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muy religiosamente, pero yo creo mucho en Dios. Solo que no le he puesto nunca nombre, ¿sabes a qué me refiero, no? Espero no haberle decepcionado. A propósito, mi padre tuvo una conversación seria con los padres del chico. La madre se enfadó muchísimo y le dio unos cuantos gritos a su hijo. El padre se quedó callado. Mi padre no entró demasiado en el terreno personal. No les dijo que habían hecho «un trabajo pésimo» educando a su hijo, ni nada parecido. Para él, lo único importante era conseguir que lo ayudaran a mantener al chico alejado de su hija. Una vez que acordaron esto, dejó que se ocuparan ellos de su familia y volvió a casa para ocuparse él de la suya. Por lo menos, así nos lo contó. La única cosa que le pregunté a mi padre fue sobre los «problemas en casa» del chico. Si creía o no que sus padres le pegaban. Me dijo que no me metiera en lo que no me importaba. Porque él no lo sabía y nunca se lo iba a preguntar y pensaba que daba igual. —No todo el mundo arrastra una tragedia,

Las ventajas de ser invisible