiña. Llega por primera vez el novio de la tercera de las seis hijas mujeres, de la Miño” como la apoda la familia. Las hermanas entre risitas burlonas colaboran con las tareas de la casa y ya tienen regadas y barridas prolijamente las amplias galerías y el patio central. Doña Waldiña hace las empanadas más ricas de la región y en esta oportunidad ya las tiene listas para hornearlas en el horno de barro; los pastelitos dulces brillantes de almíbar dorado están reservados y el mejor cabrito del corral ya está faenando y listo a la parrilla. También en esta oportunidad quiere sorprender a su futuro yerno con su receta favorita, aunque sabe que el joven será sometido a las bromas de su marido que suele ser muy sarcástico y sabe que en esta ocasión lo será. El pretendiente, un joven de la ciudad de Santa Fe, hijo del director de la Escuela de Villa Minetti y recientemente incorporado como empleado del Banco de Santa Fe por lo que supone pertenece a una familia bien y con un futuro laboral. Pero la Miño no le va en zaga ya tiene su título de maestra normal nacional obtenido en un colegio religioso de Guadalupe donde también estudian otras hermanas. Don Máximo puede permitirse esta inversión para sus hijas porque tiene una sólida posición económica y porque siempre expresó como política familiar: “a mis hijas mujeres les voy a dejar de herencia un título porque es un bien que no se pierde y a los varones, vacas, para que hagan su propio capital”. Finalmente se divisa el viejo Jeep que traspasa la puerta de entrada que conduce a la casa. Llegada, presentación y saludos, nervios de los novios y miradas curiosas de las chicas al “cuñado”. La situación se distiende cuando el dueño de casa invita al comedor donde la larga mesa está tendida. Todos se ubican y en ese momento entra Doña Waldiña con una gran fuente blanca rebosante de torrejas morenas que pasa de mano en mano para deleite de todos, incluyendo a la visita. Al pasar la segunda vuelta y aceptar de buen grado una más, Don Máximo pregunta al joven: - ¿te gustaron? –Si – contesta éste. ¡Muy ricas!

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Aromas Santafesinos  

“¡A comer...! Este llamado convocaba a la familia después de un arduo día de trabajo; todos alrededor de la mesa que presidía el jefe de la...

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