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Volumen 4

Editorial Comité editorial: Caroline Forastieri Daniel García Martha del C. Quiles Melany M. Rivera Karla Hernández

En este volumen:  Editorial: Imaginería

Por: Melany M. Rivera pág. 1-2

 Escrituras creativas Por: Julia González pág. 3

 Escritura, es-cria-tu-ra

Por: Martha del C. Quiles Jiménez pág. 4

 ¿Será que escribo o que me escribo? Por: Daniel García Mitchell pág. 5-6

 Escritura… en el inconsciente: comentario sobre la “pizarra mágica” de Freud Por: Caroline Forastieri Villamil pág. 6-7

Presentaciones:  De la muerte a la vida: Las escrituras de Bram Stoker y Mary Shelley Por: Verónica Vélez pág. 8-10

 Escritura violenta

Por: Eduardo Valsega pág. 11-12

 El Diario es una de las escrituras más sublimes del alma Por: Karla Hernández pág. 12-15

Por: Melany M. Rivera

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Imaginería

“Salte del hueco Alicia ayúdame a inventar mi nombre, mi apellido, mi alfabeto para hablarnos, sin palabras, en azul.” Eileen Whitlock

Somos seres de historias e imágenes entramadas en el lenguaje que nos estructura y a su vez, en el lenguaje que media la escritura. El acto de escribir permite al sujeto metaforizar su existencia, evocar imágenes y dejar una huella de sí entre-líneas. Escribir es también un límite, pues aquello que pensamos no resulta necesariamente aquello que re-producimos. La escritura se conformó cuando el humano logró crear una narrativa a partir de una serie de signos que unidos conformaron un mensaje. Desde Mesopotamia, Egipto o las cuevas de Altamira, el humano no ha cesado de plasmar aquello que piensa ya sea porque lo vivió o porque lo imaginó. Es a través del lenguaje escrito que podemos crear una historia en colectivo. Esta narrativa se construye, deconstruye y reproduce en los libros, en la enseñanza, en el decir de los pueblos. La escritura posibilita la creación de metáforas de mundo que son llevadas al papel –y más recientemente

Lewis Carroll (1865) Alice in Wonderland

a la pantalla– en un ejercicio dialéctico entre el que escribe y el que lee. Escribir es, en cierto sentido, un llamado al Otro. Si como mencionara Freud la escritura creativa forma parte de la actividad fantasiosa de un sujeto inmerso en el lenguaje, hay en la novela, en el cuento, en el poema, en el diario, en la crónica y en todo género literario, algo del autor que ha quedado entre líneas o incluso expuesto. Eso que ha quedado dicho, se conforma en un texto simbolizado que articula una representación o imagen de una realidad resignificada. De ahí, que la escritura sea imaginería que dá sostén a quién se ve reflejado en ella. Esta es su belleza, la capacidad de reflejar lo más íntimo de la vivencia humana desde una red simbólica. En esta edición de (a)Palabra encontrarán textos creativos y teóricos que se apropian de la posiblidad Continúa en la pág. 2


para crear contenidos que ameritan una lectura detenida. El poema de Julia González, Escrituras posibles, evoca la infinidad de asociaciónes libres que se potencian en el verso, que trata del Otro y va dirigido a otros. Es, al mismo tiempo, la imposibilidad de no poder culminar la oración. En palabras de la autora “la satisfacción que provee leerse y no ver el fin de la oración”. Esta relación entre el escribir y leer-se que plantea González, es palpable en el escrito reflexivo ¿Será que escribo o que me escribo?. Es que entre las líneas de este trabajo, la escritura se vuelve hacia el escritor convirtiéndose en su espejo. “El ejercicio de escribirme viene a ser un intento de consolidarme (en) una imagen”, mencionará Daniel García, autor del texto. De ahí, el poder del ejercicio creativo que posibilita la expresión de nuestras vivencias psíquicas. Ante lo anterior, y ante el inherente acto de castración que implica el ejercicio de tomar una pluma u oprimir el teclado, el escrito Escritura, escria-tu-ra metaforiza la escritura con el parto, con ese quiebre que posibilita la creación. A través de la etimología de la palabra escribir, el parto queda planteado como escisión, como la aceptación de un medio-decir ante el hecho de no poder decirlo todo. Las posibilidades de este medio-decir a través de la propuesta fruediana son elaboradas en el trabajo Escritura… en el inconsciente: comentario sobre la “pizarra mágica” de Freud. Caroline Forastieri inicia el recorrido a través del texto de Freud Notas sobre la pizarra mágica, planteando dos sentidos de la escritura: el que alude al fundamento y el que le otorga un lugar principal. De ahí que plantee la importancia de este acto para el psicoanálisis. La pizarra mágica es la escritura en el inconsciente, escritura que no se inscribe solo en la piedra, el papel o la pantalla, sino que también deja huellas imborrables a través de signos, caracteres y escritos, aludiendo a lo simbólico. Estos cuatro textos conversan entre sí en una propuesta de la escritura como límite y a la vez un espacio que posibilita al sujeto un decir de sí mismo. A estos se añaden las tres presentaciones

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a ser leídas durante la 4ta Tertulia Psicoanalítica y que pretenden ser un pie forzado para la discusión. De la muerte a la vida: Las escrituras de Bram Stoker y Mary Shelley presenta los personajes de Drácula y Frankenstein desde la creación fantasiosa de sus autores y por ende, como la “rectificación de la insatisfactoria realidad” planteada por Freud. La autora discute cómo ambos personajes plantean la dificultad del sujeto para lidiar con la muerte y la relación de esta última condición con la vida. A partir de este giro, el trabajo de Verónica Vélez se convierte en una propuesta teórica para pensar desde Freud las pulsiones de vida y muerte y cómo la escritura permite hacer de lo imposible una realidad trazada en tinta. La segunda presentación a cargo de Eduardo Valsega, Escritura violenta, pone en perspectiva las letras de Calle 13 para, lejos del discurso moralista, proponer que la violencia lírica de Calle 13 propone lo opuesto. Las canciones Llégale a mi guarida y La bala son objeto de examen para el autor, quien establece que hay en ellas una consciencia de la violencia que se anida en el propio sujeto. Tal consciencia no es traducida como amenaza al otro ante el “poder” de una lírica. Por el contrario, aquí palabra es el sustituto de la acción, tal como lo aborda Freud. El escrito que cierra esta edición, El Diario es una de las escrituras más sublimes del alma, es un recorrido por diarios de escritores e historiadores como Cristobal Colón, Ana Frank, Kafka y Virginia Wolf para reflexionar sobre la función de este cuaderno propio en el cotidiano de sus gestores. Es pues un recorrido por la reinvención de la infancia y las memorias; “el dique donde se despliegan los tumultos de afectos”. El diario, como en la vida de los escritores, propone dar cierto ordenamiento en los sujetos ante el deseo de contarse, dando sostén en medio de la fragilidad e incomodidad que provocan las vivencias. Sea esta una invitación no solo a la lectura de nuestra cuarta edición, sino tambíén a la reflexión y a la discusión de la escritura en cualquiera de sus vertientes.

