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Palacio del Marquesado de Ferrera (Avilés)

Emma Valdeón Menéndez


En la Edad Moderna (1492-1789), la nobleza asturiana, de origen rural, siente la necesidad de hacerse más presente en los espacios urbanos, participar en la actividad económica más lucrativa de las ciudades, el comercio, y, sobre todo, en su gobierno. Esta presencia se materializa con su presencia en los órganos de gobierno de las ciudades —como regidores, jueces o merinos—, y en la construcción de residencias que dejen patente su prestigio social y su poderío económico. En Avilés contamos con varios ejemplos, correspondientes a las familias más significadas de nuestra Villa —los Bernaldo de Quirós, Hevia, Navia, Arango, Alas…—, entre ellos, el Palacio del Marquesado de Ferrera. Se construye a mediados del siglo XVII1, unos años antes de que se edificaran las Casas Consistoriales (1670), cuando la Plaza de Fuera de la Villa no contaba con ningún otro edificio de importancia, en los terrenos que poseía el marquesado en el inicio del “Camino de Grao”, hoy calle S. Francisco.

Plaza de fuera de la Villa

Avilés en el s XIV, plano de Miguel Solís Santos Lugar que ocupa el Palacio

Terrenos que ocupa, en la actualidad, el Parque Ferrera

Su aspecto se corresponde con el de otros palacios que la nobleza construye en las ciudades2: buenos materiales, escudos y una torre, o dos torres, que pierden su carácter defensivo, pero tienen la misión de recordar el rancio abolengo del origen rural de la nobleza asturiana, cuyo pasado se vincula con los títulos, y territorios, concedidos por los primeros reyes de la Monarquía Asturiana en tiempos de la Reconquista y las repoblaciones de territorios arrebatados a los musulmanes. Este palacio, de líneas sobrias, con los motivos decorativos reducidos a las molduras que enmarcan los ventanales y los balcones de hierro, utiliza, para los dos frentes —el que da a la Plaza de la Villa y el de la 1 Según se deduce del contrato de extracción de sillería fechado en 1648.Vidal de la Madrid. El palacio de los marqueses de Ferrera pág. 51 2 Como el que los Marqueses de Camposagrado edificaron en Avilés.


calle de S. Francisco—, sillares de piedra arenisca3 utilizada en las construcciones más antiguas de la ciudad, y remata la fachada con una torre, que en el momento de su construcción se coronó con almenas, y cuya originalidad reside en que se adapta al trazado de las vías urbanas, la plaza de afuera de la villa y la pequeña plaza que inicia el camino a Grao, con la que el edificio gana en protagonismo. Esta adaptación se traduce en una planta romboidal, que en el interior genera espacios en los que no existen los ángulos rectos, como se puede observar en el plano de Cosme Cuenca y Jorge Hevia en el ya mencionado trabajo de Vidal de la Madrid.

Hotel

Jardín Francés

Palacio

Plano del palacio con el espacio al que quedó reducido el Jardín Francés después de que la Marquesa de Ferrera cediera los terrenos del Jardín Inglés al Municipio, que los convirtió en Parque Público.

Como en otros ejemplos de viviendas señoriales urbanas, su interior se organiza en torno a un patio central. En el caso de este palacio, el patio fue suprimido y sustituido por un patio posterior en forma de “U”, que daba paso al jardín posterior y las huertas. Tanto el interior como el exterior del palacio sufrieron numerosas remodelaciones en el transcurso de los siglos, bien para ampliarlo, bien para adaptarlo a las necesidades de proyección social de la familia. Por ejemplo, en el año 1775, se abrió una puerta de cantería en la fachada occidental, que ponía en comunicación el palacio con la 3

Valdeón Menéndez, Luis. Seguimiento petrológico del Palacio de Ferrera (Avilés). Oviedo 2001.


Campa de San Francisco. Con esta comunicación se paliaba, en parte, el deseo frustrado del II Marqués, Juan Alonso de Navia y Arango y de Navia Osorio (1703-1777) de disponer de una capilla privada en la iglesia de los padres franciscanos Según Vidal de la Madrid4, que se basa en el plano de Avilés realizado por Francisco de Pruneda en 1876, y en el artículo de Enrique Tessier, “Sobre el palacio de Ferrera y las diversas fuentes ornamentales y utilitarias existentes en su antiguo parque”, la última reforma, antes de la que convirtió al palacio en un hotel de cinco estrellas, fue la que se realizó a mediados del siglo XIX, en la que, aparte de añadir el escudo a la fachada, se desplazaría la entrada principal hacia el lugar que hoy ocupa, para que los carruajes pudieran acceder al jardín interior. Fue en esta remodelación cuando se eliminaron las almenas de la torre y se sustituyeron por una cupulilla de estilo oriental. En el interior, se instaló la monumental escalera, cuyo primer tramo está construido en mármol y el último en madera de caoba. El conjunto palaciego de los Marqueses de Ferrera se completó, a finales del siglo XIX, con la creación de un espacio ajardinado en el lugar que ocuparan las extensas huertas del marquesado. Genaro de Llano Pone, esposo de la X Marquesa de Ferrera, se inspiró en los jardines del Palacio del Pito, de Cudillero, que pertenecía a sus buenos amigos Fortunato y Ezequiel Selgas, quienes, incluso, le prestaron a su jardinero M. Grandpont, para que realizara el proyecto5. Este espacio ajardinado consta de dos zonas, el Jardín Inglés y el Jardín Francés, que merecen un capítulo aparte.

Vista de los arriates y la pérgola del Jardín Francés

4 5

Vidal de la Madrid. El palacio del Marqués de Ferrera. Ediciones TREA (Gijón 2003) Valdeón Menéndez, José. Jardines Clásicos de Asturias. Ed. Cajastur (Oviedo 1999)


Palacio del Marquesado de Ferrera  

texto expositivo

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