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semana, Charlie? —Sí. Lo sé. —No empieces a llorar otra vez. —Vale. —Quiero que me escuches. —Vale. —Me da mucho miedo estar sola en la universidad. —¿De verdad? —pregunté. Nunca me lo había planteado. —Igual que tú tienes miedo de estar solo aquí. —Ajá —asentí. —Así que te propongo un trato. Cuando me agobien demasiado las cosas en la universidad, te llamaré, y tú me llamarás cuando te agobien demasiado las cosas aquí. —¿Podemos escribirnos cartas? —Claro que sí —dijo. Entonces me eché a llorar otra vez. A veces soy una auténtica montaña rusa. Pero Sam tuvo paciencia. —Charlie, voy a volver al final del verano, pero antes de pensar en eso, vamos a disfrutar nuestra última semana juntos. Todos nosotros.

Las ventajas de ser invisible