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Mandragora

Año VI ~ Nº 1 ~ Octubre / 2005 [#66]

VIAJES Y AVENTURA

NORUEGA EN BICICLETA

Capítulo 1: París - Copenhague

Hubiera podido quedarme en Bagdad taquilla de Frankfurt, pese a que disfrutando de la fortuna conseguida, pero estuvo un buen rato probando disme aburría y volví a embarcarme. Todo fue bien hasta que nos sorprendió una gran tintas combinaciones. tormenta y el barco naufragó. Fulda es una ciudad desierta a (Fragmento de Simbad el Marino)

El sitio en cuestión era el pasillo para los servicios de minusválidos, que era suficientemente ancho. Sujeto la bici a una barra y me dirijo a mi asiento.

las doce menos veinte de la noche, cuando llega el largísimo tren que El tren está completo y, como el viene desde Munich y va hasta Co- trayecto es largo, muchos se han Es 2 de agosto, pasadas las 12 de penhague. tumbado en los pasillos con el saco la mañana, yo estoy subiendo, tan para poder dormir mientras otros –Excuse me, I’ve booked seat for rápido como me permite el peso de se pelean con sus asientos para enlas alforjas en la bici, por el Boule- me in this train but I couldn’t do contrar la postura que les permita vard de Sébastopol, en París, hacia so for the bicycle, where do I get it coger el sueño; no faltan tampoco la Gare de l’Est. A la una sale el on? -le digo a una revisora que baja quienes se rinden y prefieren pasar tren hacia Frankfurt y es mejor es- del tren con cara de pocos amigos. la noche en la cafetería del tren. tar con tiempo, mas aún cuando es –Nein! Nein! All full! Ya por la mañana cruzamos la el único tren del día en el que pue–But I’ve booked… frontera con Dinamarca y un agendes ir con la bici hacía Copenhague te me despierta para pedirme el –Kobenhavn en danés, que es como –All full! All full! pasaporte. En el compartimento aparece en el billete– y no has poHace un poco de frío y no me también viaja un hombre de unos dido reservar sitio para ella. apetece nada pasar la noche en la 40 años, austriaco, y sus dos hijos Para moverme en bicicleta por estación, tengo que subir al tren que tienen el pelo de un rubio tan París utilicé la guía à Paris Sortez como sea. Avanzo rápido por el an- claro que casi parece blanco. A vos Vélos que se puede recoger den entre la gente que ha bajado a ellos no les pide el pasaporte, pengratis en la oficina de turismo del fumar y pregunto a otro revisor que saría que eran daneses. Hôtel de Ville. Contiene indicacio- parece más amable. Ellos ya han estado en Oslo y me nes de cómo circular por la ciudad –Yes, here there’s place -me con- explican donde dormir barato y los y un plano con los carriles bici para testa. sitios que vieron. Este año se van a acercarse y recorrer los lugares Estocolmo: todos los años su padre Entre los dos subimos más interesantes. intenta llevarlos de viaje, aunque la bici en el Después de despedirme ayer de no pueda permitirse 3 bimomento mi novia, que se vuelve a trabajar lletes de avión en que soa España, y hoy dejar a mi prima en y tengan que naba el silsu piso de Rue du Rendez-Vous, esdormir en bato que toy sólo en mi viaje hacia EscandiYouth Hosavisaba navia. Ya en el andén, es el propio tels. de la saconductor del tren quien me ayuda lida del Emilio a subir la bici al vagón y me cede tren. un sitio reservado para él junto al compartimento para bicicletas. Por suerte no son tan habituales las desgracias y hay más gente amable de la que podríamos esperar si sólo nos fiáramos de los medios de comunicación. En Alemania me apeo en Frankfurt y allí cojo un tren regional a Fulda, donde llegaré ya de noche y en el que no es necesario reservar plaza para la bici. Si es necesario sin embargo para el tren de Fulda a Copenhague, pero tampoco le es posible hacerlo al empleado de la I. E. S.

