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TEOLOGÍA DEL CUERPO

LECCIÓN 2:

Antes de las Hojas de Higuera: el Plan Original de Dios para el Cuerpo y el Sexo

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SUMARIO:

1: En el Principio No Era Así 2: Experiencias Humanas Originales 3: Soledad Original: El Primer Descubrimiento de “Ser Persona” 4: Unión Original: La Comunión de Personas 5: Desnudez Original: Clave para Entender el Plan Original de Dios 6: El Significado Nupcial del Cuerpo 7: El Elemento Fundamental de la Existencia

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1: En el Principio No Era Así “Este es el cuerpo: un testigo…para Amar” Juan Pablo II (Ene. 9, 1980)

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i alguna vez haz leído algo que Juan Pablo II haya escrito, seguramente te has topado con uno de sus pasajes favoritos del Concilio Vaticano II: “Cristo nuestro Señor… en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” (GS 22). Este es el himno de Juan Pablo: Cristo “manifiesta plenamente” lo que significa ser hombre. Así, aunque su objetivo en este ciclo es reflexionar en el plan original de Dios para los sexos como se encuentra en el libro del Génesis, Juan pablo II comienza con las palabras de Cristo. El

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Génesis, de hecho, solo puede ser plenamente comprendido a la luz de Cristo. Cuando algunos fariseos le preguntaron a Jesús sobre el significado del matrimonio, le contestaron diciendo que Moisés permitía el divorcio. La respuesta de Jesús otorga una llave para entender el Evangelio: “Por la dureza de vuestro corazón, Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue así” (Mt. 19:8). En efecto, Jesús está diciendo algo así: “¿Creen que toda la tensión, conflicto y dolor de cabeza en la relación hombremujer es normal? Esto no es normal. Esta no es la manera en que lo creó Dios. Algo terriblemente malo ha pasado”. He aquí una imagen que sirve para entender esto. Es como si todos estuviéramos manejando por la ciudad con las llantas ponchadas y nosotros pensamos que esto es normal. Después de todo, las llantas de todos están igual. De acuerdo a la analogía, Jesús le dice a los fariseos (y a todos nosotros), “En el principio, todos tenían aire en sus llantas”. Entonces, si queremos comprender el significado de la unión en “una sola carne”, según Cristo, tenemos que regresar “al principio”, antes de que el pecado distorsionara las cosas. Pero no se desmotiven! Cristo no vino al mundo a condenar a quienes tienen las llantas ponchadas. Vino al mundo a re-inflarnos las llantas. No podemos realmente regresar al estado de inocencia –lo hemos dejado atrás. Pero siguiendo a Cristo podemos recibir el plan original de Dios para los sexos y vivirlo con la ayuda de Cristo (CIC 1615).

2: Experiencias Humanas Originales Pablo II toma un enfoque refrescante en los recuentos Juan de la creación. En lugar de mirar abstractamente al plan original de Dios busca considerar las primeras experiencias del primer hombre y mujer sobre el cuerpo y la sexualidad. Nosotros, desde luego, no tenemos experiencia directa alguna del estado de total inocencia de la primera mujer y el primer hombre. Aun así, Juan Pablo II propone que dentro de cada uno de nosotros existe un “eco” del principio. Las experiencias humanas originales, dice, “están siempre en la raíz de todEa experiencia humana…Están, de hecho, tan entrelazadas con las cosas originales de la vida que 3


generalmente no nos damos cuenta de su carácter extraordinario” (Dic. 12, 1979). Nos acercamos a estas experiencias a través del “simbolismo del lenguaje bíblico” (CIC 375). El simbolismo es la manera más apta de representar profundas verdades espirituales, que es justamente lo que trata de hacer el Génesis. No deberíamos quedarnos con la idea moderna de que la ciencia ha “reprobado” los recuentos de la creación en el Génesis. Las historias de la creación nunca trataron de ser recuentos científicos sobre la creación del mundo. El conocimiento científico es ciertamente valuable hasta donde llega, pero no nos puede decir nada del significado espiritual de nuestra existencia. Para esto, inspirados divinamente, los autores de la Escritura usaron el simbolismo con el que estamos familiarizados. He aquí una analogía. Piensa en la diferencia para una mujer cuando su optometrista ve sus ojos que cuando lo hace su esposo o novio. El científico esta viendo su cornea e historiales de hechos científicos. El amante esta viendo su alma y proclama algo mas poético y romántico. ¿Acaso “reprueba” el científico al amante? No. Estas son simplemente dos perspectivas de la misma realidad. El autor del Génesis no era un científico, sino un amante inspirado por Dios para proclamar los misterios divinos en el origen del mundo y de la humanidad. Debemos mantener esto en cuenta al examinar las historias de la creación. Según Juan Pablo, particularmente tres experiencias definen a la persona humana en el estado de inocencia: soledad, unión y desnudez. Se podría escribir mucho para entender estas profundas reflexiones sobre estas experiencias Aquí, desde luego, solo se presenta un esbozo básico. Mientras hacemos esto, ve si no encuentras un “eco” de estas experiencias en tu corazón.

