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Los Reyes Magos existen Mi padre se había levantado temprano y había encendido la chimenea. Mi abuelo me trajo del campo musgo y unas pequeñas ramas de romero y yo, mientras tanto, saqué del trastero la caja de cartón donde guardaba las figuras del Belén. Hoy era un día especial y me sentía feliz. Había acabado los exámenes con buena nota y el profesor decía que marchaba bien. Mi madre cubrió la mesa con un plástico y estaba dibujando un cielo azul repleto de estrellas. El abuelo, mientras, esparcía el serrín,con sus manos temblorosas. Con mucho cuidado, fui sacando de la caja las figuras del Nacimiento. Coloqué primero el Portal, después puse a María y José y en el centro la cuna del niño Jesús. A continuación el buey y la mula, cerquita de de la cuna para que su respiración calentara al niño Jesús. A continuación puse las ovejas,las cabras y las vacas, repartidas en el prado de musgo. Hicimos un pequeño corral con palillos de dientes donde pusimos las gallinas con sus pollitos. Con pequeñas piedras sujetamos el río que hicimos con papel de aluminio y, al otro lado, el castillo y varios pastores. Del fondo de la caja cogí al rey Melchor subido en su camello y lo coloqué cerca del Portal. Seguido de este puse al al rey Gaspar acompañado de un paje. Volví a meter la mano en la caja para colocar a Baltasar, pero, para mí sorpresa, la caja estaba vacía.. Pero… ¿donde estará el rey Baltasar? Puse la caja boca a bajo: nada, estaba vacía. Pregunté a mi abuelo,a mi madre y a mi padre, pero ninguno supo decirme dónde estaba el rey Baltasar. Cuando las primeras lágrimas asomaban ya por mis ojos, miré hacia el portal y vi que la figura de la Virgen desprendía una luz especial. Mi corazón se aceleró cuando me di cuenta de que la Virgen hacía gestos como si quisiera decirme algo. Asustada, acerqué mi cara hasta la suya y me susurró al oído que si quería encontrar al rey Baltasar,que fuera a la plaza que hay justo en frente de mi casa. Salí corriendo, crucé con cuidado la carretera y llegué a la plaza desafiando el intenso frío de la mañana. De pronto, me percaté de un hombre de estatura alta y cuerpo atlético. Su ropa y los rasgos de su cara hacían sospechar que no llevaba una vida fácil. Pese a ello, ofrecía pañuelos a los conductores con una amplia sonrisa siempre en la cara. Era el negrito del semáforo,el mismo que estaba allí todos los días desde por la mañana hasta la noche y que yo solía ver a diario cuando mi madre me llevaba al colegio. Sentí los latidos de mi corazón, como si tuviera una mariposa aleteando en mi


pecho. Apenas se cruzaron nuestras miradas, me hizo un guiño y me regaló una sonrisa. No me atreví a preguntarle quién era. Empujada por un fuerte presentimiento, emprendí corriendo el regreso hacia mi casa. Nada más entrar miré hacia el Portal, y allí estaba Baltasar,sobre su camello y rodeado de dos pajes. Lo miré y me regaló la misma sonrisa que el negrito del semáforo, a la vez que me guiñaba un ojo. No había duda: era él. Aquel día supe que mi abuelo tenía razón: los Reyes Magos existen de verdad. Elena

FIN


LA FELICIDAD DE LA NAVIDAD Erase una vez un niño que se llamaba Manuel. Tenía 11 años y vivía en una casa muy pequeña con su hermana, su padre y su madre. Tenían muy poco dinero, sólo para comer. Manuel no sacaba muy buenas notas pero su hermana sí. Como faltaba muy poco para Navidad, la madre de Manuel le dijo que como no sacara buenas notas puede que los Reyes Magos no le llevaran regalos. Él se lo pensó y decidió estudiar y hacer las tareas para que le trajeran regalos los Reyes Magos. Su padre estaba en paro y su madre cuidaba la casa y a los niños. Cuando llegaba fin de mes estaban justos de dinero para pagar las facturas. El padre compró lotería por si le tocaba: todos los años la compraba. Un mes cuando les dieron las facturas no tenían dinero para pagarlas y unos días después les mandaron una carta diciendo que si no pagaban las facturas dentro de dos semanas le cortaban la luz y el agua. Manuel empezó a sacar muy buenas notas. Pasaron esas dos semanas y no pagaron las facturas, así que le cortaron la luz y el agua. Tenían que ver con velas y tuvieron que comprar garrafas de agua. A Manuel le dieron las notas y no suspendió ninguna. Su madre se puso muy contenta. Manuel hizo la carta de los Reyes Magos y la mandó. El padre de Manuel estaba todos los días buscando trabajo. Un día llamaron al padre de Manuel diciéndole que lo habían contratado para trabajar. Se pusieron muy contentos porque ya podían pagar las facturas. Estaban viendo la lotería de Navidad y en el décimo que compro su padre le tocó un millón de euros. Con ese dinero compraron una casa más grande y la madre construyó una tienda. En el día de Navidad a Manuel y a su hermana les dieron muchos regalos. Y todos se pusieron muy felices. Antonio José