León Felipe

– Benavente

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Año VI ~ Nº 2 ~ Noviembre / 2005 [#67]

VIAJES Y AVENTURA

NORUEGA EN BICICLETA Capítulo 2: Copenhague – Oslo Me sucede los mismo que a ti, querido amigo. No voy a nigún sitio. Sólo estoy en camino. (Herman Hesse. Siddhartha)

Aunque llevaba casi una semana con la bici todavía no había conseguido que aprendiera a sacarme fotos, así que, cerca del barrio de kristiania, le iba a pedir a uno que parecía español que me sacara una foto, cuando me dice: “me parece que esta chica te conoce”.

-¡Pero Ana!, ¿qué haces tu por aquí? -¿Y tu?, ¿¡dónde vas con esa bici!? Ana fue compañera de universidad en Gijón y casi desde entonces que no la veía. Ella y su marido habían hecho un viaje por Noruega. Ahora estaban de escala en Copenhague y en un par de horas les salía el avión de regreso a Barcelona. Definitivamente el mundo es un pañuelo. El barrio de kristiania, en Copenhague, era una zona de antiguos barracones militares abandonados que en la década de los setenta fueron ocupados por hippies, okupas, artistas, etc., y que dispone hoy en día de su propia estructura política y su sistema educativo. En este barrio te puedes encontrar tiendas de todo tipo, y en él también se puede disfrutar de gran variedad de actuaciones de música y teatro. Después de visitar otros lugares de interés en Copenhague, lo cual en bici es muy cómodo ya que es completamente llano y casi todas las calles tienen carriles bici perfectamente señalizados, cogí un tren hasta la animada ciudad de Göteborg, en Suecia. Era ya media tarde cuando llegué y muchos jóvenes estaban de fiesta, casi todos iban vestidos completamente de negro, con las uñas y los ojos pintados del mismo color. Por aquí lo que se lleva ahora es el Gothic Punk. Desde Göteborg tomé un ferry hasta Frederikshavn, otra vez en Dinamarca, pero mucho más al norte. Por esta región el paisaje es muy abierto, y se puede disfrutar de larguísimas playas, con zonas de dunas y marismas. Como el día estaba nublado, aproveché para hacer una de las numerosas rutas en bici que recorren todo el país. Subí hasta Skagen, en el extremo más septentrional de Dinamarca, donde dicen que la luz I. E. S.

León Felipe

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es preciosa; s u p on g o que se referirán a los días en que no llueve, como fue el caso. De vuelta en el camping de Frederikshavn, mientras preparaba una sopa caliente, me puse a hablar con un finlandés de unos 45 años. No tuve que tirarle mucho de la lengua para que me contara sus aventuras por Rusia. Al final me acabó incluso enseñando su furgoneta, que la tenía totalmente equipada y donde viajaba con su hijo. Al día siguiente recorrí los 4 km que separaban el camping del puerto para subir al ferry hacia Oslo. A pesar de ser el segundo en el que subía, me volvió a impresionar entrar pedaleando por las enormes bodegas del barco, era como estar dentro de las tripas de una enorme ballena. El mar está muy presente en la vida de los escandinavos, y es muy habitual utilizar el transporte marítimo para desplazarse por estos países. Pero no es esta la única razón por la que la gente viaja en ferry: una vez embarcado se pueden comprar numerosos productos en la tienda libre de impuestos, entre ellos alcohol y tabaco, los cuales son carísimos en tierra. Así que muchos viajeros aprovechan el viaje para celebrar una fiesta; el barco dispone incluso de pista de baile y varios bares. Un viajero me llegó a decir que les salía más barato hacer un viaje de ida y vuelta y estar de fiesta en el ferry que salir por los bares en su ciudad. Para redondear el negocio, en cada rincón del ferry hay máquinas tragaperras, donde llegué a ver jugando incluso niños que tenían que ponerse de puntillas para introducir las monedas. Tras dar una vuelta por el barco y cambiar dinero a la moneda noruega, subí hasta la cubierta superior y, aprovechando que se había quedado buen día, me dispuse ha echar una siesta al sol. Después de una semana de viaje, en unas horas iba por fin a llegar a Noruega.