3: Soledad Original: El Primer Descubrimiento de “Ser Persona”

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espués el Señor dijo, ‘No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayudante de acuerdo a él’” (Gn. 2:18). El significado más obvio de esta soledad es que el hombre esta solo sin la mujer. Pero el Papa encuentra un significado más profundo a este verso. Este recuento de la creación ni siquiera distingue a varón y hembra sino hasta después del “sueño 4


profundo” de Adán. Aquí Adán nos representa a todos –hombres y mujeres (adan en hebreo significa “hombre” en el sentido genérico)-. El hombre esta “sólo” porque es la única criatura corpórea hecha a imagen y semejanza de Dios. El hombre esta “sólo” en el mundo visible como persona. Cuando Adán nombra a los animales, también descubre su propio “nombre”, su propia identidad. Está buscando un “acompañante”, pero no encontró uno entre los animales (Gn. 2:20). Adán difiere de los animales. ¿Qué tiene la persona humana que los animales no? En una palabra, libertad. Adán no está determinado por instinto corporal. Esta creado de “polvo” como los animales (es corpóreo), pero también tiene el “soplo de vida” inspirando su cuerpo (Gn. 2:7). Un cuerpo inspirado no es simplemente un algo (a body) sino un alguien (somebody). Una persona puede escoger qué hacer con su cuerpo. Simple polvo no puede hacer eso. En esta libertad, Adán tiene experiencia de sí como un ser, un alguien. Es más que un “objeto” en el mundo; es un “sujeto”. Tiene un “mundo interior” o una “vida interior”. Es imposible hablar de la vida interior de una ardilla o un pollo. Es precisamente esta “vida interior” lo que las palabras “sujeto” y “persona” significan. Debemos especial respeto a todas las criaturas de Dios (CIC 24152418), sin embargo ninguna otra criatura corpórea comparte la dignidad de haber sido creado a imagen de Dios. ¿Por qué se le dio libertad a Adán? Porque Adán estaba llamado a amar, y sin libertad, el amor es imposible. En su soledad, Adán se da cuenta que el amor es su origen, su vocación y su destino. Se da cuenta de que, a diferencia de los animales, esta invitado a entrar en una “comunión de amor” con Dios mismo. Es esta relación de amor con Dios la que define la “soledad” de Adán más que cualquier otra cosa. Al probar este amor, también espera en todo su ser compartir este amor (comunión) con otra persona como él mismo. Es por esto que “no es bueno que el hombre esté solo”. En su soledad, por lo tanto, Adán ya ha encontrado su doble vocación: amar a Dios y amar al prójimo (Mc. 12:29-31). También ha descubierto su capacidad de renegar esta vocación. Dios invita a Adán a amar; no lo forza porque el amor forzado no es para nada amor. Adán le puede decir “sí” a la invitación de Dios, o puede decir “no”. Y esta decisión fundamental está expresada y realizada en su cuerpo. La soledad –el primer descubrimiento de ser persona y la libertad- es algo espiritual, pero es “experimentado” en el cuerpo. Como dice Juan Pablo, el “cuerpo expresa la persona” 5


(Oct. 31, 1979). También podemos decir, el cuerpo expresa la libertad de la persona, o, por lo menos para eso fue hecho. Ganando de regreso una frase abusada, Dios es enteramente “prochoice”. Nos dio libertad en el primer lugar. Pero algunas decisiones niegan nuestra vocación a amar. Algunas decisiones nunca pueden traer felicidad. Somos “libres” en el sentido de “hacer lo que queramos con nuestros cuerpos”. Sin embargo, no somos libres de determinar si lo que hacemos con nuestros cuerpos es bueno o malo. Tal y como lo aprendió Adán, este es el árbol (el “árbol del conocimiento del bien y del mal”) del que no podemos comer, sin morir (Gn. 2:16-17). Por lo tanto, la libertad humana se realiza plenamente no al inventar el bien y el mal, pero al escoger correctamente entre ambas. Toda esta visión está contenida en la experiencia de la soledad de Adán. La libertad es dada para amar. Puede conducir a la destrucción y la división, pero esta querida para dar vida y establecer la unidad. Es nuestra decisión.

