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como un abrazo lateral, lo que le hizo llorar todavía más. O quizá hicimos que llorara todavía más. No estoy seguro. Pero nos dio un pequeño apretón en las manos y dijo «mis niños», muy suavemente, y volvió a llorar. Quiero tanto a mi madre... No me importa si es cursi decirlo. Creo que en mi próximo cumpleaños voy a comprarle un regalo. Creo que esa debería ser la tradición. El hijo recibe regalos de todo el mundo y él compra uno para su madre, ya que ella también estuvo allí. Creo que sería bonito. Cuando mi hermana terminó su discurso, todos aplaudimos y gritamos, pero nadie aplaudió ni gritó más fuerte que mi abuelo. Nadie. No recuerdo lo que dijo el mejor de la promoción, salvo que citó a Henry David Thoreau en vez de una canción pop. Entonces, el director Small se puso de pie en el estrado y pidió a todos que se abstuvieran de aplaudir hasta que se hubieran leído todos los nombres y entregado todos los diplomas. Debería mencionar que esto tampoco funcionó el año pasado.

Las ventajas de ser invisible  
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