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MAESTRÍA EN GERENCIA PÚBLICA

USO MASIVO DE LA INFORMACIÓN

INTRODUCCIÓN ¿Vivimos en una época de cambios o un cambio de época? ¿Cómo caracterizar a las profundas transformaciones que vienen con la acelerada introducción en la sociedad de la inteligencia artificial y de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC)? ¿Se trata de una nueva etapa de la sociedad industrial o estamos entrando en una nueva era? “Aldea global”, “era tecnotrónica”, “sociedad postindustrial”, “era -o sociedad- de la información” y “sociedad del conocimiento” son algunos de los términos que se han acuñado en el intento por identificar y entender el alcance de estos cambios. Pero mientras el debate prosigue en el ámbito teórico, la realidad corre por delante.

SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN Vivimos inmersos en la denominada Sociedad de la Información. Y dentro de la empresa, en la era del conocimiento y el aprendizaje permanente. Nos vamos transformando en los nuevos trabajadores del saber, que Peter Drucker ha venido describiendo. Si la PC es nuestra herramienta, la información viene a ser la materia prima de nuestro quehacer cotidiano. Deberíamos dominar el saber del campo en que nos movemos, y además tendríamos que estar generando nuevo conocimiento: ampliando el campo. Ésta parece ser la fórmula de la prosperidad, de la supervivencia, del acceso al futuro, en la economía del conocimiento y la innovación.

Hace algo más de diez años, empezaron a extenderse de manera separada dos conceptos relacionados con la Sociedad de la Información: en las empresas, la gestión del conocimiento; y en las universidades, la suficiencia o destreza informacional. El primero (knowledge management) parecía suponer una especie de reingeniería conceptual de los tradicionales sistemas de gestión de la información en las empresas, atendiendo con mayor cuidado a la información técnica, funcional y relacional de la actividad empresarial: el know what, el know how, el know why, el know who... El segundo (information literacy) surgía entre 1 Ibeth Manzano G. Ing. MSc. Javier Sánchez G. Ing. MSc.


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documentalistas y en algunas universidades, en sintonía con la creciente preocupación por el aprendizaje permanente (self directed lifelong learning). La idea de suficiencia informacional apuntaba ya entonces al acceso, uso y aprovechamiento de la creciente información disponible, aunque todavía no utilizábamos Internet.

Desde aquellos primeros años 90, por una parte, el avance de la gestión del conocimiento en las empresas no ha sido siempre satisfactorio, a pesar de las potentes herramientas disponibles; y por otra, la información ha seguido multiplicándose sensiblemente y poniéndose a nuestra disposición a través de las TIC: se dice que la información disponible se duplica ya en nuestro mundo cada 80 días. Hoy, aquellos conceptos -gestión del conocimiento y destreza informacional- se han aproximado muy visiblemente entre sí en el mundo empresarial, para entrar en sinergia con las emergentes figuras del nuevo directivo y el nuevo trabajador; también muy especialmente con la idea del aprendizaje permanente, y desde luego con la necesidad de innovar y, en definitiva, con la evolución de la economía.

En las organizaciones, la destreza en el uso y aprovechamiento de la información interna y externa accesible parece más que necesaria, aunque no siempre la poseemos en el grado preciso. Quizá las nuevas generaciones salgan de las universidades con sólida preparación para el aprendizaje permanente, pero las empresas ya necesitan hoy mayor dosis de conocimiento, para mejor encarar sus retos de competitividad y prosperidad en la nueva economía. El concepto de excelencia empresarial ha evolucionado también con las nuevas realidades, y no parece cuestionarse que debamos ser asimismo excelentes en la traducción de información a conocimiento, y en el flujo de éste en las empresas. Todo apunta ciertamente a la necesidad de que mejoremos sensiblemente nuestra competencia informacional.

Cómo nos relacionamos con la información Puede decirse que muchos de nosotros somos procesadores humanos de información: consultamos muchos papeles y generamos más. Aprendemos continuamente y contribuimos, mediante la innovación, a extender las fronteras de nuestro campo del saber. Lo que hacemos 2 Ibeth Manzano G. Ing. MSc. Javier Sánchez G. Ing. MSc.


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está lleno de conocimiento: el que hemos adquirido, el que seguimos adquiriendo y el que nosotros mismos hemos generado. Sin embargo, el paso de la información (que yace en soportes) a conocimiento (que yace en personas), es extremadamente complejo -nada automático- e invita al análisis y la reflexión. Puede decirse que el tratamiento de la mucha información que se nos ofrece consta de los siguientes pasos: 

Conciencia de la necesidad de información.

Definición del patrón de búsqueda.

Identificación de las fuentes.

