Page 208

enfadado por eso. Y yo sabía que si mi hermana estaba enfadada, entonces no le cambiaría demasiado la cara. Y pronto estaría bien. —Voy a decírselo a mamá y papá, ¿sabes? —No, no lo vas a hacer —Dios mío, no podía parar de reírme. Cuando mi hermana se paró un segundo a pensar en ello, creo que se dio cuenta de por qué no se lo contaría a mamá y papá. Fue como si de pronto hubiera recordado dónde estábamos y lo que acababa de pasar y lo absurda que era toda nuestra conversación. Entonces, se echó a reír. Pero la risa hizo que se mareara, así que tuve que salir del coche y ayudarla a sentarse en el asiento trasero. Ya le había preparado la almohada y la manta, porque nos pareció que sería mejor que durmiera algo en el coche antes de volver a casa. Justo antes de quedarse dormida, dijo: —Bueno, si vas a fumar, por lo menos abre un poco la ventanilla. Lo que me hizo reír otra vez. —Charlie, fumando. No puedo creerlo. Lo que me hizo reír más todavía, y dije:

Las ventajas de ser invisible  
Advertisement