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Año VI ~ Nº 3 ~ Diciembre / 2005 [#68]

VIAJES Y AVENTURA

NORUEGA EN BICICLETA

Capítulo 3: Oslo – Geilo

Edvard Munch. Togrøt (El humo del tren sobre el fiordo de Oslo)

del Nobel de la Paz corresponde a Noruega si el resto se eligen en Suecia, de donde era nativo A. Nobel? Bien, voy a empezar por el principio: Alfred Nobel nació en Estocolmo (Suecia) en 1833 y a los 31 años perdió un hermano a causa de una explosión de nitroglicerina, esto le hizo dirigir sus investigaciones al desarrollo de un método seguro para manejar este explosivo, fue así como inventó la dinamita. A su muerte en 1896 dejaba una fortuna inmensa, fábricas de explosivos repartidas por todo el mundo y un altruista testamento.

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os paquetes turísticos y viajes organizados por Noruega se suelen centrar en la costa occidental, dejando de lado, u organizando sólo una visita de un par de horas, por la ciudad de Oslo cuando el avión de regreso sale desde la capital. No obstante hay numerosos En el testamento ordenaba que todas lugares de interés que merecen al me- sus fábricas fueran vendidas y su fortunos un par de días. na se destinara a un fondo, cuyos intePero antes de visitar nada hay que reses se distribuirían en cinco partes: buscar donde dormir. Llamé a varios los premios Nobel de Física, Química, hostales y estaba todo completo, así Medicina, Literatura y el de la Paz. que finalmente me dirigí al Ekeberg Mientras que los cuatro primeros se Camping, situado en lo alto de la colina otorgarían por instituciones suecas, el del mismo nombre, 5 km al sureste de último lo eligiría un comité designado la ciudad. Hay una bonita vista de la por el parlamento noruego. El testamento levantó una enorme polémica y ciudad y del fiordo desde allí arriba. tardó cinco años en ser firmado por el A la mañana siguiente cojo sólo lo nerey sueco. cesario, pongo un candado a la tienda, y bajo a toda velocidad por la carretera En los años en que se redactó el tesque el día anterior me vio subir con la tamento Noruega perseguía la independencia de Suecia y con este gesto A. lengua fuera. Nobel quería expresar su deseo de que Para organizar la visita a Oslo me ambos países resolvieran pacíficamente dirijo a la oficina de turismo situada sus diferen- cias. Finalmente, en 1905, en la estación de tren, la Oslo Sentralslos noruegos realizaron tasjon, que a la vez es el mejor punto una votación en la que de referencia para orientarse en la ganó por mayoría ciudad. Lo primero que fui a ver fue el Museo Munch, donde se exponía una amplia colección de autorretratos del famoso pintor noruego a la vez que un recorrido por sus obras más conocidas.

aplastante su voluntad de constituirse como reino independiente. Este modo pacífico de resolver los conflictos, junto con el avanzado desarrollo de las políticas sociales, es una de las principales características del modo de ser escandinavo de hoy día. Volviendo a mi recorrido por la ciudad, no podía dejar de visitar el Parque Vigeland, en el que se pueden ver casi 200 esculturas de granito y bronce representando la figura humana en sus diferentes emociones. En muchos lugares de escandinavia, y sobre todo en las universidades, es habitual encontrarse esculturas de este tipo, las cuales en cierto modo recuerdan el culto por lo humano de la antigua Grecia. También visité otros lugares como el museo de barcos Vikingos y el mercadillo de artesanía en la calle Brenneriveien. No estaba sino haciendo tiempo para la hora en que había quedado en la Sentralstasjon con mi amigo Jorge y su novia Cristina que venían a pasar diez días por Noruega. Estaban cansados del viaje y se fueron para su hostal. Yo acabé el día escuchando un concierto y tomando una cerveza en el pub Muddy Waters.

Mis siguientes pedaladas me llevaron hasta el recientemente inaugurado Centro del Nobel de la Paz. En el se muestra un recorrido por la historia de los premios, la vida de A. Nobel y de los galardonados, además de temas de actualidad como la campaña de Amnistía Internacional contra las armas ligeras.

Al día siguiente fuimos los tres juntos a ver el trampolín de saltos de esquí Holmenkollen y su museo del esquí —donde nos sorprendió una impresionante tromba de agua—, el palacio real Slottet y de nuevo el parque Vigeland. Después de la cena nos despedimos, al día siguiente ellos cogían un avión hasta Bergen y yo un tren a Geilo, puerta de entrada del parque natural Hardangervidda. Desde allí comenzaría mi ruta en bicicleta por las montañas de Noruega.

