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su voz sonó como la de mi padre cuando quiere tener una conversación importante. —Charlie —dijo—, ¿sabes por qué te he dado tanto trabajo extra? Negué con la cabeza. Aquella expresión en su cara me dejó sin palabras. —Charlie, ¿sabes lo listo que eres? Negué con la cabeza de nuevo. Estaba hablando en serio. Resultaba raro. —Charlie, eres una de las personas con más talento que he conocido jamás. Y no lo digo en comparación con mis otros estudiantes. Lo digo en comparación con todas las personas que he conocido. Por eso te he dado ese trabajo extra. Quería saber si te habías dado cuenta. —Supongo que sí. No lo sé —me sentía muy raro. No sabía a qué venía todo aquello. Solo había hecho algunas redacciones. —Charlie. Por favor, no me malinterpretes. No intento hacerte sentir incómodo. Solo quiero que sepas que eres muy especial... y la única razón por la que te lo digo es que no sé si alguien más te lo ha dicho alguna vez. Levanté la vista hacia él. Y entonces no me sentí raro. Sentí como ganas de llorar. Estaba

Las ventajas de ser invisible  
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