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—Y yo Patrick. Y esta es Sam —señaló a una chica muy guapa que estaba a su lado. Y ella me saludó. —¡Hola, Charlie! —Sam tenía una sonrisa muy bonita. Ambos me dijeron que me sentara con ellos, y parecía que lo decían en serio, así que me senté. Escuché los gritos que Nada lanzaba al campo. Y escuché su análisis de cada jugada. Y me di cuenta de que sabía mucho de fútbol. De hecho, sabía de fútbol tanto como mi hermano. Quizá debería llamarle Patrick a partir de ahora, ya que es así como se ha presentado, y Sam también lo llama así. Por cierto, Sam tiene el pelo castaño y unos ojos verdes muy, muy bonitos. El tipo de verde que no es consciente de lo bonito que es. Te lo habría dicho antes, pero bajo las luces del estadio, todo parecía como desvaído. Hasta que fuimos al Big Boy y Sam y Patrick empezaron a fumar un cigarrillo tras otro no pude contemplarla bien. Lo bueno del Big Boy fue que Patrick y Sam no estuvieron haciendo bromas privadas que yo tuviera que esforzarme en seguir. Para nada. Me hicieron preguntas:

Las ventajas de ser invisible