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siempre se sale con la suya. Y esta vez no fue una excepción. Mi hermana paró de llorar inmediatamente. Después de aquello, mi padre le dio a mi hermana un inesperado beso en la frente. Luego salió de la casa, se subió a su Oldsmobile y se alejó conduciendo. Pensé que probablemente fuera a hablar con los padres del chico. Y sentí mucha lástima por ellos. Por sus padres, quiero decir. Porque mi padre no pierde una batalla. Así de fácil. Entonces mi madre se fue a la cocina para preparar el plato favorito de mi hermana, y mi hermana me miró. —Te odio. Lo dijo de forma distinta a como se lo había dicho a mi padre. A mí me lo decía en serio. Muy en serio. —Te quiero —fue lo único que pude decir en respuesta. —Eres un bicho raro, ¿lo sabes? Siempre has sido un bicho raro. Todo el mundo lo dice y lo ha dicho siempre. —Estoy intentando no serlo. Entonces me di la vuelta y me fui andando

Las ventajas de ser invisible