¿Qué por qué la designación

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Año VI ~ Nº 4 ~ Enero / 2006 [#69]

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Capítulo 4: Geilo - Dagali El empleo de los modernos sistemas de transporte nos permite conocer tan solo el lugar al que nos desplazamos [...]. Los espacios intermedios pasan a convertirse en una fría y esquemática cantidad de horas de viaje. (Paco Tortosa. España en bici)

Fuimos hablando lo que quedaba de puerto y me contó que él en una ocasión también había hecho una ruta en bici por España, de Madrid a Salamanca, que había estado trabajando en Ecuador y que ahora, durante el verano, estaba ayudando a un amigo a acabar una cabaña abajo en el valle, junto al río, y a la vez entrenaba perros para carreras de trineos (deporte más conocido por mushing). Por cierto, se llamaba Arne y venia también desde Geilo, donde había ido a comprar la sierra que ahora llevaba en el manillar. entonces con los ladridos de los 28 perros ansiosos por su ración. Mientras se la dábamos Arne me contaba detalles de cada uno de ellos: cual era la mejor líder del tiro, el más fuerte, un perro joven que cree que en unos años será un buen líder,... Cuando acaCuando decía «los tres» se refería a él, bamos bastó una voz suya para que todos a mi y a su novia Marat, que llegó poco dejaran de ladrar. después en una furgoneta a la cabaña que La cena estaba riquísima, y también el tenían en Dagali junto al río. En la cabaña vino, que nos animó a seguir hablando sólo había sitio para dos así que Arne y yo hasta bien entrada la noche: de Noruega fuimos a buscar un lugar donde pudiera y España, de Ecuador, de la Finnmark Race montar mi tienda. —una de las más importantes carreras de Era todavía media tarde así que, siguien- mushing y para la que estaba entrenando do las indicaciones de Marat, fuimos a bus- los perros de su amigo—,... Finalmente car una especie de moras llamadas molte, saqué los mapas y me indicaron la ruta que que se dan por estas latitudes en los bos- podía seguir y que cosas ver en ella. Tamques de interior. Como después me expli- bién me recomendaron que visitara las Islas carían, este fruto contiene mucha vitamina Lofoten, pues si los paisajes de esta zona ya C y los vikingos lo consumían en forma de me habían parecido espectaculares allí me mermelada durante sus viajes, evitando así iba a quedar con la boca abierta. enfermar por escorbuto. A la mañana siguiente los ladridos de los De regreso a la cabaña, mientras Marat perros me avisaron que Arne los estaba preparaba el postre con las moltes que ya preparando para sacarlos a entrenar. recogimos, echamos de comer a los perros, Estaban a principio de temporada así que que los tenía atados cada uno junto a su no haríamos más de cuatro kilómetros, adecaseta; el silencio del bosque se rompió más hacía bastante calor para los perros, nada menos que ¡¡10ºC!! Al final de temporada, con el frío del invierno, los perros serán capaces de hacer 150 kilómetros cada día, no me costó imaginarlo cuando comprobé la fuerza con que tiraban los 10 perros del quad que utilizaba durante el verano para entrenarlos. —¿Te gustaría quedar a cenar con nosotros?, he comprado carne de reno y creo que sea suficiente para los tres. ¡Te espero abajo!— Dijo Arne cuando llegamos a la cima.

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eilo es un importante centro de esquí que en verano tiene también una numerosa afluencia de turistas debido a su proximidad al Parque Nacional Hardangervidda, en el que se dice que están las mayores manadas de renos de Noruega. En la oficina de turismo conseguí el mapa Sikkelruter Norge, en él vienen señaladas 75 rutas cicloturistas por todo el país. Como después comprobaría, la única utilidad de este mapa iba a ser el tener indicados los túneles por los que no se puede pasar con la bici, ya que para el resto me hubiera arreglado con el mapa de carreteras que ya tenía. Mientras cambiaba la cubierta trasera que había roto en el último pinchazo en Oslo pensaba en que ruta seguir para llegar hasta Bergen. Finalmente decidí rodear el Hardangervidda por el sur y así cruzar también la región de Telemark. Así que acabé de poner la bici a punto y me dispuse a afrontar la subida al primero de los puertos de montaña.