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Escrituras posibles Por: Julia González

Todo lo que el alma encierra y que la conciencia no alcanzó, son toda la colección de amores que con los años se olvidó, los incesantes intentos de escrituras posibles, que no se materializan por un semblante que nunca cayó. Un montón de silencios amontonados que de pronto no toleran la excitación, años de lucha, diarios vacíos, estudios, reflexiones, interrogantes acumuladas entre Lacan y Freud. Un super yo que siempre latiga y te dice que puedes escribir algo mejor. Dulzura, amargura, pintura, compostura, las rimas que parecen no decir nada y de pronto reflejan todo el interior. Secretos, entre líneas nunca escritas, entre besos nunca dados, entre orgullo o dolor. Lo que el paciente nunca dijo, lo que el terapeuta nunca interpretó, un desliz en la palabra, una historia no contada, lo que Shakespeare ni soñó. Todo lo que sueño con escribir, ese libro que está escrito en mi mente, pero en tinta no logro traducir. La libre asociación infinita y la pasión que mi corazón agita, la satisfacción que provee leerse y no ver el fin de la oración. Son las escrituras posibles para entender algo mejor, escrituras de aquello que puede darnos cauce, ser consuelo. Escrituras posibles que nos hacen presente ante otro, escrituras posibles que me hacen creer que existe un yo. Tres puntos suspensivos, coma, exclamación… .

Fotos obtenidas a través de google images.

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Escritura, es-cria-tu-ra Por: Martha del Carmen Quiles Jiménez “Como escribir es lo más parecido a un parto, yo siempre escribo acostado” Luis Vidales (poeta colombiano)(s.f.)

El epígrafe antes expuesto nos invita a pensar el ejercicio de escribir a través del significante “parto”. Aludir al “parto” generalmente implica, referirse a la noción de nacimiento. ¿Qué nace al escribir? Al igual que en el “parto”, el escribir: marca una incisión, se rompe una unidad, es una castración. Es doloroso, implica un desgarre que posibilita dos cuerpos y una nueva vida. Se trata de la vida propia que adquiere lo escrito, al desdibujarse el comienzo y el fin entre el escrito y el escritor. Para profundizar en lo anterior, es fundamental remitirnos a la etimología de escribir. “Del latín scribere, trazar caracteres; pasando a la raíz indoeuropea: aker/ sker que indica la idea de cortar, realizar incisiones. Se relaciona también con el griego grapô (indoeuropeo gerbh- arañar) o en inglés write o en neerlandés rejten- rasgar”.¹ Estas connotaciones apuntan al origen de la escritura sobre piedras y vasijas. Sin embargo, los significantes que emergen nos brindan pistas acerca del proceso de escribir que trascienden la mera acción sobre la piedra o vasija. Primero, considero que el escribir, así como permite trazar caracteres (símbolos), permite trazar el carácter, cada trazo propicia el moldearse, el formarse. En cuanto a la idea de cortar, valdría cuestionar, ¿qué se corta al escribir? Yo diría, lo posible de transmitir. Se trata de asumir el ‘mediodecir’. No es posible la transmisión exacta y fidedigna del pensamiento. Y lo contrario a escribir, ¿qué sería? Reconozco que no encontré ningún reverso. ¿Acaso es impensable hallarse sin escritura? Sin embargo, considero que al escribir, siempre está la contraparte de quien lee. ¿Se escribe para ser leído? Ciertamente, es al lector al que le toca hacer el resto. Ese resto que escapa a la simbolización, que atado a su imaginario brinda apertura a nuevas significaciones e interpretaciones. Bien lo advirtió Soler (2003): “La escritura está evidentemente sometida a la dialéctica de la relación con el Otro”.² En tanto, Otro de la cultura que permite se despliegue la palabra. Volviendo a los aspectos etimológicos de escribir, el matiz de “arañar” nos remite a las marcas y huellas que deja la escritura. Los “arañazos” nos

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permiten constatar que queda algo grabado y nos concede conservar un rastro de algo que fue, pero que ya no es. No es en la medida de copia exacta, sino que es en el devenir de ser creado. Y si apuntáramos a la idea de “rasgar”, ¿qué se rasga al escribir? Se desgarra la idea de completud y se convierte en derivación. Entonces, una vez escrito, puede “aruñar” y “rasgar” a otros. Si seguimos aludiendo al “parto”, en esta ocasión lo escrito sería ese cuerpo liberado que tenía como posada a la memoria. El ser ‘liberado’, no implica que esté emancipado, pero aprende a asumir que el cordón umbilical con el pensamiento ha sido amputado. En este caso, “parto”, es lo que se parte, y queda en partes. Finalmente, me permito pensar el “parto” y la escritura, desde el punto de vista de una partida. Y es que a partir evoca el ponerse en camino, cualidad que tiene la escritura. Un camino que puede recorrer rodeos y que no necesariamente tiene un lugar al que llegar. Interesantemente, en su origen la escritura tuvo un principio relacionado al ámbito funerario. Se trataba de trascender la carne, y burlar la muerte, anhelando un más allá. Así, la escritura como criatura, con su “parto” de vida, para “partir” en la muerte, se le cría y en ella se invierte. Está marcada por la existencia- de lo humano. Y se presume que lo que distingue al humano es la razón, pero la escritura exige mucho más. Su horizonte está en la pretensión de dejar el legado de la aproximación de una intención. Apenas una aproximación, porque no olvidemos que siempre estará aquello que no se somete al trazo, al corte; aquello que toda criatura sobrelleva; aquello que “no cesa de no escribirse” (Lacan, 1973).³ ¹ El material recopilado hace referencia a lo expuesto en el trabajo de “La Historia de la Escritura”, de Louis-Jean Calve (2001). Recuperado de http://www.deliciosa-mente.info/6/ post/2007/09/origen-de-la-nocin-de-escritura.html ² Soler, C. La Aventura Literaria o la Psicosis Inspirada. Editorial No Todo. Medellín, Colombia, 2003, p.22 ³ Lacan, J. (1973) Seminario 20: Aún. Versión digital Psikolibro.

