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llevé a mi hermana a su habitación. Estaba muy cansada. Y hablaba en voz muy baja. Me dio las gracias por todo el día. Dijo que no la había decepcionado. Y dijo que quería que fuera nuestro pequeño secreto, ya que había decidido decirle a su antiguo novio que el embarazo había sido una falsa alarma. Supongo que ya no confiaba en él como para decirle la verdad nunca más. Justo después de que le apagara las luces y abriera la puerta, le oí decir suavemente: —Quiero que dejes de fumar, ¿me oyes? —Te oigo. —Porque te quiero, Charlie, de verdad. —Yo también te quiero. —Lo digo en serio. —Yo también. —De acuerdo entonces. Buenas noches. —Buenas noches. Ahí fue cuando cerré la puerta y dejé que se durmiera. No tenía ganas de leer esa noche, así que bajé al piso de abajo y vi un anuncio de media hora sobre un aparato de gimnasia. No dejaban de bombardear con un número de teléfono, así

Las ventajas de ser invisible  
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