Al regresar, la temperatura había subido por lo que decidió dejar descansar al resto de perros hasta el anochecer. Mientras soltaba los perros del tiro y los volvía a atar junto a su caseta yo coloqué de nuevo mis cosas en la bici. Después de desayunar en el soportal e intercambiarnos las direcciones para seguir en contacto me despedí con las energías renovadas. Me esperaba un día duro por lo que me habían explicado la noche anterior sobre el mapa.

En el segundo de los puertos la masa de las alforjas se confabuló con la gravedad y me hizo echar un par de veces el pie a tierra. Cuando me quedaba poco más de un kilómetro para coronar me alcanzó un noruego que subía a toda velocidad con su bici de carreras y una sierra para madera colgada del manillar. I. E. S.

León Felipe

Emilio – Benavente

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A ñ o V I ~ N º 5 ~ F e b r e r o / 2 0 0 6 [ # 70 ]

Capítulo 5: Dagali - Rauland

VIAJES Y AVENTURA

NORUEGA EN BICICLETA

Ojos pa’dentro pa’fuera no ven. Observando la central hidroeléctrica (Macaco. El Murmullo, de sus innumerables lagos. y el cañón de la enorme cascada se del disco “Entre raices y antenas”) Ese día acampo en Austbygdi, cerca

PRIMERA VERSIÓN bandono la carretera y sigo ruta por los caminos que me había indicado Arne. Finalmente, desde la cima de un pequeño puerto se ve el valle de Uvdal, con el característico perfil en U de los valles glaciares. En Uvdal hay dos bellas iglesias medievales de madera, visito la más antigua, construida a finales del siglo XII. Su decoración interior es muy recargada, con pinturas y figuras en las que se puede apreciar la fusión con la antigua mitología escandinava. Sigo hasta Imingfjell, donde me espera un duro puerto que me lleva hasta los vastos páramos del Hardangervidda y después, tras un vertiginoso descenso, a la región de Telemark, donde los ríos descienden ruidosamente entre bosques de pinos y abetos por las escarpadas montañas hasta alguno

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SEGUNDA VERSIÓN espués de desayunar con Arne y Marat —los de Dagali, los que me habían invitado a cenar y con los que a la mañana siguiente, esa misma mañana antes de desayunar, estuve entrenando los perros—, mientras limpiaba la navaja, me corté en un dedo. A esta herida pocas horas después se le unió otra mientras reparaba con una abrazadera el portabultos delantero, que rompí mientras bajaba por los caminos

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León Felipe

de uno de estos lagos. En Noruega está permitida la acampada libre, siempre que sea durante un máximo de 2 noches y a un mínimo de 150 metros de la vivienda más cercana, en virtud del Allemannsrtten, un derecho de acceso común en vigor desde hace unos 1.000 años. Al día siguiente mis pedaladas me llevan hasta Rjukan, donde se desarrolló una misión clave para el desenlace final de la Segunda Guerra Mundial. En la famosa cascada de esta ciudad se hallaba por entonces la única central con capacidad de obtener agua pesada, y a partir de ella planeaban los nazis fabricar la bomba atómica antes que los aliados, y así hubiera ocurrido de no ser por el sabotaje llevado a cabo por un grupo de noruegos y británicos entre octubre de 1942 y febrero de 1943. La película «Los héroes de Telemark» está basada en estos hechos.

encontraba también un islandés que estaba recorriendo el país en moto, al despedirme de él por alguna razón presentí que nos volveríamos a encontrar. A la mañana siguiente, en una pradera a unos kilómetros de Varland donde había acampado, amanece con viento frío, preparo el desayuno en el infernillo, recojo la tienda y sigo ruta hasta que a medio día aparece el sol justo cuando estoy bordeando el lago que se halla junto a Rauland. Por lo que llevo en el país se que estas ocasiones no se pueden desperdiciar, así que me doy un baño y tiendo el saco de dormir y la tienda de campaña para que se secaran de la humedad acumulada. Y felizmente tumbado al sol en una roca pensaba en los kilómetros recorridos y los que me quedaban, inconsciente de la avería que iba a sufrir por la tarde.

que llevaban a Uvdal. Estas heridas y otros rasguños, que ni me acordaba como me había hecho, hacían que la manera de agarrar el manillar fuera cuando menos curiosa. Y de esta guisa llegué al puerto que subía hasta Imingfjell. Las rampas de sus siete kilómetros eran las más duras que había subido hasta ahora, así que intentaba mantener una velocidad constante cada kilómetro y después descansaba 5 minutos, y pedalada a pedalada llegué hasta las ventosas llanuras de la meseta del Hardangervidda, donde pronto comprendí que era mejor seguir que acampar, así que al final llegué, después de 110 Km, a Austbygdi.