FIN


EL REGALO DE REYES Era un día de Reyes, como cualquier otro año.Mi familia y yo estábamos en el salón,cantando y celebrando el día. Llegó la hora de repartir los regalos,y me di cuenta que por la ventana del salón había un niño vagabundeando y mirando embobado los regalos de mis primos. A mi me llamó mucho la atención y salí corriendo por la puerta de atrás. Di vueltas y vueltas en la cesta de mi perro,subí a la casa del árboly fui a la piscina,pero sin éxito. Al día siguiente llamé a mi prima y le dije: -Celeste,por favor,ven a mi casa.Necesito contarte algo. A lo que ella accedió. Cuando llegó Celeste,le di su regalo de Reyes. Era un portátil. Volví a mirar a la ventana del salón y allí encontré al vagabundo. Salí de mi casa como una bala y cuando llegué había desaparecido. Un día, tras un año de lo ocurrido, volvió a llegar el día de los Reyes y mi madre y yo fuimos a los grandes almacenes a comprar. Allí encontré al vagabundo pidiendo dinero en la puerta de entrada. Cuando subí al primer piso, donde se encontraba el vagabundo, tras salir con todos los regalos,este había desaparecido. Al día siguiente volvió toda mi familia que este año,por cierto,este año no fue en mi casa, fue en la de Celeste. Nos hospedamos en la sala de estar. Llegó la hora de abrir los regalos: un portátil,un teléfono móvil,y muchas cosas más. A todo esto,miré en la ventana y vi al individuo asomado. Salí y lo cogí. Le pregunté -¿Cómo te llamas? A lo que él contestó: -Me llamo Álvaro


Yo le pregunté: -¿Estás solo? ¿Te has perdido? ¿Y tus padres? Álvaro dijo: Sí, estoy solo. No me he perdido y soy huérfano. No tengo casa,vivo en una residencia de menores y nunca jamás he tenido un regalo de Reyes,por eso voy de ventana en ventana de cada hogar para, al menos, ver algo de Reyes,ya que a mí no me lo han dado. Yo dije: -Tranquilo Álvaro,te hospedarás en mi casa, en la buhardilla, pero con una condición: no se pueden enterar mis padres. ¿Vale? Llegó la navidad siguiente y Álvaro ya llevaba un año viviendo allí pero el día de Reyes no pudo aguantar más y me llamó sin mas demora. Estaba llorando,porque él no tenía regalo de Reyes y en ese mismo momento vinieron mis padres,que ya sabían que Álvaro estaba viviendo en nuestra casa. Entonces lo sorprendieron con uno de los regalos mas grandes que te pueden dar: el cobijo,el amor,y un regalo de Reyes. Así aprendí a valorar lo que tengo,y que soy una afortunada al tener una familia que me quiere,una casa donde tener mi cama y dormir placenteramente y un regalo de Reyes.

FIN Tania


Relato de Navidad Hola, me llamo Olmo,llevo sin ver a mi familia un año por que me mandaron al norte de Francia a la Guerra. Y esta es mi historia:

Viaje antes de Navidad

Una noche salí de trabajar de una pequeña oficina de correos. En esta época del siglo XIX había mucha gente pobre. Mi mujer, Sara, trabajaba sin parar en la casa del alcalde y mi hijo iba al colegio. Una noche, cuando llegué a mi casa, mi mujer hizo la cena y mandó a mi hijo a la cama. Terminamos de cenary mi mujer me enseñó una carta que decía: -Familia Monte alto: le comunico al señor Olmo que todos los hombres de la ciudad tendrán que ir a la guerra de Francia, por refuerzos del capitán .Quedan pocos soldados; por eso les comunicamos que este sábado tendrán que ir a la estación de trenes. Estará 3 años fuera de su casa. Llegó ese día. Yo, mi mujer y toda mi familia estaban tristes. La bocina sonó y me tuve que ir. Cuando llegué, todo se me hacía raro. Había muertos y muchos heridos. Era todo muy desagradable. Mi habitación era una pocilga de ratas ufff... olía a pies. Pasó un año. Tenía amigos y vecinos de la ciudad, pero un día llegó un joven diciendo que las batallas francesas estaban al llegar. Corrimos y atravesamos ríos y de pronto un grito del general: -¡Alto, mirad por donde andáis ,puede haber minas antipersonas!. Yo estaba asustado y de pronto un cañón nos disparaba y todos mis compañeros saltaron por los aires. Mis amigos Francisco, Gonza, Pedro, José, mi primo y yo huimos del campo de batalla y llegamos al campamento, donde todos preguntaban: -¿Donde están todos?¿donde está mi hijo? Y yo le decía: -No sé, habrán huido o habrán muerto, no sé.


