Issuu on Google+

Alianzas en el Antiguo y Nuevo Testamento Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo Jesús, somos miembros de la Alianza Expiatoria y por lo tanto me parece relevante que hoy recorramos brevemente las Alianzas que se relatan en el Antiguo y Nuevo Testamento, y para comenzar creo que lo más apropiado es analizar que es una "Alianza". La palabra Alianza viene del latín alligāre, que significa "Atar", y efectivamente, una alianza es eso, un vínculo o atadura entre dos partes que buscan un mismo fin, es decir, que se pueden ayudar mutuamente. Por tanto, lo normal será que los participantes de una alianza tengan cada uno algo que al otro le interesa o necesita, ya que de otra forma no sería atractivo para una de las partes asumir el compromiso que significa este vínculo. Ante esta definición cabe preguntarse ¿que podría tener el Hombre para que Dios se interese en establecer un pacto con él?, es claro que el hombre tiene mucho que ganar, pero ¿que gana Dios con todo esto?. El hombre, junto con todo lo que hay en el universo ha sido creado por Dios, que es todopoderoso y eterno, por lo tanto no hay nada que nosotros tengamos que Dios no nos halla dado antes. Para desvelar este misterio los invito a que revisemos las alianzas que encontramos entre Dios y los hombres en el Antiguo Testamento. La primera alianza que encontramos relatada en la Biblia, corresponde al pacto original de Dios con Adán y Eva (Gn 1,26-2,17), en esta alianza Dios le da al Hombre poder sobre todos los seres de la tierra e impone una única condición, no comer del árbol de la ciencia del bien y el mal (Gn 2, 16-17). La segunda, corresponde a la alianza con Noé (Gn 9,1-17), en este caso Dios bendice a Noé y le promete que su descendencia llenará la tierra e impone una nueva condición, no tomar la sangre de ningún animal y ni matar a otro hombre, porque a imagen de Dios este ha sido creado (Gn 9,4-5). Si seguimos analizando la historia nos encontramos con la alianza de Abraham, al cual se le promete una descendencia incontable, que se convertirá en una gran nación. En este caso Dios impone como condición la circuncisión(Gn 17, 9-14). La cuarta alianza corresponde al pacto con Moisés (Ex 19,5-6), al que se le da la ley y los mandamientos (Ex 20,1-17), en esta caso Dios promete cuidar al pueblo de Israel y este jura no adorar a ningún otro aparte de el Señor Dios y cumplir con todos los preceptos recibidos (Ex 24,1-8). La quinta, y última alianza del antiguo testamento, es la alianza con David, al que se le promete establecer definitivamente a su pueblo y que su descendencia contará siempre con la protección de Dios (2S 7,9-16), se le advierte también de que no deben hacer el mal, porque serán castigados. ¿Que tienen en común estas alianzas del Antiguo Testamento?, en todas la iniciativa la toma Dios, en todas hay algo grandioso que Dios regala y en todas

también hay una condición, y si lo pensamos bien siempre la condición es la misma, demostrar respeto y amor por Dios, obedeciendo sus mandatos. Y cada vez que el hombre ha roto el pacto, Dios ha estado dispuesto a ofrecer otro nuevo y más amplio. Cuando analizamos esto, descubrimos el sentido que tiene todo. Dios está dispuesto a aliarse con el Hombre porque quiere de nosotros lo único que realmente podemos darle y que es consecuencia de haber sido creados a su imagen y semejanza, nuestro amor, en efecto nosotros podemos amar porque hemos heredado esta capacidad directamente de Dios, y Dios, que es amor (1 Jn 4,8), nos dado todo solo nos pide a cambio que lo amemos (1 Jn 4,16). En esto consiste la alianza nueva y eterna (Mt 26,26-29) que ha establecido Dios con los hombres mediante Jesús, quien con su Encarnación, Cruz y Resurrección asume el rol de sacerdote supremo eterno (Hb 2,17) (Hb 5,6) y cumple todas las promesas hechas por Dios en las alianzas previas. En esta gran alianza, Dios nos invita a ser parte de su familia, acogiéndonos como hijos, con la sola condición de que creamos en Jesús y vivamos según Él nos enseñó (Rm 8,14-17). Y, por lo tanto, tal como lo anunciaron los profetas numerosas veces (Is 62,4) (Os 2,19-22) (Jr 2,2), el pacto que realmente Dios quiere establecer con los hombres es un pacto esponsal, un pacto que se realiza por amor, no por interés, alianza en la que la Iglesia Universal se configura como la novia de la que leemos en el capitulo 19 del libro del Apocalipsis: "Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa se ha engalanado y se le ha concedido vestirse de lino deslumbrante de blancura - el lino son las buenas acciones de los santos». -" (Ap 19,7-8) Y por lo tanto si lo que busca Dios con el hombre es una alianza basada en el amor mutuo, la única forma en que realmente podemos cumplir con nuestra parte del pacto es amando al Señor tal como él mismo nos lo pide en el Libro del Deuteronomio (Dt 6, 4-7), "Amaras al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.", no hay otra forma, no es aceptable amar a Dios a medias, hay que amarlo con todo, y la única forma de lograr esto es conociéndolo, ya que en la medida en que lo conocemos, descubrimos su grandeza y terminamos amándolo naturalmente, considerando el mandato del amor ya no como una imposición sino que como una necesidad vital. Pero no podemos quedarnos en los sentimientos, tenemos que actuar, recordemos que se nos pide amar a Dios "con todas las fuerzas" y si además consideramos que estamos llamados a engalanar a la novia, la Iglesia, con nuestras buenas obras, entonces ya no quedan dudas, la misión es clara, es nuestro deber orientarnos totalmente a cumplir con nuestra parte en esta alianza de amor con Dios.


Alianzas en el Antiguo y Nuevo Testamento