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Tu TAMBIeN PUEDES


Versión resumida del cuento Tú También Puedes, escrito por Anna Llauradó. Inspirado en una antigua leyenda Guaraní. Textos: Anna Llauradó Ilustraciones: Niños del orfanato de Bamba Project en Kenia Niños de Ágora Sant Cugat International School


Estamos a mediados de mayo… Hace un día de sol radiante y en una clase de primaria los alumnos están muy atentos porque su maestra, la señorita Clara, va a explicarles un cuento…


Había una vez un bosque en el que vivían tranquilos y felices muchos animales…


Pero un dĂ­a llegaron unos hombres con unas mĂĄquinas enormes y empezaron a cortar los ĂĄrboles y a destrozar las plantas y a asustar a los animales.


Cuando los hombres se marcharon, el bosque qued贸 destrozado...


y una ma帽ana, de mucho sol, uno de sus rayos dio en un trozo de cristal y del calor naci贸 una llama que fue creciendo hasta provocar un incendio.


El fuego fue avanzando y avanzando quemándolo todo. Los animales, asustados, empezaron a huir cuando, de repente, el gran oso del bosque vio a un petirrojo junto al río cogiendo agua. -¿Ahora te pones a beber? -le preguntó el oso-¿No ves que hay un incendio? -Claro que lo veo. -le contestó el pajarito- Pero no estoy bebiendo. Estoy recogiendo agua para apagar el fuego.


-¿Estás loco? ¿De verdad crees que unas cuantas gotas pueden apagar estas llamas? –le preguntó el oso sorprendido.

El petirrojo se paró un momento y, mirando al oso, le dijo muy serio: - Yo hago lo que puedo. El pájaro volvió a buscar más agua mientras el oso se quedaba sin saber qué hacer hasta que, al final, se metió en el río y luego salió para sacudir toda el agua de su cuerpo apagando un árbol que estaba en llamas.

-¿Qué estás haciendo? –le preguntó el petirrojo. -Lo que puedo.- le contestó el gran oso.


Juntos empezaron a ir y venir del río cogiendo agua cuando pasaron unas libélulas y les preguntaron que estaban haciendo… -Lo que podemos –contestaron el petirrojo y el oso a un tiempo.

Entonces las libélulas se sumaron a ellos y como si fueran aviones, entraron en el río, mojaron sus alas y fueron a lanzar el agua que llevaban contra las llamas.


Y como las libélulas llegaron luego los zorros, los conejos, las liebres, y también las mariposas, las serpientes, las águilas… y todos los animales del bosque empezaron a hacer lo que podían para apagar el fuego mientras el señor búho les iba guiando desde una rama.


Al final incluso la lluvia apareci贸 y al anochecer el fuego se hab铆a apagado por completo. Entonces los animales, cansados, se pusieron a dormir.


Estaba amaneciendo cuando una semilla empezó a despertar bajo la tierra y, buscando la luz del sol, se puso a crecer y a crecer hasta que nació un arbusto y de él, una flor… Era la flor más bella del bosque y, al verla, el oso dijo que era para el petirrojo. -¿Para mí? –se sorprendió el pajarito- Si yo no he hecho nada. -Sin ti- le dijo el gran oso- todos nos habríamos marchado y el bosque se habría quemado. A partir de aquel día el bosque se fue recuperando y todos los animales aprendieron que haciendo cada uno lo que podía, por poco que fuera, habían logrado salvar aquella tierra.”


Cuando el cuento termina, la maestra les pide a los niños que, pensando en esta leyenda, hagan una redacción para el día siguiente sintiendo qué podrían hacer ellos, por poco que fuera, como el petirrojo, para mejorar la vida de este planeta. Entonces les explica que, en nuestro mundo hay países muy pobres, y niños que no tienen nada, ni ropa, ni juguetes, ni colegios y, lo que es peor, nada para comer. Y muchos viven muy cerca, en nuestro mismo país, incluso en la misma ciudad… La señorita les dice que piensen en ellos como en un amigo que no tiene nada y que imaginen qué podrían hacer para solucionar estas diferencias. Cuando termina la clase, Eric, uno de los alumnos, es de los primeros en salir porque quiere jugar al futbol con sus amigos y compartir la bolsa de golosinas que su amiga Clo trae cada día para la merienda.


Cuando llega a su casa, Eric se pone a hacer la redacción pero no se le ocurre nada. Pasa la tarde y llega la noche y cuando se va a la cama lo único que le llega es el sueño. Pero, por la mañana, cuando está poniendo los libros en su cartera, ve una golosina pegada en el fondo… ¡Es un oso de fresa! Entonces se acuerda que le debe 1 euro a Clo de las golosinas que comparten y también que ha tenido un sueño. Un sueño muy especial… Y, corriendo, Eric se pone a escribir lo que acaba de soñar… Cuando Eric llega al colegio le da la redacción a su profesora y después el euro a Clo que le debía. Y ya en clase, Eric tiene una gran alegría: a la maestra le ha gustado mucho su sueño y quiere que lo explique a sus compañeros.


“Soñé que estaba en el patio del colegio... Quería jugar a fútbol pero cuando iba a hacerlo, veía que una de les porterías estaba llena de golosinas hasta arriba y la otra portería, en cambio, estaba vacía. En la que estaba tan llena no se podían marcar goles, así que les decía a mis amigos que teníamos que repartir... Entonces empezábamos a llevar, una a una, golosinas a la portería vacía, como las gotas del petirrojo, que, en ese momento, pasaba volando y nos ayudaba.

Luego aparecía Clo con una chuche como una pelota y, de repente, le daba un mordisco a la pelota que era ¡la Tierra! ¿Clo se había comido un trozo del planeta? Parecía una parte de Africa, también de América del Sur y más sitios...


Pero con las golosinas de la portería llena podíamos tapar el agujero. Y Clo, agradecida, me perdonaba el euro que le debía. Entonces, en el sueño, yo les decía a mis amigos: ¿por qué el euro que le damos a Clo no lo ponemos para ayudar a llenar las porterías vacías? Y cuando, ya despierto, he recordado el sueño he empezado a contar... 1 euro al mes, en una clase de 30 niños son 30 euros al mes. 30 euros al mes, en un curso de 10 meses son 300 euros 300 euros por los pequeños, de párvulos a primaria son 2700 euros Pero después están los mayores... Son muchos euros. Y sólo en nuestro colegio...


Así, gota a gota, como el petirrojo, si cada niño, en cada clase, da un euro, sólo un euro al mes, podemos ayudar a muchos niños que lo necesitan.

Es muy fácil: hay que hacer una hucha de cartón y poner el euro que le daríamos a Clo.

Podemos estar un fin de semana al mes sin tomar dulces, ni golosinas, para ahorrar ese euro o no comprarnos cromos o una lata de refresco…


Al hacerlo, pensaremos en otros niños que no tienen ni comida. Y así, euro a euro y mes a mes, si todos los niños nos unimos, podremos ayudar para que las diferencias entre ricos y pobres se acaben algún día y no existan más porterías vacías.”


Cuento Tú También Puedes  
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