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importaba que lo utilizaran. Les dije que mis hermanos me habían dicho que tenía que quedarme allí, y me preguntaron si podían usar la habitación de todas maneras conmigo dentro. Dije que no veía por qué no, así que cerraron la puerta y empezaron a besarse. A besarse desenfrenadamente. Después de unos minutos, la mano del chico trepó bajo la camisa de la chica, y ella empezó a protestar. —Venga, Dave. —¿Qué? —El niño está aquí. —No pasa nada. Y el chico siguió subiéndole la camisa a la chica, y por mucho que ella dijera que no, él continuó. Después de unos minutos, ella dejó de protestar, y él le quitó la camisa, y ella llevaba un sujetador blanco de encaje. Sinceramente, llegados a este punto yo ya no sabía qué hacer. Enseguida él le quitó el sujetador y empezó a besarle el pecho. Y después le metió la mano dentro de los pantalones y ella empezó a gemir. Creo que ambos estaban muy borrachos. Él intentó quitarle los pantalones, pero ella empezó a llorar muy fuerte, así que fue a por

Las ventajas de ser invisible  
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