A medida que pasaban los días empleaba menos tiempo en montar la tienda, preparar las comidas en el infernillo, recoger todo y colocarlo bien en las alforjas de la bici..., el mayor problema era la humedad, raro era el día que no llovía un par de horas. Cómo sino iba a ser posible tal cantidad de bosques, cataratas y ríos caudalosos, sino por la alta probabilidad de días con lluvia del país, que en Bergen alcanza los 275 días al año. Lo único que podía hacer era tener a mano el impermeable, pero eso no evitaba que la humedad se fuera metiendo poco a poco en el saco de dormir, en la tienda y hasta en los mismos huesos. Hasta que por fin un día, mientras bordeaba el lago junto a Rauland, al sol le dio por imponerse y saqué todo a secar, hasta yo mismo aproveché la oportunidad para tenderme al sol. Emilio

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A ñ o V I ~ N º 6 ~ M a r z o / 2 0 0 6 [ # 71 ]

Capítulo 6: Rauland - Odda

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(Glaciar Folgefonna)

... existe diferencia entre conocer el camino y problema de haber ido en bici huandar el camino. biera sido los túneles: algunos, para (The Wachowski Brothers. Matrix) salvar el enorme desnivel, se retor-

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on la ropa, el saco y la tienda ya secos reanudo el viaje dirección a Haukeligrend, donde tenía pensado acabar la jornada. Un primo mío había estado trabajando en Noruega durante unos meses y me había dicho que en Haukeligrend había un sitio en el que te preparaban baños calientes junto a un lago; los baños de contraste entre el agua caliente de las pilas y la fría del lago me iban a dejar como nuevo. Pero cuando llegué allí para preguntar donde estaba el lugar en concreto no me gustó el modo en que me trató la gente, y eso que tenía mejor aspecto después de haberme bañado y afeitado en el lago de Rauland. Con estas decidí seguir pedaleando, hasta que llegué a Vågsli, donde me di cuenta que llevaba roto el eje de la rueda trasera. Por suerte, cerca había una parada del autobús Haukeliekspressen, que me podría llevar hasta Odda, donde tenía pensado llegar al día siguiente. El último autobús ya había pasado y tendría que esperar al día siguiente así que, a la luz de un foco y con la compañía del viento frío de la montaña, saqué la bolsa de la bici, la desmonté y empaqueté todo. Después cené en un hotel que había enfrente de la parada y reservé una habitación para dormir. El autobús hasta Odda tardó poco más de hora y media y era prácticamente todo cuesta abajo, el único

cían dentro de la montaña como si la roca hubiera sido horadada con un enorme sacacorchos. La ciudad de Odda se encuentra en una ubicación espectacular: encajada en el fondo de un valle, al norte sus calles acaban en un muelle sobre el extremo del fiordo Sørfiorden, y al sur suben hasta la orilla de un lago que recoge las cristalinas aguas del glaciar Folgefonna. Como era sábado por la tarde y no tenía donde arreglar la bici hasta el lunes, busqué donde dormir. Después llamé a mi primo para que me indicara donde estaba la casa en la que había vivido. Realmente la vista que tenía del fiordo desde su ventana era preciosa. Por la noche salí a tomar una cerveza y también comprobé lo que me contaba de lo aburridos que eran allí los días. El domingo preparé la mochila y subí a ver el glaciar. El sendero sale al lado de un bunker en el que la población se refugiaba durante la Segunda Guerra Mundial y que ahora lo utilizan como pabellón de deportes, después pasa junto al lago y sube al lado de un torrente producido por el deshielo del glaciar. A medida que te vas acercando a la lengua del glaciar, el agua resuena con mayor estruendo al golpear sobre enormes y angulosas rocas hasta que, tras un par de horas de caminata, aparece la gran masa de hielo y piedras. Escalando junto a otro torrente que baja a la derecha se llega a una lengua de glaciar más limpia de piedras y tierra. Desde allí arriba, al lado de una gran grieta de hielo azul y con el ensordecedor ruido de fondo del torrente, la vista del valle y el lago al final es impresionante. Emilio

