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que hacerlo. ¿Lo pillas? —Supongo que sí. —Vale. Mira las chicas, por ejemplo. Copian a sus madres y las revistas y todo para saber cómo actuar delante de los chicos. Pensé en las madres y en las revistas y en los todos, y la idea me puso nervioso, especialmente si incluía la televisión. —Me refiero a que no es como en las películas, donde a las chicas les gustan los gilipollas, ni nada parecido. No es tan fácil. Lo que les gusta son los chicos que les pueda dar un propósito. —¿Un propósito? —Exacto. ¿Sabes? A las chicas les gusta que los tíos sean un reto. Les da una especie de molde en el que encajar su actuación. Como una madre. ¿Qué haría una madre si no pudiera preocuparse por ti y hacer que ordenes tu cuarto? ¿Y qué harías tú sin que ella se preocupe por ti y te obligue a ordenarlo? Todo el mundo necesita una madre. Y las madres lo saben. Y esto les da un propósito. ¿Lo pillas? —Sí —dije, aunque no lo había pillado. Pero sí lo bastante como para decir que sí y no

Las ventajas de ser invisible  
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