4: Unión Original: La Comunión de Personas

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espués de haber nombrado Adán a todos los animales sin encontrar un amante entre ellos, podemos imaginarnos lo que sintió al ver a la mujer. El grito de Adán, “¡Esta al fin es hueso de mis huesos y carne de mi carne!” (Gn. 2:23) expresa asombro y fascinación absoluta. Hay que darse cuenta del enfoque corporal. Adán está fascinado por su cuerpo porque, como señala Juan Pablo II, este es “al fin” un cuerpo que expresa una persona. Todos los animales que nombró eran cuerpos, pero no personas. Esto se pierde en español, pero para los judíos, “carne” y “hueso” significaban todo el ser humano. Por eso, la creación de la mujer a partir de un hueso de Adán (Gn. 2:21-22) es una manera figurada de expresar que tanto hombre como mujer comparten la misma humanidad. Ambos son personas hechas a imagen de Dios. Ambos están “solos” en el mundo en el sentido de que son distintos a los animales (soledad original); ambos están llamados a vivir en una comunión de amor. “Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y su une a su esposa, y se hacen una sola carne” (Gn. 2:24). Esta experiencia de 6


unidad supera la soledad del hombre en el sentido de estar sólo sin el “otro”. Pero afirma todo acerca de la soledad humana en el sentido de que hombre y mujer son diferentes a los animales. La unión humana en “una sola carne” está a mundos de diferencia de la copulación animal. ¿Cuál es la gran diferencia? Aunque se ve muy similar biológicamente, la unión sexual humana no es una simple realidad biológica. Es también una realidad espiritual y teológica. El cuerpo humano está hecho para revelar y participar en el misterio espiritual de amor divino. Como dice el Catecismo, “En el matrimonio, la intimidad física de los esposos se convierte en signo y promesa de comunión espiritual” (CIC 2360). Los animales no son capaces de esta “comunión espiritual” porque no son espirituales. Su “polvo” o materia no es “in-spirada” (llena de Espíritu). No están hechos a imagen de Dios. Volverse “una sola carne”, por lo tanto, no se refiere únicamente a la unión de dos cuerpos (como en los animales) pero es “una expresión ‘sacramental’ que corresponde a la comunión de personas” (Junio 25, 1980). Recuerda nuestra discusión sobre la “sacramentalidad” del cuerpo. El cuerpo humano hace visible el misterio invisible de Dios quien es él mismo una eterna Comunión de Personas; de Dios que es amor. Tradicionalmente los teólogos han dicho que somos imagen de Dios como individuos, a través de nuestra alma racional. Esto ciertamente es verdad. Pero Juan Pablo II lo lleva un paso más allá al decir: “El hombre se vuelve imagen de Dios no tanto en el momento de soledad como en el de comunión”. En otras palabras, el hombre es imagen de Dios “no solo a través de su propia humanidad, pero también a través de la comunión de personas que hombre y mujer forman desde el principio”. Inclusive dice que esto “constituye, quizás, el más profundo aspecto teológico de todo lo que se pueda decir del hombre” Finalmente, observa que en “todo esto, desde el principio, descendió la bendición de la fertilidad” (Nov. 14, 1979). Dios no pudo haber otorgado un mayor fin y dignidad al amor sexual. Como se dijo previamente, ¡la unión marital esta diseñada para ser un icono de alguna manera de la vida interna de la Trinidad! Si pudiéramos interiorizar esta verdad y reflexionar en ella nunca volveríamos a ver el sexo de la misma manera. Recordemos que Dios no es sexual. Aun así, Dios nos creó varón y hembra y nos llamó a la comunión como la revelación primordial 7


(original, fundamental) de su propio misterio en el mundo creado. Esto es lo que quiere decir Juan Pablo II cuando describe el matrimonio como el “sacramento primordial”. Toda la realidad de la vida matrimonial, desde luego, es un sacramento, pero en ningún lugar es más evidente este “gran misterio” que cuando los dos se convierten en “una sola carne”.

5: Desnudez Original: Clave para Entender el Plan Original de Dios

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abiendo discutido las experiencias originales de soledad y unión, estamos listos para explorar la tercera experiencia original: la desnudez.

