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Cada vez que pasaba por la esquina de calles San Martin y Leandro Alem, olía, con el aliento de la tierra prometiéndome el invierno, la humildad y tibieza que una cocina a leña esparcía por las veredas. Y siempre la misma consigna: un día visitaré a esa señora que, con alas en sus manos, transforma una suave masa en delgadas y sabrosas ricuras, dulce y crocantes. Dos manos que a través de más de sesenta años contuvieron sin derrame en la cava de las palmas, el cuerpo de un amor palpable, los “Brazeli”, riquísimas masitas originarias de la lejana suiza, país de sus antepasados. Así fue que una tarde muy fría decidí visitas a Doña Mabel Faccioli de Stirnemann. Como era su costumbre, la encontré sentada al lado de su compañera de ruta, la cocina a leña y con una nieta que hacía más llevadera las horas de soledad, pues su vida cambó cuando faltó Don Gaspar, el compañero de toda la vida, pero que no influyó para que intentara abandonar esta dulce tarea. Tarea que ella decide contarme y en sus ojos nace su memoria. Miro sus manos, atravesadas por el rigor de los años e intento adivinar hechos, sueños, alegrías y tristezas, mientras busca las palabras que luego salen a raudales: “Yo empecé a amasar el pan blanco cuando tenía trece años, mirando como la hacían mis hermanas mayores. Vivíamos en Campo Moschén, cerca de Malabrigo. Fui a la escuela hasta 4° grado, como se acostumbraba en aquellas épocas. Éramos doce hermanos y mis padres, Antonio Faccioli y Elisa Suligoy. Después pude seguir la escuela en Campo Kaufmann y llegar hasta sexto grado. Siempre sentí con gusto hacer las tareas de la casa, aprendí de todo, dos veces por semana iba a aprender tejido, bordado a máquina, laborales en general. Y las masitas caseras que no faltaban para la familia y las visitas. Ya casada con Gaspar vinimos a vivir a Romang y seguí elaborando las ricuras que había aprendido de niña, pero cada vez en mayor cantidad y fue el momento en que, con ayuda de Rosa Sager de Kaufmann aprendí a hacer los “Brazeli”, riquísimas masas elaboradas en una plancha de cuatro dimensiones, en la cocina a leña, nunca a gas. En los comienzos teníamos una sola plancha que compartíamos con mi cuñada Elsita, luego API comenzó a fabricar planchas adaptadas para cocina a gas. 100

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Aromas Santafesinos  

“¡A comer...! Este llamado convocaba a la familia después de un arduo día de trabajo; todos alrededor de la mesa que presidía el jefe de la...

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