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¿Será que escribo o que me escribo? Por: Daniel García Mitchell Al tomar la decisión de escribir, de forma paralela, tomo la decisión inconsciente de escribirme, de dejar algo de mí en el texto, de reflejarme en ese escrito. Cada palabra que es plasmada en el papel, ya sea este virtual o no virtual, a la vez que le comunica algo al otro, también me es devuelta. La superficie donde escribo viene a ser mi espejo. Uno que me devuelve en parte lo que quiero, y en parte algo que desconozco y que no reconozco. Mientras hago el esfuerzo consciente de poner en palabras una idea, inconscientemente me estoy poniendo en palabras a mí mismo. El ejercicio de la escritura, viene a ser un intento de consolidar-me (en) una imagen. Puedo decir que cuando escribo, me estudio, me exploro, me plasmo, me construyo, me consolido, me creo, y me creo lo que escribo. Eso que escribo viene a tener un cuerpo propio con el que me mido y me comparo. Es ahí cuando puede dominarme un orgullo por lo que veo que me hace grabar mi escrito, para luego publicarlo y mostrar a otros algo de mí que me enorgullece, o me puede sobrecoger una extrañeza vergonzosa que me lleve a borrar de mi computadora lo que escribí. Que me mueva a apartarlo de mi campo visual, a estrujar el papel y botarlo. Como si lo que he plasmado ahí, viniera a ser una imagen intolerable de mí. Como si fuera una parte de mí de la que quiero deshacerme. No obs-

tante, ya lo he plasmado, aunque haya sido por un momento. ¿Qué hago entonces cuando lo boto, y qué es lo que estrujo, qué es lo que borro? O tal vez debería modificar esas preguntas, ¿qué hago con el que boto, y a quién estrujo, quién es ese que borro? Podemos ir aún más allá y preguntarnos, ¿sirve de algo botar? ¿Será que lo que boto se desaparece, o será que re-aparece? ¿Será lo que escribo, mi síntoma? Me parece que un escrito coherente tiene siempre como base, innumerables borrones. Un sinnúmero de intentos fallidos, de rectificaciones, de frustraciones, de autocensura, de sublimaciones. Tiene varios inicios y varios finales, y cualquier otra cosa que sirva para crear una imagen final más o menos estable. Más o menos convincente. Más o menos tolerable. ¿No se parece esto a nuestras vidas? Hay algo extraordinario en la escritura, y es que tiene capacidad de posibilitar. Es mucho más que un conjunto de letras y palabras. Cada palabra puede tener atada a ella una infinidad de representaciones. Por lo tanto, nunca un escrito es sólo un escrito. Es un medio que contiene y transmite afectos, imaginarios, vivencias, expectativas, creencias, cultura y todo aquello que sea humano. Nos permite rebasar límites que de otra manera no podríamos transgredir. Nos permite decir lo que no nos atrevemos, cuando media la intensidad de los cuerpos, las inseguridades y miedos que estos pueden despertar y despertarnos. El propósito y audiencia de nuestro escrito, dirige lo que vamos a escribir, pero el contenido de éste habla de nuestro contenido, del contenido de nuestro psiquismo. Podríamos decir entonces que lo que escribimos nos contiene. Por un lado, porque nos pone un límite y nos da cierto orden o estructura y por otro porque nos posee. El ejercicio de escribir no es muy distinto de la meta de la terapia psicoanalítica. En ambos casos, intentamos poner en palabras algo que nos sobrepasa. Ponerle símbolos comprensibles a una vivencia imaginaria. Y no faltan nunca resistencias en el proceso, porque no es tan fácil escribir un sentimiento, describir una historia, apalabrar un sufrimiento, transmitir una Continúa en la pág. 6

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pasión, o encerrar toda una vida en un número limitado de páginas. No obstante, como pasa también en la terapia psicoanalítica, aunque nunca se logra todo, siempre se logra algo. Poner en símbolos algo de nosotros, nos permite mirarlo desde otra perspectiva, familiarizarnos con eso; con ese o esa que desconocíamos. Nos permite traer algo al campo de lo visible; al campo de lo consciente. Pero siempre hay algo más, que aún no hemos simbolizado, siempre hay algún otro afecto que surge y que buscamos describir, siempre hay alguna vivencia que no hemos podido relatar del todo. La escritura siempre muestra algo más de lo que queremos mostrar, pero mucho menos que la totalidad de lo que somos. Es una producción humana que sobrepasa la intención consciente de comunicar algo. Escribir es grabar una porción de ti en una superficie. Escribir es escribir-se.

Escritura…en el inconsciente: comentario sobre la “pizarra mágica” de Freud Por: Caroline Forastieri “La superficie que conserva el recuerdo de los signos, pizarra y hoja de papel, se convierte por así decir en una porción materializada del aparato mnémico que llevo invisible en mí.” S. Freud –Notas sobre la pizarra mágica (p.243)

“Ante el tema de la presente Tertulia Psicoanalítica: Escrituras posibles, me pregunté ¿cuáles son las escrituras posibles de las que es posible escribir? Dicha pregunta permitió una inmensidad de opciones; entre ellas se me presentaron varias vías de pensar la escritura: como recurso psíquico, para construir y transmitir la historia y para pensar cuál es su costo- entre otros temas. En fin, hay muchas escrituras posibles de las que es posible escribir. Sin embargo, con mayor interés y urgencia se me presentó en este momento una que me dirigió al texto corto de Sigmund Freud titulado: Nota sobre la Pizarra Mágica;¹ me refiero a la escritura en el inconsciente. Escritura según el diccionario de la Real Academia Española significa: “acción y efecto de escribir; sistema de signos utilizado para escribir”². La escritura, no cabe duda, cumplió una función

fundamental para el padre del psicoanálisis– Sigmund Freud y para el Psicoanálisis como tal. Es fundamental en el sentido doble de la palabra: como fundamento y teniendo un lugar principal. Por medio de su escritura -en forma de cartas, notas, libros, investigaciones, escritos cortos y análisis de escritos de otras personas- Freud posibilitó que hoy en día tengamos una base teórica para el psicoanálisis. Si sus reflexiones hubieran quedado en su pensamiento exclusivamente, cabría hacerse la pregunta de si hoy existiría el Psicoanálisis. Pero esta no es la única aportación que el Psicoanálisis provee para pensar la escritura. Pensemos por un momento en la escritura como algo más que signos que se plasman en un papel, en una pantalla de computadora o en una piedra. Pensemos en aquello de lo que tanto nos habló Freud: lo que se inscribe en el inconsciente. ¿Podemos hablar de una forma de escritura también allí? Me parece que esa es la propuesta de Freud en el texto antes citado. Allí, Freud nos comunica una reflexión que hizo sobre un “pequeño aparato”³ que lo ayudó a ilustrar su concepción del Continúa en la pág. 7

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nir-visible de lo escrito y su desaparecer, con la iluminación y extinción de la conciencia a raíz de la percepción”.⁴ Como nos advierte el editor del texto de la versión castellana, James Strachey, el propósito de Freud con este escrito es hacer una “ingeniosa y esclarecedora reseña de los sistemas conciencia, preconsciente, y percepción-conciencia”⁵. Sin embargo, me parece que el texto ayuda mucho a pensar la escritura en el inconsciente. ¿Qué es lo que se escribe en el inconsciente? Freud indica que lo que queda ‘escrito’ en la pizarra/inconsciente son signos, caracteres, escritos, apuntando de esta manera a una vertiente simbólica. Significantes que -como en la pizarra mágica- aunque no estén a simple vista desde el ámbito de la consciencia, todavía siguen ocupando un lugar en nuestro psiquismo y teniendo efectos.

