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—¿En serio? —¿Quieres un poco de ponche? —Sí, claro. Después de eso, Sam se fue. Parecía bastante triste, y deseé poder hacerle sentir mejor, pero a veces supongo que simplemente no puedes. Así que me quedé solo junto a la pared y contemplé el baile durante un rato. Te lo describiría, pero creo que es el tipo de cosa en la que tienes que estar presente o por lo menos conocer a la gente. Aunque por otro lado, quizá tú conocías a la misma gente cuando ibas a tus bailes de instituto, ¿sabes a qué me refiero, no? Lo único distinto de este baile en particular fue mi hermana. Estaba con su novio. Y, mientras ponían una canción lenta, me pareció que tenían una enorme pelea porque él dejó de mirarla y ella salió precipitadamente de la pista de baile hacia los baños. Intenté seguirla, pero me llevaba demasiada ventaja. Ya no volvió al baile, y su novio finalmente se fue. Después de que Mary Elizabeth me dejara en casa, entré y encontré a mi hermana llorando en el sótano. Era un llanto diferente. Me asustó un poco. Le hablé en voz muy baja y

Las ventajas de ser invisible  
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