Después de las palabras que describen su unión, leemos que “el hombre y la mujer estaban ambos desnudos, y no sentían vergüenza” (Gn. 2:25). De todos los pasajes en las historias de la creación, Juan Pablo II dice que éste es “precisamente la llave” para entender el plan original de Dios para la vida humana. Esa es una declaración atrevida. En breve, si no entendemos el significado de Génesis 2:25, no entendemos el significado de nuestra creación como varón y hembra; no nos entendemos a nosotros mismos y el significado de la vida. ¿Pero cómo podemos entender la desnudez original si nosotros, habiendo heredado las “hojas de higuera”, no tenemos una experiencia directa de ella? Lo hacemos simplemente por contraste; al observar nuestra propia experiencia de pudor y pena y “dándole la vuelta”. Una mujer no siente la necesidad de tapar su cuerpo cuando está sola en la regadera. Pero si un hombre desconocido entra de repente al baño se taparía inmediatamente. ¿Por qué? Juan Pablo II propone que la “pena” en este sentido es una manera de defensa propia contra ser tratado como un objeto para uso sexual. En el caso de esta mujer, sabe que nunca debería ser tratada como una “cosa” por alguien nada más porque si. La experiencia le enseña que los hombres (dada la lujuria, producto del pecado original) tienden a cosificar el cuerpo de la mujer. Por lo tanto, la mujer cubre su cuerpo no porque sea “malo” o “de pena”. Se tapa para 8


proteger su propia dignidad de la “mirada lujuriosa” del desconocido, una mirada que no respeta su dignidad como persona dada a ella por Dios. Toma esta experiencia de temor (pudor) en al presencia de otra persona, “dale la vuelta” y llegamos a la experiencia de desnudez de Adán y Eva sin pena. La lujuria (el deseo sexual egoísta) no había entrado aun al corazón humano. Por eso, nuestros primeros padres experimentaron una indefensa total hacia la presencia del otro porque la mirada del otro no presentaba ninguna amenaza para su dignidad. Como lo expresa Juan Pablo II poéticamente, ellos “se ven y se conocen…con toda la paz y el asombro interior” (Ene. 2, 1980). Este “asombro interior” indica no sólo la vista a un cuerpo, pero a un cuerpo que revela un misterio espiritual y personal. Vieron el plan de Dios para el amor (teología) inscrito en sus propios cuerpos desnudos y eso es exactamente lo que deseaban: amar como Dios ama en y a través de sus cuerpos. Y no hay temor (pena) en el amor. “El amor perfecto rechaza el temor” (1 Jn. 4:18). Es por esto que la “desnudez sin pena” es la llave para entender el plan de Dios para nuestras vidas –revela la verdad original del amor. Dejemos que este punto cale: Dios creó el deseo sexual “en el principio” para poder para amar como el ama, en una donación libre, sincera y total de uno mismo. Esta es la manera en que la pareja descrita en el Génesis lo experimentó. El deseo sexual no se sintió como una compulsión o instinto por gratificación egoísta. La experiencia de lujuria viene únicamente con la llegada del pecado. La lujuria es el resultado de lo que podríamos llamar “síndrome de llantas ponchadas”. Ya que el primer hombre y mujer estaban “completamente inflados” con el amor de Dios, eran completamente libres para donarse mutuamente. Fueron “libres con el mismo regalo del don” como dice Juan Pablo II (Ene. 16, 1980). Sólo una persona que es libre de la compulsión lujuriosa es capaz de ser un verdadero “don” para otro. La “libertad del regalo” es entonces, la libertad de bendecir, que es la libertad sobre la compulsión de arrebatar y poseer. Es la libertad que permitió a la primera pareja estar “desnudos sin sentir pena”. Como resultado del pecado, nuestra experiencia del sexo se ha distorsionado terriblemente. En medio de estas distorsiones, podríamos llegar a pensar que hay algo malo en el sexo mismo (la 9


típica mentalidad “cuerpo-malo/sexo-sucio” sale de aquí). Pero estas distorsiones que tan bien conocemos no parten de lo que es el sexo. En el centro de lo que es el sexo descubrimos un signo de la bondad misma de Dios. “Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien”. (Gn. 1:31). De acuerdo a Juan Pablo II, la desnudez sin pena o vergüenza demuestra que la primera pareja participaba de esta misma visión de Dios. Conocían su bondad. Conocían el glorioso plan de Dios para el amor. Lo vieron inscrito en sus cuerpos y lo experimentaron en su deseo mutuo. Perdimos esta visión gloriosa con la llegada del pecado. Pero no olvidemos que “Jesús vino a restaurar la creación a la pureza de sus orígenes” (CIC 2336). Esto no se completará sino hasta el Cielo, aún así, a través del regalo de la redención, podemos empezar a reclamar lo que se perdió inclusive en esta vida.