aparato psíquico: la pizarra mágica. Se trata de una tablita de cera o resina de color oscuro que descansa sobre otra tabla de cartón. Sobre la tabla de cera, agarrada por la parte de arriba, caen un papel encerado y encima una laminilla de celuloide transparente. El contacto de algún instrumento punzante sobre la laminilla de celuloide hace que ésta se pegue en la tabla de cera y se marquen los signos. Una vez se termina, se separan cuidadosamente las hojas de la tabla de cera y desaparece lo escrito en la laminilla. Interesantemente, cuando se mira de manera aislada la tabla de cera, se puede ver a simple vista que las huellas no son borradas de esa superficie. Una y otra vez, signo y palabra, tras signo y palabra, se acumulan allí de forma duradera. Es ése el lugar -donde perduran las palabras y signos que desaparecen de la laminilla- el que representa el inconsciente para Freud. Nos dice en sus propias palabras que: “[N]o me parece demasiado osado poner en correspondencia la hoja cubierta, compuesta de celuloide y papel encerado, con el sistema percepción-conciencia y su protección antiestímulo; la tablilla de cera, con el inconsciente tras aquel, y el deve-

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Es por esto que lo que irrumpe del inconsciente en forma de lapsus, chistes, sueños, equívocos, el psicoanálisis los toma como herramientas y pistas para trabajar aquello que una vez se escribió en la historia del sujeto y que lo marcan de manera particular. Ninguna pizarra es igual, aunque se escriban sobre ella los mismos signos y significantes. Ésa es la apuesta del psicoanálisis, apuesta por la escucha de esa particularidad, de cada escritura posible.

¹ Freud, S. (1925). Nota sobre la pizarra mágica. En: Obras Completas. Tomo XIX. Buenos Aires: Amor rortu editores. ² Real Academia Española. (2006). Diccionario esen cial de la lengua española. Pág. 610.

³ Freud, S. (1925). Nota sobre la pizarra mágica. En: Obras Completas. Tomo XIX. Buenos Aires: Amor rortu editores. Pág. 245. ⁴ Freud, S. (1925). Nota sobre la pizarra mágica. En: Obras Completas. Tomo XIX. Buenos Aires: Amorrortu editores. Pág. 246. ⁵ Strachey, J. En: Nota introductoria al texto: Nota sobre la pizarra mágica. Pág. 241-242.

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PRESENTACIONES

De la muerte a la vida: Las escrituras de Bram Stoker y Mary Shelley Por: Verónica Vélez La escritura ha sido el medio por el cual hemos recordado nuestra historia en este mundo. Nos ha ayudado a crear ficciones y verdades. Nos permite crear universos nuevos, enseñarlos y conmover a otros. Nos ayuda a pensar. Nos deja someter nuestro pensamiento a la ley de la letra, organizarlo y aclararlo. Nos permite dejar huellas que permanecen después de nuestra muerte. Nos sobrevive; es frágil a la vez que inmortal. La escritura está llena de posibilidades... Por esto es que me pregunto: ¿qué es posible saber del humano a través de la escritura? Sigmund Freud (1908) nos dice en su escrito el Creador literario y el fantaseo, que la escritura (la poesía, la literatura...) nace de la actividad fantasiosa del sujeto. O sea, lo que escribimos es un retoño de nuestro mundo de fantasía. Y a su vez, la fantasía es una expresión de los conflictos y deseos humanos inconscientes. Fantaseamos porque la realidad nos frustra y nos niega nuestros más intensos deseos, como una "rectificación de la insatisfactoria realidad"¹. De esta forma, la escritura nos da los medios para poner en papel aquello que nos aqueja y aquello a lo cual aspiramos. Podemos forjar un mundo en el papel en donde aprehendamos aquello que queremos. Entonces, me pregunto: ¿la escritura nos abrirá puertas a las profundidades del inconsciente del humano? Si es así... si la escritura nos da la posibilidad de entrever lo que pasa en el psiquismo del autor, aunque sea con límites, ¿qué nos podrá decir Drácula de Bram Stoker y Frankenstein de Mary Shelley? La novela de Drácula, para repasarla, narra la historia de cómo el conde Drácula, de aspecto

grotesco y mucha astucia, planea mudarse de Transilvania a Inglaterra y las vicisitudes que esto trae a los que lo rodean. Lo que hace interesante a esta historia es que el conde Drácula no es un humano común, es un "undead", un no-muerto, des-muerto o muerto-viviente, que roba sin escrúpulos la vitalidad de los otros tomando de su sangre y provocando terror. Tiene el potencial de ser inmortal si no logran cortarle la cabeza y atravesarle el corazón. Tiene un cierto poder hipnótico sobre los humanos y comanda a los lobos y a las ratas. Puede convertirse en vampiro, en lobo o en neblina y controlar el clima y las mareas a su alrededor. Camina, aunque más débil, durante el día. Toma a mujeres bellas para convertirlas en esclavas desmuertas haciendo que beban de su sangre. La trama y resolución de la novela transcurre en cómo los protagonistas, Van Helsing y otros, tratan de matar a Drácula antes de que la inocente y amable Sra. Harker se convierta, ella también, en vampiro ya que había sido obligada a tomar de la sangre de Drácula. Hay mucho que pensar en esta historia. Por algo ha conmovido a millones desde de su aparición. Algo que a mí me movió a pensar fue que este escrito bien puede ser una expresión de la dificultad del sujeto de lidiar con su propia muerte. Los vampiros disfrutan (o sufren) de una vida eterna. En Drácula los cadáveres pueden cobrar vida otra vez. Por ejemplo, en la obra, nos describen a una mujer muerta por la mordida de Drácula de ésta forma: "Toda la hermosura de Lucy había regresado a ella en la muerte, y las horas que habían transcurrido, en lugar de dejar trazos de los "aniquiladores de la muerte" habían restaurado la belleza de la vida, Continúa en la pág. 9

