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Sobre cómo y cuándo la villa de Castilleja de Alcántara pasó a ser “de Guzmán” 1 JOSÉ QUIRÓS GARRIDO Licenciado en Historia Situaremos el hecho a comienzos del segundo tercio del siglo XVI. El actual término de Castilleja de Guzmán, en la provincia de Sevilla, pertenecía a la Orden Militar de Alcántara, siendo su topónimo en éstos momentos “Castilleja de Alcántara”. La villa formaba parte de una entidad jurisdiccional mayor, conocida como “Encomienda de Heliche”2 que a principios del año 1538, fue vendida, por el emperador Carlos V, a Don Pedro Pérez de Guzmán y Zúñiga, primer Conde de Olivares, abuelo del importante “Conde-Duque de Olivares”. Desde hacía poco tiempo, dos bulas pontificias de Clemente VII y Paulo III, autorizaban, el traspaso de propiedades y rentas de las órdenes militares a la hacienda real, justificando el hecho, en la necesidad de recaudar fondos para la lucha contra los turcos y berberiscos que en estos momentos, incrementaban su poder de forma amenazante en el Mediterráneo 3. De ésta manera, el monarca podría conseguir efectivo del mejor postor, para tratar de financiar sus numerosas frentes bélicos, incluso más allá del Otomano.

La enajenación de la encomienda de Heliche en favor de Carlos V, para su posterior venta, exigía, un protocolo de actuación muy preciso; no bastaba con la posesión de los documentos de Roma, sino que además un comisionado real, debía tomar la posesión efectiva de la misma, “corporalmente”, con todos sus bienes, rentas, vasallos, además de su jurisdicción civil y criminal. Relataremos a continuación, cómo ocurrieron los hechos, centrándonos en Castilleja de Alcántara y su término, conociendo que fue elegido para tal misión, como comisionado y representante del emperador, el vecino de Utrera y Alcalde Mayor, Don Antonio Ortiz de Aguilera que compareció en el lugar una mañana del día 19 de febrero de 1538. 1 Imagen del encabezamiento: Hogemberg F. “Civitates Orbis Terrarum” (1588) Instituto Geográfico Nacional. (fragmento) 2 La encomienda estaba formada por las villas de Heliche, Castilleja de Alcántara, el donadío de Characena, y tenía además, propiedades en Sevilla, Jerez y Bujalance. 3 Quirós Garrido, J. (2011). Badis y León el Africano. Boletín de la Asociación de Amigos del Museo Arqueológico de Sevilla, (6) 1


La comitiva formada al efecto, llegó desde las Torres de Heliche 4 por el camino de Valencina, entre olivares y viñas. Podemos suponer que estaba escoltada por algunos hombres de armas en previsión de algún incidente, como así había ocurrido unos días antes en la villa de Heliche. A su llegada, fueron recibidos por los alcaldes ordinarios de la villa y el alcalde de la Hermandad 5, que eligieron la casa de Pero Juan de Alberol, para celebrar el ceremonial previsto, al que se unieron algunos “hombres buenos” de la villa. El protocolo comenzó con la muestra de credenciales por parte de Don Antonio Ortiz, que entregó a los presentes los títulos que portaba 6, incluidas las bulas papales, tras lo cual, solicitó en nombre del emperador, la posesión de la villa que conforme a tasaciones previas debería incluir, sesenta aranzadas de olivar y su producción, el molino de aceite, ciertas casas, entre ellas la principal de la orden militar, además de los caminos que las recorrían; también solicitó de los alcaldes, las varas de justicia en señal de entrega de la jurisdicción civil y criminal del lugar. Tras la petición, los asistentes al acto “sin contradicción alguna” y en señal de acatamiento, besaron y situaron sobre sus cabezas, los documentos. Seguidamente los alcaldes entregaron sus varas de justicia al representante del rey que después de realizar el juramento preceptivo, quedó investido como máxima autoridad. Ortiz, para demostrar ésta circunstancia a los presentes, se dispuso con diligencia a administrar justicia, tras solicitar los pleitos pendientes. Podemos imaginar la expectación suscitada a las puertas de la casa de Alberol, cuando el alguacil hizo llamar a Don Hernando Díaz, vecino de Castilleja que tenía presentada un querella contra Jerónimo Díaz, de Sevilla, en la que había denunciado que éste, le había propiciado “una puñada que le derribó el sombrero de la cabeza”. El agresor que pronto reconoció los hechos, expuso en su defensa que aunque existió el altercado, hubo una posterior reconciliación y “ahora ya son amigos”. El argumento no convenció al delegado real, Ortiz que decretó con autoridad una pena para el sevillano de tres maravedíes, más otros tres por las costas, que serían a partir de éste momento, en favor de la hacienda real. Algunos juicios más se celebraron, si bien, la intención de los mismos, probablemente estaba más allá del propio hecho de hacer justicia, pues podríamos decir que eran más un ritual instructivo que permitía mostrar a la población que el cambio de jurisdicción se había consumado. Pero no bastaba con ésto, para la “verdadera posesión” de Castilleja de Alcántara. Tras el nombramiento de los que serían los nuevos alcaldes, y de un grupo de “hombres honrados y de buena conciencia”, con el fin de delimitar con precisión las posesiones de la Orden sobre el terreno, la comisión salió a la calle para proceder a la desamortización efectiva de las casas principales de la villa, incluido el molino y la Iglesia de San Benito. Para ello el formulismo debería ser muy riguroso, ahora incluso nos puede parecer un tanto exagerado. 4 Despoblado cercano al municipio de Olivares. 5 Con jurisdicción en los asuntos del campo. 6 Se aportaron, las mencionadas bulas pontificias de Clemente VII y Paulo III, los mandamientos del Obispo de Badajoz, Don Jerónimo Suárez, como Juez subdelegado del Arzobispo de Santiago, la autorización del Comendador de la Orden, Don Cristóbal de Toledo y sendas provisiones del Emperador Carlos I. 2