Acceso a las mismas (humanas, impresas o electrónicas).

Localización de información útil.

Descubrimientos paralelos.

Exámen de la información.

Interpretación y evaluación de la misma.

Contraste de informaciones.

Integración y aprendizaje.

Combinación con conocimientos anteriores.

Establecimiento de conexiones.

Posibles inferencias y abstracciones.

Síntesis y conclusiones.

Reflexión sistémica.

Aplicación y difusión.

En efecto, los directivos y trabajadores del conocimiento, antes de actuar -realizar un estudio, definir un proyecto, preparar una oferta, diseñar un proceso o producto, organizar una actividad, elaborar un plan, solucionar un problema, etc.- nos informamos, aprendemos, reflexionamos, y aplicamos finalmente lo aprendido, o lo difundimos. Cada nuevo saber ha de encajar en el acervo existente y contribuir a resultados. He aquí entonces la lista de subtareas del tratamiento de información como materia prima; subtareas que marcan, por un lado, el camino de nuestro 3 Ibeth Manzano G. Ing. MSc. Javier Sánchez G. Ing. MSc.


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aprendizaje permanente, y que por otro constituyen buena parte de nuestro desempeño cotidiano: el conocimiento es, básicamente, capacidad de actuar.

La información ha seguido multiplicándose sensiblemente y poniéndose nuestra disposición a través de las TIC: se dice que la información disponible se duplica ya en nuestro mundo cada 80 días.

Realizar satisfactoriamente estas subtareas resulta tan trascendente que no podemos eludir un análisis de competencias necesarias. Necesitamos competencias operacionales (conocimiento del campo, estrategia de búsqueda e indagación, manejo de herramientas, capacidad de comprensión y síntesis, cuestionamiento y evaluación de la información, materialización del aprendizaje...), pero también competencias de carácter personal (autoconocimiento, afán de aprender, flexibilidad, concentración, tenacidad, pensamiento crítico...).

En efecto, nuestro perfil de directivos y trabajadores del conocimiento nos obliga a generar información para los demás: a expresarnos oralmente, pero sobre todo a escribir. Sumemos entonces otras competencias informacionales, tanto operacionales (alegación, comunicación escrita....), como personales (manejo de conceptos, empatía, espíritu colectivo...). Muchas grandes empresas han desplegado sus modelos de competencias para la gestión de los recursos humanos, pero puede que las competencias informacionales, como las conversacionales, hayan sido subestimadas, si no preteridas, en algún caso. El hecho es que no podemos dar por supuesta nuestra destreza informacional en la economía del conocimiento: magnífico, si somos competentes en esta área, pero comprobémoslo.

Quizá hay algo peor que la ignorancia: un falso aprendizaje. Si ya los buenos aprendizajes pueden quedar obsoletos en poco tiempo y no siempre estamos atentos a su renovación, imaginemos lo peligroso que pueden resultar los aprendizajes equivocados o incompletos.

4 Ibeth Manzano G. Ing. MSc. Javier Sánchez G. Ing. MSc.


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Hay que recordar que, en nuestra asignación de significado a los significantes (el estudio de la información), influyen nuestros intereses, inquietudes y deseos, nuestros conocimientos y experiencia anteriores, nuestras creencias y modelos mentales que filtran la realidad...; o sea, que hemos de hacer un esfuerzo de objetividad del que no siempre somos conscientes. Dicho de otro modo, por un lado hemos de neutralizar las interferencias endógenas (y en su caso las exógenas), y por otro hemos de desarrollar las competencias informacionales diversas (personales y operacionales) a que nos referíamos.

Las Administraciones Públicas del siglo XXI se enfrentan a un cambio en el esquema de relación con los ciudadanos: de un esquema de "Administración - Administrado" se está evolucionando a uno de "Oferente - Demandante de servicios".

Este esquema está caracterizado por un incremento en la exigencia de calidad de los servicios prestados y de incorporación de otros nuevos servicios, en muchas ocasiones derivados de la irrupción de las nuevas tecnologías; todo ello sin olvidar la eficacia y eficiencia en costes. Este fenómeno, específico de las Administraciones Públicas, se enmarca en una evolución más amplia 5 Ibeth Manzano G. Ing. MSc. Javier Sánchez G. Ing. MSc.


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en la Sociedad que, tras pasar de la era Industrial a la era de la Información, a lo largo del siglo XX, se encuentra en plena transición desde dicha era de la Información a la Sociedad del Conocimiento. En este escenario, las tecnologías de la información actúan como catalizador del proceso, constituyendo un elemento imprescindible para el funcionamiento de las organizaciones.

6 Ibeth Manzano G. Ing. MSc. Javier Sánchez G. Ing. MSc.

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