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Esta receta y la historia que en ella encierra, llegó embarcada en los años 1900 con los inmigrantes de la isla de Mallorca, junto a toda la sabiduría y toda la esperanza de una nueva vida, no solo trajeron esta receta, sino, muchas más, un mundo de sabores que nos conectan con la identidad, las tradiciones y los paisajes de ese lugar tan hermoso del Mediterráneo, que eran disfrutadas en celebraciones importantes o encuentros familiares, la cual aún se sigue transmitiendo de generación en generación. La receta que aquí les presento es un sello marcado por mis bisabuelos Ángel Alonso y Francisca Nicolau, quien luego fue seguida por mi abuelo José Alonso. Éramos chicos y las carneadas se realizaban en el campo de mis abuelos Ñata y José, duraban dos días, donde toda la familia se reunían a trabajar y disfrutar de este acontecimiento, por aquellos tiempos mis bisabuelos y sus hijos con todas su familias participaban de las carneadas, que luego de terminarse, se repartía a cada familias en fuentones iguales, la encargada de llevar adelante la limpieza de tripas y los trabajos de las mujeres era mi bisabuela Francisca, quien le enseñó a su nuera, Ñata (mi abuela), que después siguió al pie de la letra sus instrucciones, por muchos años más. Todo aquello era una fiesta, entre carcajadas e historias de sus antepasados, mi bisabuelo era el que guiaba a todos los hombres en sus trabajos, sus hijos aprendieron y siguieron su tradición, los cuchillos, una herramienta muy importante, varios, traídos desde España. Los más chicos entre corridas y juegos, recorríamos las mesas donde los adultos trataban de enseñarnos algo de lo que se hacía, nosotros (chico) ignorábamos (de) lo que realmente significaba ese acontecimiento para todos ellos, pero igual lo disfrutábamos mucho. En algún descanso del trabajo, se armaban los partidos de fútbol, con la pelota hecha (de) con la vejiga del chancho inflada, mientras los jóvenes y niños nos divertíamos, los grandes descansaban haciendo una picadita, con salados y tortas dulces, preparados anteriormente para esa ocasión, para acompañar mates, café, vino. El segundo día y el momento de embutido era un momento especial, se hacían todo tipo de chorizos, morcilla, lever, queso de chancho, pancetas, pero la vedet era ella… la de la receta… la sabrosa SOBRESADA, un chorizo colorado, realizado con ingredientes traídos desde Tucumán, ya que solo se consiguía ahí ese condimento especial que es el pimentón. Como era el último en embutirse, porque era muy grasoso y se ensuciaba mucho la máquina y grillas, mi bisabuela Francisca, cortaba 113

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Aromas Santafesinos  

“¡A comer...! Este llamado convocaba a la familia después de un arduo día de trabajo; todos alrededor de la mesa que presidía el jefe de la...

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“¡A comer...! Este llamado convocaba a la familia después de un arduo día de trabajo; todos alrededor de la mesa que presidía el jefe de la...

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