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PRESENTACIONES de tal manera que positivamente no daba crédito a mis ojos de estar mirando un cadáver."² A su vez Freud nos dice que: "En el fondo, nadie cree en su propia muerte, o, lo que viene a ser lo mismo, en el inconsciente cada uno de nosotros está convencido de su inmortalidad."³ Incluso, la muerte de los otros muchas veces se trata como si fuera un accidente y no la consecuencia natural de la vida. Creo que la fantasía humana puesta en letras sobre el papel crea castillos en abismos; tapa el hoyo de la muerte con la reiteración de la inmortalidad. Drácula es un bello ejemplo de esto. La otra novela que me gustaría pensar, Frankenstein, narra la historia de Víctor. Un brillante joven, que sintió curiosidad desde temprano por la chispa que generaba la vida. Logra en sus años de universidad, y bajo una obsesión apasionada, lo que muchos han soñado... crearla. Cuerpos fragmentados, cadáveres inertes, fueron manipulados con el apoyo de la ciencia para animar y dar vida a un ser sin nombre. Sin embargo, Víctor convierte lo sublime en lo monstruoso. Escoge partes bellas y comoquiera produce fealdad e imperfección. Al ver su obra, monstruosa para él, la abandona, huye del ser que es su creación y coquetea con la locura. Trata de hacer como si pudiera deshacer su quehacer con un simple olvido. Mientras esto pasa, el ser sin nombre, escapa y sobrevive en el bosque. Logra vincularse con los otros espiando a una amorosa familia de la cual aprende a hablar y a leer. Aunque ellos no sabían de su presencia los llamaba ingenuamente sus protectores. Sin embargo, pronto es convertido por el rechazo y odio de los otros, incluso de aquellos a los que salva y ayuda, en un ser lleno de ira y hambre de venganza. Decide así, vengarse de su creador. Sin embargo le suplica, antes de tomar por completo su venganza, que le haga una mujer como él para subsanar su soledad y apagar el fuego de su odio. Sin embargo, Víctor no puede hacerlo, destruye la mujer del ser sin nombre justo antes de darle la chispa de la vida. Provoca que el ser sin nombre mate a su amada en la noche de boda además de a todos los seres queridos por Víctor. Se termina la novela con la muerte de Víctor, ahora tan solo como "el monstruo", mientras perseguía y buscaba a su creación para darle muerte. Al igual que en Drácula, en Frankenstein, se trata de encender la vida allí donde antes había muerte. Víctor descubre cómo reproducir el inicio de la vida y de partes de cadáveres creó un ser vivo. Víctor, en la narración de la novela, nos dice: "Vi cómo se marchitaba y acababa por perderse la

belleza; cómo la corrupción de la muerte reemplazaba la mejilla encendida; cómo los prodigios del ojo y del cerebro eran la herencia del gusano. Me detuve a examinar y analizar todas las minucias que componen el origen, demostradas en la transformación de lo vivo en lo muerto y de lo muerto en lo vivo."⁴ El vampiro tanto como la creación de Frankenstein son nacimientos, o engendros si se quiere, de la escritura humana. El ser humano, no solo tiene ansias de olvidar la muerte, sino de controlar la vida, crearla incluso. La fantasía pasada a papel nos permite lograr lo imposible: encender (o restituirle) la chispa de la vida a un muerto o a un cadáver. La vida y la muerte es un tema complejo y no se agota tan fácil. Freud elaboró dos conceptos que nos pueden ayudar a dar cuenta de esta complejidad: la pulsión de vida y la de muerte. Freud articuló el psiquismo humano como movido por pulsiones vitales y mortíferas. Aunque definir en profundidad lo que éstas son está más allá de los límites de este escrito las podemos pensar, preliminarmente, como el(los) empuje(s), mociones o fuerzas primordiales del psiquismo humano. Podría decir que tienen la misma función que el centro de la tierra para la existencia de ésta. O sea, el centro hipotético de la tierra, está formado en parte por metal fundido en continuo movimiento que genera grandes cantidades de calor. Este núcleo es necesario para sostener la vida en la tierra y crear el magnetismo por el cual se dirigen los compases. Sin embargo, se sabe de él, no por constatación directa, sino por sus efectos (nadie lo ha visitado). Del mismo modo, la pulsión está en continuo movimiento, es una fuerza que se constata solo en sus efectos y es necesaria para sostener la vida psíquica. Las pulsiones de muerte, cosa diferente a la muerte como fin de la vida, son el empuje humano a la desintegración y a la destrucción de uno mismo y de los otros. Su contraparte, las pulsiones de vida son aquellas que empujan a la unión y a la reproducción sexual de los seres. Freud constató que estas dos mociones, que subyacen a nuestra psiquis, son capaces de mezclarse. Más aún, es difícil encontrar momentos en donde no estén entremezcladas. El sentimiento de unión de los ciudadanos de un país, por ejemplo, que sería una expresión de la pulsión que une, la de vida, es más fuerte cuando tienen un enemigo en común al cual enfilar sus cañones de destrucción. En una relación de pareja, la cual une la pulsión de vida, se puede ver fácilmente la más cruda violencia y ansias de destrucción. Muchas veces, los otros con los que Continúa en la pág. 10

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PRESENTACIONES más en unión estamos, son los que más daño nos hacen. En fin mordemos mientras besamos, amamos mientras odiamos. Esta mezcla de pulsiones se puede ver con particular claridad en los personajes que aquí nos interesan. ¿Drácula y sus esposas, todos los vampiros, están vivos o muertos? ¿Destruyen o dan la vida a los otros a los cuales comen y muerden? ¿Víctor Frankenstein, quiere crear o destruir la vida? Me parece que la destrucción y la creación de un ser, la mezcla entre pulsiones de vida y de muerte, se expresan de manera ingeniosa en estas novelas. Tal vez sea la razón, entre otras, de que provoquen fascinación en nosotros. En todos operan estas pulsiones y por tanto, en lo íntimo de cada cual se trenzan la vida y la muerte. Dejar la discusión aquí implica que no se está ni cerca de agotar, en estas cuantas páginas, lo que se podría pensar del psiquismo humano a través de estas novelas. Por ejemplo, me pregunto: ¿por qué un escrito nos puede suscitar terror o miedo? ¿Cómo la escritura nos incita los más diversos afectos? ¿Cómo pensar la sexualidad en Drácula? ¿Cómo pensar la sexualidad en los vampiros de nuestros días? ¿Qué pensar del canibalismo en el humano? ¿Es el ser sin nombre creado por Víctor Frankenstein íntimamente parecido a su creador? ¿Es una especie de reflejo invertido? ¿Hay en los escritos aquí discutidos una diferencia entre la mortificación de la vida y la muerte con fin de la vida? Siempre se quedan abiertas preguntas, tal vez de eso se trata. En fin, no es menos cierto que estas escrituras dejan ver que en lo más primordial del sujeto, se encuentra el enigma de la vida y la muerte. Queda siempre la pregunta sin contestar sobre el paso de la vida a la muerte y de la muerte a la vida: los amaneceres y atardeceres humanos. ¹ Sigmund Freud (1908). El creador literario y la fantasía. Obras Completas de Sigmund Freud, Vol. 9, p. 130 ² Bram Stoker (1847). Drácula. Edición electrónica el Trauko. Recuperado de http://www.esociales.fcs.ucr ac.cr/biblioteca/esociales/BramStoker-DRACULA.pdf ³ Sigmund Freud (1915) De guerra y muerte: Temas de actualidad. En Obras Completas, Amorrortu Editores, Vol. 14, p. 290 ⁴ Mary Shelley (1818) Frankestein, p. 12-13. http:// www.edu.mec.gub.uy/biblioteca_digital/libros/s/Shelley,% 20Mary%20-%20Frankenstein.pdf