El comisionado Ortiz, llegó a cada casa, abriendo y cerrando sobre sí sus puertas varias veces, recorrió sus interiores con determinación, expulsando a la calle a las personas que se encontraban dentro, si bien al término de la parafernalia podrían ser ocupadas de nuevo. En el caso de las tierras de labor, entró en ellas, con vehemencia las pisoteó, rompiendo la siembra a su antojo, “ciertas hiervas y del trigo que está sembrado y cortó ramas de los olivares, en señal de dicha posesión”; todo ello con el afán de mostrar públicamente su potestad, y en la confianza de no encontrar a nadie que se opusiera a tales actos. Hay que decir que aunque en Castilleja no encontró tal resistencia, sí que la tuvo pocos días antes, en la villa de Heliche, al negarse en rotundo su capellán a entregar la iglesia. En éste caso, fue necesario anteponer el argumento de las armas, al de las disposiciones apostólicas, para convencer al clérigo. Finalmente, no quedaba más que realizar el “amojonamiento” para la delimitación del término, ya habían sido seleccionados para que declarasen al efecto Francisco Hernández, Diego González, Hernando Díaz y Francisco Hernández de Rivera como conocedores y “hombres buenos” del lugar. La demarcación comenzó en el llamado “mojón del garrovo”7 desde el que partieron por el Camino Real hacia Camas, hasta llegar a la linde de la viña de Hernán Pérez; dejaron a un lado las tierras del Licenciado Infante, continuando hasta dar con el sitio del Pozuelo de Santa Brígida, propiedad de los Frailes de San Isidoro del Campo; siguieron a continuación, por un padrón hacia arriba hasta la Haza del Palancar sembrada de viñas, término de Valencina, y desde aquí al lugar de partida8. Terminado el recorrido el escribano levantó acta y Don Antonio Ortiz de Aguilera, tomó posesión en nombre del Emperador. Formalidades resueltas, a partir de éste día, Don Pedro Pérez de Guzmán, primer Conde de Olivares, ya podía tomar posesión de la villa con todos los requisitos de la ley cumplidos. Hay que decir que la venta estaba pactada de antemano, y estas enajenaciones se realizaban cuando existía un comprador solvente, el Conde lo era. Pagó a la Hacienda Real, por la encomienda completa un total de 28.722.111 maravedís 9 y ésta fue su primera adquisición con vistas a aumentar su dominio señorial; al año siguiente compró Castilleja de la Cuesta, propiedad de la Orden de Santiago. las Órdenes Militares en éstas operaciones fueron compensadas con los llamados “Juros”, que eran una especie de títulos de deuda pública, sobre las rentas de la venta de seda de Granada, rentables cuando no había quiebra en la Hacienda, cosa relativamente frecuentes en el XVI. En los documentos del Archivo de la Catedral de Sevilla consultados, consta como fecha legal de la venta, el primer día del año. Podemos decir por tanto que , el 1 de Enero de 1538 Castilleja de Alcántara pasó a ser Castilleja de “Guzmán”. MMXIV 7 Situado aproximadamente en el cruce de la actual carretera de Castilleja de la Cuesta con el camino real conocido ahora como “camino de Caño Ronco” 8 El deslinde prácticamente, coincidiría con la actual término de Castilleja de Guzmán 9 Herrera García, Antonio. El Aljarafe sevillano durante el Antiguo Régimen. Un estudio de su evolución socioeconómica en los siglos XVI, XVII y XVIII. Sevilla Diputación Provincial. 1980. 3

Sobre cómo y cuándo la villa de Castilleja de Alcántara pasó a ser "de Guzmán"  

Relato del cambio de jurisdicción de Castilleja de Alcántara en el siglo XVI