I. E. S.

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Año VI ~ Nº 7 ~ Abril / 2006 [#72]

Capítulo 7: Odda - Bergen

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No se vuela porque se tengan alas, sino que podía usar la cocina, la lavalas alas crecen porque se ha volado dora, la secadora,... todo un (Gaston Bachelard) lujo después de los últimos días

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sta cita se la hoy por primera vez a Álvaro ‘Neil, el de www.biciclown.com, uno de los muchos que viaja recorriendo distancias bastante más largas que yo y también sobre dos ruedas. Pero volvamos a la historia de mi viaje por Noruega. Habíamos quedado en Odda, donde había subido a ver el glaciar Folgefonna y ahora lunes estaba a primera hora en la tienda de bicicletas para que me repararan el eje roto. A medio día ya estaba de nuevo en marcha, y al salir de Odda oigo que alguien me llama... era el motero islandés que me había encontrado en Rjukan. Él acababa de llegar a Odda y después iría a Bergen. Tras charlar un rato nos despedimos deseándonos buen viaje y volver a vernos en Bergen. La carretera discurría a lo largo del valle, paralela al fiordo que cruzaría en un ferry 45 km más allá. Pero antes me paré a comprar unas cerezas de los frutales que había en las laderas. Lo curioso era que estas se vendían en unos puestos al lado de la carretera y que no había nadie para atenderlos, sólo paquetes con el precio y una caja para que depositaras el dinero y cogieras cambio si era necesario. Se me ocurren varios sitios donde si hicieran esto se llevaban las cerezas, la caja del dinero y hasta el propio puesto. Llegué justo para montar en el ferry que me cruzó al otro lado del fiordo, donde me esperaba una fina lluvia que acabó calándome por completo. Por suerte, al llegar a Granvin, encontré alojamiento barato en una pensión donde además I. E. S.

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de acampada. Después de una ducha caliente me senté a tomar un te resguardado en la terraza acristalada y desde allí observé con incredulidad como mientras tres niñas se bañaban en el río: lo que para mi era una tarde de perros para ellas era un caluroso día de verano. Al día siguiente subí hasta Voss, donde decidí coger el tren a Bergen, ya que en el mapa me indicaba que de lo contrario tendría que pasar por varios túneles, y no era una experiencia muy gratificante por lo que había comprobado el día anterior. En Bergen me alojé en el hostal Villa Balconen, en una sala de unas 30 literas, no era la hogareña habitación de la pensión de Granvin pero, por lo que oía a los grupos de turistas que llegaron después, no quedaban muchas opciones y tan baratas en la ciudad. Por otra parte había una preciosa vista de Bergen desde la terraza. Bergen es una ciudad muy animada y uno de los principales destinos turísticos de Noruega. Esa tarde la empleé en recorrer el antiguo barrio medieval de Briggen, declarado Patrimonio de la Humanidad. También es muy típico el mercado de pescado junto al puerto; allí trabajan varios españoles, el que me atendió concretamente era de Girona y se había venido este mes de agosto para ganar algo de dinero extra. Durante el curso venían también bastantes españoles de beca Erasmus y solían trabajar en el mercadillo para pagarse la estancia,

– Benavente

de todas formas, como también me dijo el de Girona: “cada uno tiene su historia”. Yo le conté la de mi viaje y me invitó a un par de bocadillos de salmón ahumado. El tiempo se me echaba encima y no iba a poder seguir hacia el norte como había planeado: en el barco de vapor Hurtigruten hasta las Islas Lofoten; así que pasé mi último día en Bergen dando vueltas por el puerto, la zona de los museos y algún bar que me recomendaron, pero con la mente ya en el viaje de regreso. Y aquí doy por finalizada —por fin, habrá quien diga— la historia de mi viaje por Noruega en bicicleta. Pero antes de firmar este último capítulo me gustaría animaros a que escribáis también sobre vuestros viajes, como dice Javier Reverte en su libro Corazón de Ulises: “cuando viajas literariamente recorres tres veces, al menos, el camino: al idearlo, al pisarlo y al escribir de regreso. Sin duda es la forma más rentable de viajar”.

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Noruega en bici