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NOTAS

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PRESENTACIONES

Escritura violenta Por: Eduardo Valsega “[E]l primero que en vez de arrojar una flecha al enemigo le lanzó un insulto fue el fundador de la civilización”¹

René Pérez, del grupo Calle 13 es uno de los autores más violentos que conozco y a la misma vez, si lo entiendo bien, un enorme proponente en contra de la violencia. Sé que esto suena extraño. ¿Cómo es posible que alguien pueda decir que ese vulgar boquiflojo, grosero e irreverente sea un faro en contra de la violencia que nos acosa? ¿Acaso su música no reproduce la misma violencia que estamos denunciando? ¿No nos manda a portarnos mal? ¿No nos dice que quisiera matar y despedazar gente? ¿Eso no es promover la violencia? Intentaré presentar por qué pienso que efectivamente no, y que a diferencia de los discursos legales o moralistas la violencia lírica de Residente Calle 13, provee un mejor vehículo para disminuir la violencia rampante que acosa nuestra sociedad. Para comenzar solo necesitamos un breve texto representativo de lo que deseo presentarles. Para ello utilizaré la canción "Llégale a mi guarida" del disco "Residente o Visitante" que dice así: “Tengo ganas de cogerte, estrujarte, romperte Morderte, odiarte, el hígado comerte Sacarte los ojos Mancharte de rojo Abrirte las tripas a lo “Jack the Ripper” Tengo ganas de degollarte con lo que escribo Usando los peores adjetivos Pa' describir el encabronamiento que siento A ti te voy a sacar de tu asiento, de tu sitio, de tu silla Con mi propia boquilla voy a arrancarte las rodillas

Desde las Antillas pa' to'as las pandillas”

La canción no nos da tiempo para prepararnos. Es gráfico, intenso, directo. La intención violenta se nos presenta claramente en todo el texto. No parece cesar, La canción no hace otra cosa que escalar en morbo. Entonces, ¿de qué estoy hablando al decir que trabaja en contra de la violencia? ¡Obviamente es violento! ¡Es increíblemente violento! Sin embargo, no hay que ser miope. Empecemos de nuevo poco a poco a ver si vemos otra cosa. Así empieza todo "Tengo ganas...". Se trata de una declaración de intención, un deseo. Mejor dicho, el reconocimiento de un deseo. Lo primero que nos presenta René en esta canción es, literalmente, una conciencia de la voluntad violenta. No una ignorancia justificada, no un odio amparado en no sé qué lugar de dominio que legitimaría su odio, sino el simple reconocimiento de que "Yo te quiero hacer daño", "Yo te odio y aunque te diga mis razones, este odio no deja de ser el mío". ¿Acaso esto no rompe con los discursos moralistas, que plantean un bien o un mal absoluto, o no sé qué supremacía y por tanto justifican la violencia? Pienso en las palabras de 'profetas (tóxicos) boricuas' que propician los crímenes de odio o promueven el machismo; en las guerras santas como la de Irak o en los pueblos sacrificados en nombre de la ‘Verdad’ del mercado o los bancos. Todos dictan: "Como este discurso me hace más que tú, este mismo discurso me otorga el poder para agredirte. No soy yo, es que tiene que ser así. La verdad es esa, yo solamente me someto a ella." De entrada, podemos concederle a Calle 13 una enorme diferencia: al menos es sincero. Es él quien tiene ganas de destriparte, su odio no tiene excusa. Él lo reconoce. Se lo apropia. Pero eso no es todo. René no se queda ahí. Luego de comunicarnos su deseo homicida, nos presenta algo más lúcido todavía- porque si bien el reconocimiento del odio es un paso, no parece ser suficiente, hay que hacer algo con todo ese odio. Eso precisamente es lo que nos propone. Y es que todo lo terrible que quiere hacer no son otra cosa que efectos de la escritura. Me explico. El "abrir las

tripas a los Jack the Ripper" no implica literalmente viscerar a nadie, él lo deja bien claro, consiste en "degollarte con lo que escribo". ¿Qué quiere Continúa en la pág. 12

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PRESENTACIONES decir? Pues que todo consiste en un acto homicida que sólo se sirve de los "peores adjetivos". ¡Qué violencia más extraña! ¿O acaso se puede matar a alguien con puras descripciones? Pareciera que a través de la escritura, como dice Freud, “la palabra es el sustituto de la acción”². Este elemento, o sea, la función de lo escrito, de la representación, de la palabra, me parece la mayor aportación que tiene este autor. ¿Acaso no escuchamos aquí el eco de Freud quien se pregunta en “El malestar de la cultura” qué hacer con las pulsiones? ¿Es que no vemos en esa violencia que venimos comentando, en ese odio, a la pulsión de destrucción que no es otra cosa que una cara de la famosa pulsión de muerte? Me pregunto además, ¿René Pérez no nos estará planteando, al igual que Freud, que este odio es inseparable de la condición humana, y que no hay forma que podamos deshacernos de él, pero que sin embargo, sí podemos intentar hacer algo con él? Ante ello pregunto, ¿Acaso no sería un escenario distinto si las agresiones que vemos a diario fueran sustituidas por discusiones, por un intercambio donde se puede escuchar y ser escuchado? ¿Acaso la rabia no encontraría algo de sosiego si en lugar de buscar la piel, la sangre o el dolor ajeno pudiera encontrar el papel o el oído? Pregunto, ¿es lo mismo un tiroteo que un “Freestyle Rap Battle”? ¿Es lo mismo tirar una piedra que un insulto? Ambos duelen, claro está. Pero el daño del segundo ya permite otras operaciones y se cura distinto. Las reglas cambian. Como dice Calle 13: “No se necesitan balas para probar un punto. Es lógico, no se puede hablar con un difunto”³. La palabra, la escritura del odio, de la agresividad y de la

violencia opera en un sentido nuevo que se separa de la lucha a muerte y permite el entendimiento, el diálogo y la convivencia con otros. La posibilidad de fundar una comunidad, de salirse de la primacía inmediata de nuestros afectos y nuestro narcisismo, es privilegio de la palabra y su modo más permanente es la escritura. La propuesta de Calle 13 me parece evidente, no se trata de erradicar el odio o la violencia, eso es imposible, sino de transformarlo, de modo que permita una mejor relación con los otros. Por eso entiendo que el paso a la palabra, y al reconocimiento de su poder, al que nos invita Calle 13 no es otra cosa que un convite a cesar la violencia, las guerras, los abusos y sustituirlos con otra cosa. Es un primer paso para darle un giro a los excesos de nuestro mundo actual, y claro está que para nada es una garantía. Sin embargo, no es menos cierto que a pesar de no ser una solución al problema de la violencia, una escritura violenta es una escritura posible, y no es lo mismo una guerra con pistolas que una guerra de palabras. ¹ Hughling Jackson citado por Freud en “Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos” (1893). Obras completas. Tomo III. Amorrortu Editores. Pg. 37-38. ² Idem. ³ Fragmento de la canción “La Bala” del disco “Entren los que quieran” (2010) ⁴ Es meritorio recordar que si bien René Pérez aboga por el uso de la palabra esto no elimina la acción violenta, incluso la insurrección armada. El tema “La Bala” es claro: “El dialogo destruye cualquier situación macabra/ Antes de usar balas disparo con palabras”. Esto es para recordar que la mediación de la palabra tiene sus límites y es solamente un recurso posible.