6: El Significado Nupcial del Cuerpo

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ebido a que la lujuria es tan común en este mundo caído, la desnudez muchas veces se relaciona con todo lo que no es santo. Pero en el principio, dice Juan Pablo II que fue la desnudez lo que reveló la santidad de Dios al mundo visible. La santidad de Dios es su misterio eterno de amorosa donación de sí mismo el “intercambio de amor” entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La santidad humana, a su vez, es lo que “permite al hombre expresarse profundamente con su propio cuerpo…precisamente a través del ‘sincero don’ de sí mismo” (Feb. 20, 1980). “El hombre puede descubrir plenamente su verdadero ser sólo a través de la donación sincera de sí mismo” (GS 24). En otras palabras, sólo podemos descubrir “quienes somos” al amar como Dios ama. Este, por supuesto, es el mandamiento nuevo de Cristo: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado” (Jn. 15:12). ¿Cómo nos amó Cristo? Recordemos sus palabras en la Última Cena: “Este es mi cuerpo que será entregado por ustedes” (Lc. 22:19). El amor es supremamente espiritual, pero como lo 10


muestra Cristo, el amor se expresa y realiza en el cuerpo. De hecho, Dios inscribió el llamado al amor divino en nuestros cuerpos –en nuestra sexualidad- desde el principio. En su desnudez, el primer hombre y mujer descubrieron lo que Juan Pablo II llama “el significado nupcial del cuerpo”. El amor nupcial (también decimos amor marital, esponsal o conyugal) es el amor de total donación de sí. El significado nupcial del cuerpo, por lo tanto, es la “capacidad de expresar amor: precisamente ese amor en donde la persona se vuelve un don y –por medio de este donda plenitud al significado mismo de su ser y existencia” (Ene. 16, 1980). Si estas buscando el sentido de la vida, según Juan Pablo II, está impreso justo en tu cuerpo: ¡en tu sexualidad! El sentido de la vida es amar como Dios ama, y esto es a lo que nuestros cuerpos de hombre y mujer nos llaman. Piénsalo de esta manera: El cuerpo de un hombre no hace sentido por si solo. Ni tampoco el de la mujer. Pero a la luz del otro, la diferencia sexual revela el claro plan de Dios de que el hombre y la mujer están llamados a ser un “regalo” mutuo. No solo eso, sino que también este regalo mutuo (en el seguir normal de los eventos) conduce a un “tercero”. Como lo expresa Juan Pablo, “conocimiento” lleva a generación: “Adán conoció a su mujer, la cual concibió” (Gn. 4:1). La paternidad y maternidad “coronan” y revelan completamente el misterio de la sexualidad. La primera directiva de Dios en el Génesis, “Sed fecundos y multiplicaos” (Gn. 1:28), no es meramente un llamado a propagarse. Es un llamado a amar en la imagen de Dios y así “dar plenitud al significado mismo de nuestro ser y existencia”.

7: El Elemento Fundamental de la Existencia

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l matrimonio y la procreación no son, desde luego, las únicas maneras de “amar como Dios ama”. Sirven de modelo original, pero cuando sea que imitamos a Cristo en “dar nuestros cuerpos” por los demás, expresamos el sentido nupcial del cuerpo. Cristo, de hecho, llamará a algunos a sacrificar el matrimonio “por el Renio de los Cielos” (Mt. 19:12). El celibato por el reino no es un rechazo a la sexualidad. Es un llamado a abrazar el sentido y finalidad últimos de la sexualidad. La unión “en un solo cuerpo” es solo el preámbulo de algo infinitamente más grande y glorioso: la eterna unión de Cristo y la Iglesia (Ef. 5:31-32). Esto se 11


aclarará más adelante, pero aquellos que escogen el celibato cristiano “se saltan” el matrimonio terreno para entregarse completamente al eterno. Cualquiera que sea nuestra vocación particular, todos estamos llamados a participar en el amor de Dios y compartirlo con los demás. Cuando tenemos la pureza para verlo, esto es lo que el cuerpo humano y la sexualidad humana nos enseñan. El sentido nupcial del cuerpo (esto es, el llamado al amor que Dios inscribió en nuestra carne) revela lo que el Vaticano II describió como “el llamado universal a la santidad”. Y sin embargo, ¿cuánta gente vulnera su cuerpo y su sexualidad en el nombre de una supuesta santidad? El significado nupcial del cuerpo “es el elemento fundamental de la existencia humana en el mundo” (Ene. 16, 1980). ¡No violentemos esto! Mientras más crezcamos en santidad auténtica (o sea, encarnada), más “descubrimos y fortalecemos esa unión que existe entre la dignidad del ser humano (hombre o mujer) y el significado nupcial del cuerpo” (Ene. 21, 1982).

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Teologia del cuerpo leccion 02  

Lección del curso Teología del cuerpo

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