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la universidad donde la gente aprecia este tipo de cosas. Luego empezó la película. Era en una lengua extranjera y tenía subtítulos, lo que fue divertido porque nunca había leído una película antes. La película en sí era muy interesante, pero no creo que fuera muy buena porque no me sentí distinto cuando acabó. Pero Mary Elizabeth sí lo hizo. Repetía sin parar que era una película «elocuente». Muy «elocuente». Y supongo que lo era. El caso es que no entendí lo que quería decir por muy bien que lo hubiera dicho. Más tarde, conduje hasta una tienda de discos «underground», y Mary Elizabeth me hizo un recorrido. Le encanta esta tienda de discos. Dijo que era el único sitio donde se sentía ella misma. Dijo que antes de que las cafeterías se pusieran de moda no había ningún sitio para chicos como ella, excepto el Big Boy, que hasta este año era para viejos. Me llevó a la sección de películas y me habló de todos esos directores de culto y de gente francesa. Después, me bajó a la sección de música extranjera y me habló de la que era

Las ventajas de ser invisible  
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