“La posibilidad de fundar una comunidad, de salirse de la primacía inmediata de nuestros afectos y nuestro narcisismo, es privilegio de la

palabra y su modo más permanente es la escritura.” Volumen 4

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El Diario es una de las escrituras más sublimes del alma Por: Karla Hernández “Siempre he pensado que la narrativa es el Arte primordial de los humanos. Para ser, tenemos que narrarnos.” Rosa Montero –La loca de la casa

El diario es una forma de la escritura que se ha heredado de épocas bastante antiguas. Un diario ya viejo y famoso es el de Samuel Pepys, escrito entre 1600 y 1669, publicado cien años después de su muerte, y que contiene páginas llenas de revelaciones y experiencias personales, e intrigas cortesanas de la Restauración Inglesa. Otro libro personal, importante para nosotros los puertorriqueños, es el Diario de Viajes de Cristóbal Colón que redactó desde su salida de España. En éste, habla sobre su primer viaje a América, y está repleto de detalles, de las maravillosas culturas indígenas que descubrieron sus ojos. Asimismo, uno de los diarios que para algunos, es uno de los más leídos en todo el mundo, es el diario escrito por la niña judía Ana Frank entre 1942 y 1944- que en total son tres cuadernos, conservados en la actualidad. Relata su historia como adolescente y sobre el tiempo que estuvo oculta de los nazis en Amsterdam, durante dos años en la Segunda Guerra Mundial. Otro diario interesante es el de Virginia Woolf. Al leerlo uno se encuentra con las miserias y las virtudes de esta gran escritora. Hace críticas contra el panorama literario de su época, y reflexiona sobre la Primera Guerra Mundial. También están las impresiones de la autora sobre la concepción de sus obras, sobre la trama, sobre la caracterización de sus personajes, sobre los avatares de la publicación, y en definitiva, sobre las circunstancias del proceso creativo, y junto con ello el relato de su atormentada existencia. Dudas, temores, sufrimiento y melancolía conforman estas páginas como diario íntimo. Franz Kafka, fue otro escritor que entre 1910 y 1923, escribió en 12 pequeños cuadernos (todos con tapas de hule) reflexiones sobre su vida y la literatura; su percepción sobre sus amigos, sobre el sexo, y anotó frases enigmáticas junto a relatos completos. El primer cuaderno abre con una imagen “Los espectadores se ponen rígidos cuando pasa el tren” (Diario de Franz Kafka, pag.1). El último se cierra con un intento de hacer comprensible el angustioso ejercicio de escribir. Podríamos mencionar, otros famosos diaristas, como lo son Tolstoi y Solomon Tauber.

Como podemos constatar, a través de la historia han existido muchas personas que le han dedicado tiempo a la escritura de su propio diario, a pesar de los cambios sociales, culturales y las nuevas tecnologías, que parece estar dejando en desuso la escritura manual y el formato de libro o libreta del diario, siendo reemplazado por las computadoras. Muy al contrario de lo que podría pensar, todavía en nuestros tiempos, no se ha perdido el deseo de hacer un diario con eso que se escribe. Nuevas formas son los blogs, los status en Facebook- entre otros diarios electrónicos. Una pregunta abierta para pensar sería: ¿Cuáles podrían ser las diferencias entre la escritura manual y la escritura en un ordenador? Ahora bien, habría que preguntarse: ¿qué es un diario? Empecemos pues con la definición que nos brinda el diccionario de la Real Academia Española: “Diario, ria adj. Que ocurre o se repite cada día. Cotidiano. Libro o cuaderno en el que una persona va escribiendo día, o con frecuencia, hechos de su vida personal, junto con sus pensamientos y sentimientos. Periódico que se publica todos los días.” Viene del latín diaruim, la palabra diario hace referencia a aquello que es correspondiente a todos los días. Si reflexionamos la definición que brinda el diccionario, encontramos varios elementos que constituyen a un diario. Requiere de un acto repetitivo, que haya la insistencia en escribir, implica hacer uso de la memoria, y un sujeto que esté dispuesto a revelar su vida íntima y anímica. Estos elementos particulares del diario dejan mucho que pensar, y se retomarán de alguna manera en este texto. Continúa en la pág. 14

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PRESENTACIONES ¿Qué se podría encontrar generalmente en un diario? Puede haber relatos de eventos, narrativas, descripciones, emociones, pensamientos, reflexiones, observaciones y reacciones. Puede estar lleno de apuntes con cierto matiz autobiográfico, donde se da constancia de los acontecimientos propios y del entorno. En algunos hay fotos, dibujos, mapas, esquemas- entre otros elementos. Sin embargo, el acto de escribir es de suma complejidad, pues se pone de manifiesto la subjetividad del escritor. Los que hemos tenido la oportunidad de escribir y leer otros diarios, encontramos que aquello que se escribe, y los motivos para hacerlo son completamente diferentes en cada sujeto. Los propósitos que puede cumplir el diario son particulares para cada uno. Por ello surge las siguientes preguntas: ¿Por qué se escribe un diario? ¿Qué se escribe en este texto? ¿Qué funciones podría cumplir esta escritura? ¿Qué efectos puede tener el acto de escribir un diario? ¿Qué la diferencia de otras formas de escrituras? De los diarios que he leído hasta ahora, he descubierto que para esos escritores, el diario no es un cuaderno o una libreta llena de páginas para simplemente escribir pensamientos, emociones y sucesos. Para algunos es “la obra más personal” o “la obra más importante de su vida”, para otros es “el cofre de los secretos” o son “las memorias” a quienes creen que es una “una caja de pandora” o más bien “un testimonio de vida” o mejor “un testimonio para la historia” y hasta “un legado para la humanidad”. Para Virginia Woolf era una “habitación propia” y para Ana Frank se trataba de una “compañía”. Ésta última, cuenta en su hermoso diario: “para realizar todavía más en mi fantasía la idea de la amiga tan anhelada, no quisiera apuntar en este diario los hechos sin más, como hace todo el mundo, sino que haré que el propio diario sea esa amiga, y esa amiga se llama Kitty” (Diario de Ana Frank, p. 5). Para Pascual Duarte, el personaje principal de la novela “La Familia de Pascual Duarte” parecía que para él era entrar en un “confesonario”. En el relato de sus memorias refiere: “Voy a explicarme un poco. Como desgraciadamente no se me oculta que mi recuerdo más ha de tener de maldito que de cosa alguna, y como quiero descargar, en lo que pueda, mi conciencia con esta pública confesión, que no es poca penitencia, es por lo que me ha inclinado a relatar algo de lo que me acuerdo de mi vida” (Cela, p. 18, 2003). Dice además: “Noto cierto descanso después de haber relatado todo lo que pasé, y que hay momentos en que hasta la conciencia quiere remor-

