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pasara lo que pasase porque no quería que Sam sintiera más pánico todavía. Así que solo la observé hacer la maleta, e intenté fijarme en el mayor número de detalles posible. Su pelo largo y sus muñecas finas y sus ojos verdes. Quería recordarlo todo. Especialmente el sonido de su voz. Sam me habló de muchas cosas, intentando distraerse. Habló del largo viaje en carretera que tenía que hacer al día siguiente, y de que sus padres habían alquilado una furgoneta. Se preguntaba cómo serían sus clases y cómo sería eventualmente su carrera. Dijo que no quería unirse a ninguna hermandad femenina pero que tenía ganas de ver los partidos de fútbol. Se estaba poniendo cada vez más y más triste. Por fin, se volvió: —¿Por qué no me pediste salir cuando ocurrió todo lo de Craig? Me quedé ahí, en el sitio. No sabía qué decir. Lo dijo en voz baja. —Charlie... después de aquello con Mary Elizabeth en la fiesta y nuestro baile en la discoteca y todo... No sabía qué decir. Sinceramente, no tenía

Las ventajas de ser invisible  
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