Días después vinieron compañeros heridos y con buenas noticias: ¡Habíamos ganado la batalla! Después de tantos años volví a casa. Entré en casa sin hacer ruido. De pronto le dije al oído a mi mujer: Ya he vuelto. Mi mujer dio la vuelta emocionada,llorando. Bajó mi hijo diciendo: ¡Papa,papa! Qué contentos estaban todos, ya que dentro de cinco días era Navidad. Llegó el día de Nochevieja y mi mujer hizo un banquete de primera y comimos uvas. Después lo celebramos con todos. ¡Fue el mejor día de mi vida ¡ Sofía

FIN


El espíritu de la Navidad Se acercaba la navidad, y Pedro lo tenía todo, bueno, casi todo. Tenía amigos, tenía comida y tenía un techo donde vivir. Pero él sentía que le faltaba algo, le faltaba.... UNA FAMILIA. Le faltaba unos padres que le quisieran y unos abuelos y tito/as que le quisieran. Como iba diciendo, se acercaba la Navidad y seguía sin tener una familia que le quisiera. Cuando iba por la calle se asomaba a las ventanas de las demás casas que había por su barrio y veía a las demás familias cómo se lo pasaban tan bien montando el árbol de Navidad, poniendo bandejas con mantecados y adornando la casa para el día de Nochebuena y Nochevieja. Pasaron los días y al fin llegó el día de Nochebuena. Él estaba aburrido porque todos sus amigos estaban en sus casas disfrutando de la familia. Se fue a la calle a ver si encontraba a alguien que fuera como él, es decir, que no tuviera una familia. Estuvo caminando y caminando durante al menos una hora, hasta que al fin vio por una ventana a una familia que no se lo estaba pasando tan bien como las demás familias que veía por las demás ventanas. Se acercó muy despacio para que nadie lo viera, se asomó de manera que solo se le viera la frente y los ojos. Vio como la familia tenía un árbol de Navidad y tenían muy bien decorada la casa: lo tenían todo. Pero se fijó en que no había una cosa que en las demás casas sí había, le faltaba... NIÑOS. No había ni un solo niño en esa casa. Pedro pensó que por eso no estaban tan alegres, que el espíritu de la Navidad va dentro de un niño. Los niños son la alegría del hogar o, al menos, eso le habían dicho sus amigos. Ellos le habían dicho que sus padres le decían que ellos llevaban dentro el espíritu de la Navidad y que también decían que ellos habían llevado la alegría a su hogar. Entonces un miembro de la familia, se dio cuenta de que había alguien mirando por la ventana. Todos salieron a ver quién le estaba espiando, y... se encontraron a Pedro. Y un ancianito le preguntó: -¿Te has perdido, chaval?


Pedro contestó: − No, yo no me he perdido. El ancianito preguntó de nuevo: − ¿Entonces qué haces aquí? Y Pedro contestó de nuevo: − Yo tengo comida, amigos y un hogar, pero me falta una cosa: me falta una familia. La mujer del ancianito dijo: -¿Como es eso de que no tienes familia? Y Pedro contestó otra vez: -Si, así es, yo no tengo padres, ni abuelos, ni tíos. Y la anciana contestó: -Espera aquí un momento, chaval. Y toda la familia formó un circulo y estuvieron más de 20 minutos hablando. Hasta que al fin dejaron de hablar y la anciana dijo: -¿Qué te parece si mi hijo te adopta? Serías la alegría del hogar. Pedro se entusiasmó tanto que no tardó ni un segundo en decir que le parecía una buena idea. Al fin y al cabo le parecía una buena familia. Invitaron a Pedro a entrar, y pasó la noche allí, con su “Nueva familia”. Al día siguiente el hijo –que, por cierto, se llamaba Raúl-, arregló los papeles de la adopción con su mujer. Al mediodía llegaron a la casa con la buena noticia de que todo había salido bien. Había sido adoptado sin ningún problema. Por la tarde se fue de compras con su nueva familia. Fueron a comprarle ropa y algunos juguetes. Y fueron a comprar también la comida para la Nochevieja. Llegó Nochevieja y celebraron el mejor fin de año que Pedro había pasado en su vida. Se lo pasaron tan bien que Pedro cayó rendido en la cama. Al día siguiente, cuando se levantó de la cama de su nuevo cuarto sus padres, le dijeron que cómo se acercaba el día de los de los Reyes Magos tenía que escribir la carta con las cosas que quería. Entonces cogió un lápiz y un papel y escribió: Queridos Reyes Magos: no hace falta que me traigáis nada. Ya me


habéis traído a mi y a mi familia todo lo que necesitamos. Tengo una familia que me adora y habéis traído el espíritu de la Navidad a esta casa. Cogió un sobre y metió la carta en él y escribió: “ Para sus majestades de Oriente”. Y bajó al buzón que había en frente de su casa y echó la carta. Llegó el día de Navidad y se levantó con la sorpresa de que, a pesar de lo que escribió en la carta, se encontró el árbol de Navidad lleno de regalos. Los abrió todos y le gustaron un montón. Toda la familia se lo pasó genial. Al fin del día todos se fueron a su casa y Pedro dijo: -Esta Navidad no se me olvidará jamás. Nuria

FIN


Relatos de Navidad 2011