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derme menos” (Cela, p. 19, 2003). Pareciera que sus memorias son un intento de conseguir del otro un indulto, o que el peso de las palabras llegue a alivianar su culpa. Lo que podemos analizar es que el diario, cada sujeto lo percibe, lo asume y lo significa de manera distinta. De hecho, hasta le dan un nombre, apropiándose de manera particular sobre eso que se escribe, dándole sentido al por qué de tener un diario y qué significado tiene éste en su vidas. Esas páginas se van articulando con palabras que se vinculan con uno mismo. En la escritura de un diario se intenta hablar de la vida, de la vida propia y hasta la de los otros. Podríamos imaginarnos que al escribir en esas páginas emprendemos un viaje al interior, abriendo camino, abriendo puertas. Cada palabra que se va escribiendo, cada cosa que se va contando nos va acercando a uno mismo. En ese parloteo entreabrimos un diálogo con nosotros mismos y hasta atisbamos a escuchar el mundo y las voces de nuestro interior. Se convierte en un espejo donde nos atrevemos a mirarnos, a jugar con ambivalencia a des-cubrirnos. A diferencia de una novela, no nos disfrazamos en personajes, sino que más bien los semblantes se desencajan, se desprenden aunque sea un poco. Rastros de piel quedan desnudos y las miserias quedan expuestas. En las páginas del diario queda inscrito un decir que desenmascara un trozo de nuestra verdad más profunda. Kafka escribe en su diario: “En efecto, el vivir en casa de los padres es malo. Pero no sólo el encontrarse bajo el mismo techo, sino la vida misma, el dejarse caer dentro de este círculo de bondad, de amor; sí, no conoces la carta a mi padre, las sacudidas de la mosca en la tira de papel engomado. Ahora bien, a buen seguro también esto tiene su lado bueno; uno lucha en Maratón y el otro en el comedor, pues el dios de la guerra y la diosa de la victoria se encuentran en todas partes” (Diario de Franz Kafka). No me parece coincidencia que en muchos diarios se hagan relatos de la infancia. A través de mi propio diario llegué a darme cuenta que “escribir es recordar”, no hay manera de escribir sin poner a jugar la memoria. En el diario uno se enfrenta a la misma vez con los recuerdos y los olvidos, con ambos intentamos ir tejiendo narrativas y relatos que hacen de nuestra existencia un cuento menos insoportable. Montero (2003) en su novela autobiográfica titulada “La Loca de la Casa” se le ocurre decir: “en ese cuento de nosotros mismos hay muchísimos cuentos: nos mentimos, nos imaginamos, nos engañamos” (p.10). La autora nos dice además:

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PRESENTACIONES “De manera que nos inventamos nuestros recuerdos, que es igual que decir que nos inventamos a nosotros mismos” (Montero, p. 10, 2003). El diario es un recurso que aunque sea a nivel imaginario nos permite lidiar con la memoria. Nos atrevemos a sacar del armario los fantasmas que han merodeado nuestros rincones oscuros. Escribiendo, las sombras y demonios de nuestros fantasmas van formando sus propios esqueletos, a ver si así dejan de ser meros parásitos subterráneos de nuestras alucinaciones. Intentamos con la imaginación, los sueños, las fantasías, las ilusiones e ideales reconstruir y re-escribir las vivencias que de alguna manera nos han marcado, dejando huella y cicatrices en nuestros adentros. ¿Qué implicaciones podría tener el dejar puesta en tinta y papel las experiencias pasadas? El diario es como un dique donde se despliegan los tumultos de afectos. Un dique construido con palabras, que en el acto de escribir a la vez se desbordan y se contienen las marejadas de intensos afectos. Las páginas que se van escribiendo se convierten en un espacio que posibilita darle sentido a esos afectos, que en algún momento eran bullicios, anónimos y confusos. Ana Frank se dice a sí misma y, a la vez, se lo cuenta a Kitty (su diario): “tengo ganas de escribir y mucho más aún de desahogarme y sacarme de una vez unas cuantas espinas. El papel es más paciente que los hombres. Me acordé de esta frase uno de esos días medio melancólicos en que estaba sentada con la cabeza apoyada entre las manos, aburrida y desganada, sin saber si salir o quedarme en casa, y finalmente me puse a cavilar sin moverme de donde estaba”. Escribir es un intento de apalabrar el sufrimiento, el dolor y los avatares de la vida, el amor, la muerte y el tiempo. Que la tinta llegue a coagular la sangre que brota de las heridas abiertas y profundas, y que los medicamentos u otras distracciones del alma no han podido suturar. No quiere decir que un diario sea el remedio, que de tanto escribir, se llegue a agotar el sufrimiento como la tinta de la pluma. Al contrario, escribir es un acto doloroso con el que llegamos a rozar y a tropezar con la vieja herida del alma. Sobre el difícil ejercicio de escribir Virginia Woolf da testimonio: “Me interesaría mucho que este diario llegara a convertirse en un diario de verdad. Pero para eso haría falta que yo hablara del alma, y ¿no me prohibí hablar del alma cuando lo empecé? Lo que sucede es que, como siempre, cuando me dispongo a escribir sobre el alma la vida se interpone”. Sin embargo, paradójicamente el diario es un recurso para no ahogarse en la impotencia.

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En el esfuerzo de escribir y en el deseo de contar, uno va trenzado y a la misma vez, desanudando esas hojas sueltas y desordenadas de la propia historia, usando las pausas, las comas, los puntos y los signos de interrogación. Logramos abrir un espacio donde encontramos ocupar un lugar singular en nuestra historia, así entonces el diario nos posibilita el sostenernos aunque sea con fragilidad e incomodidad.

Cela, Camilo Jose (2003) La Familia de Pascual Duarte. Ediciones Destino S.A. Diagonal Barcelona, Colección Destinolibro Volumen 63. Ferré Rosario (2012) Memoria. Ediciones Callejón , Colección Litoral, Libros El Navegante. Frank, Ana Diario de Ana Frank Kafka, Franz Diario de Franz Kafka Montero, Rosa (2003) La Loca de la Casa. Ediciones Alfaguara, S. A. Bogotá , Colombia. Virginia Woolf. Diario de Virginia Woolf

PARA SU INTERÉS  Página de internet:

http://tertuliapsicoanalitica.weebly.com Facebook: Tertuliapsicoanalitica  Página del Taller del Discurso Analítico

de Puerto Rico: www.taller-discursoanalitico.org Facebook: Taller del Discurso Analítico de Puerto Rico  Seminario clínico de la Dra. Gómez: 22 de noviembre de 2013  Seminario sobre la Ética del Dr. Ramos:

8 de noviembre de 2013

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(a)palabra: Escrituras posibles