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Mirar un cuadro

de

Juan de ValdĂŠs Leal


En numerosas ocasiones, la contemplación de una obra de arte hace que nos quedemos en tan sólo lo que nuestros ojos alcanzan a contemplar y no indagamos en su sentido más profundo. Sírvanos de ejemplo la obra de Juan de Valdés Leal (1630-1691) Los Jeroglíficos de las Postrimerías: In ictu oculi y Finis gloriae mundi.

Si lo analizamos con detalle, veremos los múltiples significados que se pueden extraer de la obra y su conexión con la literatura. Al contemplar los dos cuadros, lo primero que nos produce es una sensación desagradable; lo feo y lo macabro están presentes, la idea de la muerte y la fugacidad de los bienes terrenales hacen acto de presencia.


Los cuadros de Valdés Leal se inspiran en El Discurso de la Verdad de Miguel Mañara Vicentelo de Leca; libro interesante donde los haya y difícil de catalogar. Aunque se podría encasillar dentro de los libros raros y curiosos, es una obra atemporal; pues, aun reflejando la mentalidad del siglo XVII en España, con la obsesión por el paso del tiempo y la idea de la muerte, su actualidad está vigente para todos los tiempos.


La fuente de In ictu oculi podría ser su capítulo 18, donde Mañara establece un contraste entre las vidas en pecado y en santidad mediante una alegoría de dos montañas, la del bien y la del mal. Al avisar de cómo se debe subir por la montaña del bien, dice: "Repara la diversidad de Santos que ocupan las faldas de este santo monte, y, por subir a su cumbre con más ligereza, cómo se van desnudando de todo lo que les hace estorbo para subir a lo alto. Mira aquel Rey arrojando la corona; al otro poderoso, el dinero; el letrado, los libros; el soldado, las armas; y todo lo que les embaraza el camino es despreciado de su denuedo".

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La fuente de Finis Gloriae Mundi se corresponde, en parte, con un párrafo del capítulo cuarto: "Si tuviéramos delante la verdad, ésta es, no hay otra, la mortaja que hemos de llevar, viéndola todos los días, por lo menos con la consideración de que has de ser cubierto de tierra y pisado de todos, con facilidad olvidarías las honras y estados de este siglo; y, si consideraras los viles gusanos que han de comer ese cuerpo, y cuán feo y abominable ha de estar en la sepultura, y cómo


esos ojos que están leyendo estas letras han de ser comidos de la tierra, y esas manos han de ser comidas y secas (...). Mira una bóveda: entra en ella con la consideración, y ponte a mirar a tus padres o a tu mujer (si la has perdido) o los amigos que conocías: mira qué silencio. No se oye ruido; sólo el roer de las carcomas y gusanos tan solamente se percibe. Y el estruendo de pajes y lacayos, ¿dónde están? Acá se queda todo: repara las alhajas del palacio de los muertos, algunas telarañas son. ¿Y la mitra y la corona? También acá la dejaron." Los Jeroglíficos de Valdés Leal nos presentan el espectáculo de la muerte y suscitan el problema de la salvación. El término postrimerías (término teológico que se refiere a la muerte, el juicio, el infierno y el cielo) pone de relieve cuál era su tema. Las telas representan la muerte y el juicio, mientras que el cielo o el infierno dependen de la balanza. Con el alma pendiente de la balanza, los actos de caridad se convierten en imprescindibles para garantizar su salvación.


Una vez conocido el significado exhaustivo del cuadro, quizá nos guste mucho más y lo que, al principio, podría resultar tétrico y desagradable llega a desaparecer al comprender, más en profundidad, el concepto del tiempo y de la muerte en la sociedad Barroca del siglo XVII. María Elena Bravo Céliz

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valdes leal  

comentario pintura valdes leal tema muerte

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