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[Elogio de la Culpa] La cultura de la culpa obra «milagros». La peor de las calamidades es aquella que el hombre manufactura en su propio telar, bajo su semiplena consciencia, urdiendo, sospechando y acariciando su propia esclavitud, su propia decadencia, su propia necedad: la marca de su destino errático, de su jerarquía incierta, de su propia estupidez. Sin culpa, habría plena gratuidad. La culpa no habita fuera, está en la matriz del hombre, y a veces, evita guerras, confrontaciones, carreras alocadas, amores desangelados, dineros mal habidos, famas mal


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conseguidas. Dime, ¿tú qué arrojas al agua? Sartre, reifica la culpa como factor de freno, porque el despliegue sin culpa sería el regreso a la brutalidad, no hay unidireccionalidad, solo hay bipolaridad aristotélica. La disconformidad empuja un futuro más promisorio porque dinamiza la carencia. Somos lo que no somos. Para vivir hay que saber morir un poco, lo que no te mata te fortalece, el que te salva te condena, y cuando se devela un misterio, uno nuevo espera agazapado al acecho. Somos el deseo, el devenir, la creencia, la cascara de hoy con pretensiones propiciatorias mañana. La culpa también es freno límite, delimitación, miedo, inacción frente al


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etos. No justificarla sería un acto de pura emoción sin razón. Un acto de incontinencia emotiva. Un acto de anti filantropía, un acto de culpa culturalmente enquistada. Un acto ancestral atávico: la culpa de saber que no se sabe. Hegel diría que hay males que devienen bienes. La condenación no está servida, hay que manufacturarla con dioses inmanentes, no con esclavos intransigentes. No miremos con un solo un ojo diestro, es decir siniestro. La culpa evitaría la muerte de Cristo, la excomunión de Spinoza, la quema de Giordano Bruno, la piedra de Sísifo, la lapidación de la Magdalena, la rotulación de los gays y las lesbianas, la


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destrucción de la obra estética, la traición de un amigo, la jerarquía del dinero, y la subasta del alma. Los hechos devienen de las palabras, las palabras de los pensamientos, los pensamientos de la intelectualidad inútilmente aborrecida. El maestro Wittgestein solía replicar que «es mejor callar lo que no se puede decir» ¿Quién abriga y por qué teme... la culpa? ¿Tú, que arrojas al agua? ¿Es mejor decir lo que no se puede callar? ¿Las palabras... son las cosas? La felicidad consiste en saber que lo malo es bueno y que lo bueno es malo, por lo menos... ¡una vez! Enrique García (UNLP), 2 de febrero de 2014.


Enrique García: «Las (des) venturas del Mal Pensar § Elogio de la Culpa»